DE BAR EN PEOR, la sección de paco espínola

El espíritu de la ‘Transación’

Política - Paco Espínola - Viernes, 30 de Enero de 2026
Un nuevo y brillante artículo de Paco Espínola. No dejes de leerlo.

Durante estos días en los que se ha cocinado la suspensión de las jornadas organizadas por Arturo Pérez Reverte y Jesús Vigorra bajo el desafortunado (y sospechoso) título ¿La guerra que todos perdimos?, ha vuelto a aparecer el denominado “espíritu de la Transición” como recurso y parche para el diálogo. 

Recuerdo que en su mensaje de fin de año de 2016 la entonces presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, apeló al espíritu de la Transición para garantizar «un nuevo periodo de progreso y de convivencia» como el que lograron abrir, no sin «dificultades», subrayó, quienes «pilotaron» aquel periodo. Días después volvió a decir lo mismo la entonces ministra de Defensa, Dolores de Cospedal. También recuerdo que, por aquellas fechas, el expresidente del Gobierno y ya criminal de guerra, Aznar, alma de destrucción más IVA, continuaba desafiando la supuesta «superioridad moral» de la izquierda y hacía gala de su trastorno de identidad disociativo: «España es el último bastión de la derecha en Europa» (junio del 97 en París) o «Los viejos debates entre derecha e izquierda han quedado obsoletos» (junio del 98 en Miami). 

Buena memoria la de Susana, aunque sólo tenía un añito, y la de María Dolores, once, cuando se inició tal proceso. Coincidían, además, con los poderosos círculos políticos y mediáticos en que la Transición de la dictadura fue modélica y que, liderada por el rey (entonces tan campechano como ejemplar), dio como resultado una democracia a la europea, lo cual se consiguió sin broncas en las instituciones. Incluso pretendieron exportar el modelo a otras dictaduras. 

Esa idea también consideraba ejemplar el compromiso de los grandes partidos de no hurgar en el pasado. Es decir, olvidarse de las violaciones de los derechos humanos, en su mayoría realizadas por los golpistas en contra de un sistema democrático, olvido que se defendía y se defiende como necesario para construir el futuro. Parte de este objetivo asumía que los dos “bandos” eran responsables de la “Gerra Civil” (denominación de encargo por Manuel Fraga, entonces Ministro de Información y Turismo, al presunto historiador Ricardo de la Cierva) y, por tanto, era mejor cerrar cuentas y olvidar. De ahí nació la Ley de Amnistía que se consideró determinante para esa Transición “modélica”. Si la derecha promovió esta versión de la Transición, también la asumieron algunos sectores de la izquierda, lo cual reprodujo esa percepción como un dogma.

Pero tal dogma se basó en una falsedad. Ni la Transición fue modélica ni la democracia que estableció. Fue un proceso realizado bajo el dominio de la derecha y por los aparatos heredados del franquismo, liderados por la monarquía, y claramente enquistados en el Estado español. No fue una Transición pactada entre iguales porque las izquierdas acababan de salir de la cárcel o de la clandestinidad y del exilio.

Ocurrió por las enormes movilizaciones de la clase trabajadora y otros elementos de las clases populares que presionaron para que terminara aquel régimen. «De ahí que, aun cuando el dictador murió en la cama, la dictadura murió en la calle», escribía Vicenç Navarro. No obstante, las izquierdas no tenían el poder ni para romper con aquel Estado ni para negociar en igualdad, dando lugar al enorme sesgo conservador que existe, tanto en las estructuras del Estado (militar, policial y judicial, los llamaré “franquicia”), como en las instituciones financieras, culturales y mediáticas. Es este poder el que todavía explica las graves carencias de nuestro Estado del bienestar. 

España es el país europeo donde ha habido mayor número de desaparecidos políticos sin que se hiciese nada. En ningún otro ha habido la ocultación de esta enorme represión, dejando indefensos a las víctimas y a sus familias, que no pueden ni siquiera honrar a sus muertos (que son los muertos de todos los demócratas) por no saber dónde se encuentran. 

En enero de 2012, en el programa de humor de mayor audiencia en Estados Unidos se señalaba que, en la misma manera que Bolivia, sin mar, tiene Ministerio de Marina, España tenía Ministerio de Justicia. 

Era solo un chiste.