Rubén Pozo: "Tenéis una ciudad para comérsela de lo hermosa que es"

― Acaba de darle la vuelta la jamón… ¿Qué se ve desde la atalaya de la quinta edad?
― Al final todo depende de los ojos que miran. Los míos, desde mi atalaya, ven un pasado para enmarcar de lo bonito que es, un presente con un disco del que estoy enamorao, y un futuro próximo en el que voy a tocar a la sala Lemon Rock de Granada y soy todo ganas. Todo ok.
― Desde luego se lo toma con humor… ¡‘50town’!
― A mí es que lo de "cincuentón" me sonaba fatal, no me gustaba nada lo de convertirme en eso. Entonces se me ocurrió eso de ‘50town’, "cincuentaun", la ciudad imaginaria de los que cumplen el medio siglo de vida y, de repente, todo eso se volvió más digerible, más enrrollao. Como siempre el arte, la creatividad, vino al rescate en forma de canción.
― ¿La serie seguirá: ‘60town, 70town…?
― No, no, el truco solo se puede hacer una vez. Además eso sería repetirme, reutilizar una fórmula. Un respeto para mi público, que lo merece, y mucho.
― Recuerdo hablar con usted cuando BNR “la gran esperanza del rock and roll madrileño” como se dijo. ¿De aquellos mimbres estos cestos?
― Bueno, lo pasamos muy bien y tuvimos la suerte de vivir nuestro pequeño "sueño de rocanrol" grabando un disco con 19 años y salir a tocarlo por el país en una furgoneta. Como dije antes tengo un pasado que es para enmarcar de lo bonito que es.
― Y ‘¿Quién cojones fue Buena Noches Rose?’ ¿Cuando le hacen a uno un documental se siente ya historia?
― BNR éramos una banda de amigos del mismo instituto, el instituto público Villa de Madrid, en la Alameda de Osuna. El recorrido que tuvimos, con ese empiece, es de haber tenido mucha suerte. Con respecto a lo otro, vivimos la era de los documentales y parece que todo el mundo tiene uno así que no sé, pues uno más. El de BNR está hecho con todo el cariño por una gente, fan de la banda, y ha quedado increíble, que no se me entienda mal, eh. Uno se siente halagado, ¡claro! Pero luego se da cuenta de que, no sé, el escarabajo pelotero o la rata de agua tienen más documentales, y más justificados, y se le bajan a uno los humos.
"Pues la verdad es que he disfrutado de unas noches increíbles en la Taberna JJ o en el Planta Baja a guitarra y voz"
― Ya cuando Pereza, aún trío con Tuli, me dijo : "para nosotros Keith Richards, Maradona y Camarón son dioses" ¿seguimos teniendo la misma fe o hemos aumentado el santoral?
― La verdad es que se me ha pasado lo de los mitos. Pero esta gente, en lo suyo, lo ha hecho más que bien y es un placer disfrutarlos en su salsa.
― Las últimas veces que vino a Granada lo hizo más bien solo, ¿qué tal la experiencia?
―Pues la verdad es que he disfrutado de unas noches increíbles en la Taberna JJ o en el Planta Baja a guitarra y voz. En su momento necesité ese formato: guitarra y voz. Reencontrarme con las canciones desnudas de artificios, presentarlas de nuevo tal y como fueron concebidas. El público lo entendió perfectamente y me respaldó y disfrutó de esa experiencia tanto como yo. Ahora estoy en otro pedo, tengo una banda impresionante, Los Chicos de la Curva, y hacemos casi dos horas de rocanrol que te devuelve la ilusión de vivir y te hace olvidar tus problemas por un ratito.
― También vino en compañía de otros: Lichis y Benjamín Prado…
― Uno se junta con gente buena para aprender y para pasárselo bien. Quizá más lo segundo que lo primero. Y eso hicimos.
― Con ‘Benja’ llegamos a Sabina… ¡Con él estuvieron en una cancha del River a explotar. ¿Qué se siente al mirar al infinito y no ver más que puntitos con pelo…?
― La cancha de Boca es una experiencia potente. Ese estadio tiene vida propia. De repente estás ahí con tu colega y con el Sabina cantando una canción a la que le has hecho tú la música y, en fin, algo de gustito te da.
―Justo lo contrario de su concierto de ahora aquí, en un local casi familiar ¿mejor ver los ojos de la gente?
― El rocanrol está hecho para los garitos. Es como mejor se degusta este mejunje ¡Te lo juro!
― En una canción suya cantaba: “Qué importa noche o día París, Venecia o Granada…” Gracias por elegirnos…
― Bueno, es que tenéis una ciudad que para comérsela de lo hermosa que es. También cuento una historia de ir a pillar al "barrio malo" de Granada en La Chica de la Curva. Es una historia real. Ella se llamaba Eva. Teníamos 20 años y, como dice la canción, lo contamos de milagro. Éramos jóvenes, insensatos con ganas de probarlo todo en este mundo. En fin, éramos jóvenes y estábamos enamorados. Me declaro culpable.
"Me llevo bien con todos los formatos, el caso es escuchar música. Pero lo del vinilo y el surco me maravilla, es como magia. Me lo han explicado mil veces pero sigo sin entenderlo. Es magia y punto"
― Su disco sale solo en vinilo, curioso, porque usted vivió el primer cambio del vinilo al CD (el primero de BNS solo salió en CD), luego la nada digital y ahora el regreso a la casilla de salida… ¿Cómo se lleva con los formatos musicales?
― Pago mi cuenta de Spotify y también compro vinilos. Me llevo bien con todos los formatos, el caso es escuchar música. Pero lo del vinilo y el surco me maravilla, es como magia. Me lo han explicado mil veces pero sigo sin entenderlo. Es magia y punto.
― Además de llegar los 50 con humor… con este disco suena muy limpio, y elegante...
― Jolín, gracias.
― Y con algún invitado especial, como su hijo Leo ¿la saga continua?
― Al chico le encanta la música. Hizo algunos coros en el disco porque estaba allí. Le había pedido que viniera para darme apoyo moral en la grabación, ahí en La Casa Murada, en un pueblo perdido de Tarragona. El tío tiene un arte que te mueres. Me da cien mil vueltas el jodío.
― Volvemos a verle de nuevo con banda… ¡bandón por cierto!, cuente, cuente…
― Los Chicos de la Curva son la mejor banda de rocanrol, en este país, actualmente. Me siento un privilegiado por poder tocar con ellos. Una vez más he tenido mucha suerte. Gracias, Dioses!

































