Javier Corral en un nuevo HABLADURÍAS: cuando el humor se convierte en salvavidas frente al suicidio

Hablar de suicidio sigue incomodando. Hacerlo desde el humor, todavía más. Sin embargo, Javier Corral ha convertido esa aparente contradicción en una herramienta de prevención, pedagogía y acompañamiento emocional. Actor, escritor y conferenciante, Javier Corral decidió transformar su experiencia personal con el sufrimiento y la ideación suicida en un proyecto artístico y educativo que ya ha llegado a teatros, colegios, profesionales sanitarios y cuerpos de emergencia.
Desde entonces, el humor dejó de ser un mecanismo defensivo para convertirse en una vía consciente de expresión. “Lloramos juntos y reímos juntos. Descubrí que el humor me ayudaba a contar mi historia”
La idea nació en 2020, en plena pandemia, durante un proceso terapéutico. “Yo estaba pasando por un momento muy complicado. Me costó encontrar un psicólogo especializado en suicidiología que pudiera hablar del tema sin patologizarlo”, recuerda. En una de las primeras sesiones, el terapeuta le señaló que utilizaba el humor como una barrera para no mostrar su sufrimiento. Javier Corral respondió con una imagen que marcaría el rumbo de su trabajo: “No es una barrera, es una herramienta. Si dejo de usarla, igual no puedo contar nada”.
Desde entonces, el humor dejó de ser un mecanismo defensivo para convertirse en una vía consciente de expresión. “Lloramos juntos y reímos juntos. Descubrí que el humor me ayudaba a contar mi historia”, explica.
Un intento a los 13 años y una recaída en la pandemia
La relación de Javier Corral con el sufrimiento emocional comenzó muy pronto. A los 13 años intentó quitarse la vida. “No quería morir. Quería dejar de sufrir”, matiza. Describe la experiencia con una metáfora poderosa: “En medio del bosque del dolor, de repente ves un luminoso que dice ‘por aquí se sale’. El cerebro busca salidas cuando el dolor no remite. Esa es una de ellas”.
Sobrevivió a aquel intento y durante años desarrolló su carrera como actor. No volvió a pensar en el suicidio hasta 2020, cuando la pandemia removió heridas antiguas. Esta vez, sin embargo, contaba con más recursos. “Mi cerebro me dijo: escribe todo esto que estás pasando”
Sobrevivió a aquel intento y durante años desarrolló su carrera como actor. No volvió a pensar en el suicidio hasta 2020, cuando la pandemia removió heridas antiguas. Esta vez, sin embargo, contaba con más recursos. “Mi cerebro me dijo: escribe todo esto que estás pasando”. De ese impulso nació el libro Bruce Willis no sabe cantar, pero le pone ganas, un texto vulnerable, escrito en parte desde la escritura automática, donde el humor inicial va dando paso a un relato más descarnado del dolor.
El monólogo premiado es otra derivación de ese proceso. En él, Javier Corral combina teatralidad, crítica social e improvisación —“el 50% del espectáculo es improvisado”, asegura— para narrar su historia sin edulcorarla.
El humor, como herramienta terapéutica
¿Por qué el humor puede funcionar en un terreno tan delicado? Para Javier Corral, la respuesta es casi biológica. “El humor es una herramienta terapéutica. Está demostrado. En situaciones extremas —en un hospital, en un entierro— a veces surge algo que nos hace reír. No es frivolidad. Es el cerebro poniendo una gasa sobre la herida”.
Insiste en que su propuesta no consiste en hacer chistes sobre el suicidio ni banalizar el dolor ajeno. “Yo no me atrevería jamás a meterme en algo tan doloroso de otra persona. Me meto con mi propio dolor. Y ahí soy libre”
Insiste en que su propuesta no consiste en hacer chistes sobre el suicidio ni banalizar el dolor ajeno. “Yo no me atrevería jamás a meterme en algo tan doloroso de otra persona. Me meto con mi propio dolor. Y ahí soy libre”.
Esa diferencia es clave. Aun así, reconoce que su trabajo genera recelo. Algunas instituciones dudan antes de programarlo; recientemente, un colegio le pidió explicaciones por abordar el suicidio con humor. “Es normal que dé miedo. Estamos hablando de muerte. Y encima desde la risa. Pero cuando ven el trabajo completo, lo entienden”.
El escenario y el después
Lo más difícil no es subirse al escenario, sino volver a casa. “Terminar la función e irme solo con toda esa vorágine emocional es lo más duro”, confiesa. Aunque recibe mensajes de agradecimiento que le sirven de anclaje —padres que han perdido a un hijo, adolescentes que vuelven a reír tras un duelo—, reconoce que el impacto emocional es real.
A la pregunta de si “ya está bien”, responde con honestidad: “Tengo mis momentos de estar bien y mis momentos de estar mal. Sigo teniendo crisis. La diferencia es que ahora tengo herramientas”
Habla también del “cuidado del cuidador”, una figura que él mismo tuvo durante un tiempo y que considera fundamental para quienes trabajan en primera línea del sufrimiento ajeno. “No es fácil hacer lo que hago. Pero no hacerlo sería más difícil”.
A la pregunta de si “ya está bien”, responde con honestidad: “Tengo mis momentos de estar bien y mis momentos de estar mal. Sigo teniendo crisis. La diferencia es que ahora tengo herramientas”. Desconfía de los relatos de superación permanente. “La felicidad son momentos. Y estar bien para siempre no existe”.
Adolescentes que quieren ser escuchados
Una parte central de su labor se desarrolla en institutos. Allí, lejos de encontrar resistencia, halla un público atento y necesitado de espacios seguros. “Están hartos de protocolos y de autoridad. Quieren que les pregunten, que les escuchen”, afirma.
“Cuando te muestras vulnerable, se abre un canal. Da igual que tengas 14 o 90 años”. Al final de las charlas, reparte hojas anónimas donde muchos jóvenes piden ayuda. “Más de los que yo pensaba”
Javier Corral comienza mostrándose vulnerable. Esa autenticidad, dice, rompe la distancia generacional. “Cuando te muestras vulnerable, se abre un canal. Da igual que tengas 14 o 90 años”. Al final de las charlas, reparte hojas anónimas donde muchos jóvenes piden ayuda. “Más de los que yo pensaba”.
Recuerda que él mismo empezó a pensar en cómo quitarse la vida con apenas nueve años. “Detrás de esas cabecitas hay cerebros pensantes. Puede que no sepan de la vida que tú sabes, pero sí de la suya”.
Un mensaje para quien no puede más
Antes de despedirse, Javier Corral lanza un mensaje directo a quien pueda estar atravesando un momento límite: “Pide ayuda. Y pídela con criterio. Si llamas a un teléfono y no lo cogen, insiste. Hay más recursos”. Subraya la importancia de encontrar profesionales formados y no rendirse ante la primera puerta cerrada.
Su conclusión no es triunfalista, sino acompañante: “Yo he salido adelante. Tú puedes salir adelante. No es fácil. Nadie dijo que lo fuera. Pero hay más salidas que ese luminoso en el bosque”
También invita a un gesto que puede parecer sencillo pero no lo es: hablarse con cariño. “Si no tienes a nadie que te diga ‘te quiero’, dítelo tú. Suena básico, pero no lo hacemos”.
Su conclusión no es triunfalista, sino acompañante: “Yo he salido adelante. Tú puedes salir adelante. No es fácil. Nadie dijo que lo fuera. Pero hay más salidas que ese luminoso en el bosque”.
En tiempos en los que la salud mental ocupa cada vez más espacio en la conversación pública, la propuesta de Javier Corral introduce una variable incómoda y necesaria: la risa como puente hacia lo indecible. No para ocultar el dolor, sino para atravesarlo juntos.
Para escuchar este revelador podcast, pincha a continuación:




































