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'Concepción Muedra Benedito: historiadora, archivera y catedrática española'

Política - Paco Robles - Sábado, 6 de Julio de 2024
El memorialista Paco Robles nos descubre a esta mujer excepcional, víctima de la purga franquista, obligada a exiliarse en México, donde continuó su labor académica y cultural.
Ficha de Concepción Muedra.
Servicio de Migración. Archivo Gobierno de México.
Ficha de Concepción Muedra.

Concepción Muedra Benedito, también conocida como Concha Muedra, nació en Valencia el 31 de diciembre de 1902 y falleció en Ciudad de México en una fecha posterior a 1979. Fue una historiadora, archivera y catedrática española cuya trayectoria profesional y personal estuvo marcada por los drásticos cambios políticos y sociales de su época. Víctima de la purga franquista tras la Guerra Civil Española, Muedra se vio obligada a exiliarse en México, donde continuó su labor académica y cultural.

Se licenció en Filosofía y Letras en la Sección de Historia por la Universidad Central de Madrid. Esta sólida formación académica le abrió las puertas a una carrera prometedora en el ámbito de la historia y la archivística

Hija de Vicente Muedra, oriundo de Mislata, y de Concepción Benedito, de Valencia, Concepción mostró temprano una vocación académica que la llevaría a destacarse en el ámbito educativo. Estudió en el Instituto Cardenal Cisneros de Madrid entre 1915 y 1919, año en que obtuvo el Bachillerato. Posteriormente, se licenció en Filosofía y Letras en la Sección de Historia por la Universidad Central de Madrid. Esta sólida formación académica le abrió las puertas a una carrera prometedora en el ámbito de la historia y la archivística.

Su trayectoria profesional comenzó como profesora en el Instituto-Escuela de Madrid, donde impartió clases durante siete cursos. En enero de 1926, Muedra se convirtió en profesora auxiliar de Historia Medieval en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Central de Madrid, dentro del Instituto de Estudios Medievales dirigido por Claudio Sánchez-Albornoz. La relevancia de su nombramiento fue doble, ya que no solo impartía materias como Instituciones de la Edad Media e Historia Medieval Española, sino que también formaba parte del primer grupo de mujeres que logró obtener plazas docentes en la universidad, alcanzando eventualmente la cátedra. 

Expediente de Concepción Muedra en el Instituto Cisneros de Madrid. Centro de Información Documental de Archivos (CIDA).

En el verano de 1937, debido al conflicto bélico, se trasladó a Valencia para asumir responsabilidades en el Archivo de la Presidencia del Consejo de Ministros

Paralelamente, en 1930, ingresó en el Cuerpo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos, lo que le permitió compaginar su actividad docente con un destino en el Archivo Histórico Nacional de Madrid. Su erudición le permitió, en 1936, empezar a impartir la asignatura de Historia Universal Antigua y Media. Durante estos años, también colaboró en la preparación y publicación del Monumenta Hispaniae Historica, una obra de considerable importancia para la historiografía española.

Al inicio de la Guerra Civil Española, Muedra se encontraba al frente de los Archivos Provinciales del Consejo Central de Archivos, Bibliotecas y Tesoro Artístico. En el verano de 1937, debido al conflicto bélico, se trasladó a Valencia para asumir responsabilidades en el Archivo de la Presidencia del Consejo de Ministros.

Un expediente de depuración la separó del servicio activo, y mediante una orden del Ministerio de Educación Nacional del 22 de julio de 1939, fue definitivamente excluida del escalafón del Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos

Con la conclusión de la Guerra Civil en 1939, Muedra fue víctima de la represión franquista. Un expediente de depuración la separó del servicio activo, y mediante una orden del Ministerio de Educación Nacional del 22 de julio de 1939, fue definitivamente excluida del escalafón del Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos. Esta persecución política la llevó al exilio en México, donde continuó su carrera académica y su labor de preservación histórica.

Muedra, la primera profesora de El Colegio de México, formó parte de aquel conglomerado de intelectuales que encontraron en La Casa de España (1938-1940) y su sucesora, El Colegio de México (1940), un refugio para proseguir sus labores académicas lejos del asedio y la intolerancia franquista.

Además de sus capacidades como docente e investigadora, Muedra se destacó en la gestión de archivos -a una edad temprana, en 1930, ganó un concurso de oposición para integrarse al cuerpo facultativo del Archivo Histórico Nacional de Madrid-. Sin embargo, su ascendente carrera académica y profesional se vio abruptamente interrumpida por el estallido de la Guerra Civil española (1936-1939). Durante el conflicto, Muedra se unió a los esfuerzos republicanos, como responsable de Archivos Provinciales y, posteriormente, encargada del Archivo de la Presidencia del Consejo de Ministros. No obstante, con la victoria de las fuerzas franquistas y la instauración del régimen dictatorial, fue destituida de su cargo en julio de 1939, afrontando el mismo destino que innumerables académicos perseguidos por su ideología y posición política.

Muedra, la primera profesora de El Colegio de México formó parte de aquel conglomerado de intelectuales que encontraron en La Casa de España (1938-1940) y su sucesora, El Colegio de México (1940), un refugio para proseguir sus labores académicas lejos del asedio y la intolerancia franquista

El 28 de mayo de 1940, el territorio mexicano recibió a una destacada figura intelectual refugiada a causa de los oscuros tiempos que trajo consigo el régimen franquista en España. La historiadora española María de la Concepción Muedra Benedito (1902-ca. 1980) ingresó al país y, con su llegada, México embrionó una alianza fecunda con una de las mentes más brillantes del ámbito de la historia medieval. Muedra, la primera profesora de El Colegio de México formó parte de aquel conglomerado de intelectuales que encontraron en La Casa de España (1938-1940) y su sucesora, El Colegio de México (1940), un refugio para proseguir sus labores académicas lejos del asedio y la intolerancia franquista. 

Ese mismo año, formando parte del grupo fundador del Instituto de Estudios Medievales de la Universidad Central, colaboró estrechamente con el historiador y político republicano Claudio Sánchez-Albornoz, lo que le permitió ampliar y consolidar sus conocimientos y prestigio en el campo de la medievalística

A la llegada a México, Muedra ya contaba con una trayectoria académica notable. Con apenas 24 años y un doctorado en Historia, inició su labor docente en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Central de Madrid (hoy Universidad Complutense de Madrid), su alma mater. En esta institución, se convirtió en la primera mujer en ocupar la Cátedra de Historia de España Medieval y Paleografía en 1932. Ese mismo año, formando parte del grupo fundador del Instituto de Estudios Medievales de la Universidad Central, colaboró estrechamente con el historiador y político republicano Claudio Sánchez-Albornoz, lo que le permitió ampliar y consolidar sus conocimientos y prestigio en el campo de la medievalística. 

Con apenas 24 años y un doctorado en Historia, inició su labor docente en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Central de Madrid (hoy Universidad Complutense de Madrid), su alma mater. En esta institución, se convirtió en la primera mujer en ocupar la Cátedra de Historia de España Medieval y Paleografía en 1932.

En suelo mexicano, Muedra reanudó su labor como medievalista con un renovado interés por los vínculos culturales e institucionales entre la España medieval y la Nueva España

En suelo mexicano, Muedra reanudó su labor como medievalista con un renovado interés por los vínculos culturales e institucionales entre la España medieval y la Nueva España. Desde 1941 y a lo largo de al menos tres décadas, impartió cursos en El Colegio de México, contribuyendo significativamente a la formación de varias generaciones de historiadores. En la ceremonia conmemorativa del 25º aniversario de El Colegio en 1965, presidida por el entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz, Muedra fue la única mujer en la selecta lista de "profesores fundadores" invitados, reafirmando su estatus y reconocimiento en el ámbito académico.

Las primeras generaciones del CEH recuerdan vivamente a Concha Muedra por sus excepcionales conocimientos en paleografía y por el énfasis que otorgaba a las prácticas en archivos dentro de sus cursos

Las primeras generaciones del CEH recuerdan vivamente a Concha Muedra por sus excepcionales conocimientos en paleografía y por el énfasis que otorgaba a las prácticas en archivos dentro de sus cursos. Su enseñanza metodológica, que compartió junto a otros ilustres como Silvio Zavala y Agustín Millares Carló, otorgaba una importancia crucial a los documentos como fundamento de la investigación histórica. Además de su prolífica labor docente, Muedra mostró un especial interés en investigar el Marquesado del Valle de Oaxaca. Lideró el equipo encargado de la catalogación de esta colección en el Archivo General de la Nación (México) y dirigió una tesis al respecto, demostrando así su persistente dedicación al examen minucioso de fuentes históricas originales.

Las anécdotas y los recuerdos compartidos por quienes tuvieron la fortuna de ser sus discípulos dan fe de su sabiduría y su carismática personalidad

Las anécdotas y los recuerdos compartidos por quienes tuvieron la fortuna de ser sus discípulos dan fe de su sabiduría y su carismática personalidad. El profesor Andrés Lira, evocó con afecto a aquella "española simpatiquísima" cuyo entusiasmo y erudición en paleografía hicieron de sus clases una experiencia invaluable. Tales relatos no solo celebran el legado académico de Concepción Muedra Benedito, sino también la calidez humana de una mujer cuyo impacto perdura en la memoria de El Colegio de México y en el corazón de sus alumnos.

Así, la llegada de María de la Concepción Muedra Benedito no solo representó el refugio de una exiliada, sino el acogimiento de un invaluable baluarte intelectual cuyo legado sigue siendo inspiración y guía para nuevas generaciones de historiadores. Su vida y trabajo son testimonio del poder del conocimiento y del espíritu resiliente ante la adversidad.

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