'Andalucía, a la cola sanitaria: el fracaso de Juanma Moreno ya no admite excusas'

Andalucía suspende en sanidad pública: la peor valorada de toda España. Andalucía registra la valoración más baja de todo el sistema sanitario público español con sólo un 38,8% de apoyo. Los datos del Barómetro Sanitario 2025 no dejan margen para interpretaciones amables: Andalucía está fallando. Y no en un aspecto menor, sino en el corazón mismo del Estado del bienestar. Con solo un 38,8% de valoración positiva, la comunidad no solo se sitúa muy por debajo de la media nacional (51,6%), sino que ocupa el último lugar del país. No es una anomalía puntual; es el síntoma de un problema estructural que se ha cronificado.
Es, ante todo, una cuestión de gestión. Cuando otras comunidades logran niveles de satisfacción superiores al 60% e incluso rozan el 70%, Andalucía queda atrapada en un modelo que no está dando respuesta a las necesidades básicas de su ciudadanía
La brecha con comunidades como Cantabria —27,6 puntos de diferencia— no puede justificarse con argumentos recurrentes como la dispersión territorial o el tamaño poblacional. Es, ante todo, una cuestión de gestión. Cuando otras comunidades logran niveles de satisfacción superiores al 60% e incluso rozan el 70%, Andalucía queda atrapada en un modelo que no está dando respuesta a las necesidades básicas de su ciudadanía.
El caso de la Atención Primaria resulta especialmente sangrante. Es el servicio más utilizado y, en teoría, la puerta de entrada al sistema. Sin embargo, en Andalucía se ha convertido en un cuello de botella. No solo registra algunas de las valoraciones más bajas, sino que lidera el ranking de demoras: más de 11 días de espera para una cita cuando no se consigue atención inmediata. Este dato no es técnico, es político. Refleja decisiones —o la ausencia de ellas— que han permitido el deterioro progresivo del primer nivel asistencial.
Mientras tanto, los profesionales sanitarios trabajan en condiciones cada vez más tensas, con agendas saturadas y una presión asistencial difícilmente sostenible. El resultado es un círculo vicioso: peor atención percibida, más desconfianza ciudadana y un sistema que pierde legitimidad día a día.
Andalucía, en cambio, aparece también entre las peor valoradas en estos indicadores. No es casualidad; es consecuencia directa de una falta de estrategia coherente y sostenida en el tiempo
La comparación con otras comunidades vuelve a ser inevitable. Allí donde se ha reforzado la Atención Primaria, reducido tiempos de espera y mejorado la coordinación entre niveles asistenciales, la percepción ciudadana mejora. Andalucía, en cambio, aparece también entre las peor valoradas en estos indicadores. No es casualidad; es consecuencia directa de una falta de estrategia coherente y sostenida en el tiempo.
Ni siquiera el tradicional punto fuerte de la sanidad pública —la hospitalización— logra compensar el deterioro general. Aunque los hospitales siguen manteniendo valoraciones relativamente altas, esto no basta para ocultar las carencias en el acceso cotidiano al sistema. Un sistema sanitario no se mide solo en quirófanos o tecnología, sino en la capacidad de atender a tiempo, cerca y bien.
Aún más preocupante es el contexto de creciente demanda en salud mental. Con casi un 20% de la población necesitando atención en este ámbito, la falta de recursos y accesibilidad en Andalucía agrava una situación que ya es crítica a nivel nacional. Ignorar este frente no es solo una negligencia política; es una irresponsabilidad social.
Lo más grave, sin embargo, no es el dato en sí, sino el riesgo de normalizarlo. Que Andalucía cierre el ranking sanitario no debería asumirse como algo inevitable ni como una característica estructural del territorio. Es el resultado de decisiones concretas, de prioridades políticas y de modelos de gestión que pueden —y deben— cambiarse.
La ciudadanía andaluza sigue confiando mayoritariamente en la sanidad pública, especialmente en los momentos más delicados. Pero esa confianza tiene límites. Cuando acceder al médico de familia se convierte en una carrera de obstáculos, cuando la atención se retrasa y cuando la calidad percibida cae, el sistema empieza a resquebrajarse.
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