De la docena de universitarios con sotana o loba de 1532 a los 60.000 actuales

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Los colegiales de enseñanzas superiores sólo representaban el 0,02% cuando fue fundada la Universidad; en la actualidad ese porcentaje se ha disparado al 24,4%
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Granada empezó a ser una ciudad verdaderamente universitaria a partir de la refundación de Juan Crespo Marmolejo en 1626
El origen, fin e intenciones del nacimiento del Colegio Real (embrión de la UGR) fue bastante diferente al del resto de universidades que empezaron a funcionar en la primera mitad del XVI
La aparición en Granada del colectivo que podríamos llamar “universitario” rompe bastante con la imagen general que tenemos de jóvenes díscolos que estudian y se divierten. Como ya por entonces era en las universidades de París, Bolonia e incluso las españolas de Salamanca, Valladolid o Alcalá. En Granada surgió el estamento universitario a raíz de la estrategia real y eclesial para asimilar a los hijos de la minoría morisca ilustrada, principales como se les llamaba. Es decir, la justificación fue empezar a cristianizar a los hijos de los poderosos criptomusulmanes, incorporarlos a la vida administrativa, social y religiosa para después utilizarlos como líderes integradores de las masas de moriscos menos afortunados socialmente. En suma, el origen, fin e intenciones del nacimiento del Colegio Real (embrión de la UGR) fue bastante diferente al del resto de universidades que empezaron a funcionar en la primera mitad del XVI. Buena parte de sus estudiantes (poquísimos en principio) no eran cristianos viejos sino moriscos de la más pura cepa.
La imagen aludida del joven que estudia, se prepara para una profesión futura y, de paso, protagoniza travesuras y aventuras en la ciudad no afloraría en Granada hasta mucho después
La imagen aludida del joven que estudia, se prepara para una profesión futura y, de paso, protagoniza travesuras y aventuras en la ciudad no afloraría en Granada hasta mucho después. Hasta fechas posteriores a 1626 cuando la Universidad de Granada es reformada profundamente por el doctor Juan Crespo Marmolejo; el tiempo en que se fue desligando del poder de la Iglesia y avanzó tímidamente en el terreno de la enseñanza liberal.
El día 7 de diciembre de 1526 fue una fecha importantísima para Granada. Se puso la primera piedra para construir la institución que hoy es la UGR. Fue en una reunión de obispos, canónigos y letrados con el Emperador Carlos V. Faltaban sólo tres días para que el Emperador emprendiese camino hacia Toledo cuando, en un concilio para tratar el problema morisco, se reunieron en capítulo en la Capilla Real. Allí se decidió conceder plazo de cuarenta años a los moriscos para que se asimilaran por completo en las costumbres y religión de Castilla. Consideraron que a los musulmanes/moriscos ya maduros serían imposibles de asimilar. Pero no así las futuras generaciones que estaban naciendo. La Corte y la Iglesia pusieron en marcha una estrategia sibilina para aculturar y asimilar a los “morisquillos” empezando por implicaros en el sistema educativo castellano.
Diseñaron un “plan de estudios” bastante inteligente. Crearon una cadena de instituciones educativas: un colegio de primera enseñanza de niños moriscos, el Colegio Real de Santa Cruz de la Fe, un colegio de teólogos y la universidad o estudio general propiamente dichos
Diseñaron un “plan de estudios” bastante inteligente. Crearon una cadena de instituciones educativas: un colegio de primera enseñanza de niños moriscos, el Colegio Real de Santa Cruz de la Fe, un colegio de teólogos y la universidad o estudio general propiamente dichos. Los niños (y un elevado porcentaje de niñas) empezaban a estudiar en el Colegio de Niños Moriscos; el siguiente paso, ya como adolescentes, era el Colegio Real de Santa Cruz de la Fe. En muchos casos, aquel primer paso en la formación les daba acceso a incardinarse en la estructura de la diócesis como empleados eclesiásticos. El tercer escalón era ya el propiamente universitario, cuando quedaban adscritos a algunas de las cátedras del estudio general; la mayoría de las cátedras estaban regidas por canónigos de la Catedral o personal religioso nombrado por el arzobispo. Las primeras cátedras fueron las de Gramática, Lógica, Teología y Cánones. Como se ve, prácticamente todas marcadas por la influencia de la Iglesia. El administrador de aquel estudio general o primitiva UGR era el arzobispo, que nombraba rectores o regidores de cada uno de los colegios. También era el encargado de contratar a los primeros catedráticos, por lo general formados en las universidades de Alcalá, Salamanca o Valladolid.
Incluso la vestimenta o vestuario de los primeros universitarios granadinos apuntaban a costumbres eclesiales. Iban revestidos de sotana, como durante varios siglos más lo fueron los seminaristas
Incluso la vestimenta o vestuario de los primeros universitarios granadinos apuntaban a costumbres eclesiales. Iban revestidos de sotana, como durante varios siglos más lo fueron los seminaristas.
Aunque la decisión de crear el estudio general o universitario en Granada corresponde a 1526, la oficialidad de su erección no llegó hasta la bula de ratificación del Papa Clemente VII (14 de julio de 1531). En ella se concede a los profesores y estudiantes los mismos privilegios y obligaciones que al resto de estudiantes de universidades europeas del momento. El acto fundacional o primer “claustro” de la UGR tuvo lugar el 19 de mayo de 1532 en su sede a medio construir.
Los primeros edificios
Toda la estructura colegial y universitaria de Granada nació en el corazón de la Medina. En lo que había sido en época musulmana su centro administrativo y comercial, en el dédalo de callejuelas que estaban siendo derribadas para levantar la catedral cristiana, justo a continuación de la vieja mezquita mayor.
Nada más salir la Corte de Granada (10 de diciembre de 1526) ya estaba el obispo interino buscando sitio para la construcción. Primero pensó en San Jerónimo el viejo, abandonado (actual solar del Hospital de San Juan de Dios)
Nada más salir la Corte de Granada (10 de diciembre de 1526) ya estaba el obispo interino buscando sitio para la construcción. Primero pensó en San Jerónimo el viejo, abandonado (actual solar del Hospital de San Juan de Dios). Más tarde se optó por la reconversión de unas casas céntricas para levantar el Colegio de San Miguel (de niños moriscos). Iba destinado a acoger a un centenar de niños descendientes de musulmanes nazaritas. Al lado mismo adaptó otra casa para Colegio de San Ildefonso y Santa Catalina, ambos palacetes fueron adquiridos por 460.000 maravedíes. La segunda era una especie de instituto adonde proseguirían su formación, ya como adolescentes y preparándose para saltar al Colegio Real (la Universidad) o al Colegio Eclesiástico si se decidían por servir a la Iglesia. Ambos colegios estuvieron ocupando el espacio que hoy conocemos como Plaza de las Pasiegas. (Los dos edificios vieron su final a partir de 1692, cuando se decidió derribarlos para dar vista a la fachada de la Catedral recién acabada y constreñida).
Esta casa se habilitó como Universidad en su planta baja y la superior se habilitó como Colegio Imperial de la Santa Cruz de la Fe
De aquellas primeras etapas de enseñanzas primaria y secundaria, los moriscos pasaban al edificio de al lado donde fue fundada la Universidad carolina propiamente dicha. Es la actual Curia eclesiástica. Fue construida en un santiamén, entre los años 1527 y 1532. Esta casa se habilitó como Universidad en su planta baja y la superior se habilitó como Colegio Imperial de la Santa Cruz de la Fe. Podría pensarse que fue un edificio constreñido para tales funciones, pero entiéndase que los primeros años fue más que suficiente para los pocos alumnos que se daban cita en él: desde una docena al principio hasta no superar el centenar en la década final del siglo XVI.
El edificio revela el pasado que tuvo en su fachada mediante las inscripciones, en latín, que presiden los dinteles de sus ventanas: “Para ahuyentar las tinieblas de los infieles esta Universidad fue fundada, por mandato del cristianísimo Carlos, siempre augusto, rey de las Españas, y con trabajo e industria del ilustrísimo y reverendísimo D. Gaspar Dávalos, arzobispo de Granada, en el año 1532 desde el nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo”. La inscripción, ambivalente, ya deja claros los objetivos de abrir las mentes de los jóvenes al conocimiento, pero también de alejar a los infieles en términos religiosos.
Hay vagas referencias a que en realidad los primeros estudios universitarios ya comenzaron a principios del año 1527, sin esperar siquiera la bula de confirmación del Vaticano
Hay vagas referencias a que en realidad los primeros estudios universitarios ya comenzaron a principios del año 1527, sin esperar siquiera la bula de confirmación del Vaticano. Los discursos y las discusiones de profesores y estudiantes tuvieron lugar en la Capilla Real y en la iglesia de San Francisco-Casa Grande, que hacía las veces de Catedral. Finalmente, la Universidad ocupó su edificio a finales de 1538.
La Universidad granadina funcionó tomando como referencia la normativa de la universidad más antigua, la de Salamanca. Hasta que decidió redactar sus propios estatutos en 1542. Fueron los que estuvieron vigentes hasta la Ley Moyano de 1845 que reformó profundamente las enseñanzas en España. Aparece en esa fecha la figura del rector como primera autoridad civil, aunque se mantenía también la del canciller representante de la Iglesia. Sus primeros asesores se llamaron consiliarios, uno por cada una de las seis facultades o estudios. Los primeros profesores se fueron incorporando procedentes de otras facultades castellanas, especialistas en artes, teología, leyes, cánones y medicina. La rama médica contó con ejercientes moriscos granadinos que se habían formado en los últimos años de existencia de la Madraza musulmana o fueron discípulos de ellos.
La facultad más importante era la de Teología. Después le seguían la de Derecho canónigo o civil. Las titulaciones necesitaban al menos cinco años de asistencia continuada
Para acceder a cualquier estudio universitario había que pasar al menos un año por la facultad de Artes. La facultad más importante era la de Teología. Después le seguían la de Derecho canónigo o civil. Las titulaciones necesitaban al menos cinco años de asistencia continuada. También para acceder a los estudios de Medicina había que pasar antes por estudiar Artes. Esta especialidad galénica, por lo general, fue de las que menos alumnos atrajo al principio.
El escaso alumnado de aquellos primeros años estaba sujeto a un sistema muy rígido en cuanto a disciplina y asistencia. El sistema de impartición de clases era bastante oral, mediante exposición y discusión. Debates muy animados en los que se obligaba a participar a todos. Existían pocos libros de texto, por excesivamente caros, y tampoco el papel sobraba para anotaciones y apuntes.
El nacimiento de la Universidad de Granada fue un tanto precario, con sólo seis cátedras y poca financiación
El nacimiento de la Universidad de Granada fue un tanto precario, con sólo seis cátedras y poca financiación. Eso obligó a que quienes deseaban aumentar sus conocimientos, y se los podían pagar, se desplazaban a las universidades de Alcalá, Valencia o Salamanca que iban más adelantadas. Conocemos perfectamente varios casos de licenciados en Medicina granadinos que se fueron a formarse a Europa o a facultades castellanas. Fueron los casos de Alonso del Castillo y del hijo de Miguel de Luna (ambos implicados en las falsificaciones de los Libros Plúmbeos) que aprovecharon para completar estudios en Alcalá y Valencia, respectivamente. Pero quizás el licenciado en Medicina por Granada de los primeros años que alcanzó mayor notoriedad fue Alonso Rodríguez de Guevara; este galeno granadino estudió aquí hacia 1535-40; después aparece aprendiendo y enseñando en la universidad de Valladolid; fue el primero al que se autorizó a diseccionar cadáveres en sus clases de anatomía. Los indicios apuntan que fue descendiente de moriscos.
Un porcentaje de mujeres y muchos moriscos
Hubo dos aspectos muy importantes a resaltar en el sistema educativo puesto en marcha en la reunión de la Capilla Real de 1526, de donde surgió la creación de la Universidad: contaron con las mujeres en plano de igualdad de acceso a la formación y se ofrecían la mitad de plazas a la comunidad morisca. El primer resultado de esa nueva concepción se vio al empezar a funcionar los colegios de Moriscos (para los más pequeños) y los de la Santa Fe (para los adolescentes). En los listados de su alumnado aparece un porcentaje aproximado al 8-10% que lleva nombre de niña. Además, se puso al frente de la casa-internado a una mujer, especie de gobernanta, a la que se llamaba “madre de los niños”. A las niñas moriscas se las rebautizaba como María de Santa Clara, Juana de los Ángeles, Isabel de Santa Marta, Isabel de Santo Tomás, Luisa de San Martín, Lucía de Santa Catalina, etc.
Muy pronto ya (entre los estudiantes de los cursos de 1539 a 1549) empiezan a aparecer en los listados de estudiantes/licenciados los nombres de alumnos que procedían de la grey morisca
En cuanto al segundo resultado, muy pronto ya (entre los estudiantes de los cursos de 1539 a 1549) empiezan a aparecer en los listados de estudiantes/licenciados los nombres de alumnos que procedían de la grey morisca. Todos ellos habían comenzado sus estudios en el Colegio de San Miguel, después pasaron al grado superior de Artes en el Colegio de Santa Catalina Mártir y consiguieron el título de bachilleres para completar el estudio general. Conocemos los nombres de algunos de ellos porque aparecen reflejados en los primeros libros de cuentas que se conservan de la UGR: fueron el mencionado Castillo (quizás Alonso), Juan Evangelista, Juan de Santa Ana, Alonso de Santo Onofre y Diego de Magdalena. En el listado quizás también deberíamos incluir al negro Juan de Sessa, posterior Juan Latino, aunque su origen y sus circunstancias vitales fueron muy diferentes.
Si en el listado de “morisquillas” o párvulas del Colegio de Moriscos aparecen bastantes niñas, su presencia en los estudios secundarios y del estudio general (universitario) es completamente desconocida. Eso hace suponer que se las formaba al principio en igualdad de condiciones que a los varones, pero nunca debió acceder ninguna mujer a la universidad en sus primeras décadas de funcionamiento. No conocemos el nombre de ninguna mujer universitaria en los siglos XVI y XVII.
A pesar de la improvisación, el provincianismo, la mano férrea de eclesiásticos y la escasa financiación de aquellas primeras décadas, se podría calificar el desarrollo de la Universidad como inmerso en los aires modernos que llegaban del Renacimiento italiano
A pesar de la improvisación, el provincianismo, la mano férrea de eclesiásticos y la escasa financiación de aquellas primeras décadas, se podría calificar el desarrollo de la Universidad como inmerso en los aires modernos que llegaban del Renacimiento italiano. Aunque esa concepción iba a quedar muy pronto truncada: en 1569 surgió el levantamiento morisco y la consiguiente rebelión de las Alpujarras. Un verdadero shock para la joven Universidad granadina. Ya nada volvería a ser igual. A partir de 1570 empezaron las expulsiones masivas de moriscos del Reino de Granada; en 1574 hizo aguas el plan de estudio del Colegio de Moriscos y quedó vetado a su raza, sería sólo para cristianos. A partir de entonces quedaron excluidos de la formación universitaria todos aquellos que no asegurasen su limpieza de sangre; nadie que no fuese cristiano viejo podría estudiar en sus facultades. Se exigió el certificado de sangre para ser universitario en Granada; así fue hasta bien entrado el siglo XIX.
Refundación de la Universidad en 1626
Ningún curso de la Universidad durante su primera etapa de nacimiento (1532-69) ni hasta el primer tercio del siglo XVII había superado el centenar de alumnos por curso. Los pocos que estudiaban lo hacían concentrados en el único edificio de la Curia, en aulas que en algunos casos no rebasaban la media docena de alumnos. Hubo que esperar todavía unos cuantos años para que, en realidad, la Universidad de Granada pudiese ser llamada así en sentido completo del término, equiparable a las de Alcalá o Salamanca. El año 1626 fue el de la refundación a partir de los planes y donaciones del doctor Juan Crespo Marmolejo. Si en su primer siglo de funcionamiento apenas había estudiantes procedentes de fuera del Reino de Granada, a partir de esa refundación ya empezaron a matricularse de reinos limítrofes.
A principios del XVII se impulsó el estudio de las enseñanzas de Cánones y muy especialmente el interés por la formación de médicos
Juan Crespo Marmolejo y sus dotaciones económicas permitieron rebajar la dependencia pecuniaria de los obispos, aumentar el número de cátedras y la contratación de buenos profesores. A principios del XVII se impulsó el estudio de las enseñanzas de Cánones y muy especialmente el interés por la formación de médicos. De todas formas, todavía los planes de estudios continuaban anclados en el escolasticismo especulativo del pasado, les faltaba mucho para que por sus puertas entrase la revolución científica que ya se asentaba en Europa.
A finales del primer tercio del XVII es cuando ya se puede considerar con todos los elementos de juicio que Granada empieza a ser una ciudad universitaria. Eso significaba que empezaban a llegar estudiantes desde fuera que necesitaban alojamientos, había mayor presencia de ellos en las calles; ya no eran todos estudiantes con sotana. Ahora buena parte vestían de manera corriente, vivían como hijos de clases privilegiadas. Nacieron los primeros colegios mayores, los principales el San Bartolomé y el de Santiago (posteriormente fusionados, que sigue como el más antiguo de España 376 después).
Habría que esperar todavía más de un siglo, hasta la expulsión de los Jesuitas en 1776, para que la comunidad universitaria granadina eclosionara
La Universidad adquirió una estructura administrativa que iba registrando documentalmente sus actos. Se empezó a formar un archivo con los datos más sobresalientes de profesores y alumnos. Aunque todavía la presencia de las estructuras eclesiásticas en todos sus estamentos pesaba demasiado. Habría que esperar todavía más de un siglo, hasta la expulsión de los Jesuitas en 1776, para que la comunidad universitaria granadina eclosionara. Tanto en extensión como en número de cátedras y alumnado. Comenzaba una nueva etapa ilustradada con el abandono del edificio de la Curia y su traslado al inmenso Colegio de San Pablo.
Cómo vivían los estudiantes
Las plazas de alumnos dejadas por los moriscos a partir de su expulsión de 1571 empezaron a ser ocupadas muy pronto por hijos de artesanos, comerciantes acomodados, funcionarios e incluso algunos nobles procedentes de fuera. En 1571 fue exigida por primera vez en la Universidad de Granada la certificación de limpieza de Sangre. Las más antiguas que se conservan corresponden a Francisco Terrones del Caño, de Andújar, y Rodrigo de Carvajal, de Badajoz. En los años siguientes empezaron a llegar alumnos desde tierras de Valladolid (Diego de Molina, 1575) y de ciudades del Reino de Jaén. También alguno de Zamora (Esteban Turrillo de Quero, matriculado en 1572). Esa lejanía de algunos alumnos indica que acudían a Granada buscando seguramente la calidad de sus enseñanzas; curiosamente, todos los que venía desde muy lejos se matriculaban en Teología o Cánones; de ahí que abundasen los eclesiásticos-juristas (buena parte de los presidentes de las reales Chancillerías ostentaban esa doble condición). Ninguno de aquella época vino de lejos a estudiar Medicina; a pesar de que siempre se ha asociado la enseñanza médica de Granada como sucesora de la práctica andalusí.
Los alumnos que venían de lejos a Granada empezaron hospedándose en calidad de manteístas o pupilos, es decir, en especie de apartamentos o pensiones de las muchas que había en el entorno de la Plaza de Bibarrambla
Los alumnos que venían de lejos a Granada empezaron hospedándose en calidad de manteístas o pupilos, es decir, en especie de apartamentos o pensiones de las muchas que había en el entorno de la Plaza de Bibarrambla. Todos los pisos altos de las casas miradores de entonces solían ocuparlos estudiantes, meretrices y trabajadores muy humildes de esa zona de mercados. La imagen del universitario en buhardilla pasando frío, hambre y con letrina compartida era cierta solo a medias; una parte importante de aquellos estudiantes que llegaban a Granada procedían de familias pudientes que los enviaban incluso acompañados de algún criado. Otros, en cambio, tenían que colaborar en las labores de la casa de huéspedes. A partir de la consolidación de los colegios mayores a finales del XVII, la inmensa mayoría de estudiantes foráneos (incluso de la propia ciudad) se alojaban y hacían vida en aquellas instituciones. Eran los universitarios becados.
Es cierta la imagen que nos ha trasmitido la literatura de estudiantes sentados en bancos corridos o en sillas que llevaban de sus casas hasta el aula
Es cierta la imagen que nos ha trasmitido la literatura de estudiantes sentados en bancos corridos o en sillas que llevaban de sus casas hasta el aula. El mobiliario se limitaba a banquetas y simples tablones. No existía la mesa-pupitre para escribir ni depositar libros. Porque los textos eran escasos y caros. Solían escribir sobre unas tablillas propias, en papel de muy mala calidad y con plumas de ave o caña; los tinteros dejaron manchas por los bancos y en la solería. Solamente destacaba la cátedra en la que se subía el profesor a dar las explicaciones y dirigir las discusiones.
No fue hasta principios del XVIII cuando la Universidad de Granada rozó la matrícula de 300 alumnos por curso
No fue hasta principios del XVIII cuando la Universidad de Granada rozó la matrícula de 300 alumnos por curso. Ya para entonces se puede calificar como importante al colectivo universitario en el contexto ciudadano. Con varios siglos de retraso con relación a Valladolid y Salamanca. Pero no nos engañemos, todavía el Colegio Real, Universidad Vieja o Universidad a secas no eran el principal, único e incuestionado centro de enseñanza superior de Granada. Desde siempre fue por delante el Colegio de San Pablo de los Jesuitas; más tarde también lo haría la universidad privada en que se convirtió el Colegio del Sacromonte.
Sí, ya por entonces los universitarios eran protagonistas de las tabernas, visitas a mesones, juergas en la mancebía, participación en juegos, concursos
Aquel ambientillo de jóvenes universitarios, con dinero, tiempo y ganas del holgar, se notaba en las calles y centros de diversión de la ciudad. Sí, ya por entonces los universitarios eran protagonistas de las tabernas, visitas a mesones, juergas en la mancebía, participación en juegos, concursos. Asistían al Teatro Coliseo de la calle Mesones. Y protagonizaban algún que otro duelo por lances amorosos por rondar demasiado a jóvenes casaderas con el pretexto de cantar una tuna.
Fue el colectivo que, una vez alcanzada su titulación y su éxito universitario, dejaron su impronta indeleble en las paredes de los edificios principales. Por eso la Curia, los muros de la Catedral y la Capilla Real están repletos de vítores. La mayoría de ellos completamente anónimos.












































