La Guardia: cuarenta años callejeando hacia ti

Tanto 091, como Miguel Ríos, Los Ángeles o Los Planetas son instituciones de la cultura granadina. Alguna vez se ha dicho en los medios que en España en general, y aquí en particular, la música popular no tiene el reconocimiento que debiera por su aportación cultural, en este caso a la Granada contemporánea. Nada nuevo en la tierra del chavico y la malafollá que mirar hacia otro lado para no deslumbrarse de envidia por alguien muy meritorio.
Ellos vendieron casi un millón de discos en un periodo corto de tiempo, siendo la fresca banda sonora de este país a finales de los años 80
Al menos los cuatro citados han tenido alguna noche o más de aplausos y afecto, en un recinto lo suficientemente amplio para albergar a miles de personas. No es el caso de La Guardia, el quinto símbolo de esta serie. Ellos vendieron casi un millón de discos en un periodo corto de tiempo, siendo la fresca banda sonora de este país a finales de los años 80, y acaso por su recorrido comercial, o porque sus canciones son himnos pop casi adolescentes, no se les tiene muy en cuenta entre los titanes de la música granadina; injusta apreciación puesto que repartieron felicidad a cientos de miles de personas con sus canciones de country & roll amable y debieran, pienso, recibir a cambio un refrendo más amplio.
Cumplía la marca 40 años (con una pausa intermedia de casi un decenio) y lo hace con un disco doble en directo de la última alineación, y una gira que pasó por el Palacio de Congresos este domingo en sesión de tarde. Por cierto que actuación anunciada en principio como ‘sinfónica’ pero definitivamente en quinteto; el acompañamiento orquestal es uno de los escasos formatos que les queda a la marca, ya que han apurado el directo, el de duetos y el de grandes éxitos, restando solo el sinfónico y el de ‘favoritos’, es decir, el de versiones ajenas.
Media entrada escasa es muy poco para una leyenda y el tamaño sentimental de esas canciones, y para un concierto prioritariamente facturado para gustar y compartir, insistiendo sus actores en la participación colectiva como un elemento más de la sesión: "palmitas", "bracitos arriba"... o haciendo algun chiste televisivo. De hecho la banda se situó casi al borde del escenario para estar más cerca, y el encargado de luces dirigió una veintena de focos directamente a los ojos del público (¡ufff!) toda la velada, es de suponer que para incorporarlos al concierto.
Al frente de esta formación se mantiene como único socio fundador Manuel España, propietario, voz y estampa actual del grupo
Al frente de esta formación se mantiene como único socio fundador Manuel España, propietario, voz y estampa actual del grupo. Conserva el timbre reconocible tan característico suyo, si acaso con un poso de afonía arenosa al fondo de su garganta que incluso madura su registro vocal, haciéndolo más expresivo. Y perfecto en la linea frontal con ese garbo escénico que ha tenido siempre y que compensa su escaso verbo y su timidez comunicativa con pose, gesto (en algún momento con movimiento de piernas muy Presley) y una guitarra que usa tanto para sonar como elemento de atrezzo.
El Palacio de Congresos es un recinto de acústica complicada, y el arranque del concierto no fue el ideal, prácticamente solo escuchándose la batería y voz atronando sobre un murmullo de fondo del resto de instrumentos; con posterioridad el timonel técnico fue equilibrando la mezcla hasta situar a cada uno en su sitio, con perfil más de pop que de rock.
La Americana dulce marca de la casa que caracteriza el repertorio tradicional de la Guardia, como el más reciente también, ha tenido algunas apariencias singulares en estos cuarenta años; es digna de recuerdo la versión ‘sureña’ con los añadidos de piano (Luis Poyatos) y saxo (Arturo Cid), si bien ahora el equipo actual opta por la cuerda, acústica y eléctrica, de seis/doce cuerdas, que con la llegada de Carlos Muñoz, un habilidosísimo guitarrista que es puro feeling de la vieja escuela, ha recibido un refuerzo de cuerpo considerable, muy gozable en los momentos en los que el guión estuvo más abierto: ‘Me voy a esconder’, por ejemplo, sonó extendida, robusta, y digna de una toma de los Allman Brothers, en vivo.
La próxima vez en la Plaza de toros, y llena, es de justicia
Con ‘La Carretera’ comenzó una velada presidida por una gigantesca bandera led como telón de fondo. Decía Miguel Ríos en su reciente concierto, a partir de la mitad de la velada, que "ahora vienen las canciones por las que habéis pagado la entrada". La Guardia no tiene ese problema de repertorio, porque salvo unos muy pocos añadidos de la versión 2.0 del grupo (tampoco su producción ha sido mucha: tres álbumes y medio en 23 años) el resto del concierto fue de ‘grandes’ y ‘medianos’ éxitos. Que lo fueron, y de esos tienen para llenar una hora y media de concierto, a completar con alguna versión, en este caso de Tequila (ya hicieron hace años ‘El ahorcado’) y ahora tocó su juguetón ‘Rock&roll en la plaza del pueblo’. La próxima vez en la Plaza de toros, y llena, es de justicia.



































