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UN RECORRIDO POR EL PATRIMONIO Y LA HISTORIA DE GRANADA XIII

Ánfora olearia romana, del fondo marino al Museo Arqueológico para recordarnos la Florentia Iliberritana y su comercio de aceite

Cultura - M.A. - Domingo, 27 de Septiembre de 2020
Cerramos la serie que comenzamos, recién estrenado el verano, para conocer los fondos del museo granadino, con una pieza que nos conduce a Roma.
La pieza mostrada en el museo, durante la exposición organizada en 2018 para la reapertura del espacio.
J.M.G./Junta Archivo
La pieza mostrada en el museo, durante la exposición organizada en 2018 para la reapertura del espacio.
"Iliberis o Iliberris fue municipio de derecho latino (municipium florentinum iliberritanum). Se ignora el momento exacto en que alcanzó dicha categoría, aunque tal vez, le fue concedido por César hacia el año 45 a. C. Por entonces recibió también el epíteto de Florentia y sus ciudadanos fueron adscritos a la tribu Galeria, bien atestiguada en la epigrafía. A comienzos del Imperio, Iliberis ya está incluida en la provincia Hispania Ulterior Bética como una de las 27 ciudades de un total de 175 comunidades, perteneciente al Conventus Astigitanus y es la única ciudad granadina privilegiada en esta época".

Así introduce Mauricio Pastor Muñoz, de la UGR, su trabajo "La estructura social de Iliberis según la epigrafía", al que recurrimos para poner en contexto la pieza con la que cerramos esta serie dedicada a conocer obras singulares que integran los fondos del Museo Arqueológico de Granada. 

Se trata de un ánfora de cerámica empleada para el comercio, almacenamiento y transporte de aceite. Según consta en la ficha recogida en Colecciones en Red, del Ministerio de Cultura, fue localizada en el fondo marino de Motril. De 79 centímetros de altura y 44 centímetros de diámetro, esta es la descripción incluida en esa ficha: "cuerpo globuloso con fondo puntiagudo. Cuello corto y estrecho de  forma troncocónica, en el que van insertadas dos asas, enfrentadas, macizas, de sección redonda que forman un ángulo inferior a 90º C. Borde triangular suavemente ranurado en el interior, labio redondeado. Tiene la marca de alfarero. Superficie con abundantes concreciones marinas. Le falta el pivote puntiagudo del fondo".

Fotos: Inmaculada de la Torre Castellano

Presenta, como era habitual en estas ánforas olearias, un sello. En el asa se puede leer AGRICOL +. "Las letras, capitales cuadradas, miden 2,5 centímetros; el sello enmarcado en una cartela rectangular está impreso antes de la cocción. La + es la parte final de un asta inclinada, tal vez de una A, por lo que podría ser AGRICOLA[E]. La marca de alfarero AGRICOL está documentada en el alfar de Casa de Mingaobez (Córdoba), reconocido por Ponsich en la orilla izquierda del río Guadalquivir", agrega la ficha, que la data entre 70 [ca]-110[ca].  

En la clasificación razonada se detalla que Roma "supo dar a cada una de sus provincias las especializaciones económicas relacionadas con sus propios recursos". Y que el aceite de oliva estuvo en "primera línea" de los productos exportados desde el valle del Guadalquivir, un producto que se vio favorecido por la navegabilidad del río (Betis) a su paso por Sevilla, Córdoba y Écija. "Una larga cadena de fábricas de ánforas testimonian esta actividad permanente relacionada con una organización racional del comercio de exportación del aceite de la Bética Occidental". Así, los alfares de ánforas Dressel 20 -como la que da pie a este reportaje-, "se suceden en Andalucía en un recorrido de unos 160 kilómetros a lo largo del río, con una intensidad progresiva desde abajo hasta arriba y con una regularidad que demuestra el aumento de la producción del aceite, a medida que se remonta el río en dirección a Córdoba". Tesis reforzada con el hallazgo de almazaras alrededor de esta ciudad e incluso hacia el este, hasta Cástulo. Más allá de Córdoba, detalla la filla, "no ha sido localizado ningún vestigio de alfar". "Parece que el emplazamiento más alto a lo largo del Guadalquivir sea el situado a 15 kilómetros de Córdoba, aparentemente el punto final de la producción de ánforas de aceite tipo Dressel 20, lo mismo para la región de Écija, a 5-6 kilómetros. más abajo de esta ciudad y a orillas del Genil".

El envase, voluminoso y pesado, era "muy económico" y por ello se podían permitir desecharlo. Un dato que conduce al Monte Testaccio de Roma, colina artificial formada a partir de estos desechos. 

"El Monte Testaccio, la octava colina de Roma, es en realidad un basurero. Se sitúa en la zona portuaria de la antigua Roma, próximo a los horrea en los que se almacenaron los productos annonarios llegados a la ciudad. La tradición popular romana veía en él el lugar en el que se arrojaban las ánforas que, procedentes de todo el Imperio, contenían el tributo en especie que debían pagar las provincias. De este modo, el Testaccio se ha conservado como uno de los mayores símbolos del poder del imperio romano. Como demuestra una inscripción del siglo XI, colocada en el atrio de Santa Mª in Cosmedin, el Testaccio fue siempre propiedad del pueblo romano, y en él se celebraron fiestas desde la Edad Media hasta el siglo XIXEn realidad, el Testaccio es un vertedero en el que sólo se arrojó un tipo definido de ánforas: las que contenían aceite, procedentes en su inmensa mayoría (más del 85%) de una sola provincia, la Bética; llegando el resto del norte de África". Así lo explica José María Blázquez, de la Real Academia de la Historia, en "El Testaccio: un programa español de investigaciones". 

La Vega, agrícola desde comienzos de la época imperial romana

En este contexto volvemos a Granada. Y, en concreto, a la Vega. 

"La explotación agrícola de la vega granadina debe remontarse a comienzos de la época imperial, con una producción orientada tanto a la demanda local como a la exportación de los excedentes, que tendrían salida a través de los pasos terrestres que conducen a la costa y al valle del Guadalquivir (Pastor 1983). Y siendo el excedente por antonomasia la producción de aceite", escriben Elena Sánchez, López, Margarita Orfila Pons y A.Santiago Moreno Pérez en "Las actividades productivas de los habitantes de Florentia Iliberritana".

La importancia del aceite bético en el Imperio Romano

Según Blázquez, "el aceite bético abasteció desde época de Augusto a toda la parte occidental del Imperio y, en particular, a Roma. A partir del siglo II d.C. la producción de aceite del norte de África concurrió con el bético, ante todo en Italia, adquiriendo aquél mayor relevancia en el Bajo Imperio. El aceite de oliva, tras el trigo, constituía el alimento más importante en la dieta mediterránea, necesario no sólo para la alimentación, sino también para la farmacopea, iluminación, estética, culto, etc".

Imagen de la exposición sobre las obras singulares del museo con motivo de su reapertura. j.m.g./junta archivo

Como indica Pastor Muñoz, la "extraordinaria ubicación geográfica" de la ciudad, en la Vega del Genil, "facilitó su desarrollo económico, social y cultural. Iliberis vivió durante el Alto Imperio una nueva etapa de su historia". En este sentido agrega que "desarrolló libremente los diferentes aspectos económicos, sociales, religiosos y culturales de una vida activa y floreciente, como uno de los municipios latinos integrados en las provincias del Imperio, llegando a alcanzar un relativo esplendor en el mundo provincial romano: dio a Roma ciudadanos influyentes, senadores y caballeros, emitió moneda, participó en las actividades políticas, económicas y religiosas; en definitiva, alcanzó una gran importancia en la administración municipal romana. Prueba de este desarrollo y de su riqueza son los abundantes restos arqueológicos y epigráficos, de época imperial, que han aparecido y siguen apareciendo en la capital y su entorno".

Las élites locales granadinas accedieron al estamento más elevado de la sociedad romana: el Senado

"Las élites locales granadinas -agrega el autor- accedieron al estamento más elevado de la sociedad romana: el Senado. Durante el Imperio el clan senatorial hispano fue consolidándose y aumentó con los flavios y los Antoninos, que promocionaron a muchos provinciales a este ordo. Augusto fijó su número en 600. Su riqueza era pareja a su prestigio. Se les exigía un censo mínimo de un millón de sestercios para poder pertenecer a este ordo. Pero no era solo la riqueza lo importante, sino otros factores sociales, políticos e ideológicos, que eran los que les proporcionaban sentido de cohesión y exclusividad, en especial, el servicio en las más altas magistraturas del estado romano. De Iliberis proceden un número importante de senadores que pertenecían a un grupo de reducidas familias, algunos de cuyos miembros tuvieron gran importancia política. Ello prueba la temprana y general romanización del municipio que, desde muy pronto, emitió moneda. Estos senadores tendían a afincarse en Italia perdiendo fuerza, poco a poco, las relaciones que les unían con sus provincias de origen, pero ello no implicaba el abandono de los intereses económicos que seguían gravitando sobre los extensos latifundios provinciales".

En esa Granada romana "estaban presentes todas las categorías sociales existentes en Roma, desde senadores, caballeros, munícipes, hasta libertos y esclavos", prosigue Pastor para resumir que, "durante el Imperio, el municipio iliberritano dio a Roma ciudadanos influyentes, senadores y caballeros, emitió moneda, participó en las actividades políticas, económicas y religiosas del municipio en relación con Roma". Todo ello le hace concluir que "alcanzó una gran importancia en la administración municipal y provincial romana". Es "una sociedad pujante y económicamente fuerte, a la que vemos erigir estatuas, lápidas honoríficas y funerarias, costear y reparar edificios públicos y privados, celebrar fiestas y banquetes en honor de algún ciudadano distinguido de su municipio, mantener frecuentes relaciones administrativas y económicas con la administración central". 

En paralelo surgen "grandes terratenientes", cuya economía -expone el autor- "se basaba en las propiedades territoriales de la Vega y en la existencia de modestas industrias (cerámica, extracción de mármol, comercio). En el Albaicín, solar de la antigua Iliberis, se han encontrado vestigios arquitectónicos del foro, que debió ocupar el centro neurálgico de la ciudad. Junto a él, como en todas las ciudades romanas, debía estar el templo principal y otros templos secundarios, así como otros edificios urbanísticos propios de las ciudades romanas, como la basílica, el mercado, el teatro, el anfiteatro, el circo, los gimnasios, las termas, etc., que, aún no han aparecido en Granada, pero que no quiere decir que no existieran".

Fragmento de dintel con inscripción que alude a la basílica. Foto: J.M.G./Archivo

En ese trabajo que utlizamos para conocer la sociedad y la época en la que surge el ánfora guardada en los fondos del Museo Arqueológico, repasa las numerosas inscripciones aparecidas en restos y que, según defiende, se convierte en una extraordinaria vía para conocer quienes habitaban la ciudad, los dioses que adoraron o incluso, según apunta, "llegar mucho más lejos y comprender la historia de una ciudad o de una provincia romana y sus relaciones con otros municipios y/o capital del Imperio". Todo ello debido a que las fuentes documentales, literarias y arqueológicas son "muy escasas".

Precisamente hemos elegido como ejemplo una de las piezas que cita Mauricio Pastor, un fragmento de dintel -también de la colección del Museo Arqueológico- que hace mención a Persus. Se trata de un liberto que, aunque nacido esclavo, la posición económica le permitió destacar. Fue incluido por ello en el llamado colegio seviri Augustales y costeó obras en la ciudad. Explica Pastor Muñoz que reconstruyó el foro y la basílica de Iliberis.

Finalizamos volviendo al ánfora y a su clasificación razonada. Ya habíamos mencionado que este tipo de envase fue el elegido por las comunidades de la ribera del río para transportar el aceite de oliva producido. 

"Así, el aceite era llevado en otros contenedores (odres o toneles) cerca del río, donde junto con los envases vacíos eran transportados por vía fluvial a un puerto marítimo, lugar en el que se porducía el trasvase del aceite a las ánforas Dressel 20, que luego eran cargadas en los barcos y de allí distribuidas a todo el Imperio. Se han documentado ánforas Dressel 20 en varios sitios del Mediterráneo Occidental, en la Galia hasta el limes Germánico, pero sobre todo es Roma donde la acumulación de sus desechos formó la famosa colina artificial del Monte Testaccio. Una vez descargadas las ánforas en los sitios de destino eran abandonadas in situ después de su uso. Se han documentado pocas ánforas Dressel 20 en el mercado rural, ello quizá sea debido a que se transportaban en odres de piel o en toneles de madera, envases más livianos y adecuados para un transporte terrestre por medio de carros y/o animales de carga. El apogeo de este comercio se sitúa en el siglo I y II, después hay un declive en el siglo III, probablemente por la concurrencia del aceite de África del Norte, pero se mantiene regularmente hasta el siglo V".

Documentación utilizada:

"La estructura social de Iliberis", de Mauricio Pastor Muñoz (UGR). Revista del Centro de Estudios Históricos de Granada, número 25, 2013. Vía Dialnet.

 "Las actividades productivas de los habitantes de Florentia Iliberritana", de Elena Sánchez, López, Margarita Orfila Pons y A.Santiago Moreno Pérez, incluido en "Granada en época romana Florentia Iliberritana". 

 "El Testaccio: un programa español de investigaciones", de José María Blázquez (Real Academia de la Historia). 

Con esta entrega damos por concludia la serie dedicada a conocer los fondos del Museo Arqueológico de Granada. Gracias al director, Isidro Toro, y a los profesionales del museo que nos han facilitado esta tarea documentándonos y facilitando información e imágenes.  

Puedes leer el resto de reportajes sobre los fondos del Museo Arqueológico de Granada en los siguientes enlaces: