'Granada es salud pública… solo cuando les conviene'

“Granada es salud pública”. Con ese lema tan rotundo como oportuno, la Junta de Andalucía ha presentado la candidatura de la ciudad para albergar la futura Agencia Estatal de Salud Pública (AESAP). Un eslogan atractivo y cargado de simbolismo, que apela a la trayectoria histórica —indiscutible— de la Escuela Andaluza de Salud Pública, protagonista durante más de tres décadas de sus cuarenta años de existencia. Sin embargo, más allá de la escenografía institucional y los discursos triunfalistas, asoma una contradicción difícil de soslayar: quienes hoy invocan la salud pública como seña de identidad son los mismos que, durante años, han contribuido a debilitar algunos de sus pilares fundamentales en Andalucía.
La cuestión es si ese pasado, por sí solo, basta para garantizar el futuro que exige una agencia estatal llamada a liderar la vigilancia, la investigación y la respuesta ante los retos de la salud pública del siglo XXI.
Granada parte, sobre el papel, como una buena candidata. Su capital humano, su universidad, su tejido investigador y, sobre todo, la Escuela Andaluza de Salud Pública (EASP), de la cual siento haber tenido un papel clave en su desarrollo, la sitúan en una posición privilegiada frente a otras ciudades. Nadie discute ese legado. La cuestión es si ese pasado, por sí solo, basta para garantizar el futuro que exige una agencia estatal llamada a liderar la vigilancia, la investigación y la respuesta ante los retos de la salud pública del siglo XXI.
Los criterios no son solo simbólicos
El Gobierno de España ha fijado requisitos claros para la elección de la sede: disponibilidad inmediata de infraestructuras adecuadas, buenas conexiones aéreas internacionales, transporte público eficiente, capacidad de crecimiento hasta los 300 profesionales y un mercado inmobiliario competitivo que facilite atraer talento. En varios de estos aspectos, Granada parte con desventajas objetivas, especialmente en conectividad aérea internacional y en la inmediatez real de los espacios.
La AESAP necesita algo esencial: un ecosistema institucional sólido, coherente y comprometido con la salud pública, no solo en los discursos, sino en las decisiones políticas sostenidas en el tiempo
Pero más allá de las inversiones anunciadas, la AESAP necesita algo esencial: un ecosistema institucional sólido, coherente y comprometido con la salud pública, no solo en los discursos, sino en las decisiones políticas sostenidas en el tiempo.
La paradoja de la Escuela Andaluza de Salud Pública
El principal aval de la candidatura, según la propia Junta, es la EASP. Y lo es con razón. Desde 1985 ha sido un referente nacional e internacional en formación, investigación, evaluación de políticas sanitarias y apoyo técnico en salud pública. Sin embargo, esta reivindicación choca frontalmente con la actuación del actual Gobierno andaluz.
Cuando el Partido Popular estaba en la oposición, la EASP fue objeto de un discurso persistente de deslegitimación. Se la calificó de “chiringuito”, se cuestionó su utilidad y se puso en duda su gestión. Ya en el Gobierno, la Junta ha optado por diluirla
Cuando el Partido Popular estaba en la oposición, la EASP fue objeto de un discurso persistente de deslegitimación. Se la calificó de “chiringuito”, se cuestionó su utilidad y se puso en duda su gestión. Ya en el Gobierno, la Junta ha optado por diluirla: integración en un nuevo Instituto de Salud de Andalucía, pérdida de personalidad jurídica propia, desaparición explícita de la centralidad de la salud pública y debilitamiento de su perfil estratégico.
No se puede presentar como fortaleza aquello que previamente se ha erosionado. No se puede pedir credibilidad institucional mientras se vacía de contenido y autonomía a la institución que durante décadas ha sostenido ese prestigio.
Una apuesta tardía y poco creíble
La pandemia dejó una lección clara: la salud pública es un elemento estratégico del Estado. Vigilancia epidemiológica, investigación, prevención y evaluación de políticas son funciones esenciales. Sin embargo, Andalucía no ha situado la salud pública en el centro de su agenda durante los últimos siete años. No ha habido una apuesta clara, sostenida ni ambiciosa en este ámbito.
Por eso, la candidatura llega con un problema de fondo: la falta de coherencia
Por eso, la candidatura llega con un problema de fondo: la falta de coherencia. El Gobierno de España no evaluará únicamente edificios o memorias técnicas, sino también la capacidad real de una comunidad autónoma para sostener, apoyar y potenciar una agencia de esta envergadura con independencia del color político.
Si Granada no resulta elegida como sede de la Agencia Estatal de Salud Pública, no será por falta de méritos acumulados, sino por la ausencia de una política clara y decidida de fortalecimiento de la salud pública en los últimos años
En este sentido, resulta especialmente relevante la advertencia de la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (SESPAS), que ha reclamado que la futura AESAP sea una auténtica agencia de inteligencia en salud pública, generadora de conocimiento, con una función clara en investigación y formación, y blindada frente a vaivenes políticos. Exactamente lo contrario de lo que se transmite cuando se debilitan las instituciones existentes y se subordina la salud pública a estructuras más difusas.
Granada lo merece, pero necesita respaldo real
Granada tiene historia, talento y legitimidad científica. Eso no está en cuestión. Lo que sí lo está es que la Junta de Andalucía haya cuidado ese legado lo suficiente como para convertirlo hoy en un proyecto de futuro creíble.
Debería ser una oportunidad para rectificar: anular la ley de la creación del Instituto de Salud de Andalucía que extinguía la EASP, recuperar el papel central de la EASP, devolverle autonomía, recursos y prestigio, y demostrar con hechos —no solo con discursos— que Andalucía cree de verdad en la salud pública
Si Granada no resulta elegida como sede de la Agencia Estatal de Salud Pública, no será por falta de méritos acumulados, sino por la ausencia de una política clara y decidida de fortalecimiento de la salud pública en los últimos años. No se puede aspirar a liderar el futuro mientras se debilitan las herramientas que lo hicieron posible.
La candidatura debería ser algo más que una operación de imagen o una reivindicación territorial. Debería ser una oportunidad para rectificar: anular la ley de la creación del Instituto de Salud de Andalucía que extinguía la EASP, recuperar el papel central de la EASP, devolverle autonomía, recursos y prestigio, y demostrar con hechos —no solo con discursos— que Andalucía cree de verdad en la salud pública.
Porque la AESAP necesita convicción, coherencia y voluntad política. Y, por ahora, no se ven esas señales para que Granada sea la nueva sede de la AESAP.


















