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ANDALUCÍA CAMINA HACIA LAS ELECCIONES

¿Y si la izquierda se atreve?

Política - Juan I. Pérez - Domingo, 9 de Enero de 2022
Un análisis en el año electoral en Andalucía, con una llamada a la izquierda a creer que puede aspirar a gobernar la Junta.
Juan Manuel Moreno, en una visita de obras.
MARÍA JOSÉ LÓPEZ/EP ARCHIVO
Juan Manuel Moreno, en una visita de obras.

Sea el próximo junio, un poco antes o después, andaluzas y andaluces serán llamados este año a las urnas para elegir a los 109 diputadas y diputados de la XII Legislatura del Parlamento autonómico, del que saldrá el próximo presidente de la Junta de Andalucía, que puede ser inédito o el mismo.

A la cita electoral, concurrirá Moreno con una mancha en su carrera triunfal, al no poder aprobar sus últimos presupuestos, -la mayor derrota parlamentaria de un presidente-, víctima de ese no querer aparentar la alianza con la ultraderecha que, sin embargo, le ha mantenido en el poder, a cambio de notables concesiones durante el mandato

Llegarán las elecciones andaluzas después de tres años de Gobierno bipartito de derechas, PP-Ciudadanos, -con el indispensable apoyo de Vox-, presidido por Juan Manuel Moreno, convertido en marca electoral, fuera, incluso, de las siglas populares, para no empañar la imagen de moderación que venden desde la Junta y el partido andaluz, con la acción de Pablo Casado, que hace tiempo renunció al centro político.

A la cita electoral, concurrirá Moreno con una mancha en su carrera triunfal, al no poder aprobar sus últimos presupuestos, -la mayor derrota parlamentaria de un presidente-, víctima de ese no querer aparentar la alianza con la ultraderecha que, sin embargo, le ha mantenido en el poder, a cambio de notables concesiones durante el mandato.

Juan Espadas, en el homenaje a Lorca organizado por el PSOE el pasado agosto.PSOE-A

Con las cuentas de 2022 se quebró la alianza por simple estrategia electoral de un Vox crecido. Pero para el PP, mejor culpar al PSOE de ello, aprovechando su amago de respaldar al principio las cuentas, pero en cínica actitud, como si el crac de la sanidad pública dependiera de los mil millones consignados, -los mismos recogidos en el presupuesto de 2021 que se prorrogan- porque no es solo cuestión de inversión el mayor problema de Andalucía, tras el paro, sino de gestión, cuando el superávit de la Junta, a 31 de octubre, fue de 2.589 millones de euros.

Cambios políticos. Hay cambios políticos en Andalucía desde las elecciones del aquel 2 de diciembre de 2018, en las que ganó el PSOE-A (33 diputados, 14 menos), pero la alianza de las derechas les permitió formar el primer gobierno presidido por el PP, con su peor resultado en 32 años (26 diputados, 7 menos), Ciudadanos, con su mejor resultado (21, 12 más); y Vox, que entró por primera vez en un Parlamento (12). La Adelante Andalucía, liderada por Teresa Rodríguez, logró 17 actas, tres menos.Susana Díaz dejó paso a Juan Espadas al frente del PSOE; Teresa Rodríguez rompió la alianza con Podemos y luego con IU, y lidera aquel Adelante, con los anticapitalistas. IU eligió a Toni Valero y Podemos, a Martina Velarde, en la bicefalia de Unidas Podemos. Y surge otra opción de izquierda, Andaluces Levantaos, coalición formada por Andalucía por Sí, Más País Andalucía e Iniciativa del Pueblo Andaluz.

De la ultraderecha se fue su candidato y portavoz, Francisco Serrano, tras ser imputado por un fraude de 2,5 millones en ayudas públicas. Manuel Gavira, es el portavoz parlamentario, tras reemplazar a Alejandro Hernández. Moreno se ha afianzado y Ciudadanos parece ya una sombra, llamada a la descomposición también Andalucía, donde el partido acapara el mayor poder de todo el país, tras girar a la derecha, y ser ya irrelevante. (En la primera imagen, Toni Valero y Martina Velarde, en la presentación de Unidas Podemos. En la segunda, Teresa Rodríguez, en el estreno del nuevo símbolo de Adelante Andalucía).

¿Resignación en la izquierda?

Puede que por los sondeos propios y ajenos, con más o menos cocina, el crecimiento de la prensa conservadora, la aparición de medios de derechas sin tapujos, y el viraje de la subvencionada, con el mayor capital destinado a propaganda por la Junta de Andalucía, y Canal Sur, a meses de las elecciones hay un cierto pesimismo sobre las expectativas de la izquierda, asumidos también su errores, tanto en su acción parlamentaria como en sus propias organizaciones, ante un Moreno asentado que, le guste más o menos, está llamado a gobernar con la ultraderecha, carente de cartel electoral, al que juega la diputada en el Congreso por Granada, Macarena Olona.

Dos tercios de mandato lo ha ocupado la crisis sanitaria y social de la pandemia, con la diana siempre puesta en el Gobierno de Pedro Sánchez, tras la que ha parapetado su gestión, nunca bien defendido con contundencia en Andalucía por PSOE y Podemos

A esa desesperanza quizá haya contribuido ante la amenaza fatalista de que ‘viene la derecha’ el simple hecho de que la Administración siga funcionando -aunque a peor, desde luego, en materia de servicios públicos- lo que pudo (y puede) generar una especie de condescendencia hacia el Gobierno de Moreno, cuyo dos tercios de mandato lo ha ocupado la crisis sanitaria y social de la pandemia, con la diana siempre puesta en el Gobierno de Pedro Sánchez, tras lo que se ha parapetado su gestión, un Gobierno nunca bien defendido con contundencia en Andalucía por PSOE y Podemos.

La otra circunstancia que puede alimentar esa resignación es el supuesto perfil moderado de Moreno, sobredimensionado en su proyección fuera de Andalucía, ante el discurso exacerbado del PP nacional y de algunas y algunos de sus dirigentes que más acaparan la atención mediática, como Ayuso o Almeida.

Pero, ¿es realmente así este presidente, responsable de toda la acción de la Junta de Andalucía, más allá de su discurso sosegado?

Desmontando el perfil moderado

La benevolencia con la que es tratado el bipartito, -también, no olvidemos, tras los casos de corrupción y corruptelas y los presuntos casos, que todo va al mismo saco-, y esa supuesta moderación les ha permitido disfrazar una agenda política bien definida, que fija como prioridad la rebaja fiscal que, ante la disminución de ingresos que provoca en la Administración andaluza, avanza inevitablemente hacia el deterioro, la descomposición y el desmantelamiento de los servicios públicos, mientras se produce el beneficio paralelo de los que no han visto pasar la crisis en sus vidas, sus socios naturales, con sus lobbies.

 

Juan Manuel Moreno y Pablo Casado, en el Congreso del PP-A. PP-A

Es la realidad que sacude los cimientos de la sanidad pública andaluza, que con la derecha avanza hacia la privatización, con el colapso de la Atención Primaria.

¿Moderado? Como si los recortes en educación y sanidad, de derechos sociales, en la atención a la diversidad, de ayudas a los sectores más necesitados… tuvieran que decretarse a gritos y primar las formas al terrible fondo o acaso, ¿ese era el Gobierno del cambio, solo suave en las formas?

¿Moderado? Como si los recortes en educación y sanidad, de derechos sociales, en la atención a la diversidad, de ayudas a los sectores más necesitados… tuvieran que decretarse a gritos y primar las formas al terrible fondo o acaso, ¿ese era el Gobierno del cambio, solo suave en las formas?

Y ello sin obviar que el moderado presidente de la Junta mintió en el Parlamento andaluz al asegurar, primero, la contratación de los 20.000 profesionales sanitarios de refuerzo Covid -“no los voy a dejar tirados”, dijo-, y luego despedir a 8.000 de ellos, y a los otros 12.000, renovarlos con precarios contratos.

Tampoco ha cumplido su promesa de ayudas específicas a la hostelería de Granada, la más castigada por la pandemia en las primeras olas, aunque este sector parece contentarse con el discurso de Navidad del presidente, en una taberna de la capital granadina.

Nada moderado es el retraso intencionado en aplicar leyes estatales, como la de la Eutanasia o la Memoria Democrática, o concesiones a la extrema derecha en educación, Igualdad o Canal Sur.

¿Le salen las cuentas a Moreno?

Unas elecciones se adelantan porque el Gobierno está atrapado, sin posibilidad de maniobra, al perder la mayoría que lo sustenta, o por el contrario porque sabe de su victoria. En el caso de las andaluzas, las dos razones se yuxtaponen, pero al hacerlo dejan dudas razonables.

Juan Marín, en luna rueda de prensa, posterior al Consejo de Gobierno. Prensa Junta

Moreno ha perdido el apoyo de la ultraderecha en la Ley de Presupuestos y le deja poco margen para completar la legislatura sin sobresaltos. Pero ninguna de las encuestas, hasta la más triunfalistas, les da una mayoría absoluta al PP. En el mejor de los casos, dependerá de la extrema derecha para gobernar, todo un melón por abrir.

Pero, sobre todo, ese 43,44 por ciento de andaluzas y andaluzas que no votaron en las últimas autonómicas y a los que la izquierda tiene mucho que decir, presumiendo que ya saben, por el bombardeo incesante, de estos tres años de Gobierno de derechas

Ciudadanos se diluye a la irrelevancia. Y es improbable que tenga peso para ser el dócil socio del PP. Pero en Andalucía, los apoyos recibidos por Cs no está demasiado claro que todos procedan de la derecha, aunque sus líderes sí se identifiquen plenamente con postulados neoliberalistas y conservadores. Esos 661.371 votos cosechados en 2018 por el partido que lidera Juan Marín son un caladero que puede hacer virar la mayoría.

Pero, sobre todo, ese 43,44 por ciento de andaluzas y andaluzas que no votaron en las últimas autonómicas y a los que la izquierda tiene mucho que decir, presumiendo que ya saben, por el bombardeo incesante, de estos tres años de Gobierno de derechas.

¿Y si se atreve la izquierda?

Nada como la realidad de estos tres años, con la maltrecha sanidad como ejemplo de lo que es capaz de desmontar la derecha, para combatir la resignación de que Moreno volverá a gobernar Andalucía, y con Vox de socio, con consejeros en ¿Educación?, ¿Cultura?

La sanidad no le hizo ganar las últimas elecciones a las derechas, pero sí desgastó al PSOE-A hasta perder la mayoría suficiente.

Nada como la realidad de estos tres años, con la maltrecha sanidad como ejemplo de lo que es capaz de desmontar la derecha, para combatir la resignación de que Moreno volverá a gobernar Andalucía, y con Vox de socio, con consejeros en ¿Educación?, ¿Cultura?

Las fuerzas progresistas se han rearmado, con la renovación de sus líderes, más traumática en Unidas Podemos, pero es preciso dar un paso más y otro, y otro más.

El PSOE optó por el ya exalcalde de Sevilla, Juan Espadas, para pasar página y afrontar una nueva etapa. Y aunque su perfil es similar al de Moreno, lo que le puede permitir disputarle al PP el centro, es la fuerza del partido la que debe empujar su candidatura para diferenciarlo de la derecha, ampliar el voto de izquierda, y convencer a la ciudadanía de lo que ha sucedido, de lo que puede venir y de lo que debe cambiar. Con claridad y transparencia. Y con contundencia.

Llamados a entenderse, como en el Gobierno y en otras comunidades, hay que abrir espacios comunes que garanticen una unidad de acción, desde la diferencia, y desterrar tiempos pasados de imposibilidad de acuerdos, que abren autovías a las derechas

Sobre él y su equipo recae el peso de movilizar al electorado y demostrar que su elección para renovar el PSOE-A ha sido un acierto.

Renovados con nuevos aires las estructuras de los dos partidos que conforman Unidas Podemos, la alianza de izquierdas necesita con urgencia elegir la referencia electoral, que dé voz y argamasa al proyecto de reconstrucción de Andalucía, desde sus postulados de izquierda.

Llamados a entenderse, como en el Gobierno y en otras comunidades, hay que abrir espacios comunes que garanticen una unidad de acción, desde la diferencia, y desterrar tiempos pasados de imposibilidad de acuerdos, que abren autovías a las derechas.

Si ya no son tiempos de la 'casa común' siempre lo es de la 'causa común'. Causas comunes como luchar para revertir la desolación de los servicios públicos, por la justicia y el reequilibrio social, la defensa del feminismo, la igualdad, el ecologismo transversal para atenuar los efectos del cambio climático

Con las otras fuerzas de izquierda, si ya es imposible evitar la atomización, identificar muy bien al adversario y estar preparados para sumar porque es más el beneficio que reporta.

Si ya no son tiempos de la casa común siempre lo es de la causa común. Causas comunes como luchar para revertir la desolación de los servicios públicos, privatizaciones, por la justicia y el reequilibrio social, la defensa del feminismo, la igualdad, el ecologismo transversal para atenuar los efectos del cambio climático o la lucha contra la violencia de género. Todo ello, en la esencia de la izquierda.

Y para ello, recorrer hasta el último rincón de Andalucía, parecerse a ella, la que madruga y trabaja, la que no llega a fin de mes, la que la crisis le ha llevado por delante. Las capas medias y populares. Pueblo a pueblo, ciudad a ciudad, barrrio a barrio, puerta a puerta.

Desmentir con argumentos las falacias de un Gobierno de derechas, preparado para un nuevo giro reaccionario. ¿Se acuerdan del segundo mandato de Aznar?

Mucha tarea por delante. Pero para ello, hay que creérselo y atreverse al cambio.