Los mejores discos de 2021. Parte I: 25-11

Blog - Un blog para melómanos - Jesús Martínez Sevilla - Jueves, 23 de Diciembre de 2021
Los madrileños VVV [trippin' you].
Los madrileños VVV [trippin' you].
Otro año que se va. Finalmente, pese a todos los deseos que pedimos hace doce meses, 2021 no ha sido mucho mejor que 2020. Como estamos viendo con angustia en estos días pre-navideños, seguimos perseguidos por una pandemia que no parece querer irse. Pero, como siempre, la música sigue siendo nuestra mejor aliada para enfrentar cualquier tempestad. Y este ha sido un año especialmente rico musicalmente. La cantidad de grandes discos ha sido inabarcable. Ha habido artistas consagrados que lo han vuelto a hacer, nuevos grupos que han emergido con fuerza y giros de guion inesperados que nos han sorprendido para bien. El rock muestra una buena salud envidiable, el hip hop sigue dominando gracias a su ambición y diversidad, el pop tiene a artistas jóvenes e innovadoras marcando el camino, el jazz sigue en fase de rejuvenecimiento. Han vuelto los conciertos (aunque haya habido cancelaciones) y los grandes lanzamientos (aunque la mayoría hayan decepcionado). Ha habido descubrimientos llegados de rincones insospechados como Níger o Corea del Sur. En fin, a pesar de todo, estoy seguro de que cuando recordemos 2021, sonreiremos al pensar en muchas cosas, entre ellas una cosecha musical de primera. Aquí está mi particular lista de recuerdos; espero que os guste y os sirva para pensar en lo bueno.

Comparto esta semana la primera parte, del 25 al 11. La semana que viene podréis ver el top 10. ¡Felices fiestas!

25. Sons of Kemet – Black to the Future

Después de las protestas por los asesinatos racistas de George Floyd y Breonna Taylor del año pasado, el antirracismo ha cobrado otra dimensión en el debate público, y la música lo ha reflejado, con discos como Haram, de Armand Hammer y The Alchemist, o este Black to the Future, de los británicos Sons of Kemet. Después de llamar la atención de todo el mundo, incluso los no aficionados al jazz, con su anterior Your Queen is a Reptile (2018), en su nuevo LP los de Shabaka Hutchings han apostado por intensificar aún más el ritmo. Estas once canciones son más bailables y directas que nunca, y su mensaje no podía estar más claro. Pero, por si acaso, ahí están las palabras de Joshua Idehen en la primera y la última canción: “Just burn it all!”, exclama al final de “Field Negus”; “Leave us alone!”, sentencia en los últimos instantes de “Black”. Estos himnos revolucionarios los interpretan, en coherencia con el mensaje, con muchos colaboradores: a Idehen hay que sumar la participación de Kojey Radical, Moor Mother, Angel Bat Dawid, D Double E y Lianne La Havas. Y el grupo continúa su exploración de sonidos de la diáspora africana, con las flautas estilo tuk band barbadense en “In Remembrance of Those Fallen” o los ritmos caribeños de “Think of Home” y “For the Culture”. Otro disco militante y poderoso de uno de los grandes grupos del jazz actual.

24. Zahara – PUTA

La jiennense Zahara ha hecho el disco más arriesgado de su carrera, y el resultado ha sido todo un éxito. El enérgico y pegadizo synth-pop que despliega este PUTA ha resultado ser el sonido perfecto para acompañar las personales e impactantes letras que lo atraviesan. Ya sea hablando de su relación de dependencia con su público en “TAYLOR”, de la opresiva influencia de la religión en su vida en “canción de muerte y salvación”, de sus experiencias de maltrato emocional en “SANSA” o de su sensación de vacío en “flotante”, “negronis y martinis” y “médula”, Zahara se abre en canal con valentía y nos obliga a escuchar lo que no queremos oír sobre la fama, el machismo y el sufrimiento psíquico en nuestra sociedad. Pero lo bueno es que ni mucho menos es un disco triste o pesado: ahí están la euforia de “berlin u5”, un rompepistas sobre un amor salvaje e incontenible, o de la magistral “MERICHANE”. Y por si a alguien le faltaba un toque diferente, también está el epílogo de “DOLORES”, una copla modernizada interpretada con pasión y dedicada a su abuela y a todas esas mujeres que tuvieron que renunciar a sus sueños para casarse y criar. Un gran cierre a un gran disco conceptual.

23. slowthai – TYRON

La música de slowthai tiene dos caras: la agresiva y la vulnerable, la conflictiva y la alicaída. En su debut, el maravilloso Nothing Great About Britain, estos aspectos estaban mezclados, pero para su segundo LP el rapero británico decidió hacer literal esta división: TYRON (su nombre de pila) reúne en su cara A los cortes más enérgicos y agrupa en su cara B los temas más tristones. El efecto de este curioso recurso es un poco extraño, pero la calidad de las canciones es tal que no importa demasiado. Singles tan potentes como “MAZZA”, con A$AP Rocky, y “CANCELLED”, con Skepta, dan fuerza a la primera mitad, e incluso algo como “WOT”, de apenas cincuenta segundos, funciona gracias a la enérgica producción y al carisma de thai. Pero lo mejor está en esa segunda mitad más melancólica, donde el de Northampton se desnuda emocionalmente, hablando de sus miedos, de lo difícil que le resulta confiar en la gente, de todo lo que ha perdido. El disco concluye en su mejor momento, con ese triplete que forman “nhs”, “feel away” y “adhd”, y queda la sensación de que slowthai apenas está empezando a explorar su infinito potencial.

22. St. Vincent – Daddy's Home

Poco le quedaba por demostrar a Annie Clark, alias St. Vincent: convertida en una de las figuras más respetadas del indie rock desde hace más de una década, su discografía había explorado ya múltiples sonidos y su aspecto físico se transformaba con cada nuevo ciclo promocional, haciendo de su carácter camaleónico su seña de identidad. Así pues, liberada de presiones, e inspirada en la puesta en libertad de su padre tras una década en prisión, se ha permitido hacer un homenaje directo y claro a una época concreta, a la música de los primeros setenta que su padre le enseñó durante su infancia. Steely Dan, Stevie Wonder, los Rolling, War o Pink Floyd están entre los referentes en los que se inspira Clark para crear este Daddy's Home. Aunque esto naturalmente significa que no es el álbum más original, la calidad de las canciones es más que suficiente para convertir su escucha en un gustazo. Sea en “The Melting of the Sun”, con sus homenajes a iconos como Marilyn Monroe, Nina Simone o Tori Amos, en la amenazante y funky “Down” o en la stoniana “...At the Holiday Party”, St. Vincent deja claro por qué se la considera una de las grandes compositoras de su generación.

21. Dellafuente – Milagro

Más de un lustro después de su salto a la fama, Dellafuente sigue sorprendiendo. Si el año pasado mató a su propio personaje en Descanso En Poder, este año se ha reencarnado en una nueva versión de sí mismo. Milagro es el álbum más original del granadino, donde se despide definitivamente del estilo con el que se hizo conocido y busca algo nuevo, combinando su talento único para los ganchos vocales con una instrumentación más orgánica en la que destacan las cuerdas de la Orquesta Ciudad de Granada. Esta colección de siete canciones es también la más emotiva de las que ha lanzado hasta ahora, dominada por la melancolía que empapa la voz del Chino en “León con uñas de gel” o la “Nana del miedo”. Al mismo tiempo, reivindica aquí los dos proyectos paralelos que nos presentó entre 2019 y 2020: el rock andaluz de Taifa Yallah en “Un diablo en el infierno” y la electrónica tipo UK garage de Salomon Sessions en “Sin faltar a la verdad”. Con tantos registros y cambios, para quienes lo seguimos desde fuera es imposible saber por dónde seguirá su carrera. Pero si algo deja claro Milagro es que Dellafuente tiene claro cuál es su camino, y además tiene el talento para seguirlo.

20. Billie Eilish – Happier Than Ever

Acaba de cumplir veinte años esta semana, pero Billie Eilish ya es una veterana. La californiana arrasó en los Grammy gracias a su primer álbum, el magnífico WHEN WE ALL FALL ASLEEP, WHERE DO WE GO? (2019), erigiéndose en representante de la generación Z para la industria musical, y muy poca gente puede toserle a sus números de ventas. Ese nivel de éxito a una edad tan temprana suele traer sus complicaciones. Eilish las aborda en su segundo LP, Happier Than Ever, y sale muy bien parada. Ella y su productor, su hermano Finneas, comprenden a la perfección sus puntos débiles y fuertes, y han diseñado una paleta de sonidos a medida, que le permiten brillar. Aquí hay cortes agresivos y chulescos como “Oxytocin”, “NDA” o “Therefore I Am”, canciones con inspiración del jazz vocal como “Getting Older” o “my future”, baladas como “Your Power” o “Male Fantasy” o, como novedad, toques de soul (“Lost Cause”) y bossa nova. Pero, como comentaba, la clave del disco es su forma de abordar los conflictos de la cantante, y ninguna lo hace con más acierto que la canción titular: empieza tierna, casi como una nana, hasta que se convierte en un himno de arena rock furioso en el que Eilish manda a la mierda a su manipulador ex. Con canciones y discos así, será difícil quitarle el trono del pop en los próximos años.

19. Califato  ¾ – La Contraçeña

No hay grupo más gamberro en España que Califato  ¾. Los sevillanos han creado un sonido propio a base de electrónica, flamenco y un popurrí de influencias (ejem... plagios) donde caben desde Bob Marley hasta The Clash. Todo ello lo han recubierto de un andalucismo militante pero desenfadado, que lo mismo denuncia el abandono histórico de nuestra tierra en “Çambra der Huebê Çanto” (mezclando marchas de Semana Santa con una base boom bap) que se ríe con fastidio de la invasión de nuestras playas por parte de los guiris cada verano en la “Guahira playera”. Su voracidad es tal que a veces se cuelan experimentos que no funcionan (los “Ecô der dormío” o esa aberración que es “Te quiero y lo çabê”), pero en La Contraçeña, su segundo disco, estos fallos son los menos. El álbum es rabiosamente divertido y comprende aún más registros que el anterior Puerta de la Cânne. Los fantasmagóricos “Fandangô de Carmen Porter”, la rumbera y sorprendente “Tó ba a çalîh bien mamá”, la jonda “Er carrito de lô muertô”, que suena tanto a La Leyenda del Tiempo como a trap... Cada tema es único y descubre nuevas posibilidades, nuevas conexiones entre la música de raíz y la música contemporánea. La Contraçeña es una invitación a explorarlas con ellos, y es difícil rechazar la oferta.

18. Remi Wolf – Juno

Es poco probable que escuchéis este año a una cantante más carismática que Remi Wolf, o un disco de pop más explosivo que su debut en largo, Juno. La incansable energía que despliega la californiana encaja a la perfección con la intensa y colorida música, una mezcla divertida y fresca de todo tipo de estilos: funk, disco, soul, pop y R&B de principios de los 2000, algún toque de bossa nova o breakbeat, guitarras distorsionadas, sintes de todo tipo, percusión estrafalaria… y todo a la máxima intensidad. Este carácter de caos controlado emparenta la propuesta de Wolf y su productor, Jared “Solomonophonic” Solomon, con el hyperpop de 100 gecs, Charli XCX o Dorian Electra. Pero el elemento crucial es la apasionada interpretación vocal de Wolf: la forma en que se desgañita en canciones como “Liquor Store”, “Front Tooth” o “Sally” es electrizante, y al mismo tiempo muestra su versatilidad entonando con dulzura bonitas y juguetonas melodías en “Buzz Me In”, “Grumpy Old Man” o “Anthony Kiedis”. En un momento en que el pop superventas está mirando obsesivamente al pasado con revivals ochenteros, Remi Wolf está entre las grandes innovadoras que lo están haciendo avanzar hacia el futuro.

17. Injury Reserve – By the Time I Get to Phoenix

¿Qué hacer cuando la tragedia se ceba contigo? Injury Reserve lo tienen claro: perseverar. ¿Qué mayor tragedia que perder a tu amigo y compañero de grupo con solo 32 años? Y sin embargo, Parker Corey y Ritchie with a T decidieron terminar el disco en el que estaban trabajando con Steppa J. Groggs, como homenaje a su compañero fallecido. Escuchar By the Time I Get to Phoenix es convivir con un fantasma. En “Top Picks for You” Ritchie nos habla de esa presencia que aún le acompaña, incluso en el mundo digital: “Your patterns are still in place and your algorithm is still in action/just workin' so that you can just jump right back in/but you ain't jumpin' back”. En la colosal “Knees”, ese fantasma se materializa cuando la voz de Groggs nos llega desde el más allá. La desoladora realidad de la pérdida nos golpea a través de bases extrañas, abstractas, ásperas, la mayoría construidas a partir de samples de canciones de rock experimental. Y aunque a ratos parece que no queda ninguna esperanza (“Ain't no savin' me, ain't no savin' me or you”, canta con dolor Ritchie en “Superman That”), la conclusión en “Bye Storm” es algo más ambigua: aunque a veces sintamos que la vida se nos viene encima, sabemos que hasta la peor tormenta se acaba. Lo que queda después es lo que seamos capaces de salvar; Injury Reserve han rescatado la memoria de Groggs contra viento y marea.

16. BROCKHAMPTON – ROADRUNNER: NEW LIGHT, NEW MACHINE

¡La mejor boy band de América ha vuelto! Después de un álbum algo decepcionante, como fue GINGER (2019), los chicos han recargado las pilas y recuperado su mejor forma en su último LP. Por si alguien consideraba que seis vocalistas eran pocos, en esta ocasión el productor Jabari Manwa suma también su voz a varios temas. Pero si este disco tiene una virtud es que es sintético: salvo en “WINDOWS”, que se va a los seis minutos para incluir a todos los miembros del grupo (además de a SoGone SoFlexy), el resto de cortes duran entre tres y cuatro minutos. Ya sea en temazos de rap puro como “BUZZCUT” (con Danny Brown) y “CHAIN ON” (con JPEGMAFIA), en canciones más R&B como “I'LL TAKE YOU ON” (con Charlie Wilson) y “WHEN I BALL”, o en impactantes y épicas composiciones construidas sobre guitarras eléctricas, como “THE LIGHT” y “WHAT'S THE OCCASION”, BROCKHAMPTON van directos al grano. Al mismo tiempo, sus letras son aún más reflexivas y confesionales de lo habitual, especialmente en el caso de JOBA, que nos habla sobre el suicidio de su padre. Así pues, el grupo profundiza en lo que mejor se le da y refina su presentación en este LP, quizás su mejor trabajo desde la trilogía SATURATION (2017). Todo un logro.

15. Nick Cave & Warren Ellis – Carnage

Pocos artistas pueden presumir de la constancia de Nick Cave. En las casi cuatro décadas que lleva editando música, el australiano ha lanzado disco tras disco sin interrupciones y sin casi bajar del notable. Por suerte, este año hemos podido volver a disfrutar de su trabajo, de nuevo a un nivel alto; lo único que ha cambiado ha sido que en lugar de componerlo con los Bad Seeds al completo, esta vez la música ha corrido a cargo de Warren Ellis, su compañero más constante desde los años noventa. En ese aspecto, Carnage es absolutamente brillante: predomina un minimalismo sombrío y adusto, que en canciones como “Hand of God” o “Old Time” eriza la piel, mientras en las solemnes baladas del final del disco (“Albuquerque”, “Balcony Man”, “Shattered Ground”) emociona hasta la lágrima. Por supuesto, Cave está a la altura, y su voz de barítono entona con su habitual fuerza unas letras tan poéticas y fascinantes como siempre. Pero la joya de la corona es “Elephant Man”. Tras una primera mitad oscura y marcial, con una violenta letra que remite a las multitudinarias protestas contra el racismo del año pasado en EE.UU., un rayo de sol atraviesa los nubarrones que cubren la canción y un eufórico estribillo gospel nos habla de la llegada inminente del Reino de los Cielos. No está claro si esto pretende ser una muestra de esperanza o de cinismo; lo que sí es evidente es que es una de las canciones del año.

14. Black Dresses – Forever in Your Heart

¿Alguien ha esuchado un disco más desolador que este en 2021? Las canadienses Black Dresses han sufrido un aterrador acoso online desde su salto a la fama, hasta el punto de que el año pasado decidieron disolverse para huir de él. Pese a ello, en febrero lanzaron Forever in Your Heart, un disco que es una declaración de derrota, una renuncia a seguir intentándolo, el grito de amargura de quien ha perdido toda esperanza de sentirse mejor. La estética del hyperpop se topa aquí con un abrasivo sonido electro-industrial que refuerza la dureza del mensaje. “Everything's inside a tiny ball/Everything's inside a tiny little ball of fear and pain”, canta Ada Rook, y parece que no hay escapatoria. Pero en la renuncia hay una forma de alivio: como reconoce Devi McCallion en las últimas palabras del disco, “I couldn't keep it together/I couldn't make it last/I couldn't keep it together/But it's not that bad”. Y hay dos victorias indiscutibles en este álbum. La primera es que, en respuesta a la pregunta que se hacían en la primera canción (“Can we make something beautiful with no hope?”), sí, este dúo consigue crear algo hermoso, aunque devastador, con todo ese dolor. La otra es que también consiguen huir de rol de víctimas en que las estaban siendo encajonadas, como reivindican en la monumental “Understanding”. Incluso si nunca vuelven a lanzar música juntas, Black Dresses se han superado.

13. 파란노을 (Parannoul) – To See the Next Part of the Dream

Lo de Parannoul tiene algo de milagro. Su música ha aparecido de la nada en Bandcamp y apenas se sabe nada de quién está detrás. En teoría se trata de una sola persona; parece seguro que es un hombre surcoreano de veintitantos o treinta y pocos, ya que sus letras hablan sobre el desencanto y los fracasos de la adultez y la engañosa nostalgia de la juventud, cuando aún parecía que podían cumplirse todos los sueños. Lo alucinante es que una sola persona pueda componer e interpretar los ricos y densos instrumentales de shoegaze que forman la base del disco. El poder evocador de la música es avasallador, especialmente por la forma en que la batería rompe en estallidos hasta emborronarse y mezclarse con las múltiples capas de guitarras. Con canciones tan emotivas, casi es innecesario entender las letras en coreano para disfrutar del álbum. Ya sea acercándose al bubblegum en “Analog Sentimentalism”, estirando el pop punk hasta casi romperlo en “Youth Rebellion” o condensando todo un mundo en el épico final de “White Ceiling”, Parannoul traspasa cualquier frontera gracias a la inconfundible pasión que transmite con su música. Pero si hacemos un esfuerzo y unimos todo, letra y música, el resultado es realmente inolvidable.

12. black midi – Cavalcade

El más disparatado de los tres grandes discos del post punk experimental británico de este año ha sido este segundo LP de black midi, los padrinos de la escena pese a su insultante juventud. Se trata también del más desafiante, el más complejo, el menos inmediato. Pero es que menudo despliegue de talento hay en sus ocho canciones y 42 minutos. Desde el caos (apenas) controlado de “John L” hasta la bella y evocadora “Ascending Forth”, el disco pasa por tantos y tan variados puntos que al acabar uno se encuentra agotado. La creatividad es realmente prodigiosa: en Cavalcade cabe lo mismo “Marlene Dietrich”, una balada clásica en homenaje a la gran actriz alemana, que “Chondromalacia Patella”, una detallada y poética descripción del dolor crónico de rodilla sobre una instrumentación propia del jazz pero que se inclina hacia el prog. La cuestión es que en todos esos registros, los londinenses demuestran una habilidad compositiva e instrumental y una pasión envidiables. Lo cierto es que no hay etiquetas que valgan para lo que hacen estos chicos. Si alguien sigue pensando que el rock está muerto (signifique eso lo que signifique), no hay más que enseñarle este disco para demostrarle que se equivoca.

11. VVV [trippin' you] – Turboviolencia

Ya terminando el año, los madrileños VVV [trippin' you] me han dejado alucinado con su arrollador torbellino de electrónica y post punk. Sus letras reflejan la desesperanza de una juventud obrera desclasada: drogas, amor, desamor, muerte, odio y más drogas reaparecen una y otra vez. Hay canciones espídicas y otras más melancólicas, reflejando las dos caras de la misma moneda: el high y el bajón. Pero todas ellas son igual de adictivas, gracias a esas frases indelebles que se quedan grabadas en el cerebelo: “amar por siempre y odiar frontal” (“Odiar frontal”), “esta noche va a ser la revolución” (“Nadie es leal”), “no estoy dispuesto a morir por nada/si tú no estás entre las que se salvan” (“Hiedra verde”), “quiero echar algo de menos, preferiblemente tuyo” (“Matar el tiempo”), y sobre todo la hilarante “si no eres guapo, estás jodido:/todos los días de tu vida tienes que justificar tu existencia” (“Crisis existencial”). La pasión de sus voces contrasta con los agudos y fríos sintes, que crean una atmósfera escalofriante, perfecta para los relatos narcotizados que nos cuentan estos tres. Sin duda, el grupo español al que más ganas tengo de ver en directo (vienen a Granada en mayo), y el disco más sorprendente de este 2021.

 

 

 

 

 

Imagen de Jesús Martínez Sevilla

Investigador en formación, trabaja en la Universidad de Granada. Le interesa hacer ciencia social comprometida, por lo que estudia la salud mental desde perspectivas despatologizadoras y transformadoras. Además, milita en colectivos de la ciudad. En sus ratos libres, escribe sobre música pop. (Osuna, 1992).