Sierra Nevada, Copa del Mundo 24
MEMORIAS DE LA MÁQUINA IMPRESORA DE IDEAL (1932-1985)

La rotativa que trajo José Ortega y Gasset para defender la República

Comunicación - Rotativa MAN de dos cuerpos (Hace de transcriptor de mis pensamientos Gabriel Pozo Felguera) - Domingo, 31 de Diciembre de 2023
Impresionante historia de la primera rotativa que hubo en Granada, a la que llegó para defender los postulados católicos y antirrepublicanos, tras ser el portavoz de la II República, y que contó medio siglo de la historia de esta ciudad. Contado de una singular forma por Gabriel Pozo Felguera, en una reflexión, además, sobre el incierto futuro de la prensa escrita y un canto a salvar del desguace esta joya industrial. Nunca has leído nada igual.
Máquina instalada actualmente en el jardín de la que ha sido parcela de 'Ideal'.
IndeGranada
Máquina instalada actualmente en el jardín de la que ha sido parcela de 'Ideal'.
  • La rotativa MAN estuvo imprimiendo Crisol-Diario de la República durante 1931; desde 1932 a 1985 pasó por dos talleres de Granada para dar vida a Ideal

  • Fue regalada al Ayuntamiento en 1986 para colocarla en la Biblioteca de Andalucía; después, despreciada por la Junta y las siguientes corporaciones locales

  • Grupo Vocento (Ideal) ha vendido sus instalaciones de Asegra, donde fue salvada “in extremis” antes de acabar en la chatarra

Mi nombre es Rotativa MAN de dos cuerpos. Estoy a punto de cumplir 100 años, aunque llevo jubilada desde los 54. Primero me llamaron Rotativa de Crisol-Diario de la República, después Rotativa de Ideal. He impreso en mis rodillos más de medio siglo de la historia de Granada. Ahora estoy en desuso, en exhibición a la intemperie. Temo que, a pesar de ser monumento histórico, alguien tenga la tentación de enviarme a la chatarra. Ya lo hicieron con mi colega Marinoni de Patria, y lo han hecho con mis dos sucesoras en Ideal. ¿Es que no hay una rotonda o un paseo de Granada donde me puedan recolocar? Mi antiguo propietario -el periódico Ideal- ha vendido las instalaciones donde resido y el futuro se me presenta incierto. Voy a contarles mi historia en primera persona, antes de que sea demasiado tarde. (Hace de transcriptor de mis pensamientos Gabriel Pozo Felguera, un joven periodista que compartió mis cuatro últimos años de vida laboral).

Los ingenieros me diseñaron para imprimir periódicos de mediana difusión. Nunca supe con destino a qué diario fabricaron mis rodillos

Nací allá por el año 1929 en Nuremberg, Alemania; me crearon en factoría MAN, Machine and Motion (Hombre, máquina y movimiento). Los ingenieros me diseñaron para imprimir periódicos de mediana difusión. Nunca supe con destino a qué diario fabricaron mis rodillos. Hasta que un día primaveral de 1931 hice una demostración para dos españoles que fueron a verme a la fábrica. No debieron pensárselo mucho, porque a los pocos minutos el más joven dijo “nos la enviáis”. Muy pronto supe quiénes eran mis nuevos propietarios: Nicolás María de Urgoiti y José Ortega y Gasset. El primero era un empresario vasco con inmensa fortuna en el negocio de fabricación de papel; el segundo, una gran autoridad en el mundo de las letras y del pensamiento. Más adelante tuve oportunidad de ir conociéndole mejor a través de los artículos que publicaba en mis páginas.

Nicolás de Urgoiti, potente empresario papelero y de prensa, y su amigo y socio el filósofo José Ortega y Gasset.

En 'El Sol' escribía mi padrino Ortega y Gasset llamando a la caída de la dictadura y de la monarquía de Alfonso XIII que la sustentaba

El origen de mi llegada a Madrid fue un tanto convulso. Nicolás de Urgoiti y Ortega y Gasset eran íntimos amigos. Éste hablaba alemán a la perfección, había estudiado tres años en Alemania. Habían fundado y sostenido ideológicamente varios periódicos liberales de Madrid desde 1917: El Sol y La Voz. Desde ellos combatieron ferozmente las dictaduras y dictablandas de Primo de Rivera y de Dámaso Berenguer (1923-31). El hartazgo de los españoles era patente a partir de la crisis económica y social de 1929. En El Sol escribía mi padrino Ortega y Gasset llamando a la caída de la dictadura y de la monarquía de Alfonso XIII que la sustentaba. Clamaba por una profunda reforma política de España y la instauración de una República.

Artículo contra el presidente Berenguer y Alfonso XIII, de Ortega y Gasset, que incrementó la presión sobre la monarquía y propició la llegada de la II República. EL SOL (15.XI.1930).

El culmen de aquella campaña contra el gobierno de Berenguer fue un artículo de Ortega y Gasset[1] titulado “El error Berenguer”. Acababa con la famosa frase “delenda est monarchía”, que venía a significar “hay que eliminar la monarquía”. A aquel artículo se achacó el comienzo de la crisis política que dio al traste con la dictadura de Berenguer, la salida de Alfonso XIII de España y la proclamación de la II República. Todo fue atribuido a la campaña iniciada por José Ortega y Gasset y Nicolás M. Urgoiti.

Se trataría de un periódico trisemanal llamado Crisol; sería impreso en talleres Gama, tendría esa periodicidad en tanto se adquiría la maquinaria adecuada para sacar un diario potente. Por eso viajaron a Alemania en busca de rotativa para imprimir

Para don José y don Nicolás tuvo seria repercusión el escrito contra la monarquía. El Sol fue suspendido al día siguiente; los socios de Papelera Española y de El Sol les expulsaron. Aunque con ellos se solidarizaron la mayoría de los redactores y escritores de fama; todos se marcharon a crear otra nueva publicación. Se trataría de un periódico trisemanal llamado Crisol; sería impreso en talleres Gama, tendría esa periodicidad en tanto se adquiría la maquinaria adecuada para sacar un diario potente. Por eso viajaron a Alemania en busca de rotativa para imprimir.

Crisol, Diario de la República, mi primer destino

El trisemanario Crisol nació el 4 de abril de 1931 con la intención de influir en las elecciones municipales del 12 de ese mes. Los acontecimientos se precipitaron y el 14 fue proclamada la II República española.

En cuanto yo llegara, el trisemanal se convertiría en diario. Por aquel edificio vería yo circular a los mejores periodistas y literatos del momento en España

En esas fechas, yo, la Rotativa MAN de Nuremberg, estaba siendo embalada para viajar a mi destino en Madrid, calle Alcalá, 87, primera sede de Crisol. En cuanto yo llegara, el trisemanal se convertiría en diario. Por aquel edificio vería yo circular a los mejores periodistas y literatos del momento en España; ya en pruebas imprimí algunos de sus artículos. Conocí en mis páginas a Félix Lorenzo (director), José Ortega y Gasset (ideólogo, editorialista y supervisor de colaboraciones), José Martínez Ruiz Azorín, Fernando de los Ríos, Ramón Gómez de la Serna, Luis de Zulueta, Carlos Esplá, Américo Castro, Julio Álvarez del Vayo, José Moreno Villa, Ramón Pérez de Ayala, Salvador de Madariaga, Corpus Barga y Luis Bello. El caricaturista era Luis Bagaria.

Crisol había nacido para mantener y alentar los ideales liberales y republicanos. En aquella casa de Alcalá, 87, nació la Agrupación al Servicio de la República (ASR), a la que se sumó también Gregorio Marañón.

Estuve imprimiendo aquel batallador periódico político todos los días, excepto los sábados, hasta el 6 de enero de 1932. Sin una sola falta a mi cita con los lectores

Tras más de un mes de pruebas, José Ortega y Gasset y el director Félix Lorenzo decidieron que todo estaba preparado y yo, joven rotativa MAN, me haría cargo de sacar el Diario de la República, como se subtituló Crisol a partir del 27 de junio de 1931. Estuve imprimiendo aquel batallador periódico político todos los días, excepto los sábados, hasta el 6 de enero de 1932. Sin una sola falta a mi cita con los lectores. 165 números en total. Mas, mi estancia en Madrid auguraba su final.

Primer número de Crisol como diario (27 de junio de 1931), ya impreso por mí recién llegada de Alemania. Se ve un tanto emborronado, señal de que no estaba todavía ajustada la máquina. HEMEROTECA NACIONAL

Premonición de Ortega y Gasset. Antes de que la II República cumpliese medio año, el 9 de septiembre de 1931, imprimí este artículo de Ortega y Gasset titulado “Un aldabonazo”. En él advertía del mal rumbo que estaba tomando la República. Recordaba a muchos españoles, que contribuyeron a traerla, ya estaban frustrados por el nuevo régimen. Pidió que no se falsificara la República. Acabó su escrito de modo premonitorio: “Una cantidad inmensa de españoles que colaboraron en el advenimiento de la República con su acción, con su voto o con lo que es más eficaz que todo esto, con su esperanza, se dicen ahora entre desasosegados y descontentos: ¡No es esto, no es esto! La República es una cosa. El “radicalismo” es otra. Si no, al tiempo”. Y el tiempo le dio toda la razón: con revueltas sociales, sangrientas revoluciones, desórdenes, pronunciamientos militares, declaración de independencia de Cataluña… Hasta que llegó la guerra civil.

El 12 de diciembre de 1931 había llegado a Madrid la rotativa más grande que me sustituiría antes de un mes. En estas fotos se ve el inicio de su montaje, en la nueva sede de Luz de la calle Narváez. HEMEROTECA NACIONAL
Último ejemplar de Crisol impreso por nuestra protagonista el 6 de enero de 1932. HEMEROTECA NACIONAL

Yo era demasiado modesta para tiradas de grandes diarios nacionales. Alguien habría que se interesara por mí en provincias

¿Quién iba a pensar que el ejemplar número 202 (37 como trisemanario + 165 como diario) iba a ser el último de mi trabajo en Madrid? Los señores Urgoiti y Ortega y Gasset me habían traído a España con carácter de provisionalidad, mientras los ingenieros alemanes de MAN les fabricaban otra rotativa más grande y rápida para publicar su nuevo diario Luz, también al servicio de los ideales de la II República. Así fue cómo el 7 de enero de 1932 quedé parada, en depósito. La empresa MAN que me fabricó tenía gran número de pedidos, sólo en España se editaban por entonces más de medio millar de diarios. Algunos con tiradas superiores a los 150.000 ejemplares. Yo era demasiado modesta para tiradas de grandes diarios nacionales. Alguien habría que se interesara por mí en provincias.

De Crisol Madrid a Ideal Granada

Efectivamente, en pocos días preguntó por mí Ángel Herrera Oria. Era sacerdote y periodista; dirigía con éxito uno de los grupos de prensa conservadora más importantes de España, la Editorial Católica. Su periódico de cabecera era El Debate. Buscaba máquina para sacar un periódico en la ciudad de Granada. Resultaba que los lectores católicos y de derechas se habían quedado sin su periódico de referencia, la Gaceta del Sur. Había sido incendiado por una turba extremista el 12 de mayo de 1931; su casa y su rotoplana Marinoni de la calle San Jerónimo, 23, habían quedado inservibles.

Propusieron llamarlo de varias maneras: 'El Lábaro' (Estandarte), 'La Conciencia Cristiana'… Al final, la Editorial Católica se inclinó por replicar la cabecera que ya tenía en Galicia: 'Ideal' (aunque allí se llamaba 'El Ideal Gallego')

El médico católico Víctor Escribano y el empresario Pedro Moreno Agrela capitanearon el nacimiento de un nuevo periódico en su ciudad, Granada. Ya llevaban suscritas unas 650.000 pesetas para colaborar en el montaje de un periódico más moderno. Propusieron llamarlo de varias maneras: El Lábaro (Estandarte), La Conciencia Cristiana… Al final, la Editorial Católica se inclinó por replicar la cabecera que ya tenía en Galicia: Ideal (aunque allí se llamaba El Ideal Gallego). Se eligió una sola palabra, más rotunda y llamativa.

Ángel Herrera Oria, presidente de Editorial Católica en 1932; y Víctor Escribano y Pedro Moreno Agrela, promotores de la fundación de Ideal en Granada.

En pocas semanas pasé de ser portavoz de la II República a órgano de la comunidad católica y antirrepublicana en Granada

A mí me trasladaron desde Madrid a una casa prestada en la calle San Jerónimo de Granada, con patio, jardín y viviendas en pisos superiores. Junto a la Facultad de Farmacia. El ambiente estaba muy revuelto en Granada desde el punto de vista social y político. En cuanto se supo que los católicos volvían a sacar otro nuevo periódico, las amenazas no se hicieron esperar. Me montó un ingeniero que vino de Nuremberg, con la ayuda de varios técnicos más trasladados desde El Debate. En pocas semanas pasé de ser portavoz de la II República a órgano de la comunidad católica y antirrepublicana en Granada.

Primer ejemplar de Ideal que imprimí en mi nueva etapa granadina, el 8 de mayo de 1932. Aparezco en la foto de abajo, cuando el arzobispo vino a bendecirme.

Muy pronto fui cogiendo ritmo, se superaron los 10.000 ejemplares de venta en aquellos complicados años de la II República, donde había mucha competencia; también estaban el 'Noticiero Granadino', 'La Publicidad' y 'El Defensor de Granada', decano y de carácter izquierdista

Empecé a imprimir Ideal el 8 de mayo de 1932. Muy pronto fui cogiendo ritmo, se superaron los 10.000 ejemplares de venta en aquellos complicados años de la II República, donde había mucha competencia; también estaban el Noticiero Granadino, La Publicidad y El Defensor de Granada, decano y de carácter izquierdista. De todos ellos, yo era la única de sistema rotativa que imprimía en la ciudad, la más moderna y con sistema anexo de fotograbado y estereotipia que permitían incorporar fotografías. Trajeron también cinco linotipias para componer los textos y el primer teletipo que se vio en Granada. Todo dirigido por el joven jefe de taller Gonzalo Nozal Peña.

La rotativa MAN cumplía su primer año en Granada. El periódico la mostró a sus lectores, junto con el resto de linotipias y maquinaria que participaba en el proceso de impresión. IDEAL
Con esta ilustración, de 1933, se explicaba que una rotativa era el punto de apoyo para mover el mundo. La realidad era que el medio millar de diarios españoles por entonces sumaban una tirada que jamás se volvió a alcanzar en nuestro país. IDEAL

A partir del 18 de julio de 1936, con el alzamiento militar, me quedé sin competencia. Todas las máquinas fueron silenciadas por la fuerza de las armas o el miedo de sus propietarios, excepto la de 'La Publicidad' que pasó a imprimir la revista falangista 'Patria' durante toda la guerra

Las amenazas de quemarme las cumplieron el 10 de marzo de 1936. Prendieron fuego a la casa de Ideal y tuvieron que repararme durante más de un trimestre. Hasta que el 1 de julio de 1936 volvía imprimir y retomar el contacto con los lectores.

El resto de aquellos años de historia ya es más conocido. A partir del 18 de julio de 1936, con el alzamiento militar, me quedé sin competencia. Todas las máquinas fueron silenciadas por la fuerza de las armas o el miedo de sus propietarios, excepto la de La Publicidad que pasó a imprimir la revista falangista Patria durante toda la guerra.

Me instalaron en el sótano. Encima estaban la redacción, la administración y el archivo. También algunos pisos para trabajadores

En la calle San Jerónimo, 62, permanecí imprimiendo hasta el año 1950. Por fin la Editorial Católica había construido un magnífico edificio haciendo sombra a la Iglesia de San Jerónimo. Me instalaron en el sótano. Encima estaban la redacción, la administración y el archivo. También algunos pisos para trabajadores.

Maquinistas proceden a empaquetar ejemplares plegados, en dos cuadernillos, que iban saliendo de la plegadora, en mayo de 1972. IDEAL

Por fin, a partir de 1976 empecé a percibir cierta apertura de la mano del joven director. No fue hasta 1983 cuando desaparecieron la censura previa y las paradas por orden gubernativa. Poco tiempo me quedaba ya en activo para vivir la plena libertad de prensa e imprenta

En mis 54 años de trabajo he estado al servicio de la II República por orden de José Ortega y Gasset; al servicio del Cardenal Herrera Oria, la Conferencia Episcopal y sus socios católicos; a la orden de los golpistas militares durante los tres años de guerra civil; a la sombra del franquismo que gobernó este país entre 1939 y 1975. ¡La cantidad de veces que me pararon para fresar mis tejas por imposición de la censura! Por fin, a partir de 1976 empecé a percibir cierta apertura de la mano del joven director. No fue hasta 1983 cuando desaparecieron la censura previa y las paradas por orden gubernativa. Poco tiempo me quedaba ya en activo para vivir la plena libertad de prensa e imprenta.

Después he visto quejarse de imposiciones a las dos rotativas que me han seguido. Pero ya de otro tipo de censura, la económica y publicitaria. Esas son cuestiones en las que no quiero entrar.[2]

Salvada por Miguel Giménez Yanguas en 1986

A mí me salvó del horno de fundición el profesor Miguel Giménez Yanguas. Este ingeniero era por el año 1986 director del Grupo de Patrimonio Industrial de la Universidad de Granada. Ingeniero industrial y restaurador de todas las máquinas históricas que perviven expuestas en Granada y media España.

A mí me salvó del horno de fundición el profesor Miguel Giménez Yanguas

La Editorial Católica, propietaria de Ideal, había decidido modernizar su periódico. El proyecto incluía la adquisición de nueva maquinaria, que no cabría en el edificio del Compás de San Jerónimo. Me iba a sustituir una moderna rotativa Unimán 2X2, que había estado imprimiendo el periódico madrileño El País desde 1976. Tenía capacidad para entintar 48 páginas de una sola pasada, algunas incluso en color, y era tres veces más rápida que yo.

De ahí que el gerente Sebastián Mosquera comentara que había que buscar nueva ubicación al diario. El director Melchor Sáiz-Pardo se oponía, decía que era un error abandonar tan céntrico edificio. Sería mejor buscar una nave para la nueva máquina y dejar donde estaban la redacción y la administración. Pero los números mandaban; con la venta del edificio de San Jerónimo se pudo comprar una inmensa parcela, oficinas y naves en el polígono Asegra (del que más adelante hablaré). La operación salió redonda, la Editorial Católica ganó bastante dinero al cambio.

El último día de mi vida que imprimí un 'Ideal' fue el 16 de diciembre de 1985; mi contador de tirada se paró en 28.086 ejemplares. Había acabado la edad del plomo en la prensa granadina; empezaba la era el offset

Para Asegra marcharon todos, o casi todos, porque sólo dejaron una pequeña oficina comercial encima del sótano donde cada noche yo hacía posible que existiera el periódico. El último día de mi vida que imprimí un Ideal fue el 16 de diciembre de 1985; mi contador de tirada se paró en 28.086 ejemplares. Había acabado la edad del plomo en la prensa granadina; empezaba la era el offset.

Al día siguiente comenzaron a apilar a mi lado los nuevos ejemplares, impresos ya en Asegra por mi sucesora moderna, aunque de segunda mano. Era de formato más pequeño; yo imprimía en pliegos de 32x45 centímetros, en tanto que a partir de ahora se harían de 29x40. La verdad es que tenía buen aspecto, más moderno. Decían que tardaba menos que yo, ya que podía llegar a 25.000 ejemplares/hora, cuando mi velocidad alcanzaba 7.000 en tirada simple, 14.000 con tirada de doble cuadernillo. En mis inicios fue suficiente con tirada simple, ya que la carestía de papel nunca me dejó sobrepasar las 12 páginas; pero a partir de los años cincuenta empezaron a mandarme dos cuadernillos juntos, plegados, con hasta 32 páginas.

Arriba, último ejemplar de gran formato en dos cuadernillos, impreso por mí el 16 de diciembre de 1985. Debajo, el contador de ejemplares tirados ese día: 28.086, tres veces más que en la actualidad. Dejé muy alto el listón. IDEAL.

En fin, aquel 16 de diciembre de 1985 me jubilaron tras haber impreso 16.631 días a lo largo de mi vida activa para Ideal de Granada (aunque fue uno más porque en los años sesenta se repitió un día la numeración). Más los 161 números que imprimí en mi etapa madrileña para el periódico republicano Crisol. Esa fue mi hoja de servicios.

Andaba buscando chatarrero que sacara mis casi veinte toneladas de hierro del sótano; los compradores del edificio lo querían limpio

Por el taller en desmantelamiento se acercó un día de 1986 Miguel Giménez Yanguas. Fue a recoger el teletipo más antiguo y una lámpara de arco voltaico para su colección de antiguallas. Preguntó a Sebastián Mosquera qué destino guardaba para mí, la rotativa que no había fallado un solo día en mi trabajo de 53 años en Granada. Andaba buscando chatarrero que sacara mis casi veinte toneladas de hierro del sótano; los compradores del edificio lo querían limpio.

Miguel Giménez Yanguas estimó que era un delito achatarrarme. Le oí decir que yo era la historia impresa de Granada. Y de parte de Andalucía -añadí yo sin poder abrir la boca que no tengo- ya que había impreso ediciones diarias para Málaga, Jaén y Almería. Pidió autorización para buscarme lugar en algún rincón de la ciudad de Granada. Como si fuese un monumento más. Miguel se reunió con el alcalde Antonio Jara y el concejal Manuel Fernández Márquez, y les planteó su propuesta.

El Ayuntamiento corrió con los gastos de aquella operación, que superó el medio millón de pesetas. Fui almacenada en el edificio de las Hermanitas de los Pobres, un poco más abajo de donde estuve 53 años, en espera de destino

El Ayuntamiento aceptó la donación y hacerse cargo de los gastos de desmontaje, almacenamiento y posterior montaje en el destino que se decidiera. La Junta de Gobierno Local lo aprobó, la Corporación en pleno ratificó la cesión y pasé a ser de propiedad de la ciudad de Granada[3]. En cuestión de semanas, Miguel Giménez Yanguas y Miguel Cabrerizo, técnico de la Universidad, me desmontaron primorosamente y me embalaron con cuidado. El Ayuntamiento corrió con los gastos de aquella operación, que superó el medio millón de pesetas. Fui almacenada en el edificio de las Hermanitas de los Pobres, un poco más abajo de donde estuve 53 años, en espera de destino. (Ahora se llama edifico Gran Capitán, tras su reforma y conversión en oficinas de urbanismo).

Arrumbada por el Ayuntamiento y la Junta

Miguel Giménez Yanguas se afanó en buscarme ubicación. La primera idea fue incluirme en el proyecto de Biblioteca de Andalucía, que se construiría en el solar del cementerio de las Hermanitas de los Pobres. El suelo lo donó la ciudad a la Junta. El arquitecto incluso sugirió exhibirme en una sala acristalada dando a la calle, para que se me pudiera contemplar desde fuera. Aquella idea me gustó enormemente.

Me contaron que no se les ocurrió ofrecerme para el Museo de la Prensa de la Universidad; no confiaban en que saliese adelante, en vista de que ya habían arrumbado los restos de Patria

Vi cómo pasaban los años, se inauguró la Biblioteca de Andalucía y no contaron con mi presencia. Sospeché que alguien había cambiado de opinión; el director del periódico sugirió, e incluso escribió, que debía haber una mano negra empeñada en que desapareciera[4]. Ya no estaba de alcalde Antonio Jara que me había aceptado para la ciudad; eran tiempos del alcalde Gabriel Díaz Berbel. Entonces Miguel Giménez Yanguas me ofreció al Parque de las Ciencias; no hubo respuesta en ningún sentido. Me contaron que no se les ocurrió ofrecerme para el Museo de la Prensa de la Universidad; no confiaban en que saliese adelante, en vista de que ya habían arrumbado los restos de Patria. Aquel proyecto se veía naufragado antes de empezar a navegar de la mano de la UGR.

Maqueta de la Biblioteca de Andalucía (1989) que contemplaba la exhibición de la rotativa en sus instalaciones. AHMGR.

Para 1996, en Ideal ya se consideraba anticuada la máquina MAN que me sustituyó, tras once años de funcionamiento. Los propietarios del periódico habían dejado de ser los obispos; ahora los nuevos amos eran vascos, del Grupo Correo (por compra a los obispos en 1988). Iban a traer otra rotativa modernísima, una KBA Comet, con capacidad para imprimir 96 páginas, 32 de ellas en color, y a una velocidad media de 30.000 ejemplares/hora. También iban a hacer reformas en su parcela de Asegra. El negocio de prensa diaria atravesaba su momento más dulce.

 Alguien preguntó ¿y esta chatarra qué es? Me dolió que me llamaran trasto inservible. Había que retirarme de allí porque iban a abrir una calleja y estorbaba (esa calle se llama hoy Profesor José Cazorla). ¡Me arrumbarían en una chatarrería sin ninguna consideración! Hicieron amago de trasladarme a otro almacén, al aire libre, en la Huerta del Rasillo

Para esa fecha, yo llevaba embalada durante más de una década en las Hermanitas de los Pobres. Hasta que un día de 1998 ó 99 vi acercarse a unos funcionarios municipales. Alguien preguntó ¿y esta chatarra qué es? Me dolió que me llamaran trasto inservible. Había que retirarme de allí porque iban a abrir una calleja y estorbaba (esa calle se llama hoy Profesor José Cazorla). ¡Me arrumbarían en una chatarrería sin ninguna consideración! Hicieron amago de trasladarme a otro almacén, al aire libre, en la Huerta del Rasillo. Hice todo lo posible para que este hecho llegara a oídos del consejero delegado de la empresa, José Morenodávila. Un aparejador municipal le recomendó que cogiera las cajas y me llevase, sin volver a mover burocracias municipales ni mirar atrás. No fuésemos a pollas y se frustrase la operación rescate. Era un crimen lo que estaban tramando contra mí aquellos funcionarios municipales.  

Aquí, en la parcela industrial de Asegra, volvieron a armarme, jubilada e inservible, pero salvada de la quema. No era el lugar más adecuado, medio escondida tras setos y árboles, aunque siempre mejor que una chatarrería

Aquí, en la parcela industrial de Asegra, volvieron a armarme, jubilada e inservible, pero salvada de la quema. No era el lugar más adecuado, medio escondida tras setos y árboles, aunque siempre mejor que una chatarrería. El técnico Henares no me protegió con un tejado ni una cristalera, sólo le dieron dinero para una capa de pintura. Y chutando. Algo es algo. Por lo menos no me he convertido en un manantial de óxido. En este cuarto de siglo que llevo aquí, en el jardín de entrada donde todo el mundo me ve, han sido miles las personas y grupos que me han admirado y se han fotografiado conmigo. Incluso estuvo a verme el rey Juan Carlos I en 2012.

El mal precedente de mi colega de Patria

En una ocasión, allá por el año 2006, temí yo que me “asesinaran” con nocturnidad y alevosía, como le ocurrió a mi colega Marinoni (Koenig Bauer) del diario falangista Patria. Ella era más antigua, pequeña y vieja que yo, pues la crearon también en Alemania por lo menos veinte años antes que a mí. La trajeron a España para imprimir La Voz de Guipúzcoa; allí estuvo trabajando en la prensa liberal hasta el 19 de julio de 1936. Durante el primer año de guerra fue utilizada por el Partido Carlista para su periódico La Voz de España. Hasta que el 12 de octubre de 1939 la trajeron a trabajar en Granada en la impresión de Patria; esta cabecera llevaba un par de años siendo una revista semanal y se imprimía con una modesta rotoplana que antes había sido de La Publicidad.

Y la Marinoni y demás maquinaria del proceso de impresión quedaron en propiedad estatal. Su nuevo dueño era el Museo Nacional de Ciencia y Tecnología

Al servicio de Patria estuvo Marinoni hasta que la jubilaron, el 13 de febrero de 1983. Para entonces era propiedad del Estado a través de un organismo llamado Medios de Comunicación Social. Varios de los periódicos del régimen franquista lograron sobrevivir en otras provincias, adaptándose a los nuevos aires políticos.Pero nadie quiso continuar con Patria. Y la Marinoni y demás maquinaria del proceso de impresión quedaron en propiedad estatal. Su nuevo dueño era el Museo Nacional de Ciencia y Tecnología.

Rotoplana de Patria en su taller de la calle Oficios (actual Museo Guerrero). A. CASA DE LOS TIROS

Recuerdo que por entonces era rector de la Universidad Antonio Gallego Morell. Siempre quiso abrir un museo en Granada para la tecnología, que incluiría el Museo de la Prensa. Por eso pidió la cesión de Marinoni y de toda la maquinaria de Patria, para cuando llegara la ocasión. La Universidad la almacenó en el Colegio Máximo de Cartuja. Pasaron los años y el antiguo edificio jesuita fue reutilizado como facultades de Biblioteconomía y Odontología.

La investigación ordenada por el rector David Aguilar averiguó que una decana se había gastado un dineral en enviarla a una chatarrería de Linares.

Y allí se encontraba la rotativa, decían que estorbando. Aunque emparedada tras un tabique para que no se la viese. Hasta que, en el verano de 2006, en una reforma, alguien de la nueva facultad de Biblioteconomía dio la orden de que acabaran con ella. La investigación ordenada por el rector David Aguilar averiguó que una decana se había gastado un dineral en enviarla a una chatarrería de Linares. El crimen nunca se esclareció del todo; la decana echó las culpas a la vicerrectora de Patrimonio. Y ésta a la decana. Entre todas la mataron y ella sola se murió.

Pero la maldición y la trituradora inexorable de la Historia no sólo se llevaron por delante el legado mecánico de Patria, sino que pocos años más tarde también acabó con la Asociación de la Prensa

Por lo menos, la polvareda que levantó el asunto sirvió para que el resto de las máquinas de Patria no la siguieran a Linares. Por los pasillos de esa y otras facultades duermen descontextualizadas sin que nadie sepa su importante contribución a la historia de Granada durante casi medio siglo. En vista de que la Universidad olvidó pronto el proyecto de Antonio Gallego Morell, fue la Asociación de la Prensa la que secundó la idea de crear su museo en la casa municipal del Hospital de Peregrinos, su sede por entonces. Pero la maldición y la trituradora inexorable de la Historia no sólo se llevaron por delante el legado mecánico de Patria, sino que pocos años más tarde también acabó con la Asociación de la Prensa. Y, me temo, que con ella empezó a desaparecer el periodo más brillante del periodismo granadino contemporáneo.

Del edificio señorial a fábrica de terrazos

Retrocedo al año 1985. Una noche de mediados de aquel año bajó al sótano el gerente Sebastián Mosquera. Vino a comunicar al personal del taller que nos íbamos del edificio de San Jerónimo, que la impresión con plomo tocaba a su fin. Había encontrado un lugar menos penoso para desenvolver nuestros trabajos. Sería en el polígono industrial La Unidad de Asegra. Aquella asociación sindical de empresarios que surgió a principios de los años setenta y construyó pocas industrias y muchos almacenes en los trigales de Peligros. Allí estaban ya las grandes empresas de Granada.

Bajos y suelos del edificio de Ganivet, 6, alicatado con terrazos NIGAROL. INDEGRANADA

El lugar perfecto para albergar todas las necesidades de un periódico. El sitio había sido fábrica de terrazos y tubos de hormigón de NIGAROL (Nicolás García Olivares)

Editorial Católica había comprado una de las mejores parcelas, nada más entrar, a la izquierda. Toda una manzana de terrenos, con edificio administrativo de tres plantas y una gran nave para industria. El lugar perfecto para albergar todas las necesidades de un periódico. El sitio había sido fábrica de terrazos y tubos de hormigón de NIGAROL (Nicolás García Olivares). Aquel hombre fue uno de los más importantes empresarios de Granada durante cuatro décadas; se inició fabricando tuberías tras la guerra civil y, a partir de 1952, se convirtió en el empresario más importante en el sector de terrazos de España. Pasaba por ser el inventor de aquella solería y alicatado de piedra artificial. Enlosó medio país, principalmente en Sevilla; se ufanaba de que su pavimento era el que pisaba todo el que iba a la Plaza de Cataluña, en Barcelona. Abrió una tienda en la calle Ángel Ganivet de Granada; los bajos y suelos del edificio número 6 están alicatados todavía con terrazos de varios colores de los que fabricó en su primera factoría del Camino Bajo de Huétor.

Pero para 1985 NIGAROL ya había cerrado su fábrica de Asegra y puso en venta la parcela por un precio asequible. Así fue cómo toda la actividad de Ideal recaló a ocho kilómetros de Puerta Real. Menos yo, que me quedé abandonada, sola y embalada en un almacén municipal.

Auge y caída de la prensa

Los lentos cambios en el negocio de periódicos que se experimentaron en España en mis 54 años de vida entre Madrid y Granada los viví con dientes de sierra, pero mayormente en sentido ascendente. Los terribles años de la guerra civil y primeros del franquismo, caracterizados por la escasez de papel, hacían que muchos días imprimiese un periódico de solo cuatro páginas. Poco a poco la situación fue mejorando hasta que llegaron épocas de vacas gordas al final de las décadas de los años setenta y ochenta. Muchos días tenía que hacer doble tirada y reimpresiones para sumar cuadernillos y más cuadernillos de 16 en 16 páginas. Fue la primera vez que me vieron anticuada, incapaz y lenta. Se lo oía decir al regente del taller.

El regreso de la democracia espoleó el negocio de la prensa. Ya no estábamos en España más de medio millar de rotativas trabajando cada noche, como en tiempos de la II República, pero vivíamos un buen momento para los periódicos

El regreso de la democracia espoleó el negocio de la prensa. Ya no estábamos en España más de medio millar de rotativas trabajando cada noche, como en tiempos de la II República, pero vivíamos un buen momento para los periódicos. Empecé a imprimir cada noche más de 25.000 ejemplares; incluso el doble o triple en fechas señaladas. ¡Qué buenos tiempos!, pasaba horas y horas dándole vueltas a mis rodillos. Y sin un solo fallo. A lo sumo, pequeños contratiempos que mis maquinistas solucionaban con los recursos más imaginativos.

Primer ejemplar a todo color del 15 de marzo de 1996, impreso con la que fue más moderna rotativa de España, hoy recién desguazada. IDEAL.

Un maquinón, un Ferrari de Carreras al que destinaron a correr en un camino rural. El director dijo, en su discurso de inauguración el 15 de marzo de 1996, que tenían un Rolls en el garaje. Es decir, necesitaba mucho más trabajo para hacer rentable su existencia

A finales del siglo XX, todavía la prensa diaria gozaba de excelente salud; la prueba era que vino a Asegra una tercera rotativa, la Koening Bauer-Albert: 30.000 ejemplares/hora, 5 cuerpos, 100 toneladas de peso, 34 metros de larga, 6 de alta; imprimía un formato de periódico en color dos centímetros más alto. Un maquinón, un Ferrari de Carreras al que destinaron a correr en un camino rural. El director dijo, en su discurso de inauguración el 15 de marzo de 1996, que tenían un Rolls en el garaje. Es decir, necesitaba mucho más trabajo para hacer rentable su existencia.

La rotativa KBA Comet superó pronto mi récord de ejemplares impresos y vendidos. Dicen que rozaba una media superior a 40.000 ejemplares diarios a finales del siglo XX. Melchor, “el director de toda la vida”, contaba al final de sus días que lo entregó con esas cifras a su jubilación (2002) y poco antes de morir (febrero de 2019) ya había perdido dos tercios de sus ventas. La causa, en parte, era que a inicios del siglo XXI empezaba a haber mucha competencia con tanta radio y cadenas de televisión. Y poco después llegaría la maldita (o bendita) internet. La cosa empezaba a no pintar tan bien para el negocio de papel prensa.

Entendí que a la KBA Comet le dieran el finiquito hace dos años, pero no que despidieran a la treintena de trabajadores que la alimentaban y la hayan mandado al desguace hace pocos meses. Ahora imprimen Ideal en Sevilla

Lejos, demasiado lejos, quedaron las cifras tan abultadas que yo imprimía en los días finales de mi existencia por 1985. Actualmente veo en la OJD (Oficina de Justificación de la Difusión) que sus ventas se han reducido a la cuarta parte, bastante por debajo de los 7.533 ejemplares/día con que cerró el año 2022. Y bajando.

Entendí que a la KBA Comet le dieran el finiquito hace dos años, pero no que despidieran a la treintena de trabajadores que la alimentaban y la hayan mandado al desguace hace pocos meses. Ahora imprimen Ideal en Sevilla. Las dos rotativas que me sucedieron son ya acero de chatarrería; me pregunto qué destino le espera a esta antigualla que os saluda a la entrada de la parcela.

El logotipo de Ideal va a dejar paso a Andalusí (como ya figura en un fotomontaje del calendario 2024 de la nueva propietaria).

Se recogen las velas que nunca debieron desplegar hace cuatro décadas. Incluso ya he visto salir furgonetas cargadas de cientos de tomos de la hemeroteca con destino a la Biblioteca de Andalucía, a la que se la han regalado

Ideal ha vendido sus instalaciones de Asegra. Terrenos, talleres y edificio los ha comprado Etiquetas Alhambra (Editorial Andalusí). Una joven y exitosa empresa que labora en diversos productos. Llenará la nave con modernísima maquinaria. Ya se ve a sus trabajadores entrando y saliendo por aquí. El traspaso de las instalaciones ha sido mediante el sistema de sale and leasebak, es decir, venta y alquiler. O lo que es lo mismo, todos los departamentos de Ideal se concentran en las plantas primera y segunda del edificio, en tanto el resto queda para el nuevo propietario. La redacción y administración permanecerán aquí en régimen de alquiler durante los próximos tres años. Mientras les van buscando instalaciones mínimas de 800 metros en lugar más cercano a Puerta Real. Se recogen las velas que nunca debieron desplegar hace cuatro décadas. Incluso ya he visto salir furgonetas cargadas de cientos de tomos de la hemeroteca con destino a la Biblioteca de Andalucía, a la que se la han regalado. Oigo rumores de que próximamente habrá importantes novedades en la cúpula directiva para reorientar y adaptar el negocio a los nuevos tiempos de una actividad cada vez más centrada en redes.

¿No hay una rotonda para mí?

Insisto y concluyo. ¿Qué va a ser de mí? Nadie se olvide que formo parte de la historia impresa de Granada. Estoy a punto de cumplir un siglo de existencia y paso a estar protegida por ley como patrimonio histórico y arqueológico[5]. No quiero arder, pasto de fundición. No puedo fundirme, me protege la ley. He oído que la empresa editora de Ideal ha pedido al nuevo propietario que me cuide. Parece que el comprador es hombre del sector, sensible a la causa. Pero… Dicen que van a intentar endosarme al Parque de las Ciencias. No sé, no sé. Tras la experiencia de hace treinta años no albergo mucha esperanza de que me quieran por allí.

No me quisieron entonces, pero ahora leo que han llenado las carreteras y calles de rotondas. Y en varias de ellas hay helicópteros, camiones de bomberos, máquinas de vapor, enormes pedruscos en forma de granada… todos con bastantes menos méritos contraídos que yo en esta ciudad

Recurro a la Sra. Corregidora y a los Caballeros XXVII, les recuerdo que continúo siendo propiedad de la ciudad de Granada. Estuve en el inventario de bienes[6]. El Pleno aceptó mi donación y los granadinos pagaron los gastos del desmontaje[7]. No me quisieron entonces, pero ahora leo que han llenado las carreteras y calles de rotondas. Y en varias de ellas hay helicópteros, camiones de bomberos, máquinas de vapor, enormes pedruscos en forma de granada… todos con bastantes menos méritos contraídos que yo en esta ciudad. Incluso podrían colocarme en algún hall de Palacio de Congresos. Tampoco descartaría un centro comercial; sí, aunque sea en el Centro Comercial Nevada, allí a la sombra podrían devolverme a la vida. Por favor, Tomás Olivo, ven y llévame contigo.

No quiero acabar mi existencia como lo ha hecho el 99% del valioso patrimonio industrial y cultural granadino.

DEDICATORIA: Este recordatorio lo dedico a la memoria de Melchor Sáiz-Pardo Rubio, director que fue de Ideal entre 1971 y 2002, y José Morenodávila Hernández, consejero delegado-director general. Y especialmente a Miguel Giménez Yanguas. Los tres que se desvivieron por salvarme de la destrucción.

Notas:

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  • [1] “El error Berenguer” se publicó en primera página de El Sol el 15 de noviembre de 1930.
  • [2] En sus memorias, Melchor Sáiz-Pardo contrastaba la fiabilidad de la MAN de 1932, que jamás falló, con las dos siguientes, que pincharon en días sonados: el día inaugural de instalaciones el 17 de diciembre de 1985 no hubo forma de echar a andar la máquina. Y la modernísima tercera KB Comet también solía dar problemas, sobre todo de tipo eléctrico.
  • [3] La junta municipal del gobierno, en sesión de 10 de febrero de 1987, aprobó destinar 540.000 pesetas para “desmontar, numerar y trasladar a un almacén la vieja rotativa de Ideal”. El acuerdo fue ratificado en el siguiente pleno.
  • [4] Melchor Sáiz-Pardo así lo publicó el 24 de septiembre de 2012, pág, 5 de Ideal: “Llegamos a la conclusión de que alguna fuerza política municipal no estaba por la tarea de rendir un homenaje al periódico de la Editorial Católica”.
  • [5] Ley 14/2007 de 26 de noviembre (BOJA nº 248/2007). Al cumplir 100 años, esta rotativa pasará al Catálogo Andaluz de Bienes Culturales, Industriales y Etnográficos).
  • [6] En el servicio municipal de Patrimonio no saben nada de la pieza. La mano negra debió darla de baja en algún momento.
  • [7] Ni M. Giménez ni M. Cabrerizo percibieron cantidad alguna, el dinero se destinó a pagar a obreros y transporte. Hicieron un detallado reportaje fotográfico del desmontaje, ya que los planos alemanes desaparecieron en el incendio de 1936. Las fotos sirvieron a Talleres Peligros para volver a montarla en Asegra.

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