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DE BAR EN PEOR

Las lunas de los escaparates

Política - Paco Espínola - Viernes, 20 de Marzo de 2026
En su espacio de opinión en El Independiente de Granada, Paco Espínola nos regala otro brillante artículo. Disfruta con la lectura y comparte.

Soy un cateto fascinado. Me lo dicen las lunas de los escaparates. A veces me siento como una metáfora de Granada. Tras el cristal se nos presentan los más exquisitos productos de la fantasía, de la cultura, de la belleza. Delante de él la apatía con la que los granadinos nos enfrentamos a la injusticia, que siempre creemos que está en los demás, no en nosotros. 

Granada es hoy la provincia andaluza con mayor inversión en obra pública (no sé qué dirán en Cádiz, Jaén, Sevilla y Córdoba, que reciben menos) de ahí las chapuceras remodelaciones de las calles San Antón y Emperatriz Eugenia; la tala de árboles en barrios con altas temperaturas en verano o el alimento a la insaciable voracidad de los constructores que engullirá el espacio físico de la desaparecida Piscina Miami para convertirlo en centro comercial (otro más). Es lógico porque, según la alcaldesa Marifrán, «la ciudad vive un momento de explosión económica».     

En Granada todo es futuro, pero el presente nos llena de la mierda inexorable de la realidad. Hablaremos entonces del Parque de las Ciencias, una prestigiosa institución educativo-científica que intentan desmontar después de 31 años de vida sin que sepamos a quien correr a gorrazos: Junta, Ayuntamiento, Diputación o a todos. La extinción y disolución por parte de la Junta de la Escuela Andaluza de Salud Pública, un referente nacional. O de la novedosa privatización de la Carrera de la Virgen por las cofradías que, durante un mes, instalarán sus palcos para Semana Santa, experiencia pilotó que se inauguró el año pasado. Pero no todo van a ser malas noticias; la Junta propone a 2.500 profesores jubilados que vuelvan a las aulas para asesorar y formar sin cobrar.

Y sí, estamos orgullosos de nuestra Universidad que ha suspendido las colaboraciones con las israelíes por el genocidio en Gaza. O que IU destaque el éxito del ‘Plan Veo’ en Granada: «Mientras Moreno Bonilla recorta en sanidad, el Ministerio garantiza las gafas a casi 3.000 menores granadinos». 

Pero hablemos de lo importante. Hablemos de mí. Me siento solo. La semana pasada llamaron a mi puerta unos Testigos de Génova y no les dejaba marchar. Anunciaban la buena nueva: Granada pasaba el primer corte para Capital Cultural Europea de 2031.

«Tenemos que celebrarlo. ¿Una cocacola?», invité. «No. Algo más fuerte... Una limonada». Era una maniobra dilatoria. Se escabulleron cuando fui a la cocina. Al día siguiente nuestra alcaldesa, una mujer que ha sobrevivido a modas, bautizos y comuniones, estaba alborozada: «La candidatura ha contado con la participación de toda la provincia, entidades sociales, empresas y el sector cultural». Dice, además, que Granada «es la ciudad de España donde más crece el empleo tecnológico». Cierto, la renovación es tan profunda que llegaron a cambiar hasta los porteros automáticos. Así, la exultante Marifrán, tras varias horas de monólogo ante el telefonillo reivindicando sus logros solo obtuvo incertidumbre: «Perdone, señora, se ha equivocado, esto es un piso turístico».  

No sabemos qué es “cultura” para nuestros gobernantes, ni qué van a hacer, ni quiénes la van a hacer. Pero entiendo a la señora Marifrán, me siento inherente a ella cual cuerpo místico. Hace tiempo sugerí la canción «Lost in the supermarket» de Joe Strummer, granadino de adopción, como himno de la Capitalidad Cultural y me ningunearon. Triunfó la Tuna de Ciencias con «Granada, tierra soñada por mí». Todo esto, unido a no haber sido entrevistado en diez años en la sección cultural de TG7, la tele del Ayuntamiento, comienza a ser insoportable. El fin justifica al medio.

Me siento como el protagonista del cuento de Emery Kelen (“Mr. Nonsense. A Life of Edward Lear”). Érase una vez un hombre triste que fue a ver al médico para que le curase de su melancolía. Él médico lo reconoció a fondo y le dijo: «No he podido encontrarle nada mal, pero voy a darle un consejo. Hay un circo en la ciudad, vaya esta misma noche. Verá un payaso que es tan divertido que no podrá parar de reírse en una semana». 

«Doctor» —dijo el paciente triste—, «ese payaso soy yo».

Y es que los tiempos están cambiando, que diría el viejo Bob. La cultura se impone.

La “hoja de ruta” de Díaz Ayuso aprovechó el 8M para viajar a Nueva York en un viaje instructivo. Y ha vuelto con un mensaje: «Allí el feminismo es otra cosa. He escuchado la magnífica canción “Love me tender”, que quiere decir “Me gusta tender”».