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Miguel Morales Pareja, exterminado por el nazismo en Gusen, tras combatir al franquismo

Blog - Foro de la Memoria - Juan I. Pérez - Sábado, 3 de Diciembre de 2022
De la mano de uno de sus nietos, José Miguel Alarcón, reconstruimos la historia, nunca antes contada, de Miguel Morales Pareja, quien desde su Padul natal combatió contra los sublevados y por las libertades y acabó, aniquilado, en el campo de concentración nazi de Gusen. En su homenaje y en nombre de todas y todos que tras luchar contra el franquismo fueron asesinados por el nazismo. Se lo debemos.
Imagen del pauleño Miguel Morales Pareja, sobre otra de la entrada del campo de concentración de Gusen.
Foto de José Miguel, extraída de una imagen cedida por su nieto José Miguel Alarcón.
Imagen del pauleño Miguel Morales Pareja, sobre otra de la entrada del campo de concentración de Gusen.

Nacido en Padul, José Miguel Morales Pareja, era uno de tantos hombres y mujeres que trabajaban en el campo de sus manos. De los que miraban al cielo para saber si llovía o el sol abrasaba sus cosechas. Buen hombre, solidario. De ideas progresistas, se afilió a la UGT.

Contrajo matrimonio con Dolores Morales García. Fruto de la unión nacerían seis hijos: Manuel, Dolores, Miguel, Anita, Antonia, y más tarde, nació Germinal, obligado a cambiar de nombre por el de Francisco, cuando vencen en la guerra los fascistas

Con la llegada de la República, José Miguel vio cumplido sus sueños. Y con las nuevas leyes pudo lograr su propia era en Padul. Trabajar sin descanso en tierra fértil para poder casarse y sacar adelante a su familia.

Y así fue. Contrajo matrimonio con Dolores Morales García. Fruto de la unión nacerían seis hijos: Manuel, Dolores, Miguel, Anita, Antonia, y más tarde, nació Germinal, obligado a cambiar de nombre por el de Francisco, cuando vencen en la guerra los fascistas.

El pauleño José Miguel, a sus virtudes, añadía otra: le gustaba la música, tanto, que aprendió él mismo a tocar cualquier instrumento. Amenizaba veladas, reuniones…, y era tan capaz de afinar a oído con precisión, que en el pueblo le llamaban con cariño El Orejas.

Conocía José Miguel que iban a ir a por él, como a por tantos otros del municipio, simplemente, por sus ideas de izquierdas. Y decidió, junto a un grupo de hombres, salir del pueblo y sumarse al ejército republicano

Pero llegó el golpe de estado y todo cambió de repente. Padul fue controlada por los fascistas y comenzaron las delaciones, el terror. Conocía José Miguel que iban a ir a por él, como a por tantos otros del municipio, simplemente, por sus ideas de izquierdas. Y decidió, junto a un grupo de hombres, salir del pueblo y sumarse al ejército republicano.

No fue tarea fácil esquivar la rígida vigilancia de los fascistas, que controlaban el perímetro de Padul, pero lograron saltarlo y seguir para sumarse al frente de Jayena.

En Padul la situación empeoraba por el régimen de horror impuesto por los franquistas -tropas, falangistas, y exaltados-, con detenciones y fusilamientos indiscriminados.

Los soldados republicanos, cuando llegaron, las recibieron con todos los honores, que permitían las carencias del frente. La familia se pudo calentar en un fuego que los republicanos montaron, y les sirvieron las mejores viandas con las que contaban

Ante ello, decidieron que Dolores, con sus cinco hijos, -la mayor, con 9 años-, se reuniera con José Miguel en la zona de guerra de Jayena, tras una intrépida travesía. Los soldados republicanos, cuando llegaron, las recibieron con todos los honores, que permitían las carencias del frente. La familia se pudo calentar en un fuego que los republicanos montaron, y les sirvieron las mejores viandas con las que contaban.

Al tiempo, el frente de Jayena se rompió. Dolores, con sus cinco hijos, junto a otro grupo, se unió en febrero de 1937 a La Desbandá, tras atravesar el puente de La Cabra. Llegaron a Almería, esquivando los bombardeos desde el mar y el aire y las ametralladoras franquistas. Y, desde allí, atravesando toda la sierra, hasta los Llanos de Calahorra para asentarse en Ferreira. José Miguel, entre 1937 y hasta 1939, acudía a verlos, y les mandaba dinero a través de enlaces y podían vivir, con la incertidumbre y el miedo.

Una de sus visitas en Ferreira fue la última, sin saberlo. El último abrazo y besos a su mujer y a sus hijos, con la esperanza de volver a verse y reconstruir sus vidas. Pero nunca más pudieron abrazarse ni ver a su sexto hijo.

El compromiso de José Miguel con la República le llevó a otros frentes. Fue hasta Valencia y, luego, a Barcelona, para, al final de la guerra, atravesar la frontera hasta Francia, pensando, como otros españoles, que era la salvación.

Angustiado por la separación forzosa de su mujer e hijos, cansado de guerra, del fin violento de la República y del estallido de la II Guerra Mundial, Francia no fue el lugar esperado para los españoles, maltratados, humillados

Angustiado por la separación forzosa de su mujer e hijos, cansado de guerra, del fin violento de la República y del estallido de la II Guerra Mundial, Francia no fue el lugar esperado para los españoles, maltratados, humillados.

José Miguel, pese a todo, con muchas ganas de vivir, con el objetivo vital que le ayudaba a seguir, de poder algún día reencontrarse con su mujer e hijos, se topó con el destino cruel, tras una vida de sacrificio, injusta, por ser leal al Gobierno legítimo, al que las democracias de Europa dieron la espalda.

Españoles en campos de concentración en Francia. Imagen extraída del documental de Documentos TV de TVE El Convoy de los 927.

Uno de los 927 españoles del tren a Mauthausen

La estancia de José Miguel en Francia acabó en Angulema. El 20 de agosto de 1940 fue obligado a subir al llamado Convoy de los 927 españoles que no estaba formado solo por prisioneros de guerra sino por familias completas de refugiados: hombres, mujeres, niños y ancianos, procedentes del campo de Les Alliers, junto a la ciudad francesa de Angulema.

Imagen extraída del documental de Documentos TV de TVE El Convoy de los 927.
Militares nazis organizando un vagón con prisioneros. Imagen extraída del documental de Documentos TV de TVE El Convoy de los 927.

Hitler acaba de dividir en dos a Francia. Desconocía dónde iban, algunos creyeron que iban a ser conducidos a la Francia no ocupada o de regreso a la España de Franco, pero, pronto, se dieron cuenta que viajaban hacia el norte. En vagones destinados a ganado, el viaje se prolongó durante 18 días y sus 18 angustiosas noches, hasta llegar a Mauthausen, en la Austria anexionada por el Tercer Reich, al campo de concentración, símbolo después de la locura exterminadora del nazismo.

José Miguel fue uno de los 470 españoles de los 927 que viajaban en el tren, junto a otro compañero, de Padul, Manuel Castro Delgado, forzados a bajar en Mauthausen. Solo sobrevivirán 67.

José Miguel fue uno de los 470 españoles de los 927 que viajaban en el tren, junto a otro compañero, de Padul, Manuel Castro Delgado, forzados a bajar en Mauthausen. Solo sobrevivirán 67.

Al traspasar por primera vez el campo de exterminio, la figura de un águila con las alas extendidas les esperaba con una frase que reflejaba toda una declaración de intenciones: ‘Arbeit macht frei’ ('El trabajo os hace libres'). Ya no sería un nombre. Era el número 4.085.

En la imagen, José Miguel Morales Pareja, a la izquierda. A la derecha, otro pauleño, que sufrió el mismo fatal destino, Manuel Castro Delgado. El del centro no ha podido ser identificado. Imagen cedida por su nieto José Miguel Alarcón, una de las pocas con que cuenta su familia de su abuelo. La imagen está tomada antes de partir del tren de Angulema que les llevará a Mauthausen.

Tras un tiempo, fue trasladado al campo de concentración satélite de Gusen, donde el duro trabajo forzoso, las condiciones de vida extremadamente límites, la alimentación insuficiente y todo tipo de malos tratos, llevó al exterminio de la mayoría de los presos. Además, se practicaron distintas formas de asesinato directo, tanto en el propio recinto de Gusen como mediante selecciones de presos débiles o enfermos para su muerte por gaseamiento en las instalaciones del Castillo de Hartheim o bien en vehículos adaptados para el gaseamiento.

Entrada al campo de concentración de Gusen. Wikipedia.
Con el número 10.848, el asesinato de José Miguel Morales Pareja fue certificado por la Cruz Roja Internacional en el campo de concentración de Gusen el 12 de septiembre de 1941. Tenía 39 años. Su compañero, Manuel Castro Delgado, fue certificado como asesinado por la Cruz Roja Internacional, dos meses más tarde, en el mismo campo de concentración de Gusen, el 19 de noviembre de 1941. Contaba con 23 años.
Certificado de estancia y defunción del pauleño Manuel Castro Delgado. Cedida por José Miguel Alarcón, de los archivos del Memorial de Mauthausen, en el que fue el campo de concentración.
Prisioneros de Mauthausen saludan a la 11.ª División Acorazada de los EE. UU. por su liberación bajo una pancarta escrita en español sobre sábanas de los nazis. Wikipedia.

La dura vida de Dolores

Al término de la guerra, su mujer, con los seis hijos, regresó a Padul. Su casa había sido confiscada y ocupada parcialmente. Le dejaron una esquina de la vivienda como hogar. Al regresar fue rapada y paseada por Padul ante el horror de sus hijos. Germinal fue obligado a bautizarse y cambió de nombre por el de Francisco.

Al regresar, Dolores fue rapada y paseada por Padul ante el horror de sus hijos. Germinal fue obligado a bautizarse y cambió de nombre por el de Francisco

Subsistieron a duras penas. Una de las hijas murió por un ataque de meningitis. Los niños trataban de buscar comida durante el día para regresar por la noche con lo poco que conseguían. La madre, gracias a uno de sus hermanos, consiguió trabajar en el esparto. Pero siempre vivió con el miedo en el cuerpo.

Con el tiempo, le devolvieron una parte de dignidad. El Gobierno francés, 44 años después, con una pensión por cada hijo al reconocer a José Miguel como integrante del Convoy de los 927 españoles condenado a los campos de exterminio nazis de Mauthausen y Gusen, y, la Alemania democrática, en 1953, con otra indemnización y una pensión vitalicia, por ser víctima su marido del holocausto.

“Mi abuelo, el pauleño, el hombre que sabía de música, sufrió cautiverio durante 12 meses y 23 días. Murió a los 39 años, 3 meses y 17 días después de llegar al campo de concentración de Gusen. Ultrajado y abandonado, murió solo y abandonado en el campo de Gusen, en Austria. Cruz Roja Internacional certificó su defunción. Durante mucho tiempo su historia como la de tantos otros, fue olvidada, pero no su recuerdo que permaneció vivo en toda mi familia. Todos le recordamos sin saber con exactitud cuál había sido su destino. Hasta que en el año 2005, 44 años después de su fallecimiento, el gobierno francés decidió asumir su responsabilidades con los republicanos españoles que junto a mi abuelo habían viajado aquel 20 de agosto de 1940, desde Angulema hasta Mathaussen”, señala José Miguel Alarcón, nieto de José Miguel y Dolores, comprometido con la memoria de su abuelo, y con la Memoria Histórica y Democrática.
El padre de Dolores, Celestino Alarcón Pérez, arriero, en Padul, sin adscripción alguna a partido o sindicatos, fue denunciado sin motivo ante la Guardia Civil, como en tantas ocasiones, solo para quedarse con sus posesiones. Sacado de su casa, fue conducido a Granada, fue fusilado en las tapias del cementerio el 22 de octubre de 1936. Su nombre figura en el memorial con las 4.000 víctimas, frente al lugar donde fueron fusilados por los franquistas, donde la familia acude a los actos de homenaje en verano, para llevarles una rosa.
Entre 1940 y 1945 murieron en Mauthausen/Gusen 4.800 españoles, entre ellos, 905 andaluces pertenecientes a 322 municipios de nuestra comunidad. 148 nacidos en la provincia de Granada, 8 de la capital y 140 de otros municipios granadinos. 137 de los granadinos fueron asesinados en Gusen, 7 en Mauthausen y los otros cuatro en otros campos de concentración nazis. La mayoría de ellos, debido a las duras condiciones de trabajo, por agotamiento y enfermedades que para los responsables del campo eran consideradas muertes naturales. Pero también muchos de ellos fueron asesinados en las cámaras de gas, se calcula que unos 500 españoles fueron sometidos a la solución final en Hartheim entre 1941 y 1942. En las imágenes, cedidas por José Miguel Alarcón, actas del pleno del Ayuntamiento de Padul que aprobaba un reconocimiento a las víctimas en los campos nazis, pedirle a la Junta que hiciera lo mismo y contactar con las familias de las víctimas pauleñas, para asesorales sobre la indemnización del Gobierno francés por perecer por el holocausto del nazismo.

Esta es su historia, que merecía ser contada para que quede constancia por escrito, en su honor y en nombre de todas y todos que tras luchar contra el franquismo fueron aniquilados por el nazismo.

Nuestro profundo agradecimiento a José Miguel Alarcón, que visitó los campos de concentración de Mauthausen y Gusen, para recorrer los pasos de su vuelo, y familia por ofrecernos la historia de su abuelo y cedernos imágenes y documentos. Para que nunca se olvide. Para que nunca se repita.

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Este es un espacio para el recuerdo y el homenaje a las víctimas del franquismo.

Para que nunca se olvide. Para que nunca se repita. 

En colaboración con y las asociaciones memorialistas de la provincia de Granada. 

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Aquí puedes leer más reportajes de la nueva temporada, la cuarta, del Foro de la Memoria:

Si no tuviste oportunidad o quieres volver a leerlos, puedes leer aquí los reportajes de la tercera temporada del Foro de la Memoria:

Si no tuviste oportunidad o quieres volver a leerlos, estos son los reportajes de la segunda temporada del Foro de la Memoria: 

Puedes consultar también los reportajes de la primera temporada del Foro de la Memoria en los siguientes enlaces:

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Imagen de Juan I. Pérez

Sus primeras crónicas se publican, mientras estudia Filología Hispánica, en El Telegrama de Melilla o en la edición Melilla de El Diario de la Costa del Sol y se escuchan en Antena 3 Radio. En la Universidad Complutense se licencia en Ciencias de las Información y obtiene la Suficiencia Investigadora. En Madrid trabaja en Europa Press y lidera la publicación, junto a otros autores, de El Manual del Estado Español (1994, Ediciones Lama).En Granada, permanece nueve años en la Delegación de la Agencia Efe, que abandona para incorporase como subdirector a Granada Hoy. En CajaGranada ha sido director de Comunicación y trabajó en su Obra Social. Es director de Proyectos de Geepp Ediciones.

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