FORO DE LA MEMORIA

'La Colonia de Víznar y los asesinados en las fosas de Víznar-Alfacar (II)'

Política - Rafael Gil Bracero - Domingo, 13 de Agosto de 2023
Un extraordinario trabajo de Rafael Gil Bracero, profesor de Historia Contemporánea de la UGR, presidente de la Asociación Granadina para la Recuperación de la Memoria Histórica y referencia de la investigación sobre Memoria Democrática.
Albergue juvenil de verano conocido como Las Colonias.
Instantánea gráfica recogida por Agustín Penón en 1955.
Albergue juvenil de verano conocido como Las Colonias.
Si no has tenido ocasión leer la primera parte de esta serie de Rafael Gil Bracero, publicada este sábado: 'Preludio de Auschwitz en Granada: Las fosas en el Lugar de Memoria Barranco de Víznar y carretera de Víznar-Alfacar (I)'
El sitio al que vamos no está en el mismo pueblo de Víznar; Federico dicen que fue llevado primero a Las Colonias y desde allí conducido al camino que hay entre Víznar y Alfacar. Al final de este camino hay un nacimiento de agua, Fuente Grande. Recientemente han construido alrededor de este manantial varias casitas para veraneantes. El aire por aquí es limpio y cortante, el ambiente muy fresco, lo que es todo un alivio si se compara con el calor asfixiante que padecemos en Granada.

Si viniendo desde Las Colonias se sigue por el camino que va a Alfacar, en la primera revuelta se encuentra uno con el barranco, el lugar en donde la mayoría de los fusilados están enterrados.

Más adelante, todo este camino forma una especie de anfiteatro natural colocado ante la Vega de Granada y respaldado por suaves colinas formadas por las lomas de una sierra caliza. Todavía hay olivos (los restos de un viejo olivar) en toda esta parte de monte bajo. Desde el barranco las laderas y paratas de alrededor están llenas de tumbas anónimas de miles de fusilados que fueron enterrados sin ninguna clase de señalización.

Son las siete y media de la tarde. A esta hora la luz brillante del atardecer hace destacar en las paratas el relieve suave de las sepulturas escondidas, como si fueran dunas en un desierto desolado. Las tumbas aparecen claramente dibujadas con los bordes marcados simétricamente. Hay también, entre las hierbas muy altas, dos grandes hoyas en las que dicen que hay al menos cincuenta muertos en cada una, y ahí, en una de ellas, es donde algunos suponen que está Federico. Desde el barranco toda esta parte a la derecha del camino, donde hay tantos fusilados bajo tierra, está cercada por alambre de espino, igual que un campo de concentración.

Vamos siguiendo los pasos que Federico y tantos otros debieron dar en aquellas madrugadas terribles. Avanzaría el camión con todos ellos y en la primera curva del camino pararía, resonarían los gritos ordenando a los prisioneros que se apearan y marcharan hacia delante monte arriba. Tal vez los condenados aún seguirían sin poder creer lo que estaba sucediendo… Treparían por las laderas intentando escapar… Las luces del camión iluminarían la escena… algunos darían unos cuantos pasos hasta detenerse asustados ante la grieta del barranco, un inmenso agujero abierto a sus pies… El miedo alcanzaría en ese momento su punto más álgido… Y en cuestión de segundos sonarían los primeros disparos, la cacería había empezado…. Correrían unos, otros retrocederían espantados…Los gritos y los lamentos estallarían en el aire… Y los cuerpos abatidos irían quedando esparcidos en las laderas, caídos en el barranco… después el tiro de gracia y otra vez el silencio.

Los verdugos se marcharían rápidamente con prisa por volver a Granada para jactarse de su hazaña por bares y cafés, contando con pelos y señales los hombres que habían matado… Y en el campo solo quedarían los muertos abandonados.  Hasta que otros desgraciados, los prisioneros que aún seguían con vida en Las Colonias se encargaran de enterrarlos.

En todos los terrenos vallados que hay en los alrededores de este camino han plantado y siguen plantando pinos. Sobre muchas tumbas hay ya un pino pequeño. Cuando crezcan se convertirá en un bosque que entrelazará sus raíces a los cuerpos enterrados acabando por deshacerlos… Y la gente olvidará.

(Rendimos homenaje a la investigación de Agustín Penón, asimismo a la contribución de Marta OSORIO, Miedo, olvido y fantasía: crónica de la investigación de Agustín Penón sobre Federico García Lorca (1955‐1956). Editorial Comares, 2001).

Un lugar que queda unido para siempre a la historia de Víznar en aquel momento es el edificio conocido como “La Colonia” que normalmente ocupaban escolares granadinos durante los periodos vacacionales con el fin de ponerles en contacto con la naturaleza. El resto del año era utilizado como oficina para gestiones del propio Ayuntamiento.

"Con anterioridad había sido un molino harinero, después una fábrica de tejidos, que fracasó, llamada Moreno Ayala y, por último, antes de su trágico uso como centro de detención, colonia de escolares femenina donde pasaban los meses de verano las niñas de los colegios de Granada, en un clima bastante más fresco que el de la capital. La Colonia de niños estaba instalada en los bajos o en un edificio colindante con el Ayuntamiento. Este edificio tuvo tal destino hasta el primero de agosto de 1936".[1]

Constaba de dos plantas. Una planta baja para la cocina y servicios; y una primera planta donde se situaban los dormitorios. Este lugar, al igual que sus inmediaciones, marcó aquel verano de 1936. El primer día de agosto de 1936 se produce el desalojo de los grupos infantiles, quedando la vieja casona transformada en una especie de anexo a la prisión provincial de Granada.

A los niños que se encontraban allí cuando empezó la guerra hubo que agruparlos a todos en una habitación, para dejar sitio a los soldados y a los prisioneros que iban llegando; había entre ellos unas cuantas mujeres, también condenadas, a las que se le había rapado la cabeza como castigo”.[2]

"Los presos eran encerrados en la planta baja de ‘La Colonia’"

Según declaraciones del Capitán Nestares: “...en cuanto hubo presos fue necesario montar una guardia y para eso se designó a los de asalto, que allí residieron a ese efecto...”.[3] La Colonia estaba custodiada por una o dos escuadras de asalto de la 30ª Compañía que pertenecía a la guarnición de Granada, y aproximadamente cada quince días eran renovados por otras. Cada escuadra la componía un cabo y diez guardias. “De Granada eran enviados por el Gobiernos civil los diversos reos. Llegaban transportados en turismos, autobuses o camionetas, según el número de individuos. La custodia del transporte era realizada normalmente por guardias de asalto, otras veces por voluntarios. Los presos eran encerrados en la planta baja de ‘La Colonia’".

Allí les ponían un altar, atendiéndoles el capellán Don Mariano. Las fuerzas de la columna nada tenían que ver en este asunto por lo que les tenía ordenado que no se acercasen allí. Todo lo que sabían era lo que contaban los guardias de asalto que custodiaban La Colonia”.

“Las listas de los reos a fusilar eran dadas en el despacho del Gobernador Civil al individuo que estaba de guardia, y éste se las entregaba a la escuadra de voluntarios o guardias de asalto que se encontraban de servicio; recogían los coches… y se presentaban en la prisión para que se les entregasen los presos que estaban en las listas, y a continuación eran llevados a donde se les indicaba… Todo este asunto, desde que se daba la lista hasta que se fusilaba era de puro trámite y lo hacía, por tanto, el personal que estaba de servicio. Cuando los enviaban a Víznar solía llamar desde Gobierno Civil, Julio Romero Funes, al que oponía toda clase de reparos por no gustarme el asunto. Manuel Castilla Blanco también hizo una declaración jurada acerca de lo que ocurría en “La Colonia”. En ella se recogen entre otras declaraciones:

Normalmente nosotros no nos enterábamos de lo que pasaba. En La Colonia, mis noticias directas eran las del teléfono, que yo pasaba la comunicación cuando la recibía. No obstante, sabía porque allí se contaba, que a las últimas horas de la noche o primeras de la madrugada subían a los presos para fusilarlos conducidos normalmente por la guardia de asalto y algunas veces por voluntarios, no sabiendo en qué tipo de vehículos. Recuerda que decían que los subían en coches, en una Alsina y en una furgoneta o camioneta Ford."

Los guardias de La Colonia tenían que custodiar, vigilar y en ocasiones fusilar a los presos, que eran enviados desde el Gobierno Civil hasta Víznar, transportados en turismos, autobuses o camiones. El paso al sector militar requería previa petición del permiso al Capitán Nestares.

Al principio los fusilamientos se realizaban en el camino de Puerto Lobo, y después en el Prado de Casilla. Aunque según algunos testimonios, mientras se establecían en el pueblo y en primer lugar, se fusiló a algunos en el cementerio de Víznar

Según las fuentes consultadas -en gran parte inéditas como los Expedientes Judiciales para la inscripción de defunciones fuera de plazo o los Expedientes incoados por la Audiencia Provincial en aplicación de la Ley de Responsabilidades Políticas de 1939-[4], al principio los fusilamientos se realizaban en el camino de Puerto Lobo, y después en el Prado de Casilla. Aunque según algunos testimonios, mientras se establecían en el pueblo y en primer lugar, se fusiló a algunos en el cementerio de Víznar.

Más tarde se utilizaron unos “pozos” antiguos, abiertos para sacar agua, junto a un paraje llano que servía como campo de instrucción de las tropas, y en las inmediaciones (“Cañada de El Colmenar”, “El Almegijar”, “El Caracolar”). Y finalmente, en el Barranco de Víznar, donde la tierra era húmeda y blanda, apropiada para la tarea de cavar fosas. El hecho de que se fueran trasladando los lugares de enterramiento según nuestras informaciones, fue debido a que se puso de manifiesto el peligro que podía suponer para la salud pública, la posibilidad de que se contaminara la acequia Aynadamar, al enterrar los cuerpos en sus inmediaciones.

Respecto a los fusilamientos, cabe destacar también el gran número, no sólo de víctimas, sino de voluntarios que deseaban participar en ellos. En este sentido, Manolo “el comunista” le explicaba a Agustín Penón:

“[…] que un pelotón de la guardia de asalto era el encargado de los fusilamientos y también tomaban parte voluntarios de La Falange. Y que fueron tantos los que se ofrecieron para matar, que tuvieron que compartir entre todos aquel privilegio. Entre ellos los más conocidos y los más sanguinarios fueron Arenas y El Sevilla. Hace una descripción muy detallada de cómo estaban entonces organizados los fusilamientos y los posteriores enterramientos. Dice que en aquellas primeras semanas después de la sublevación todavía los grupos de condenados a muerte eran pequeños, de unas siete u ocho personas.

Que fue después cuando Víznar se convirtió en un verdadero campo de exterminio, desde Granada llegaban los camiones repletos de condenados a muerte que eran fusilados inmediatamente. Fue entonces cuando se empezó a matar en las cercanías del Barranco donde hay miles de víctimas enterradas”.

Que antes de que las víctimas fueran sacadas de Las Colonias, al amanecer, los despertaban a ellos, al pelotón de enterradores. Les decían que se prepararan para ir a cavar y ellos se vestían siempre con la duda de si van a enterrar a otros o serían ellos mismos los que serían enterrados.

Primero salían las víctimas… en cuanto el coche con las víctimas arrancaba, nosotros, los enterradores, les seguíamos en otro coche. Las herramientas para nuestro trabajo, piochas, azadas y palas, muchas veces iban en el coche de las víctimas pues se les decía que iban a trabajar.

(a los condenados se les engañaba haciéndoles creer que iban a trabajar, y había sido él quien empezó a decirles la verdad para que les diera tiempo a confesarse)".[5]

En relación a los lugares de enterramiento recogemos también el testimonio del hijo del Capitán Nestares, Fernando Nestares García-Trevijano:

Las primeras ejecuciones debieron hacerse por la Alfaguara. Luego siguieron en los pozos del campo de instrucción, por estar ya abiertos. Después cambiaron de lugar, adentrándose en el Barranco, siendo con antelación cavadas las fosas por los masones y presos políticos. Al preguntarle por La Colonia dijo que los que llegaban para ser fusilados, o iban directamente al Barranco o, si eran pocas horas, se quedaban en la planta de abajo”.[6]

Uno de los masones granadinos prisioneros concedió una entrevista a Eduardo Molina Fajardo, de la que extraemos un fragmento para reflejar cómo se procedía con los enterramientos en el Barranco.

¿Qué hicieron en Víznar los detenidos por masones? Al ser de día nos montaron en tres coches y nos llevaron al Barranco. Esto ya era el 25 de agosto. Y allí enterramos a 17[…]. Fuimos a enterrarlos sólo los que llegábamos de Granada. En el coche llevábamos desde ‘La Colonia’, picos, palas y espuertas, hasta el Barranco. Íbamos vigilados por falangistas de la escuadra de Don Antonio Hita. Había que hacer fosas, enterrando por lo general a 12 en cada una y sólo en una ocasión metimos en una a 29. Antes había otro sitio de enterramiento, según oímos, sería Puerto Lobo y en el Prado de la Casilla, camino de la Alfaguara, antes de llegar al prado, subiendo a la izquierda. Después fue en el sitio cercano a Fuente Grande, donde Federico, y posteriormente en el Barranco. Luego se comenzó por la tarde a abrir hoyos, para enterrar por la mañana a los que fueran. La consigna desde Granada era ‘tantos trajes’ que significaban el número de enviados a la muerte. La nota llegaba indistintamente del Gobierno Civil o del militar. El mismo grupo seguimos haciendo de enterradores, aunque ya nos tenían cierta consideración y también empezamos a hacer guardias. Los fusilamientos de Víznar duraron un año”.

También Ian Gibson hace referencia a los procedimientos utilizados en relación a los fusilamientos:

 “Nestares estaba en contacto permanente con Valdés en Granada, y casi todos los días llegaban vehículos del Gobierno Civil y de los pueblos de la vega con nuevas hornadas de “indeseables” para ser fusilados de madrugada. Los coches que llegaban desde Granada tenían que pasar ante el palacio del arzobispo Moscoso; allí solían parar un momento para entregar o recoger papeles en el mando de la Falange y luego seguían su camino colina arriba”.[7]

Se refiere a “La Colonia” de esta manera:

Los condenados llegaban en general hacia la una o las dos de la madrugada, y se les encerraba en la planta baja de La Colonia hasta el amanecer. Durante la noche podían confesarse con el cura del pueblo, si lo deseaban. En el piso de arriba se alojaban los hombres que tomarían parte en las ejecuciones; también se alojaban allí soldados… Al alba se sacaba a los prisioneros (aunque las ejecuciones tenían lugar a menudo a lo largo del día e incluso a veces, por la noche), y luego los enterradores les sepultaban allí donde habían caído”.

Entre los masones que fueron trasladados a Víznar, estaban: Antonio Mendoza Lafuente, Antonio Henares Rojo, Manuel Plaza Caro, José Lopera Vaquero, Rivas Rincón y Francisco Moral Galán

Entre los masones que fueron trasladados a Víznar, estaban: Antonio Mendoza Lafuente, Antonio Henares Rojo, Manuel Plaza Caro, José Lopera Vaquero, Rivas Rincón y Francisco Moral Galán. Todos ellos a excepción de Francisco del Moral Galán prestaron servicios a las fuerzas del sector, ganándose a cambio la protección del Capitán Nestares. En un encuentro mantenido con Fernando Nestares García- Trevijano en el curso de nuestra indagación, el hijo del Capitán, comentaba el ejemplo de Antonio Henares Rojo, que incluso recibió un "reconocimiento" por sus servicios y buena conducta para con las fuerzas del bando nacional. Y que, al terminar la guerra, volvió a Granada y siguió trabajando.

También entre los fusilados en el Barranco de Víznar, se hallan muchos obreros que trabajaban en la Fábrica de Pólvora y Explosivos de El Fargue. En la época de la contienda civil era la mayor instalación de explosivos y pólvora de España y una de las más grandes de Europa

También entre los fusilados en el Barranco de Víznar, se hallan muchos obreros que trabajaban en la Fábrica de Pólvora y Explosivos de El Fargue. En la época de la contienda civil era la mayor instalación de explosivos y pólvora de España y una de las más grandes de Europa. El 20 de julio de 1936 cae en manos de los rebeldes. Varias decenas de trabajadores de la fábrica fueron fusilados y enterrados en fosas en el Barranco de Víznar, según Emilio Gómez familiar de Emilio Gómez Poyatos. Se cuenta con un listado de más de 150 vecinos que fueron ejecutados en los parajes de del Barranco de Víznar-Puerto Lobo, también en las tapias de cementerio municipal de Granada. En el momento de la sublevación, los obreros de la fábrica eran considerados en dos categorías: los afectos al levantamiento y los contrarios a él. De este modo, pronto se encontrarían razones para introducir a los "infieles" en las listas para ser fusilados. Estas listas se elaborarían en reuniones encabezadas por el comandante Barrios y donde participarían también jefes, oficiales, maestros, confidentes y vigilantes. Éstos últimos tenían como misión escuchar las conversaciones de los obreros para delatarlos en su momento. También se celebraban estas reuniones en el domicilio del cura párroco (capellán de la fábrica) donde acudían vecinos de La Alquería, e informaban de supuestas conductas comprometedoras para los vecinos de la localidad. Así mismo, en el momento en que se producía un accidente en la fábrica, acudía la falange al mando del teniente y al terminar la jornada, subían a los 40 primeros de las listas que estaban confeccionadas, para trasladarlos a Víznar.

Ellas participarían en los actos de inauguración del primer grupo escolar que la República construyó en Granada y que se ubicó en El Fargue, haciendo entrega de unas flores a Fernando de los Ríos Urruti y Miguel Fernández Gámez, hecho que quizá las señalaría como personas de izquierdas

Estas circunstancias se dieron hasta el 22 marzo 1938 cuando el nuevo coronel dio buena cuenta de que los accidentes no se producían con intención ninguna de sabotaje, sino como un suceso ocasionado por la peligrosidad de la manipulación del material con el que se trabajaba. Entonces acabaron los asesinatos indiscriminados, aunque siguieron produciéndose algunos. De entre las víctimas de la fábrica, destacamos a María Espinar Gámez y Trinidad Guijarro Gómez. Ellas participarían en los actos de inauguración del primer grupo escolar que la República construyó en Granada y que se ubicó en El Fargue, haciendo entrega de unas flores a Fernando de los Ríos Urruti y Miguel Fernández Gámez, hecho que quizá las señalaría como personas de izquierdas.

Tenemos registradas 284 víctimas -y otras 31 personas en proceso de comprobación-, víctimas que superan a las señaladas por Eduardo Molina Fajardo y confirmadas por Nestares García Trevijano

Pero no solo hemos podido reconstruir la represión desencadenada entre el personal laboral asalariado en la Fábrica de El Fargue sino que consultada la variedad de fuentes archivísticas (Libro de Defunciones de los Registros Civiles de Granada-Víznar-Alfacar; causas sumariales del Archivo Juzgado Militar Togado Sevilla-Almería nº 23; Expedientes Inscripción de Defunciones fuera de plazo o los Expedientes del Tribunal Regional de Responsabilidades Políticas) estamos en condiciones de aportar un primer balance de víctimas asesinadas en los parajes de Víznar-Alfacar. En concreto tenemos registradas 284 víctimas -y otras 31 personas en proceso de comprobación-, víctimas que superan a las señaladas por Eduardo Molina Fajardo y confirmadas por Nestares García Trevijano[8].

En todo caso suponen un número netamente inferior al que ha venido repitiéndose por la memoria colectiva que ha extendido la creencia de que aquí se asesinaron miles de personas (¿quizás dos o tres mil personas???).

Albergue juvenil de verano conocido como Las Colonias. Desde el inicio de la contienda civil, fue utilizado como residencia de enterradores del sector y “última morada” de los que iban a ser pasados por las armas. Entre los enterradores figuraba Manuel Castilla Blanco “Manolo el Comunista” y grupo de detenidos, miembros de la Masonería de Granada. Instantánea gráfica recogida por Agustín Penón en 1955. Vid, Marta OSORIO, (Editora) op. cit. Granada, 2009, p.350.-355.
Instantánea del Barranco de Víznar desde Puerto Lobo. Fue captada por Claude Couffon en 1949-1950 en un momento previo a la repoblación de pinos. En estos parajes se ubican varias de las fosas que han sido exhumadas desde 2020. Fondo Claude Couffon.

Evidencias de crímenes de lesa humanidad que debe evocarse para el conocimiento y divulgación, Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición

Podemos afirmar que en el entorno del Barranco de Viznar (desde Puerto Lobo hasta paraje de los Pozos de Víznar hasta Los Llanos de Corvera, El Caracolar, La Cañada del Colmenar, Acequia de Aynadamar, Fuente Grande, a lo largo del Camino del Arzobispo desde centro de Víznar a Alfacar-) constatamos la existencia de fosas con existencia de restos humanos y con evidencias fehacientes de acciones violentas contrarias a los derechos humanos, evidencias de crímenes de lesa humanidad que debe evocarse para el conocimiento y divulgación, Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición.

Sobre la base documental de esas 284 víctimas hemos obtenido más de 3.000 registros o datos que en su conjunto evocan historias de vidas personales y familiares que constituyen una aportación esencial que nos habíamos propuesto al diseñar el Proyecto que se ejecuta

En base al vaciado documental que se ha realizado por AGRMH y resto de miembros del equipo multidisciplinar podemos adelantar que hemos identificado hasta 284 víctimas cruzando datos oficiales que hemos cotejado con familiares que demandan durante décadas la localización y exhumación de los restos de sus seres queridos. Sobre la base documental de esas 284 víctimas hemos obtenido más de 3.000 registros o datos que en su conjunto evocan historias de vidas personales y familiares que constituyen una aportación esencial que nos habíamos propuesto al diseñar el Proyecto que se ejecuta.

De acuerdo a la información oficial de sus defunciones y de acuerdo a los registros recogidos en una variedad de fuentes archivísticas podemos identificar el perfil sociopolítico de gran parte de las víctimas del terror en los inicios de la guerra civil:

NO CONSTA PROFESIÓN: 68

MUJERES TOTAL: 36 (de 301 mujeres fallecidas violentamente en total provincial)

Sus Labores: 19 (Gretel Alder, Rosario Fregenal Piñar, Estela Comba López Grande)

Costureras Modistas (Sastra, Tejedora-Bordadora): 7 (Teresa y Elena Gómez Juárez).

Vendedoras ambulantes: 3

Sirvientas: 2

Cocinera: 1

Estanquera: 1 Enriqueta García Plata.

Polvorista-Telefonista: 1 (Trinidad Guijarro Gómez)

Comercio-Zapatería: 1 (Agustina González López)

Boticaria: 1 (Milagros Almenara Pérez)

DE PROFESIÓN DEL CAMPO O JORNALERO: 29

OBREROS INDUSTRIALES: 27 (10, Fábrica El Fargue, 2 azucareros, 4 Mecánicos, Gasista, 2 fogonero, soldador).

DEPENDIENTE COMERCIO Y EMPLEADOS: 25 (7 empleados, 3 dependientes, 2 empleado de tabacos, dependiente de Farmacia, 9 vendedores ambulantes, 2 escribientes, comisionista)

OBREROS CONTRUCCIÓN: 13 (4 Albañiles, 2 Carpintero, 4 Electricista, Fontanero, herrero (Miguel Gómez Poyatos), cristalero).

EMPLEADOS EN TRANSPORTES-COMUNICACIÓN-SERVICIOS PÚBLICOS:  20 ( 7 chóferes, 2 tranviarios, 6 mecánico autobús, 2 carreros, ferroviario, telefonista,  acequiero).

PEQUEÑOS INDUSTRIALES-ARTESANOS:  23 (6 ebanistas (Agustín Gómez Bonilla), 6 Industrial (Antonio Dalmases de Miguel), sillero, 6 betuneros, 3 barberos, peletero, restaurador (Miguel Cobo Vílches), calderero, alpargatero, hojalatero, tipógrafo (José Raya Hurtado), florero).

ALIMENTACION-RESTAURACION-HOSTELERIA: 11 (5 panaderos-confiteros, camarero, churrero, chocolatero, pinche cocina, aguador, mozo de posada).

EMPLEADOS PÚBLICOS: 4 (2 secretario ayuntamiento (Francisco Del Moral Galán y Diego Machado Granados); empleado Ayuntamiento de Granada (José Bonel Oganda, guardia municipal).

ABOGADO: Vicente Almagro Sanmartin

MÉDICO: Enrique García Cappa.

ENFERMEROS: 2 (Antonio Rosales Ruiz, Enrique Santaella Puga).

PERIODISTA: Constantino Ruiz Carnero.

ESCRITOR: Federico García Lorca.

ESCULTOR: Pedro Domínguez Mazo

BANDERILLERO-SINDICALISTAS DE CNT: 2 Francisco Galadí, Joaquín Arcollas Cabezas.

MAESTRO NACIONAL: 15 (José Díaz Ruano, Natalio Fernández Ceballos, Pedro Fernández Sánchez, Dióscoro Galindo González, Marcelino Gámiz Garzón, José García Esteban, Rafael Guervos  Cantano, José Jiménez Morillas, Clemente Linares Fernández, Pedro Marques Ortiz, José María Morales Hidalgo, José Riquelme Molina, José Riquelme Rosales,  José Salas Salas, Francisco Ruiz Guiraum).

PROFESOR ESCUELA ARTE Y OFICIOS: 1 Teodoro Fernández Martínez

CATEDRÁTICO UNIVERSIDAD: 1 (Salvador Vila Hernández).

VÍCTIMAS CON CARGOS PÚBLICOS, POLÍTICOS Y SINDICALES: 13, entre los que se cuentan un alcalde y gobernador civil durante la Segunda República el abogado Vicente Almagro Sanmartín; el alcalde republicano de Santafé Enrique Muñoz Arévalo, el concejal republicano de Granada capital, Antonio Dalmases de Miguel; el alcalde de Yátor, Fernando Padilla del Toro o los concejales de Fuente Vaqueros (Francisco Soriano López) de Padul (Salvador García García), de Alfacar (José Fernández Fernández). Además, se cuentan entre los asesinados con destacados sindicalistas de UGT: el maestro Pedro Fernández Sánchez, el metalúrgico Evaristo Olalla Morales o los directivos del sindicato de limpiabotas Juan Aival Pleguezuelos, Francisco Fernández Fernández así como el Presidente de la Juventudes socialistas de Granada Julián Molina Atienza.

Antonio Dalmases de Miquel.
Enrique Muñoz Arévalo.
Salvador Vila Hernández.
Pedro Fernández Sánchez.
Clemente Linares Fernández,
Vicente Almagro Sanmartín.

 

Agustina González López.
Rosario Fregenal Piñar La Fregenala.
Miguel Rosales.
Rafael Guervos Cantano.
Agustín Gómez Bonilla.
Diego Machado Granados.
Francisco del Moral Galán.
José García Esteban.
Dióscoro Galindo, Arcollas Cabezas y Francisco Galadí.
José Bonel Oganda.
Eugenio Ruiz Rueda.
José Raya Hurtado.
José Pleguezuelos Maurell.
Francisco del Águila.
Trinidad Guijarro.

Notas bibliográficas:

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  • [1] CABALLERO PÉREZ, M., Las trece últimas horas en la vida de García Lorca. Esfera Libros, 2011. página 167.
  • [2] 45 OSORIO, M. Miedo, olvido y fantasía: crónica de la investigación de Agustín Penón sobre Federico García Lorca (1955‐1956). Editorial Comares, 2001. página 578.
  • [3] MOLINA FAJARDO, E., Los últimos días de García Lorca. Editorial Almuzara. 2001. página 79.
  • [4] En los últimos años, miembros de la Asociación Granadina para la Recuperación de la Memoria Histórica -Silvia González Alcalde y Rafael Gil Bracero- han cotejado y estudiados decenas de Expedientes en el Archivo de la Real Chancillería de Granada, Fondo Juzgados de Instrucción y Fondo del Tribunal Regional de Responsabilidades Políticas.
  • [5] Manuel Castilla Blanco, joven indultado por el Capitán Nestares, prestó servicios de enlace, telegrafista, y siempre a las órdenes del jefe de sector. MOLINA FAJARDO, E., Los últimos días de García Lorca. Editorial Almuzara. 2001. páginas 85 y 94. OSORIO, M. Miedo, olvido y fantasía: crónica de la investigación de Agustín Penón sobre Federico García Lorca (1955‐1956). Editorial Comares, 2001. Páginas 578‐579.
  • [6] MOLINA FAJARADO, Ed. Los últimos días de García Lorca. Editorial Almuzara. 2001. Páginas 367, 330-331.
  • [7] GIBSON, I., La muerte de García Lorca. Ediciones Ruedo Ibérico, 1976. página 98-110.
  • [8] La Asociación Granadina para la Recuperación de la Memoria Histórica y, en concreto, su actual presidente Rafael Gil Bracero, han contribuido a la revisión y recuperación de víctimas ocasionadas de las cuales tenemos constancia oficial. La investigadora memorialista Silvia González Alcalde, como miembro de AGRMH, en su momento, enriqueció esa base de datos que aportara Rafael Gil con la consulta de otros fondos documentales, fruto de ello es una serie de trabajos de investigación publicados y en vías de publicación los cuales constituyen relatos de vida necesarios para la recuperación de la memoria. Los archivos y datos que ha ido acumulando Rafael Gil Bracero y AGRMH durante décadas ya se volcaron para la confección del Memorial de las Tapias del Cementerio de San José de Granada (con 4.015 víctimas registradas) como para la realización de Balance de víctimas para toda la provincia de Granada el cual arroja en la actualidad un total de 5.860 víctimas (aun en construcción) entre los que se contarían con las 284 víctimas arrojadas a las fosas de la carretera de Víznar-Alfacar.

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Rafael Gil Bracero, referente del memorialismo histórico y democrático, profesor de Historia Contemporánea de la UGR, Rafael Gil Bracero es presidente de la Asociación Granadina para la Recuperación de la Memoria Histórica. 

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Si no tuviste oportunidad o quieres volver a leerlos, puedes leer aquí los reportajes de la tercera temporada del Foro de la Memoria:

Si no tuviste oportunidad o quieres volver a leerlos, estos son los reportajes de la segunda temporada del Foro de la Memoria: 

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