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El gobierno de mayoría absoluta del pp, incapaz de dar una respuesta al desconcierto sanitario

La gestión de la sanidad pública en Andalucía, un grave problema de salud

Política - M.A./J.I.P. - Domingo, 31 de Diciembre de 2023
La incapacidad del Gobierno de mayoría absoluta del PP para dar una respuesta eficaz al desconcierto creado en la sanidad pública andaluza, con demoras sin precedentes para ser atendido, convierten la gestión sanitaria en un problema de salud pública. Un análisis valiente y necesario.

Juan Manuel Moreno, en una visita a un hospital. m.j.lópez/ep archivo

Solo las personas afortunadas que no enferman nunca, aquellos con recomendación o con derecho a que le cuelen en una consulta o con seguro privado o muy entusiasta del PP y, como todo hooligan, carente de autocrítica, pueden negar a estas alturas que la sanidad pública andaluza es un paciente en UCI con pronóstico extremadamente complicado.

Ser un número en una lista de espera interminable, que incumple plazos legales, añade ansiedad y desazón a quien aguarda y angustia inaceptable para pacientes con graves enfermedades

Cualquier usuario o usuaria del sistema público de salud acumula quejas por las deficiencias de un servicio que afecta a la Atención Primaria, pruebas diagnósticas, especializada, quirúrgica y urgencias. Ser un número en una lista de espera interminable, que incumple plazos legales, añade ansiedad y desazón a quien aguarda y angustia inaceptable para pacientes con graves enfermedades.

No es consciente el Gobierno andaluz de mayoría absoluta del PP que ya todo usuario que solicita cualquier atención médica está en lista de espera porque no solo las conocidas, pese a su ocultación, de especialista o quirúrgica, también en la Atención Primaria que, por primera vez, no es que te citen para siete, diez, dos semanas. Simplemente no te dan cita. Es ya un nocivo bucle: la espera (para que te incluyan en la lista) de la espera.

Más pacientes en listas de espera

Los últimos datos sobre las esperas hospitalarias, que la Consejería de Salud ha ocultado por provincias y centros durante más de un año, son demoledores. Más del 10% de la población de la provincia de Granada estaba, a 30 de junio de este año, en lista de espera quirúrgica y de especialista. En cifras, hay 70.000 personas que aguardan a que les atienda un especialista y otras 24.000, una operación. Datos que a día de la fecha han crecido, como la propia Consejería ha reconocido estos días, con el argumento que utiliza tan recurrentemente sumándolo a la falta de profesionales y que son los descansos y vacaciones de estos. No debería emplearse como justificación lo que es un derecho laboral, pero lo hace el Gobierno andaluz, que con esa explicación pone en bandeja otra crítica a su gestión: el incumplimiento de los planes de vacaciones que acuerda con la representación laboral de los trabajadores. Porque no hace las contrataciones acordadas para dejar sin cobertura a la población.Las listas de espera hospitalarias han llegado a un punto insostenible. Ahora se espera varios meses a que te incluyan en esa lista, porque "las agendas están cerradas", una expresión con la que desgraciadamente se ha familiarizado el usuario o usuaria que necesita la visita de un especialista, una prueba, una intervención. Como ya se escucha a algún paciente proclamar: estoy esperando a que me incluyan en la lista de espera. 

A pesar de que Moreno ha afirmado que la situación está "mejor" que cuando llegaron, los propios datos de la Junta evidencian que la situación está empeorando. Andalucía tiene ahora más pacientes en lista de espera que cuando entró el PP a gobernar la Junta. Para justificar este dato recurre el PP a otra explicación y asegura que había pacientes no contabilizados. ¿Los que estaban esperando a que los incluyeran en una lista de espera, como ocurre ahora?

Culpar a la herencia recibida y a problemas estructurales, tras cinco años, es una excusa nada creíble

Culpar a la herencia recibida y a problemas estructurales, tras cinco años, es una excusa nada creíble. Tiempo de sobra para quien ganó aprovechando el descontento sanitario y se comprometió a curar la sanidad pública. Al menos, para apuntar una dirección, un camino, al margen de la creciente privatización, que eso, sí que marcó.

Sorprendentemente, el presidente de la Junta de Andalucía no sólo salió indemne de la mayor crisis sanitaria que nunca antes padecimos, la pandemia del coronavirus, sino tan reforzado, que le avaló su mayoría absoluta. Sin duda fue su éxito, pero tras ello afloró con fuerza el descontento con una sanidad maltrecha y deteriorada, con grandes grietas..

Mucho prometer como panacea autoconciertos, lo que siempre fue la continuidad asistencial que prestan el personal sanitario voluntariamente a cambio de retribuciones extras, y materializar conciertos con la privada, pero la realidad es un desconcierto en la gestión sanitaria, que sufre la ciudadanía en Andalucía

Planes de choque fallidos y enfrentamiento con todos los sindicatos, incluido el nada sospechoso de radical Sindicato Médico. Mucho prometer como panacea autoconciertos, lo que siempre fue la continuidad asistencial que prestan el personal sanitario voluntariamente a cambio de retribuciones extras, y materializar conciertos con la privada, pero la realidad es un desconcierto en la gestión sanitaria, que sufre la ciudadanía en Andalucía.

Son inútiles y hasta peligrosos los análisis simplistas que desde el Gobierno andaluz y el PP lanzan para defenderse, como que es “un problema que afecta a la mayoría de comunidades autónomas”, o “la falta de médicos”.

Ambas justificaciones, sin negarlas, obvian evidencias que no dejan ocultar la crisis de la sanidad pública andaluza, con su propia idiosincrasia. Olvida la Junta que si es un problema, como sostiene su argumentario, que afecta a la mayoría de comunidades autónomas, la “mayoría” están gobernadas por el PP.

Sobre la falta de médicos, obvia entre las causas principales en Andalucía, las bajas retribuciones, los contratos basura y la insistencia en interinidades. Y tan malo como todo lo anterior, se convocan concursos-oposición que no se resuelven hasta pasado años

Sobre la falta de médicos, obvia entre las causas principales en Andalucía las bajas retribuciones, los contratos basura y la insistencia en interinidades. Tampoco atiende la Junta las continuas demandas de una carrera profesional adecuada y tan malo como todo lo anterior, se convocan concursos-oposición que no se resuelven hasta pasado años, mientras se crean por arte de magia plazas, acrecentando la parcela directiva o administrativa. Por no citar la peligrosa tendencia de este Gobierno de delegar en la industria farmacéutica la financiación -y hasta organización- de la formación.

¿Es de esta forma atractivo para un médico trabajar en Andalucía? Por mucho que se amplie la oferta MIR, que debe aumentar, si no se modifica lo que le espera, quién elegirá Andalucía.

La receta: derivar más pacientes a la privada, incluso a comunidades limítrofes

El PP no oculta la receta que quiere aplicar: derivar pacientes a la privada. Lo dice sin complejos, pero al mismo tiempo respondiendo con enfado cuando la oposición de izquierda y sindicatos se lo afean. El Gobierno de Moreno se encomienda a la privatización pero no quiere escucharlo como crítica. Su plan estrella para reducir las listas de espera pasa por dos macroacuerdos con la sanidad privada para los próximos años que, en su conjunto, suman más de 700 millones de euros. Esos acuerdos marcos recogen, incluso, derivar a pacientes a centros y hospitales privados de Badajoz o Murcia. Hasta en su tramitación ha errado la Consejería de Salud, a la que el Tribunal Administrativo de Recursos Contractuales de Andalucía, que vela por la legalidad de los contratos que suscribe la Administración andaluza, ha obligado a rectificarlos a raíz de un recurso presentado por una empresa de pruebas diagnósticas cordobesa. 

El propio Juan Manuel Moreno, en una de sus intervenciones parlamentarias, calculó que estarían en marcha entre enero y febrero.

Esa receta privatizadora alcanzó también a la Atención Primaria. Como ya informó este diario, el Gobierno andaluz del PP ha puesto por primera vez precio a su privatización en una orden que entró en vigor en febrero de este año y que levantó tal oleada de críticas, en un periodo electoral -municipales y generales- que obligó a Moreno a anunciar que darían marcha atrás. Lo hizo en el marco de un plan con los sindicatos alcanzado a pocos días de las elecciones municipales de mayo pasado. Hasta hoy, porque la Orden de la Consejería de Salud en la que se abre la puerta a la privatización de ese primer escalón sanitario sigue en vigor. Recientemente la consejera Catalina García se ha pronunciado sobre esa demora en el Parlamento. Sobre la retirada de la Orden se ha limitado a decir que estaba en trámite; y respecto al cumplimiento del Plan sobre la Atención Primaria, respondió que tenían de plazo "hasta el 31 de diciembre para llegar". El plazo se agota. 

A Moreno Bonilla le está ocurriendo el síndrome de otros presidentes en otras épocas. Tan ensimismado en su poder, que solo se rodea de acólitos y pelotas que le recuerdan lo grande que es

No dudo del esfuerzo inversor del Gobierno del PP en sanidad, que alcanza presupuesto récord. Pero si ahora está peor que hace cinco años, ¿cómo se explica? Quizá este Gobierno andaluz de mayoría absoluta del PP debiera responderse que el fallo está en la gestión.

Las dimisiones del viceconsejero y del gerente del SAS por motivos personales es un síntoma de que la crisis se agudiza. Mala noticia para el presidente Juan Manuel Moreno Bonilla que ya se queda sin más escudo que la consejera Catalina García, muy cerca de caer, porque es insostenible o le alcanzará de lleno. Nunca antes cesó a un consejero, y sobradas ocasiones ha tenido. Pero se impuso la arrogancia.

La consejera con Valle García, la médica que se hará cargo del SAS. junta/archivo

Pero el emperador Moreno Bonilla está desnudo, como grita un niño que con su madre lleva largo rato de espera para que le vea un hematólogo. Y no hay traje de Zara o esmoquin que tape sus vergüenzas

A Moreno Bonilla le está ocurriendo el síndrome de otros presidentes en otras épocas. Tan ensimismado en su poder, que solo se rodea de acólitos y pelotas que le recuerdan lo grande que es. Lo que consiguió por primera vez para la derecha en Andalucía. Que ya es un barón influyente. Rechazando sin ni siquiera escuchar con atención las quejas o las voces críticas argumentadas.

Alejado cada vez más de la realidad de un consultorio de un pueblo, de una sala de espera de oncología o de corazón, en sus cuidadas visitas para inaugurar este centro de salud o aquel equipamiento hospitalario, su amplio séquito le alaba y le complace. Pero el emperador Moreno Bonilla está desnudo, como grita un niño que con su madre lleva largo rato de espera para que le vea un hematólogo. Y no hay traje de Zara o esmoquin que tape sus vergüenzas.

Debe haber alguien que le saque de su jaula palaciega para recordarle que la sanidad pública andaluza hace caer gobiernos, que es el desagüe por el que se desangró un gobierno de un partido que encadenó mayorías absolutas

Si ni al enfermo niño hace caso, y sigue su itinerario, ahora con la sonrisa forzada, debe haber alguien de su familia, de su entorno más cercano, aunque luego siga con el endiosamiento, que le saque de su jaula palaciega para recordarle que la sanidad pública andaluza hace caer gobiernos, que gota a gota colma el vaso de la paciencia, que es el desagüe por el que se desangró un gobierno de un partido que en Andalucía encadenó mayorías absolutas, algunas sin despeinarse.

Poco importa el riesgo de que mañana pueda caer otro gobierno, que es consecuencia cuando sucede de la democracia. Es la salud de la ciudadanía, que merece la mejor atención sanitaria pública, sin excusas.

Nadie entiende que no se haya cambiado ya el rumbo, porque la gestión sanitaria en Andalucía es ya un grave problema de salud pública.

Y en juego,nada menos que la salud de todas y todos.