Seamos ejemplares

Así eliminó el franquismo a los periodistas leales a la República

Blog - Foro de la Memoria - Paco Vigueras - Sábado, 19 de Septiembre de 2020
Francisco Vigueras, periodista y portavoz de la Asociación Granadina Verdad, Justicia y Reparación, recuerda algunos de los casos más destacados de la dura represión que sufrieron los y las periodistas en este excepcional trabajo. Para que no se olvide. Para que nunca se repita.
El Avance de Oviedo, diario del Sindicato Obrero Minero de Asturias (SOMA), literalmente arrasado por las tropas franquistas.
facilitada por el autor
El Avance de Oviedo, diario del Sindicato Obrero Minero de Asturias (SOMA), literalmente arrasado por las tropas franquistas.

La sublevación militar del 18 de julio de 1936 y el comienzo de la Guerra Civil supuso la quiebra de la convivencia y la pluralidad informativa en nuestro país. Representó el fin del derecho a la libertad de expresión y la implantación de la censura. El periodismo quedó al servicio de la propaganda de guerra. El asalto y la apropiación de los medios de comunicación (emisoras de radio y periódicos) y la detención y fusilamiento de los y las periodistas fueron las primeras acciones de los sublevados. 

Se calcula que un centenar de periodistas fueron asesinados y otros 400 acabaron en el exilio. En el verano de 1937, un año después de la sublevación, no quedaba un solo periodista leal a la II República que pudiera ejercer su oficio en Granada, Sevilla, Málaga o Cádiz

Se calcula que un centenar de periodistas fueron asesinados y otros 400 acabaron en el exilio. En las ciudades donde triunfó el golpe, los militares sublevados se incautaron de los principales diarios. Y en las ciudades donde fracasó, los comités sindicales dispusieron la línea editorial a favor de la democracia y la legalidad republicana. En el verano de 1937, un año después de la sublevación, no quedaba un solo periodista leal a la II República que pudiera ejercer su oficio en Granada, Sevilla, Málaga o Cádiz. Los que no habían logrado salir hacia la zona republicana, estaban escondidos o muertos. La persecución contra los profesionales de la información fue implacable. 

El Defensor de Granada y Ruiz Carnero

Recordemos que uno de los episodios más violentos se produjo en la ciudad de la Alhambra. Lo primero que hicieron los golpistas fue cerrar El Defensor de Granada, el único diario republicano de la ciudad. El diario católico Ideal dedicó al cierre una breve nota: “El Defensor de Granada, clausurado: En la puerta del periódico El Defensor se fijó una cuartilla escrita a máquina en la que se hacía constar que el edificio ha sido clausurado por orden del comandante militar de la plaza. En torno a la casa, prestaban servicio varios soldados”. (Ideal, 21-7-36). Ese día, el personal del periódico La Publicidad abandonó los talleres, a las dos de la madrugada, en solidaridad con sus compañeros de El Defensor. 

El Defensor de Granada. Foto: Archivo de Jesús Fuster Ruiz.

Las máquinas del rotativo republicano, dotado con la tecnología más avanzada de la época, fueron incautadas y utilizadas para imprimir el diario falangista Patria. Este periódico progolpista calificaba de "chusma roja" a los defensores de la República que estaban siendo fusilados en las tapias del cementerio

Las máquinas del rotativo republicano, dotado con la tecnología más avanzada de la época, fueron incautadas y utilizadas para imprimir el diario falangista Patria. Este periódico progolpista calificaba de “chusma roja” a los defensores de la República que estaban siendo fusilados en las tapias del cementerio. Entre las víctimas se encontraba su director, Constantino Ruiz Carnero. El periodista, que tanto había contribuido a la proclamación de la República en Granada, lo pagó muy caro. Ruiz Carnero fue brutalmente golpeado hasta la muerte en prisión y, a pesar de todo, los franquistas lo trasladaron a las tapias del cementerio para fusilar su cadáver. Así fue el final de este periodista que buscó siempre la verdad y fue valiente para contarla.  

Constantino Ruiz Carnero. Foto: Archivo de Jesús Fuster Ruiz.

De la redacción a la trinchera, el caso de Eufrasio Martinez

Los sublevados intentaron fusilar, asimismo, a Eufrasio Martínez (Martinec), pionero del periodismo deportivo en El Defensor y destacado militante del Partido Comunista. En el momento del golpe, se encontraba en Barcelona informando de las Olimpiadas populares y no pudieron atraparlo. Decidieron entonces vengarse a través de su familia. Fusilaron a su mujer Estela Comba López-Grande y a su hermano Pedro Martínez, que no pertenecía a ningún partido político y cuyo único delito era: ser hermano de Eufrasio.

Eufrasio Martínez. Foto: Archivo de Antonio Martínez Maldonado.

El periodista cambió entonces la redacción por la trinchera. Se alistó en el Ejército de la República, en el que alcanzó el grado de teniente, con funciones de capitán, por su valor en el combate. Encontró la muerte en el frente de Albuñol, cuando intentaba liberar a Granada del fascismo. 

Militarización de Radio Granada

Los golpistas asaltaron asimismo Radio Granada para difundir a través de sus micrófonos el bando de guerra. Dicho bando, publicado igualmente por el diario Ideal, pretendía justificar el golpe contra el orden constitucional. Asimismo, pusieron en boca del general Campins, que se mantuvo leal a la República, una proclama con la que intentaban confundir a la opinión pública: “Granadinos: ¡Viva España. Viva la República!”. Después, cada media hora, transmitían las órdenes, avisos y disposiciones de los sublevados. La radio fue ocupada por militares al mando del capitán Miranda, con el apoyo de civiles como Ramón Ruiz Alonso, ex diputado de la CEDA y responsable de la detención del poeta Federico García Lorca. Ideal informó sobre la militarización de la radio local y subrayó, como anécdota, que “las familias de la casa donde está instalada la emisora obsequiaron a los rebeldes con una cena fría”. Radio Granada fue, asimismo, utilizada para transmitir un ultimátum a los milicianos que todavía resistían en el Albayzín: 

“En el plazo de tres horas -advertían por radio los sublevados-, mujeres y niños deberán dejar el barrio y concentrarse en los lugares designados por el ultimátum; los hombres permanecerán en la puerta de la calles de sus domicilios con los brazos en alto, después de dejar en medio de la calzada todas sus armas; en los balcones de las casas dispuestas a rendirse se colocarán banderas blancas. Si estas instrucciones no son obedecidas, el Albayzín será bombardeado por la artillería a partir de las dos y media de la tarde, así como por la aviación”. 

Finalmente, el popular barrio se rindió y los albayzineros que se resistieron al golpe militar fueron fusilados o llevados a campos de concentración.

El Faro Rojo de Motril

La guerra sería especialmente trágica en Motril. Los golpistas dominaron durante unos días la ciudad costera, pero el 24 de julio del 36 las milicias republicanas recibieron refuerzos y volvieron a recuperarla. El Faro de Motril pasó entonces a denominarse El Faro Rojo con el subtítulo: Boletín informativo de los Trabajadores Motrileños, según el investigador José María Azuaga. El periodista Francisco Pino Alonso, que militó primero en el PSOE y después en el Partido Comunista, fue designado como nuevo director en esta etapa republicana. Y un mes después, se incorporó a la redacción el periodista José Gómez Abarca, que permaneció en el Faro Rojo, hasta que las tropas sublevadas entraron en Motril. 

Como tantos otros vecinos, Gómez Abarca huyó el 8 de febrero de 1937, cuando las tropas de Queipo de Llano se aproximaban a la ciudad. Después de vivir en la clandestinidad, fue detenido en 1939

Como tantos otros vecinos, Gómez Abarca huyó el 8 de febrero de 1937, cuando las tropas de Queipo de Llano se aproximaban a la ciudad. Después de vivir en la clandestinidad, fue detenido en 1939. Existen dos versiones sobre su detención, según Azuaga. Un informe policial afirma que Gómez Abarca fue detenido en la Plaza del Triunfo de Granada, cuando iba indocumentado y resulto sospechoso para la policía franquista. Sin embargo, su sobrina Carmela Gómez Martín dice que fue detenido en la localidad catalana de Portbou, cuando intentaba cruzar la frontera para buscar refugio en Francia. Tras su detención, el periodista fue encarcelado en la prisión provincial de Granada, en duras condiciones de hacinamiento. Desde la cárcel, lo trasladaron al Juzgado para someterlo a un consejo de guerra sin garantías jurídicas y lo fusilaron en las tapias del cementerio. En la farsa judicial, los franquistas utilizaron contra José Gómez Abarca los artículos revolucionarios que había publicado en El Faro Rojo de Motril.

Ocupación de El Liberal y Radio Sevilla

La situación se repitió en otras ciudades andaluzas, como Sevilla. Las fuerzas al mando del general golpista Gonzalo Queipo de Llano asaltaron la redacción de El Liberal que lucía en su cabecera el subtítulo: Diario republicano de información. El periódico hispalense era filial del rotativo madrileño del mismo nombre y se había convertido en el más popular de la ciudad, en dura competencia con el monárquico ABC que apoyó la sublevación militar. Meses antes del golpe, había sido nombrado director de El Liberal  Diego Martín Núñez, republicano y masón. Por eso, en abril de 1936, El Liberal dirigido por Diego Martín saludó con grandes caracteres tipográficos la triunfal visita a Sevilla de Diego Martínez Barrios, presidente de la República, que iba acompañado por Lluis Companys, presidente de la Generalitat catalana. El Liberal proclamó así su recién estrenada condición de periódico identificado con la República. 

El Liberal. Foto: Archivo José Laguillos Bonilla.

Pocos meses después, el 18 de julio del 36, el golpe militar arrasó su redacción y acabó con su historia. Militares y falangistas encarcelaron al director Diego Martín, junto al equipo redactor del periódico. También se apropiaron del edificio, se adueñaron de las máquinas y se incautaron de las grandes existencias de papel almacenado para editar del diario FE, órgano político de Falange Española en Sevilla, durante los años cuarenta.

Terror radiofónico

Unión Radio Sevilla también fue ocupada por los sublevados, que la convirtieron en instrumento clave para lanzar una campaña de terror radiofónico, a través de las ondas. Desde los micrófonos de Radio Sevilla, el general golpista Queipo de Llano vociferaba soflamas amenazantes. Una de estas soflamas provocó el pánico en la población civil que salió huyendo: “Nuestros valientes legionarios y regulares han demostrado a los rojos cobardes lo que significa ser hombre de verdad -vociferaba Queipo-. Y, a la vez, a sus mujeres. Esto es totalmente justificado porque estas comunistas y anarquistas predican el amor libre. Ahora, por lo menos, sabrán lo que son hombres de verdad y no milicianos maricones. No se van a librar por mucho que berreen o pataleen”. Más tarde, el general ordenó abrir fuego contra la avalancha humana que huía por la carretera de la costa, desde Málaga a Almería. Este episodio, conocido como La Desbandá, fue el mayor crimen de guerra contra población civil indefensa.

Represión de periodistas en Málaga

La represión contra los periodistas en Málaga se desarrolló en dos fases. La tensión provocada por el golpe militar en 1936 desató una ola represiva contra los periodistas conservadores, por parte de sectores incontrolados del Frente Popular. Destacó la incautación del diario El Cronista y el asesinato de su director Eduardo León y Serralvo. También fue ejecutado Vicente Davóx Casas, director del rotativo católico Diario de Málaga. Y a partir del 7 de febrero del 37, con la entrada de las tropas golpistas en la ciudad, la persecución fue planificada por Queipo de Llano y, en esta ocasión, se dirigió contra los periodistas republicanos y los trabajadores de Artes Gráficas. Esta vez, el primer periodista en ser detenido y fusilado fue Rosendo Márquez, redactor jefe del diario ugetista Julio. Márquez fue acusado de participar en el saqueo e incautación de El Cronista y de estar involucrado en la muerte de Eduardo León, director de este diario conservador. Dos trayectorias personales que ilustran la profunda brecha ideológica entre los periodistas malagueños de la época, según la investigadora Laura López Romero. 

La toma de Málaga por los franquistas alumbró un nuevo periódico. El 10 de febrero de 1937, los sublevados empezaron a publicar el diario Sur. Al principio fue controlado por los falangistas, que lo denominaron Arriba y lo editaron con las máquinas incautadas al diario republicano El Popular, cerrado violentamente

La toma de Málaga por los franquistas alumbró un nuevo periódico. El 10 de febrero de 1937, los sublevados empezaron a publicar el diario Sur. Al principio fue controlado por los falangistas, que lo denominaron Arriba y lo editaron con las máquinas incautadas al diario republicano El Popular, cerrado violentamente. Más tarde, pasó a llamarse Sur y formó parte de la Cadena de Prensa del Movimiento. Durante la dictadura, el diario Sur estuvo sometido a una rígida censura informativa. Su línea editorial no reflejaba la realidad política y económica de Málaga, pues estaba al servicio del nuevo régimen franquista. Mantuvo el monopolio informativo de la provincia malagueña hasta 1967. El Sol de España fue el primero en competir con el diario Sur, pero nunca más reapareció el diario republicano El Popular.

Javier Bueno, la pluma incendiaria

El diario Avance de Oviedo, periódico del poderoso Sindicato Obrero Minero de Asturias (SOMA), fue literalmente arrasado por las tropas franquistas. Algunos de sus redactores resultaron fusilados. Su director, Javier Bueno, logró escapar, pero su familia fue tomada como rehén. Javier Bueno llegó a ser presidente de la Asociación de la Prensa y periodista comprometido, de pluma incendiaria, capaz de levantar a las masas. Por eso le acusaron de ser “gestor moral de la revolución de Asturias”, según el diputado de la CEDA, José Calvo Sotelo. Sin embargo, Bueno no pegó ni un tiro en los graves sucesos del 34, pero sus campañas y editoriales en el diario Avance “fueron la antorcha en la que floreció el sentimiento revolucionario”, en palabras del historiador David Ruiz. 

Javier Bueno. Foto: Archivo del sindicato UGT-SOMA.

El final de la guerra le sorprendió en Madrid, donde fue detenido cuando dirigía el diario Claridad, órgano de UGT. En la cárcel, dio clases de Gramática a los presos y encontró a su amigo Juan Antonio Cabezas, antiguo redactor del diario Avance, que fue el mejor testigo de sus últimos días. Javier Bueno fue condenado a muerte por un consejo de guerra sin garantías jurídicas, fusilado en la madrugada del 26 de septiembre del 39 y enterrado en la fosa común del madrileño cementerio del Este. Contaba 48 años. Posteriormente, ironías del destino, fue amnistiado a título póstumo.

Renée Laffont, cosida a balazos

Otro caso dramático fue el fusilamiento de la periodista francesa Renée Charlotte Amélie Laffont, enviada a España por el periódico socialista Le Populaire para informar sobre los combates en la guerra civil. Considerada como la primera mujer reportera, asesinada en un conflicto bélico. Realizó su trabajo como corresponsal de guerra en Córdoba y quedó atrapada en el frente de Alcolea. Renée Laffont se dirigía en coche a la capital cordobesa para hacer una crónica de guerra, pero su conductor se equivocó y entró en zona controlada por los golpistas. Cuando se dio cuenta, era ya demasiado tarde. La periodista fue detenida y el vehículo requisado. Más tarde, fue sometida a un consejo de guerra sin garantías jurídicas que la condenó a muerte. 

El 1 de septiembre del 36, los sublevados trasladaron a Renée Laffont desde la cárcel al cementerio y, cuando comprendió que iba a ser fusilada, saltó del camión e intentó huir, pero no lo consiguió

El 1 de septiembre del 36, los sublevados trasladaron a Renée Laffont desde la cárcel al cementerio y, cuando comprendió que iba a ser fusilada, saltó del camión e intentó huir, pero no lo consiguió. El pelotón de fusilamiento la acribilló allí mismo, cuando corría y por la espalda. El Registro Civil de Córdoba señala como causa del fallecimiento “anemia aguda por hemorragia consecutiva, provocada por las heridas recibidas”. Es decir, un eufemismo médico para ocultar la verdad: “la periodista murió cosida a balazos”, en palabras del investigador Francisco Moreno Gómez. 

Renée Laffont. Foto: diariocordoba.com

Renée Laffont tenía 58 años y su cuerpo fue enterrado en un lugar que se mantuvo secreto. La muerte violenta de Renée es comparable con la de los periodistas Guy de Traversay (fusilado por los franquistas) y Louis Delaprée (su avión cayó mientra regresaba a Francia). Pero los franquistas ocultaron el caso Laffont para evitar una crisis diplomática, pues informaba para el periódico de León Blum, por entonces jefe del gobierno galo. 

Diego Rodríguez Barbosa, periodista libertario

Militante de la CNT, Diego Rodríguez Barbosa desarrolló una amplia actividad periodística, con artículos, novelas y letras de Carnaval. Y con la proclamación de la II República en 1931, se convirtió en editor del periódico El Sembrado para promover el ideal anarquista de la revolución agraria, lo que le llevaría a la cárcel. La sublevación militar del 18 de julio del 36 sorprendió a Diego Rodríguez en Chiclana. La ocupación franquista apenas tuvo resistencia: “La mañana del domingo 19 de julio llegó a Cádiz el destructor Churruca con tropas de África. Desde ese momento, la balanza se inclinó hacia los golpistas. La intervención de los mercenarios marroquíes en las calles gaditanas, prácticamente eliminó la resistencia que el Frente Popular ofrecía desde algunos edificios, azoteas y barricadas. Ese mismo día, toda la bahía de Cádiz fue ocupada, según el investigador José Luis Gutiérrez Molina. 

Diego Rodríguez Barbosa. Foto: Archivo de José Luis Gutiérrez Molina.

El cadáver de Diego Rodríguez fue paseado en un camión por las calles de Chiclana como escarmiento público y enterrado en una fosa común. Su familia fue acosada y tuvo que abandonar el pueblo por temor a represalias

Lo primero que hicieron los falangistas del pueblo fue asaltar el local del sindicato CNT. Acto seguido, buscaron a los militantes, obreros y republicanos más destacados, que se habían escondido en el campo y otros lugares, entre ellos Diego Rodríguez. Pero el 22 de agosto fue detenido, torturado y asesinado a golpes en las cercanías de Chiclana. En el pueblo corría el rumor de que sus verdugos lo decapitaron y jugaron al futbol con su cabeza. El cadáver de Diego Rodríguez fue paseado en un camión por las calles de Chiclana como escarmiento público y enterrado en una fosa común. Su familia fue acosada y tuvo que abandonar el pueblo por temor a represalias; y su hijo Arquímedes fue obligado a combatir con los que habían matado a su padre. Algunos testigos afirman que fue asesinado por los propios franquistas en el frente de Cataluña y después simularon que había caído en combate. Sus restos fueron trasladados al Valle de los Caídos, sin permiso de la familia.

Mauro Bajatierra, periodista de acción

Significativo fue también el caso Mauro Bajatierra, panadero, anarquista y masón, que llegó a ser periodista de acción. Considerado como el mejor cronista de la guerra civil. Federica Montseny, histórica anarquista que fue ministra en el Gobierno de la República, llegó a decir: “Sus escritos están hechos en primera línea de fuego, donde estallan los obuses y donde los dinamiteros juegan cada día cien veces con la muerte”. 

En tres años, Bajatierra llegó a publicar 750 crónicas de guerra en el periódico de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT). Se desplazaba continuamente a los frentes para tener información de primera mano y daba a sus escritos un toque de humor con grandes pinceladas de humanismo. Dedicó la mayor parte de su vida a difundir el ideal del comunismo libertario, llegando a ser fundador de la Federación Anarquista Ibérica (FAI).  

Mauro Bajatierra. Foto: Fundación Anselmo Lorenzo.

Bajatierra no siguió el ejemplo de su colega y amigo Roberto Castrovido, que abandonó Madrid para exiliarse. Prefirió emplazar una ametralladora en la puerta de su casa y esperó la llegada de los franquistas que pretendían detenerlo. El viejo periodista cayó acribillado, antes de poder hacer ningún disparo. Sus restos descansan en el cementerio de La Almudena en Madrid y su memoria ha sido recuperada por Julián Vadillo en el libro: “Mauro Bajatierra, anaquista y periodista de acción”.

Periodistas en el exilio

Al estallar la guerra, el periodista Manuel Chaves Nogales se puso al servicio de la República. Como demuestran sus numerosos artículos y editoriales, defendió los ideales republicanos hasta el final y resistió el asedio de los franquistas hasta que el gobierno republicano abandonó Madrid. Fue entonces cuando decidió exiliarse en París, donde nos dejó su testimonio de la guerra civil en el libro: A sangre y fuego. Héroes, bestias y mártires de España, un impresionante alegato contra la brutalidad de la guerra. Durante su exilio parisino, Chaves Nogales trabajó contra el fascismo que amenazaba a Europa y organizó la publicación artesanal Sprint, que informaba a los exiliados sobre lo que sucedía en la España franquista. 

Las tropas alemanas se acercaban a París y Manuel Chaves temía ser detenido y entregado a Franco por la Gestapo, la policía secreta nazi, por lo que decidió marcharse a Londres. En la capital británica retomó su actividad periodística, llegando a colaborar con la BBC. Murió con 46 años en el exilio londinense y sus restos descansan en el anonimato de una tumba sin lápida.

La lista de la Gestapo

Franco entregó a la Gestapo una lista con más de 1.600 nombres para que los detuvieran en el país vecino y se los entregaran. En esa lista, figuraban numerosos periodistas y escritores como Miguel Abeytua, director del periódico Política, Arturo Mori, Antonio de Lezama, Carlos Esplá y tantos otros que hallaron acogida en México gracias al inquebrantable compromiso del presidente Lázaro Cárdenas con la democracia y la II República española. Los periodistas que no abandonaron Madrid a la caída de Cataluña, caso de Javier Bueno o de Augusto Vivero, redactor de ABC-Madrid que se mantuvo leal a la República, fueron localizados, condenados y fusilados al amanecer. 

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Bibliografía e investigaciones consultadas: 

José María Azuaga Rico: “Guerra y represión en Motril. El caso de José Gómez Abarca, periodista de El Faro Rojo”. 

Maria Isabel Cintas Guillén: “Manuel Chaves Nogales, obras periodísticas”. Tomos I y II. Biblioteca de Autores Sevillanos. Fundación Luis Cernuda. Diputación de Sevilla 2001.

Luis Díez: “Así fue la caza del periodista tras el golpe militar de Franco”. Investigación publicada en el diario digital: cuartopoder. 

José Luis Entrala, autor del libro: “Granada sitiada 1936-1939”, editado por Comares.

José Luis Gutiérrez Molina, autor del libro: “El anarquismo en Chiclana. Diego R. Barbosa, obrero y escritor (1885-1936).

Francisco Moreno Gómez: Genocidio franquista en Córdoba (Edita la Casa del Libro).

José Laguillos Bonilla: Memorias del periodista que durante 20 años fue director de El Liberal de Sevilla.

Laura López Romero: “La represión de los periodistas en Málaga durante la guerra dejó decenas de muertos” (Artículo publicado en El Heraldo de Madrid). Laura López es profesora de Ciencias de la Comunicación en la Universidad de Málaga.

Mirta Núñez Díaz-Balart, autora de los libros:

 “Javier Bueno, un periodista comprometido con la revolución”. (Madrid, Fundación Banco Exterior, 1987).

“Prensa de guerra en la zona republicana durante la guerra civil española (1936-1939). Madrid, La Torre, 1992. 

Mirta Núñez es profesora de historia del periodismo español de la Universidad Complutense de Madrid. Ha sido también directora de la Cátedra de la Memoria Histórica de la UCM. 

Julián Vadillo Muñoz, autor del libro: “Mauro Bajatierra: anarquista y periodista de acción”. (La Malatesta editorial).

Francisco Vigueras, autor del libro: “Granada 1936: Muerte de un periodista”, sobre El Defensor de Granada y su director Constantino Ruiz Carnero (Editado por Comares). 

Las fotos incluidas en este artículo han sido facilitadas por el autor.

Este es un espacio para el recuerdo y el homenaje a las víctimas del franquismo.

Para que nunca se olvide. Para que nunca se repita.

En colaboración con  y las asociaciones memorialistas de la provincia de Granada. 

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Si no tuviste oportunidad o quieres volver a leerlos, estos son los reportajes del Foro de la Memoria:

Puedes consultar los reportajes de la primera temporada del Foro de la Memoria en los siguientes enlaces:

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Imagen de Paco Vigueras

Periodista, biógrafo de Constantino Ruiz Carnero y portavoz de la Asociación Granadina Verdad Justicia y Reparación.