“Mujeres de alto valor”… y de las JONS

Resulta desolador observar cómo, en pleno siglo XXI, los ecos más oscuros de nuestro pasado no solo no se han extinguido, sino que han encontrado en el algoritmo de las redes sociales un terreno fértil para su mutación. Asistimos a una ofensiva revisionista sin precedentes, una orquestación meticulosa impulsada por las derechas patrias y el neonacionalcatolicismo emergente que busca desmantelar, ladrillo a ladrillo, el edificio de la igualdad.
Bajo la apariencia de "nuevas tendencias" de estilo de vida, se esconde una operación de demolición de los derechos de las mujeres que utiliza eufemismos tan falsos como repugnantes. El más obsceno de todos ellos, por su carga de sumisión y cosificación, es el de las llamadas "mujeres de alto valor".
Este concepto, difundido con profusión en plataformas de consumo rápido, no es más que un envoltorio de seda para una mercancía podrida
Este concepto, difundido con profusión en plataformas de consumo rápido, no es más que un envoltorio de seda para una mercancía podrida. Tras la etiqueta de "alto valor" no hay igualdad, ni empoderamiento, ni autonomía, ni excelencia personal. Lo que se esconde es el perfecto retrato de la mujer de la Sección Femenina de la Falange. Es el regreso de Pilar Primo de Rivera a través de un filtro de TikTok. Aquella doctrina franquista que definía a la mujer como un mero complemento del marido, cuya única aspiración vital debía ser la complacencia del varón, madre amorosa y cuidadora del hogar como destino biológico inevitable, ha sido resucitada por este revisionismo de derecha radical que odia la libertad femenina.
La retórica de las "mujeres de alto valor" propone un mercado transaccional de la dignidad humana. Nos dicen que la mujer debe "cultivarse" -pero no en intelecto o pensamiento crítico, sino en docilidad, estética y servicios- para ser merecedora de un "hombre de alto valor" que la provea. Es el regreso al contrato de vasallaje emocional y económico. Se nos vende como una elección libre, como un retorno a "lo natural", cuando en realidad es el desprecio absoluto a décadas de lucha feminista. Es la negación de la mujer como sujeto político para devolverla a su condición de objeto de ornato y cuidados. Es, en definitiva, el neonacionalcatolicismo quitándose la careta para imponer de nuevo el modelo del "ángel del hogar" que solo existe en función de complacer a su dueño y señor.
Este revisionismo no es inocuo; es el brazo cultural del negacionismo de la violencia machista
Este revisionismo no es inocuo; es el brazo cultural del negacionismo de la violencia machista. Mientras estas corrientes inundan las redes con consejos sobre cómo ser una esposa abnegada y silenciosa, las terminales políticas de la derecha y la ultraderecha trabajan para borrar el concepto mismo de violencia de género de las instituciones. Niegan la raíz estructural de la opresión porque reconocerla obligaría a cuestionar los privilegios sobre los que asientan su modelo de sociedad. Para ellos, el feminismo es una "enfermedad" o un "ataque al hombre", cuando en realidad es la única herramienta capaz de denunciar que la jerarquía que promueven las "mujeres de alto valor" es la misma que alimenta la mano del maltratador.
Lo más doloroso de este fenómeno es el silencio cómplice ante la tragedia. En lo que llevamos de año, la realidad nos ha golpeado con una crueldad insoportable: 13 mujeres y dos menores han sido asesinados a manos de sus parejas o exparejas. Son vidas segadas por la convicción de propiedad que el patriarcado más rancio -el mismo que hoy se disfraza de "tradicionalismo moderno"- inocula en la sociedad. Sin embargo, en los perfiles de esas "mujeres de alto valor" y en las soflamas de quienes las jalean, no encontrarán una sola condena firme a estos asesinatos. No pueden hacerlo. No pueden condenar la consecuencia última del sistema que ellas mismos intentan restaurar. Para este revisionismo, admitir que el control del hombre sobre la mujer mata es admitir que su modelo de "familia tradicional" y "respeto a las jerarquías" es el caldo de cultivo del terrorismo machista.
Esas víctimas son el recordatorio sangriento de lo que sucede cuando la mujer es vista como una posesión
Esas víctimas son el recordatorio sangriento de lo que sucede cuando la mujer es vista como una posesión. Las "mujeres de alto valor" guardan silencio mientras la sangre corre, porque su discurso se basa precisamente en no incomodar al hombre, en ser el bálsamo de su descanso y el refuerzo de su ego. En ese esquema, la violencia es un "error individual", una "pasión mal gestionada" o, directamente, una invención de las "feministas radicales". Prefieren mirar hacia otro lado, ajustarse el delantal invisible de la sumisión y seguir dando lecciones de moralidad anacrónica mientras el contador de mujeres asesinadas no deja de subir.
El peligro de este movimiento es su capacidad de seducción entre las generaciones más jóvenes a través de la estética. Han aprendido a usar el lenguaje de la autoayuda para vender esclavitud. Pero no debemos llamarnos a engaño: no hay valor en la renuncia a la propia identidad. No hay valor en ser el apéndice de un marido. El único valor real de una mujer es su autonomía, su capacidad de decidir sobre su cuerpo, su vida y su futuro sin pedir permiso ni perdón.
La campaña del Ministerio de Igualdad para este 8M acierta al poner el foco en este avispero de las redes sociales. Es ahí donde se está librando la batalla por el sentido común. La ofensiva es total: desde los despachos oficiales donde se recortan presupuestos contra la violencia, hasta las pantallas de los teléfonos donde se romantiza la servidumbre.
Debemos denunciar con rabia y claridad que el modelo de "mujer de alto valor" es una trampa mortal
Debemos denunciar con rabia y claridad que el modelo de "mujer de alto valor" es una trampa mortal. Es el retorno al oscurantismo, a la España en blanco y negro que quería a las mujeres calladas, embarazadas y en la cocina. El feminismo no es una opción de estilo; es una cuestión de supervivencia. Y frente a quienes pretenden resucitar a la Sección Femenina con hashtags modernos, nuestra respuesta debe ser el orgullo de mujeres libres, "de valor incalculable", precisamente porque no están en venta ni aceptan dueños ni señores. Ni un paso atrás frente al odio, ni un silencio más frente a la barbarie.


































