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'Injury Reserve se enfrentan al duelo con valentía'

Blog - Un blog para melómanos - Jesús Martínez Sevilla - Miércoles, 6 de Octubre de 2021
Injury Reserve – 'By the Time I Get to Phoenix'
Portada de 'By the Time I Get to Phoenix', de Injury Reserve.
Indegranada
Portada de 'By the Time I Get to Phoenix', de Injury Reserve.

Injury Reserve llevaban una de las trayectorias más prometedoras del hip hop experimental estadounidense. Tras labrarse una modesta fama a mediados de la década pasada con una serie de mixtapes muy apreciadas por los fans, los de Tempe, Arizona se mudaron a Los Ángeles y lanzaron en 2019 un notabe disco debut homónimo. Gracias a algunas colaboraciones de alto perfil y a un sonido algo más accesible, consiguieron un poco más de atención por parte de la prensa. Pero parecía que lo mejor estaba por llegar: daba la sensación de que estaban muy cerca de petarlo, que su siguiente lanzamiento podía ser el que les convirtiera en estrellas. Entonces pasó lo impensable, no una sino dos veces. Primero llegó la pandemia, paralizando sus planes, como los de tantos otros músicos. Después, en junio de 2020, Steppa J. Groggs, uno de los dos MCs del grupo, falleció a los 32 años. Esto dejó a los otros dos integrantes, el productor Parker Corey y el MC Ritchie with a T, en una posición muy difícil, y a los fans del grupo con muchas incógnitas. ¿Sería este el final del grupo?

Con ese nuevo chute de energía, empezaron a grabar lo que finalmente se convertiría en su segundo LP; pero tras la muerte de Groggs, el grupo tuvo que tomarse un tiempo para sanar

Posteriormente hemos podido saber que el grupo no lo pasó demasiado bien durante la grabación de Injury Reserve. La presión autoimpuesta por intentar hacer el tipo de disco que suponían que tenían que hacer, que complaciera a los distintos tipos de fans que habían ido acumulando, convirtió el proceso de creación en algo menos esponatáneo y libre. Para un grupo tan excéntrico e innovador como ellos, esto, además de las frustraciones con su sello, hizo que la diversión estuviera ausente. Pero en la gira posterior, tanto las actuaciones en directo como la experiencia de tocar con grupos como Jockstrap, Black Country, New Road o black midi se convirtieron en nuevos estímulos que les devolvieron la inspiración y las ganas de experimentar con su sonido. Con ese nuevo chute de energía, empezaron a grabar lo que finalmente se convertiría en su segundo LP; pero tras la muerte de Groggs, el grupo tuvo que tomarse un tiempo para sanar.

Lanzado al fin este septiembre, By the Time I Get to Phoenix es un puñetazo en la boca del estómago, un jarro de agua fría, un documento de una tristeza profunda y sincera. Es también un trabajo de una valentía artística admirable: un disco difícil, extraño, impredecible, cuyo sonido, más allá o más acá del glitch-hop, es por momentos hostil. El grupo ha recurrido a fuentes de inspiración nada habituales en el hip hop: muchas canciones se basan en samples de grupos de rock bastante peculiares, tanto actuales (los mencionados Black Country, New Road y black midi) como de décadas anteriores (The Fall, Shellac, Brian Eno), modificados y retorcidos sin contemplaciones hasta convertirse en paisajes sonoros ásperos y brutales. Sobre ellos, Ritchie y, ocasionalmente, un Groggs de ultratumba nos hablan con rabia y pena sobre lo que supone perder a alguien (el padrastro de Ritchie también falleció por la época en que empezaron a grabar), sobre la imposibilidad de la comunicación con algunas personas, sobre la incómoda sensación de que el mundo está condenado, al igual que algunas relaciones, sobre la frustración por sentirse estancados. Una vez pasado el desconcierto inicial por lo difícil de la música, el efecto emocional es devastador. En las palabras del autor de microcríticas Ruff Criminal, este disco suena como un dolor torácico.

Ya desde el título, el disco llega cargado de significado. Se trata de una referencia, por un lado, a la famosa versión de Isaac Hayes de una canción de Glen Campbell; uno de los puntos de inspiración para el enfoque del álbum fue un remix en directo de ese tema. Pero, naturalmente, también es una referencia a la vuelta literal de los miembros del grupo a Phoenix, Arizona, tras las agridulces experiencias en Los Ángeles, y más metafóricamente un retorno a los orígenes en la forma de trabajar, totalmente independiente (el disco es autoeditado). Que esa vuelta al inicio llegue al mismo tiempo que un más que posible final tiene una carga casi insoportable. El peso de ese fatalismo está expresado en algunas frases demoledoras: “ain't no savin' me, ain't no savin' me or you”, entona Ritchie en “Superman That”; “My knees hurt me when I grow/and that's a tough pill to swallow/because I'm not gettin' taller/Please, is there any way I could grow, please?” es el desesperado mantra de Knees, la abatida obra maestra del álbum. Y digo bien, mantra: en la mayoría de canciones del disco, la repetición obsesiva de ciertas frases sobre estas bases tan amorfas crea un aire vagamente surrealista. Esa sensación de volver una y otra vez al mismo punto, de que pase el tiempo y sigamos atascados, recrea el proceso del duelo de forma escalofriante. Las interpretaciones vocales de Ritchie, tan vehementes (“Smoke Don't Clear”) y, por momentos, sorprendentemente melódicas (“Postpostpartum”, “Superman That”), dan aún más profundidad al disco.

Pero los momentos más poderosos consiguen hacer olvidar esas otras partes más cuestionables

No todos los experimentos salen bien. “Ground Zero”, que al parecer versa sobre la pandemia, es bastante aburrida: es repetitiva, pero sin el dinamismo que hace que las repeticiones en otras canciones tengan ese impacto emocional. “Wild Wild West” tampoco llega al nivel del resto del álbum: su letra es algo confusa y la distorsión de la segunda mitad llega al punto de ser molesta. Otras canciones tienen pasajes algo innecesarios, como la outro de “Footwork in a Forest Fire”, o simplemente emocionan menos, como “SS San Francisco”. Además, la presencia de Groggs es casi anecdótica: solo tiene dos estrofas completas, y las afirmaciones de que el disco estaba casi terminado cuando falleció parecen por tanto, al menos, incompletas. Pero los momentos más poderosos consiguen hacer olvidar esas otras partes más cuestionables: cuando en “Top Picks For You” Ritchie nos habla de la omnipresencia del fantasma de Groggs, tanto en el mundo físico como en el digital (“Your patterns are still in place and your algorithm is still in action/just workin' so that you can just jump right back in/but you ain't jumpin' back”, dice en referencia al algoritmo de Spotify, que le recomienda el tipo de cosas que a su amigo le habría gustado escuchar), es casi imposible no soltar una lágrima.

Eso sí, la imagen definitiva del disco es la que comparten “Footwork in a Forest Fire” y la final “Bye Storm”: la de alguien que intenta con todas sus fuerzas sostener su vida y la de la gente a su alrededor, pero solo tiene dos brazos. Esa sensación de que la vida se le escapa entre los dedos, de que hay momentos en que el mundo conspira para acabar con todo lo que nos mantiene en pie, se yuxtapone con un ambiguo y contradictorio optimismo: “They said you'll cope, but, damn, man, shit, I don't know, man/We laugh, we joke 'cause, man, that's just how they'd want it/It rains, it pours, but, damn, nigga, it's really pourin'”. Saber que la vida sigue no hace que seguir sea más fácil. Ante una pérdida devastadora, Parker y Ritchie han decidido seguir, al menos hasta aquí, hasta poder compartir este último trabajo hecho codo con codo con su amigo. Esta valentía en lo personal se una a una tremenda valentía artística: han hecho exactamente el tipo de disco que ellos querían hacer, sin consideración para con las convenciones de ningún género. El resultado es un disco imperfecto, pero tremendamente poderoso. Pase lo que pase en el futuro, Injury Reserve han dado el golpe sobre la mesa que todos esperábamos.

Puntuación: 8.2/10

Imagen de Jesús Martínez Sevilla

Investigador en formación, trabaja en la Universidad de Granada. Le interesa hacer ciencia social comprometida, por lo que estudia la salud mental desde perspectivas despatologizadoras y transformadoras. Además, milita en colectivos de la ciudad. En sus ratos libres, escribe sobre música pop. (Osuna, 1992).