'El frío en el Congreso y el desamparo en la calle'

Hoy, jueves, los pasillos del Congreso de los Diputados no solo huelen a moqueta y café; huelen a una indiferencia gélida que amenaza con congelar la vida de miles de familias. Mientras los taquígrafos recogen los discursos cargados de una retórica parlamentaria a menudo vacía, fuera de los muros de la Carrera de San Jerónimo, el segundero de un reloj invisible marca la cuenta atrás para más de 60.000 familias. Lo que se vota hoy no es un trámite administrativo ni un ajuste de cuentas entre bloques; es la supervivencia física de quienes dependen del escudo social para no acabar en la calle o para poder encender la c alefacción una noche de invierno.
Quienes hoy se preparan para pulsar el botón del 'no' -una alianza de derechas que parece haber olvidado que la patria se defiende protegiendo a sus ciudadanos, no a los fondos buitre- están firmando una sentencia de precariedad masiva
La posible caída de las medidas de protección contra los desahucios y la eliminación del bono social energético es un acto de crueldad política disfrazado de "rigor jurídico" o "libertad de mercado". Quienes hoy se preparan para pulsar el botón del 'no' -una alianza de derechas que parece haber olvidado que la patria se defiende protegiendo a sus ciudadanos, no a los fondos buitre- están firmando una sentencia de precariedad masiva. Argumentan, con un cinismo que asusta, que estas medidas "distorsionan el mercado" o que la propiedad privada es un derecho absoluto que debe prevalecer sobre la dignidad humana. Olvidan, convenientemente, que la Constitución que tanto dicen defender subordina toda la riqueza del país al interés general.
Pero es que además, esta votación es, en realidad, un ensayo general, el preludio de una partitura mucho más lúgubre que las derechas pretenden interpretar si alcanzan la victoria en las próximas elecciones generales. Si hoy son capaces de dejar a 60.000 familias a merced del lanzamiento judicial por una cuestión de táctica política o de ideología ultraliberal, ¿qué no harán cuando tengan el control total del Boletín Oficial del Estado?
Lo que estamos presenciando es el desmantelamiento preventivo de la empatía como política de Estado. El voto en contra del escudo social no es un hecho aislado; es el primer ladrillo que retiran de un muro de contención que nos protege de la barbarie. Si el derecho a la vivienda y al suministro energético básico se consideran hoy "prescindibles" o "excesivos", el resto de conquistas sociales están ya en la lista de espera del patíbulo.
Analicemos la deriva. Si el "bienestar" se convierte en una mercancía y no en un derecho, ¿qué pasará con la igualdad? Ya lo estamos viendo en los discursos que criminalizan las políticas de género, tachándolas de "chiringuitos" mientras se ignora la realidad de la violencia estructural. Si hoy se vota contra el bono social, mañana se votará contra las leyes que protegen al colectivo LGTBI, bajo el pretexto de una supuesta "libertad de conciencia" que solo busca devolver a miles de personas al armario del miedo.
La derecha y la ultraderecha han construido un relato donde los derechos humanos son un lujo que solo merecen quienes ellos decidan
El panorama para la inmigración es igualmente desolador. El rechazo a la protección de los más vulnerables en casa es el paso previo a la deshumanización total de quienes vienen de fuera. La derecha y la ultraderecha han construido un relato donde los derechos humanos son un lujo que solo merecen quienes ellos decidan. En un escenario de gobierno conservador, podemos esperar que la solidaridad se sustituya por muros, y la integración por la sospecha constante.
Tampoco el derecho a decidir sobre el propio cuerpo o a una muerte digna están a salvo. El aborto y la eutanasia, derechos conquistados tras décadas de lucha civil, serán presentados como "ataques a la vida" por parte de quienes hoy, paradójicamente, no tienen reparo en dejar a una familia con niños en la calle en pleno febrero. Es la hipocresía elevada a categoría de ley: una defensa de la "vida" que termina en el momento en que esa vida necesita una ayuda pública para subsistir.
Votar hoy contra el escudo social es elegir un modelo de sociedad donde el éxito de unos pocos se construye sobre la angustia de los demás. Es decirle a ese pensionista que apenas llega a fin de mes que su luz es "demasiado cara" para el erario público, mientras se proponen rebajas fiscales para las grandes fortunas. Es decirle a la madre soltera que su desahucio es una "consecuencia lógica de la seguridad jurídica".
Quienes se sientan hoy en el bloque del 'no' deberían mirar a los ojos a la realidad de este país, y no solo a sus encuestas internas. El rechazo a estas medidas es una declaración de guerra contra la cohesión social. Si cae el escudo hoy, lo que caerá mañana será la propia idea de una España que no deja a nadie atrás. La derecha está enviando un mensaje claro: el Estado del bienestar es un paréntesis que están deseando cerrar.
Estamos a tiempo de exigir que la política sirva para lo que fue creada: para gestionar la convivencia y proteger al débil del fuerte. Pero si la votación de hoy confirma los peores augurios, sabremos que el futuro que nos proponen las derechas no es un país más libre, sino un país más desalmado. Hoy se votan desahucios, pero lo que realmente está en juego es el alma misma de nuestra democracia

































