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Artículo de Opinión por Manuel Pezzi

'Y Andalucía cambió el relato constitucional'

Política - Manuel Pezzi - Domingo, 22 de Febrero de 2026
Una imprescindible reflexión de Manuel Pezzi en la antesala del 28F. Para leer y compartir.
Pizarra con los resultados del referéndum.
www.museodelaautonomía.es
Pizarra con los resultados del referéndum.

Las Cortes Generales, en la sede del Congreso de los Diputados, han querido hacer un homenaje a la Constitución Española de 1978, al convertirse en la más longeva de nuestra historia. El Rey en su alocución ha vuelto a reivindicar un futuro juntos y ha recalcado que: “La mejor manera de conmemorar la Constitución es cumplirla”. El aplauso unánime de los asistentes pareció una bocanada de oxígeno, ante el ruido ensordecedor, cargado de odio, enfrentamientos y uso espurio de las instituciones, que a diario nos ofrece la vida política, institucional, judicial y mediática en nuestro país. Al ruido interno se suman la vorágine diaria del genocidio del gobierno de Netanyahu contra el pueblo palestino, la feroz invasión de Putin en suelo ucraniano, el carrusel trumpiano con los aranceles, sus amenazas, su nuevo orden mundial, con el ninguneo a la Unión Europea, el bullying algorítmico de Elon Musk en X, o de Zuckerberg en Instagram. Todo parece estar permitido a las élites supermillonarias que ya controlan naciones punteras como EEUU, o empresas tecnológicas pensadas para influir y dirigir nuestro mundo. 

Hemos conseguido históricamente, tal como lo refleja nuestro Estatuto de Autonomía, ser una nacionalidad histórica, como la que se le concedió en la CE a Euskadi, Cataluña y Galicia por haber ratificado sus Estatutos durante la República

Una Comunidad Autónoma como Andalucía, con 8,7 millones de habitantes no puede estar ajena a todas estas acciones internacionales, ni por supuesto y principalmente a las internas de España. Cuando vamos a celebrar el 46 aniversario del 28F de 1980, en el que se celebró el referéndum de ratificación de nuestra autonomía por la vía del 151 de la Constitución Española, nos encontramos en una situación paradójica. Hemos conseguido históricamente, tal como lo refleja nuestro Estatuto de Autonomía, ser una nacionalidad histórica, como la que se le concedió en la CE a Euskadi, Cataluña y Galicia por haber ratificado sus Estatutos durante la República. Y nos comportamos como una Comunidad de menor cuantía, sin ser capaces de acordar una justa financiación autonómica, sin poder mantener el estado de bienestar, sanitario, educativo o de dependencia, desde el sector público, con calidad y gratuito. Obsesionados con la privatización de los servicios públicos y el figureo mediático. Seguimos además sin desarrollar nuevas competencias que nuestro Estatuto de Autonomía nos concede. En definitiva, como un peón secundario más, de la estrategia del PP liderado por Feijóo y Ayuso, para derribar al Gobierno de Pedro Sánchez. 

Ciertamente, Andalucía está creciendo económicamente, como toda España, pero resulta chocante defender sin pudor que somos incluso el motor económico de España y Europa, cuando seguimos sin converger, estando al 75% de la media española y al 61,6% de la media de la UE. Seguimos con un paro del 14,6% cuando España lo tiene en el 10%, nuestro riesgo de pobreza es del 29,2%, y el de España del 19,7%. Andalucía se sigue caracterizando por un paro alto, salarios bajos, baja productividad, riesgo de pobreza disparado, falta brutal de viviendas asequibles y unos servicios públicos muy deteriorados, como ha puesto en evidencia la nefasta gestión de los cribados del cáncer de mama, en una sanidad que se desmorona. 

El gobierno con mayoría absoluta de Moreno Bonilla ha sido capaz, con la ayuda inestimable de Canal Sur y numerosos medios, de consolidar una imagen de estabilidad, crecimiento y calidad de vida en Andalucía, que ha conformado una paradoja de la satisfacción en la ciudadanía, que orilla una reflexividad crítica y hace que Andalucía aparezca como prototipo del buen gobierno, frente al caos, la corrupción y el desorden de la izquierda. No es realmente fácil explicar nuestra realidad, ni las alternativas para romper la desigualdad e impulsar a los sectores más desprotegidos, jóvenes, mujeres y los afectados por la crónica pobreza que atenaza a un tercio de la población. Este es el reto que tenemos que superar, ser la voz de los que siguen explotados o marginados, en el olvido o en la desidia, en listas de espera interminables, sanitarias, educativas o de dependencia, sin vivienda asequible, sin trabajo, sin un salario que le permita una vida digna.

Tengamos memoria. Andalucía no opera ya, lamentablemente, como esa fuerza épica que en las manifestaciones del 4 de diciembre de 1977 levantó a todo un pueblo para reivindicar salir del subdesarrollo y por una autonomía del máximo nivel

Tengamos memoria. Andalucía no opera ya, lamentablemente, como esa fuerza épica que en las manifestaciones del 4 de diciembre de 1977 levantó a todo un pueblo para reivindicar salir del subdesarrollo y por una autonomía del máximo nivel. Ni es la Andalucía, que frente al Gobierno de Adolfo Suárez y los representantes del tardofranquismo representados por Fraga, fueron barridos el 28F de 1980, en un referéndum que ganó el conjunto del pueblo andaluz por mayoría, que tuvo al presidente socialista Rafael Escuredo, como su gran líder. No es tampoco esa Andalucía que forzó a todas las fuerzas políticas a hacer un cambio del relato territorial de la Constitución, dejando a un lado la desigualdad entre Comunidades históricas y el resto con una descentralización administrativa cercana a la mancomunidad de Diputaciones. No es la Andalucía que obligó por ley a que la provincia de Almería pudiera sumarse a los resultados de las otras siete provincias andaluzas que habían conseguido superar la mayoría del censo electoral en el referéndum, por acuerdo de sus parlamentarios. No es la Andalucía que obligó a cambiar la ley que regulaba los modelos de referéndum, para hacer una norma como un traje exacto de las necesidades de nuestra tierra. Nadie se atrevió a reclamar nada ante el Tribunal Constitucional, nadie cuestionó entonces a la Comunidad Autónoma de Andalucía que aprobaría su Estatuto de Autonomía, para sus ocho provincias, para toda Andalucía. Y que en 1982 convocaría sus primeras elecciones autonómicas, donde Rafael Escuredo conseguiría en nombre del PSOE de Andalucía 66 diputados, cifra nunca posteriormente conseguida por ningún partido político en ninguna elección al Parlamento de Andalucía.

Andalucía cambió el modelo, el relato, construido en la Constitución de 1978, consiguió para sí, ser reconocida como nacionalidad histórica y no se opuso a que se generalizara el modelo autonómico a las restantes regiones, con un conocido café para todos, que es hoy el que impera en el modelo territorial de España. Andalucía, ni más que nadie, pero tampoco menos, era la frase que Rafael Escuredo repetía en sus actos públicos. Moreno Bonilla ha sabido rectificarlo, tras casi ocho años de gobierno. Andalucía, lo que quiera su partido nacional y a las órdenes de los  intereses privados. De la épica a la ópera burlesca.

Manuel Pezzi. Vicepresidente Fundación Andalucía, Socialismo y Democracia