Piropos poéticos
ILUSTRES GRANADINOS RECORDADOS EN SUS LÁPIDAS CALLEJERAS

Granada de placa en placa

Ciudadanía - Gabriel Pozo Felguera - Domingo, 30 de Enero de 2022
Gabriel Pozo Felguera nos invita a un singular paseo por Granada para recorrer una ruta de lugares relacionados con la trayectoria vital de algunos ilustres granadinos, en la que no faltan sitios donde, desgraciadamente, aún no se recuerda a otros y otras que serían merecedores de un reconocimiento. Una nueva y excepcional crónica sobre la ciudad, que solo puede ofrecer un maestro del Periodismo.
Placa en recuerdo del Padre Suárez S. J., en la esquina de la Curia.
Placa en recuerdo del Padre Suárez S. J., en la esquina de la Curia.
  • Recorrido por fachadas y homenajes a los lugares donde nacieron, vivieron o murieron unos cuantos personajes destacados de la Historia de Granada

  • La costumbre de colocar placas callejeras como recordatorio fue instaurada por la Comisión de Monumentos en 1867, ha sido secundada después por otras instituciones

La Comisión de Monumentos institucionalizó la costumbre de recordar a los ilustres granadinos con placas en las casas donde nacieron, vivieron o murieron. Desde 1867 y hasta los primeros años del siglo XX perduró su iniciativa. Es una manera de repasar la historia local o los hechos a los que estuvieron ligadas aquellas personas. La mayoría de las lápidas subsisten todavía, algunas visibles y la mayoría sucias o camufladas en lugares en los que poca gente las conoce. Buena parte de los recordatorios están relacionados con gente que tuvo gran presencia mediática en su época. Aquella costumbre está casi olvidada hoy; se les dedican nombres de calles o títulos honoríficos que no trascienden más allá de las actas municipales. Vamos a hacer un recorrido por unas cuantas de las que han logrado sobrevivir en Granada. Advierto que es una selección subjetiva, hay muchísimas más dispersas por la ciudad de las placas.

El joven erudito Manuel Gómez-Moreno Martínez fue el primero, allá por mediado el siglo XIX, que decidió investigar los lugares ligados a las vidas de granadinos destacados a lo largo de los tiempos. La mayoría era gente relacionadas con el mundo de la cultura. En 1867, como resultado de aquellas investigaciones, la Comisión de Patrimonio (copada por historiadores, arqueólogos y escritores) decidió promover homenajes y colocar placas en las casas que quedaban claramente identificadas con las vidas de quienes se pretendía recordar. Instaron al Ayuntamiento a colocar la primera tanda de recordatorios. Obviamente, muchos de los homenajeados no recibieron su correspondiente lápida porque ya no existía lugar, o no se sabía, al que habían estado ligados. Aquella tradición la continuó el Ayuntamiento de manera esporádica; después la Academia de Bellas Artes Virgen de las Angustias; la Asociación de la Prensa; el Arzobispado; las jóvenes generaciones literarias (como el Rinconcillo); la Universidad e incluso promovidas por familiares, amigos o discípulos.

Las placas honoríficas colocadas en fachadas han evolucionado con el tiempo. Las primeras, del último tercio del siglo XIX, eran suntuosas, casi barrocas en algunos casos

Si el primero que identificó las casas relacionadas con personajes fue Gómez-Moreno, le siguió después Antonio Gallego Burín; a éste sucedieron su hijo Antonio Gallego Morell, su alumna Cristina Viñes y varios textos más que han ido completando la relación. La más completa es la publicada por Gabriel García Guardia (Agua, mármol y bronce, CajaGranada, 2002).

Las placas honoríficas colocadas en fachadas han evolucionado con el tiempo. Las primeras, del último tercio del siglo XIX, eran suntuosas, casi barrocas en algunos casos. Combinan placas de mármol con medallones o cabezas vaciadas en bronce. Otras no son placas, sino pedestales de piedra con bustos o cabezas sobre ella. Hasta derivar en placas de mármol blanco o gris, mucho más sencillas. Ya en el siglo XX se optó por darle un toque más granadino, solamente un simple azulejo de Fajalauza. Aunque también hay recordatorios callejeros sumamente lujosos, como es el caso del Padre Suárez en la esquina de la Curia.

La mayoría son recordatorios de hombres, señal inequívoca de la poca presencia o reconocimiento de la mujer y su actividad pública hasta tiempos relativamente recientes

La mayoría son recordatorios de hombres, señal inequívoca de la poca presencia o reconocimiento de la mujer y su actividad pública hasta tiempos relativamente recientes. Recorrer la ciudad mirando las fachadas de las casas donde vivieron quienes nos precedieron, e hicieron algo destacable por esta sociedad, es el modesto ejercicio que propongo en este paseo callejero. Y de paso, provocar que la curiosidad sobre el personaje nos incite a conocer la historia local narrada por los titulares de esas lápidas.

Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán (1453-1515)

Está situada en la plaza de San Juan de la Cruz, en la fachada del convento de Carmelitas descalzas. Fue la última casa en que vivió el ilustre militar de la conquista de Granada y de las guerras de Italia, al servicio de los Reyes Católicos. Se compone de una preciosa escena de piedra que representa la Sagrada Familia, con San José aserrando en su carpintería. Esta parte es más antigua que la placa de homenaje. La casa devino a finales del siglo XVI en convento de carmelitas, en cuya parte trasera se ubicaron las habitaciones donde murió el Gran Capitán. La placa fue colocada por la Comisión Provincial de Monumentos en 1874.

Altorrelieve y placa recordando el lugar donde vivió y murió el Gran Capitán, Plaza de San Juan de la Cruz.

San Juan de Dios (1495-1550)

Joao de Deus, de origen portugués, tuvo prácticamente dedicada a Granada toda su obra religiosa, asistencial y pastoral. Es el segundo “granadino” más biografiado, tras García Lorca. Existe una completa ruta de lugares en la ciudad ligados a su presencia, desde el oratorio del Arco de Elvira donde empezó vendiendo libros, pasando por el Hospital Real donde estuvo encerrado y protagonizó la salvación de enfermos durante el incendio de 1549, hasta la Casa de los Pisa y la gran basílica en la que se le honra en la calle que lleva su nombre. Fue el origen de la orden Hospitalaria de San Juan de Dios. Tiene dos monumentos en bronce, uno al lado del Hospital de San Rafael y otro en los Jardines del Triunfo. Pero existe una placa muy escondida en el edificio que fue su primer hospital: está situada sobre el dintel de la puerta de la calle Lucena, número 10. Hasta hace poco tiempo destacaba por la negrura de su mármol, pero recientemente ha sido pintada del mismo color del rehecho edificio y apenas es visible. Reza así: “En el año 1537 el insigne padre de los pobres San Juan de Dios, fundó en esta casa su primer hospital. El Excmo. Ayuntamiento de Granada acordó la colocación de esta lápida para conmemorar tan notable hecho. 1896”.

Placa casi ilegible en la calle Lucena, 10.

Álvaro de Bazán y Guzmán (1506-1588)

Fue el segundo gran almirante granadino de este nombre. Nació en la zona que hoy es la Plaza Isabel la Católica. Desde 1492 y hasta bien entrado el siglo XIX perteneció a esta familia de conquistadores del Reino de Granada. Prácticamente toda la manzana fue de la familia Bazán, formada por casa solariega, iglesia, convento y tiendas. Álvaro de Bazán fue uno de los granadinos más ilustres por su gran carrera en la Armada; preparó la Armada Invencible, aunque no llegó a capitanearla por su repentino fallecimiento en Lisboa. El Ayuntamiento de Granada le dedicó esta placa y la puso en la esquina del edificio de la calle Reyes Católicos, lugar más aproximado a donde nació. Fue en presencia de sus descendientes, con motivo del IV Centenario de su fallecimiento, en febrero de 1988.

Placa en esquina de Isabel la Católica, edificio de BBVA.

Francisco Suárez de Toledo Vázquez de Utiel y González de la Torre (1548-1617)

Francisco Suárez nació en la casa de la calle Pavaneras (actual archivo de la Real Chancillería), lindera con la Casa de los Tiros, en 1548. Fue religioso jesuita, uno de los más ilustres pensadores del renacimiento granadino. Fue especialista en filosofía del derecho y teología. Publicó infinidad de libros de estas materias. El Ayuntamiento decidió colocarle la placa en el año 1896. Es uno de los pocos granadinos que tienen varios reconocimientos callejeros más; la Curia Eclesiástica le colocó el más suntuoso en el chaflán de la esquina de su edificio, frente a la puerta de la Catedral (en 1917, con motivo del tercer centenario de su muerte); fue esculpido por el tallista José Navas Parejo. El tercer recordatorio al Padre Suárez es en forma de busto de bronce sobre pedestal de piedra, ubicado en el primer patio de la Universidad Literaria (actual Paraninfo y facultad de Derecho).

Placa en Pavaneras, 17, actual Archivo de la Real Chancillería.
Patio de la Facultad de Derecho.

Pedro de Castro Vaca y Quiñones (1534-1623)

Pedro de Castro, como se le conoce comúnmente, ni nació ni murió en Granada. Pero vivió en ella tres grandes periodos de gran importancia histórica. Era natural de Roa (Burgos); se dedicó a la jurisprudencia; en un primer periodo (1562-64) tuvo contacto con Granada al ser encargado como visitador/supervisor de instituciones reales (Hospital Real, Capilla Real, Colegio Real y Universidad). En 1566 fue nombrado oidor de la Chancillería, aunque sin presencia en Granada; hasta que en 1578 fue nombrado presidente de la Chancillería, donde permaneció hasta 1583. A edad madura se había ordenado sacerdote, con lo cual Felipe II decidió ofrecerle varios obispados, que rechazó, hasta recibir el de Granada en 1589. Fue arzobispo de este distrito hasta el año 1610, en que pasó al de Sevilla hasta su muerte, en 1623. Pedro de Castro protagonizó en Granada el descubrimiento de los Libros Plúmbeos, que dieron origen a la Abadía del Sacromonte, costeada en su mayor parte por su fortuna personal. Promovió la defensa del inmaculismo y aceleró la construcción de la catedral de Granada. Tras su fallecimiento, fue enterrado en la Abadía del Sacromonte, junto a sus padres.

Panteón fúnebre de Pedro de Castro en una capilla lateral de la iglesia del Sacromonte.

Pedro Soto de Rojas (1584-1658)

Pedro Soto de Rojas fue poeta y religioso granadino alineado con la escuela literaria de Góngora. Residió en Madrid y en Granada; fue canónigo de la colegiata del Salvador. Muy cerca de ella, en la llamada Casa de los Mascarones, habitó un carmen con extenso jardín y huerto. Entre su abundante producción literaria se encuentra una descripción referida a esta vivienda de origen morisco: Paraíso cerrado para muchos, jardines abiertos para pocos (fragmento de su Paraíso). Su figura fue rescatada e impulsada por la tertulia literaria de El Rinconcillo, a principios del siglo XX. Aquellos jóvenes literatos granadinos colocaron un azulejo en el callejón de entrada al carmen con el siguiente texto: “En esta casa tuvo su paraíso en el siglo XVII el poeta granadino Pedro Soto de Rojas. Julio de 1926”. El huerto y jardín hace tiempo que desaparecieron; la vivienda está puesta en venta en la actualidad.

Casa de los Mascarones, con el azulejo en su memoria colocado en 1926.

Alonso Cano Almansa (1601-67)

Alonso Cano es uno de los granadinos que mayores homenajes callejeros ha recibido. Existe una placa colocada en el edificio donde habitó y murió; otra placa en los pilares de la fachada interior de la Catedral que diseñó; y un busto sobre pedestal en la plaza que lleva su nombre. Nació en la parroquia de San Ildefonso, pero muy joven marchó a Sevilla a aprender al taller de Francisco Pacheco, donde coincidió con Diego Velázquez. Tras su etapa madrileña y por otros lugares de España, acabó centrando su producción pictórica y arquitectónica en Granada. Pintó la decoración de capillas mayores de dos grandes edificios: la desaparecida iglesia del Ángel Custodio (en el solar de la Gran Vía que ocupa hoy la Fiscalía) y en la Catedral. Diseñó la fachada catedralicia, cuya obra no pudo emprender antes de su muerte.

Tuvo estudio durante su etapa granadina en la torre de la Catedral, de la que fue canónigo. Falleció en el edificio de la calle Santa Paula, en la segunda planta de la casa que luce su modesta placa

Tuvo estudio durante su etapa granadina en la torre de la Catedral, de la que fue canónigo. Falleció en el edificio de la calle Santa Paula, 12, en la segunda planta de la casa que luce su modesta placa. Fue mandada colocar por la Comisión de Monumentos en 1867. En los años 40, con motivo de la reordenación de la plaza del Sagrario, fue colocado su busto y rebautizado el espacio como plaza Alonso Cano, en este caso a instancia del alcalde Gallego Burín. Más recientemente, también la Catedral ha colocado una placa de mármol con cabeza exenta de bronce, obra del escultor Ramiro Mejías López. Está colocada en un pilar por dentro del cancel. Cano está enterrado en la cripta de la Catedral.

En la primera planta del edificio de la calle Santa Paula, 12, donde vivió y murió Alonso Cano.
Placa y cabeza de Alonso Cano en el interior de la fachada de la Catedral.

Mariano Álvarez de Castro (1709-1810)

En la calle San Isidro, número 15, existe una placa de un granadino bastante desconocido. Mariano Álvarez de Castro nació en esa casa y fue bautizado en la cercana basílica de las Angustias, pero muy pequeño quedó huérfano y marchó a vivir con unas tías a Soria. Cursó carrera militar hasta alcanzar el grado de brigadier. Desarrolló una importante carrera militar al servicio del rey Carlos IV, bajo las órdenes de Godoy. En 1808, cuando se produjo la invasión francesa, se encontraba de gobernador militar en Cataluña. Defendió valientemente la plaza de Figueras durante varios meses. Al final, claudicó; fue encarcelado y maltratado hasta la muerte, en 1810. Uno de sus sobrinos llegó a ser presidente del Gobierno y eligió el título de Marqués de Gerona, en recuerdo de este militar. El Ayuntamiento de Granada erigió esta placa “en honor del heroico gobernador de Gerona durante el sitio de 1809”.

Mariano Álvarez de Castro, otro ilustre desconocido granadino, en la calle San Isidro.

Francisco Martínez de la Rosa (1787-1863)

En el palacete de la calle de las Tablas números 11 y 13 está hoy la Delegación de Hacienda de la Junta de Andalucía. En esta vetusta casona nacieron dos granadinos ilustres. En la fachada hay colocadas dos placas que les recuerdan. La primera se refiere a Francisco Martínez de la Rosa. Muy pronto se alineó con los liberales y luchadores antinapoleónicos; fue diplomático, diputado y escritor. Fue represaliado en época del absolutismo de Fernando VII. Hasta que con la proclamación de Isabel II fue elegido presidente del Congreso, ministro y presidente del Gobierno. Fue miembro de la Real Academia, en su faceta de literato de amplia producción teatral. Falleció en Madrid en 1862. Esta placa fue colocada por el Ayuntamiento en el año 1867.

A Francisco Martínez de la Rosa, en calle Tablas 11, al lado de la del General Riquelme.

Juan Vázquez Afán de Ribera (1796-1808)

Yendo al barrio Fígares, esquina de las calles Afán de Ribera y Nueva de San Antón también hay dos lápidas que recuerdan a dos ilustres granadinos de la misma familia. En este primer caso se rememora la heroicidad de un niño: Juan Vázquez Afán de Ribera. Era un cadete de sólo doce años que había sido alistado en el ejército por su padre, también militar. Estaba formándose en un batallón de voluntarios de Madrid en 1808. Allí le sorprendió el alzamiento de Daoiz y Velarde contra los ejércitos de Napoleón. Murió en los duros enfrentamientos del 2 de mayo madrileño en el Parque Monteleón. En el año 1908, con motivo del centenario de la sublevación, la Academia Militar de Toledo le rindió homenaje con la colocación de una placa en el Alcázar de Toledo. Poco tiempo después, el Ayuntamiento de Granada secundó la iniciativa.

Bajorrelieve y placa en memoria del cadete Afán de Ribera, muerto en el 2 de mayo madrileño.

Mariana de Pineda Muñoz (1804-1831)

Poco se puede añadir sobre la figura de Mariana Pineda que no esté escrito por Antonina Rodrigo. A la infinidad de homenajes que ha recibido a lo largo de los dos últimos siglos se añadieron estas dos placas en la casa en la que se supone nació, en Carrera del Darro número 9, y la que fue su última residencia, en la calle Águila. En la carrera del Darro es una simple placa, pegada en 2004 con motivo del bicentenario de su nacimiento, en la que dice que era su casa familiar. En cambio, en la calle Águila, 19, no es sólo una placa, sino toda la vivienda la que está dedicada a la heroína liberal ajusticiada en 1831. Alberga desde 2004 el Centro Europeo de Estudios de la Mujer. Además de biblioteca, ofrece un pequeño museo de temática relacionada con Mariana. Aparte de estas placas, también hay que añadir el destacado monumento y la plaza que le honran en la zona céntrica de la ciudad. Los restos mortales de Mariana Pineda están depositados en la cripta de la Catedral.

Casa familiar de Mariana Pineda, en la Carrera del Darro.
Casa Mariana Pineda, el lugar de la calle Águila donde fue prendida para ejecutarla.

José Luis Riquelme y Gómez (1813-1888)

En la misma casa que Martínez de la Rosa también nació José Luis Riquelme, pero en 1813. Encaminó su vida a la carrera militar. Inició sus primeros escarceos en la guerra carlista de 1835, para pasar unos años a Cuba. Allí fue elegido diputado en Cortes. Seguidamente pasó a ser director general del cuerpo de Carabineros. Fue capitán general de Andalucía y de Cataluña, donde falleció. Hombre de considerable fortuna, casó con una cubana que no le iba a la zaga en propiedades. Al no dejar descendencia, legó sus bienes a una fundación que todavía hoy sigue activa patrocinando los estudios de huérfanas de militares.

General Riquelme, en calle Tablas, prácticamente ilegible. Fue colocada en 1896.

Eugenia de Palafox Portocarrero y Kirkpatric (1826-1920)

Más conocida como Eugenia de Montijo, emperatriz de Francia. Nació en una tienda de campaña instalada en el patio de esta casa de la calle Gracia, casi enfrente de la parroquia de la Magdalena. Se debió al miedo a que se derrumbara la casa por la ola de terremotos que padeció Granada en mayo de 1526. De rancia estirpe nobiliaria (Condesa de Baños, Condesa de Teba), muy niña marchó de Granada. Su padre combatió al lado de los franceses en la guerra de la Independencia. Muy pronto se estableció la familia en París e Inglaterra. En 1849, el presidente francés Luis Napoleón Bonaparte se enamoró de ella durante una recepción en el palacio del Eliseo; cuatro años más tarde contrajo matrimonio con él. Fue emperatriz de los franceses cuando su esposo consiguió este título. Ejerció la regencia de Francia y fue muy amada por su pueblo de acogida. Acompañó a su esposo hasta su destronamiento en 1870. Falleció en Madrid en 1920; su cuerpo fue llevado a París, después a Inglaterra, su lugar de exilio, donde fue enterrada junto a su esposo y su único hijo. La placa fue colocada en la tanda de 1867 sobre la fachada pintada de la casa. Sobrevive un tanto anónima y desapercibida.

A la emperatriz Eugenia de Montijo, en calle Gracia, 10.

Manuel Gómez-Moreno González (1834-1918)

Al principio de la calle San José, Placeta de Benalúa, en el Albayzín, está la que fue casa familiar de los Gómez-Moreno. Aquí está la placa de uno de los hombres más ilustres del siglo XIX granadino. Gracias a su trabajo como historiador y arqueólogo se conoce muy buena parte de la memoria de Granada. Se dedicó toda su vida a conservar los restos de las culturas que han pasado por Granada y a investigar todo tipo de saber relacionado con la historia y el arte locales. El resultado fue una de las mejores guías que existen, de la que han bebido las demás que la han seguido. Desarrolló su trabajo en la Comisión Provincial de Monumentos, en la Escuela de Artes y Oficios, en la Escuela de Bellas Artes, etc. Se le considera el origen de los museos arqueológicos y bellas artes. En suma, es de los granadinos más citados por los investigadores en los campos de la arquitectura, el arte y la historia. En esta misma casa nació su hijo, de iguales o superiores cualidades. La placa fue colocada por su admirador Gallego Burín en 1948. También en esta casa estuvo puesta, hasta 1972, otra que recordaba a su hijo.

Manuel Gómez-Moreno, padre, en la que fue su casa por debajo de la iglesia de San José.

Antonio Joaquín Afán de Ribera y González de Arévalo (1834-1906)

Se trató de un juez y escritor costumbrista de los más populares en su momento, segunda mitad del siglo XIX y primeros años del XX. Formaba parte de la Cofradía del Avellano, con el apodo de Gaudente el Viejo. Publicó en la prensa local de su época, especialmente en La Alhambra y El Defensor de Granada. Dio a la imprenta más de una docena de libros de tinte local, sobre todo de tradiciones, leyendas, costumbres, fiestas populares, etc. También fue autor teatral reconocido; se atrevió incluso con libretos de zarzuela. Nació en la casa número 22 de la calle San Miguel Baja, el mismo lugar que su antecesor el cadete del 2 de mayo. A esta calle le fue modificado el nombre para recordar la figura de Antonio Joaquín.  También fue colocada la placa en su recuerdo el mismo año de su fallecimiento.

Antonio Joaquín Afán de Ribera, en el número 22 de la calle a la que dio nombre.

Mariano Fortuny y Marsal (1838-1874)

En una esquina de la plaza del mismo nombre, casi disimulada entre el abundante cableado, se puede ver una placa que recuerda la estancia del pintor y anticuario catalán Mariano Fortuny. Ni nació en Granada ni murió aquí, pero reflejó sus paisajes en varias de sus obras. También trapicheó con obras de arte que exportó hacia otros destinos nacionales y extranjeros. El pintor reusense se instaló en la casa donde está la placa durante un breve periodo de 1870-72. También vivió dentro del recinto de la Alhambra, donde nació su hijo Mariano Fortuny Madrazo. El año de su muerte, 1874, el Ayuntamiento le dedicó la placa a tan ilustre pintor por haber dado a conocer el colorido y la luz de la ciudad en sus obras.

En la casa que habitó Mariano Fortuny, en la plaza que lleva su nombre.

Ramón Maurell y López (1844-1923)

Ramón Maurell nació en una casa que existió adosada a la quba del Cuarto Real de Santo Domingo, concretamente en el número 1 de la Cuesta del Cuarto Real. Esta vivienda fue demolida hace unos años y todavía continúa en obras su solar. Conocemos la placa por una publicación de Antonio Gallego Morell en la Revista del Centro de Estudios Históricos de Granada y su Reino; es de suponer que se guarda en el depósito del Ayuntamiento para su oportuna reposición. Algún día. Maurell y López estudió ingeniería en Madrid; pronto se alineó con ideas republicanas, lo que le costó más de un disgusto y su destierro a Huelva, París y Londres. De regreso a Granada, participó en la organización del Cantón Granadino de 1873, la creación de la Asociación La Obra, en los trabajos de la Gran Vía. Militó en movimientos republicanos y socialistas. Pero sobre todo se caracterizó por su preocupación por implantar un sistema de aguas potables en la ciudad de Granada. En 1908 elaboró uno de los proyectos más completos de captación y redes. Estuvo muy ligado a los medios de comunicación local, lo que le sirvió que la Asociación de la Prensa le dedicara la placa en la que fue su casa natal.

Placa de Ramón Maurell, retirada de la que fue su casa junto al Cuarto Real de Santo Domingo.
Solar donde estuvo la casa de Ramón Maurell, eliminada hace pocos años para restaurar la Quba y la muralla.

Andrés Manjón y Manjón (1846-1923)

Andrés Manjón es otro ilustre granadino de adopción. De los que dejó gran huella y recuerdo en la ciudad de Granada al crear las Escuelas del Ave María. Llegó a Granada en 1880 al ganar la cátedra de Disciplina Eclesiástica en la Universidad de Granada. En 1886 se ordenó sacerdote y ya no abandonaría nunca esta ciudad. Impulsó la educación de las clases más desfavorecidas, primeramente, en el Sacromonte y Albayzín, para ir extendiendo sus colegios al resto de la ciudad. Se preocupó por aplicar las nuevas técnicas en el campo de la educación. Antes de su muerte, en 1923, había conseguido extender su peculiar manera de enseñar a la mitad de España y varios países hispanoamericanos. Su funeral supuso la mayor concentración de personas en Granada durante la década de los años veinte. Son varios los recuerdos que le dedica la ciudad, desde un Paseo, un patio y un aula con su placa en la Facultad de Derecho y el busto sobre pedestal al lado del Darro. El relieve de la Universidad fue modelado por el escultor Juan Cristóbal, en 1920; el del Paseo de los Tristes es una réplica en bronce del tallado en piedra por Manuel Roldán de la Plata y colocado por el Ayuntamiento en 1989 con motivo del primer centenario del Ave María.

Pedestal y cabeza a Andrés Manjón, en el Paseo de los Tristes.

Luis Seco de Lucena Escalada (1857-1941)

Este gaditano, descendiente de militares, enfocó pronto su vida al periodismo en Sevilla. Cuenta en sus memorias cómo un día su madre, viuda, decidió trasladarse a vivir a Granada que era mucho más barata que la capital hispalense. En 1880 fundó el periódico El Defensor de Granada con la ayuda de un socio capitalista. Consiguió salir adelante en medio de una eclosión de diarios y revistas que crecían como setas y se marchitaban como este hongo. Supo hacer de El Defensor el periódico de referencia en el tramo final del siglo XIX y hasta 1936. Seco de Lucena lo fue todo en el diario hasta que lo vendió a la Sociedad Editorial de España. Promovió infinidad de campañas de defensa o promoción de los intereses granadinos, siempre desde una óptica progresista y republicana. El Defensor fue el foco cultural que alumbró Granada durante los 56 años que se mantuvo en pie. Su fundador, ya en segunda línea, dedicó tiempo a investigar y escribir sobre asuntos históricos y arqueológicos de Granada. Estuvo muy ligado a la Alhambra, al Ateneo y a la Comisión de Monumentos. El Ayuntamiento rebautizó la calle Campanas de Santa Escolástica con el nombre de su hermano, Francisco, fallecido prematuramente en 1904. En esta calle tuvieron su casa los Seco de Lucena, en cuya fachada fue colocado un azulejo recordándolo. No obstante, el mejor recuerdo a su labor es el hito colocado en la calle San Matías, justo en el solar donde tuvo su sede El Defensor en la recta final de su existencia. Ahí se homenajea también al último director de este periódico, Constantino Ruiz Carnero, fusilado por los golpistas en agosto de 1936.

Luis Seco de Lucena, en la puerta de la que fue su casa, en la calle que lleva su apellido.

Ángel Ganivet García (1865-98)

En el número 13 de la calle San Pedro Mártir no hay ninguna placa que recuerde el nacimiento de Ángel Ganivet en esta casa. Quienes le biografiaron aseguran que nació aquí, en un molino que había junto a su acequia que pasaba por esta calle, el 13 de diciembre de 1865. Pero no ha quedado rastro alguno de la lápida, si es que existió. Muy pronto se fue a vivir al molino de su abuelo, ubicado en la Cuesta de los Molinos, al lado de por dónde discurría la Acequia Gorda, hoy entubada en todo ese tramo. Ángel Ganivet, además de diplomático, dejó una extensa producción bibliográfica antes de suicidarse en plena juventud. Es, junto a Miguel de Unamuno, uno de los pensadores que anunciaron la Generación del 98. La lápida es obra de Pablo Loyzaga, en 1900.

A Ángel Ganivet, en la fachada de la aceña que fue de su familia, en la Cuesta de los Molinos.

José María Rodríguez-Acosta González de la Cámara (1878-1941)

La placa en recuerdo de este magnífico pintor está en un lugar de los más transitados y la que pasa más desapercibida. Está colocada en la fachada de la casa que fue Banca Rodríguez-Acosta, Gran Vía 14-A, en cuyos pisos superiores vivió y falleció el segundo de los hijos del conocido banquero. La lápida está tan sucia que parece una piedra más del edificio, ennegrecida por el hollín del tráfico. Inició su aprendizaje en la pintura de la mano de Larrocha y de Cecilio Pla. Después la completó en Madrid. Su desahogada economía le permitió viajar por el mundo y conocer los principales museos. En 1914 se embarcó en la construcción del estudio-museo conocido como Carmen Blanco o Museo Rodríguez-Acosta, en la Antequeruela. Ese fue el gran proyecto durante la segunda mitad de su vida. Y su gran legado. Es uno de los mejores retratistas de la pintura realista granadina contemporánea.  El letrero fue colocado por la Academia Virgen de las Angustias con motivo del centenario de su nacimiento. En la actualidad el edificio está en fase de remodelación para albergar un hotel de cinco estrellas; es de esperar que la placa gane en el cambio.

Gran Vía 14-A, sobre la fachada de la Banca Rodríguez-Acosta, donde vivió y murió el pintor José María Rodríguez-Acosta.

Fernando de los Ríos Urruti (1879-1949)

Fernando de los Ríos es otro ilustre granadino que no nació ni murió en Granada, pero que desarrolló aquí la parte troncal de su vida profesional. Vino a Granada al aprobar una cátedra en la Facultad de Derecho, en 1911. Se implicó plenamente en la vida social y cultural de Granada, siempre desde postulados progresistas y plenamente discrepantes del modelo de escuela que había implantado Andrés Manjón. En 1919 se afilió al Partido Socialista, donde ocupó cargos orgánicos y representativos al más alto nivel. Fue diputado, ministro durante la II República, embajador en Estados Unidos durante la guerra civil y profesor en el exilio americano. Es la persona de referencia del socialismo granadino, también del PSOE a nivel nacional. Fue el gran maestro y protector de Federico García Lorca. Como pensador, alcanzó niveles que todavía se admiran en el mundo del Derecho. Falleció en 1949 en Nueva York; su recuerdo estuvo prácticamente condenado al olvido durante el franquismo. Sólo en época democrática se le dedicó una calle en Granada y este busto sobre pedestal en el Jardín Botánico de Derecho, donde solía pasear con los alumnos. Lo promovió el Grupo Socialista del Congreso de los Diputados, en 1981. El cadáver de De los Ríos fue repatriado al cementerio civil de Madrid, en 1980.

Fernando de los Ríos, en el Jardín Botánico de la Facultad de Derecho.

Mariano Bertuchi Nieto (1884-1955)

En la angosta y escondida calle Escutia del barrio del Realejo nació Mariano Bertuchi. Una lápida gris de mármol y coqueto medallón recuerdan a este pintor de la luz y de escenas costumbristas. Fue colocada a instancias de la Escuela de Artes y Oficios y del Ayuntamiento, en 1956. Bertuchi consiguió empleo como funcionario en el Protectorado Español de Marruecos, donde vivió la mayor parte de su vida enfrascado en proyectos de promoción cultural y cuidado del patrimonio histórico. Sus obras se caracterizan por una primera etapa de romanticismo orientalista, para ir evolucionando a un estilo muy seguidista de Mariano Fortuny. Fue un pintor muy popular en el franquismo, al que regaló infinidad de escenas de tipo colonial y militar al gusto de los vencedores. Su figura no está suficientemente reconocida en su ciudad natal, así como tampoco abundan sus obras. Su placa en la casa donde nació, obra de Antonio Martínez Olalla, lleva tiempo medio oculta por el andamiaje de unas obras.

Mariano Bertuchi, tras el andamio en la calle Escutia.

Antonio Gallego Burín (1895-1961)

Continúa siendo considerado EL ALCALDE del siglo XX. Con mayúsculas, a pesar de sus sombras políticas que le ligan al golpe de estado y al franquismo. Fue el corregidor de Granada desde 1938 hasta 1951, con un breve paréntesis en 1942. Estudiante y profesor destacado y de prestigio, estuvo en todos los proyectos culturales desde muy joven. Desde el Centro Artístico a publicaciones, sin olvidarnos de la vanguardia literaria de El Rinconcillo. Gran investigador y estudioso de la historia y el arte de Granada. Publicó varias decenas de libros, el más importante su Guía de Granada, una actualización de la que medio siglo antes había editado Manuel Gómez-Moreno. Fue el reformador del urbanismo granadino durante su mandato. Su legado está muy vigente en las calles y plazas de la ciudad. La Real Academia de Bellas Artes de Granada decidió, en 1978, recordarle con una placa en la fachada de su casa “por ser el alcalde que con más acierto veló por la Granada artística”. En la Plaza de Santa Ana, tras el Pilar del Toro. Es una de las lápidas que más luce por su buena ubicación y el contraste del mármol blanco sobre el fondo encarnado de la pared. El Ayuntamiento también quiso recordarle con una estatua; la encargó y pagó al escultor Miguel Moreno Romera, pero continúa sin recoger en el jardín del estudio de Santa Fe. Ninguna de las corporaciones municipales del último cuarto de siglo ha decidido instalarla en un rincón de la ciudad. Gallego Burín es el único alcalde que es recordado con placa por el Ayuntamiento al que dedicó sus esfuerzos. A lo sumo, algún otro primer edil da el nombre a una calle.

Al alcalde Gallego Burín, tras el Pilar del Toro en Plaza de Santa Ana.

Joaquina Eguaras Ibañéz (1897-1981)

Esta vasca de nacimiento fue traída a Granada tan sólo con dos años. Tuvo el mérito de ser la primera mujer que entró a estudiar en la Facultad Literaria de Granada. Había obtenido previamente el título de Magisterio, maestra de niñas como se decía entonces, que solía ser habitual. Pero su entrada en la Facultad de Letras causó asombro, en 1918. Acabó con unas notas excelentes, que le valieron la oferta de ser contratada como primera profesora de esta Facultad, en 1925. Cinco años después opositó al cuerpo de archiveros, bibliotecarios y arqueólogos; consiguió el puesto de directora del Museo Arqueológico Provincial, que precisamente había puesto en marcha Gallego Burín. Aquí permaneció el resto de su vida. La ciudad de Granada rememora su nombre con uno de los bulevares más grandes, en la zona norte; en una de sus rotondas centrales colocó una cabeza sobre un pilar cuadrado de piedra. Lo erigieron el 8 de marzo de 2005.

Cabeza y pedestal a Joaquina Eguaras, en la rotonda central del bulevar que lleva su nombre.

Manuel Benítez Carrasco (1922-1999)

Poeta y rapsoda por excelencia. Albayzinero como los que más. Nació en la casa parroquial del Salvador, en cuya fachada fue colocada una placa poco después de su muerte. También hay un azulejo ubicado justo enfrente, en la casa donde vivió desde los tres hasta los nueve años. Manuel Benítez Carrasco fue un poeta popular de enorme calidad como recitador y trovador, al más puro estilo medieval. Sus versos y recitales los convirtió en un espectáculo de masas allá por donde iba; estuvo muchos años en Suramérica. También en Madrid. Consiguió vivir de componer y recitar versos en pleno siglo XX. Llenó infinidad de teatros con sus versos. Su popularidad no ha sido reconocida por los escolásticos de la literatura española; no le han considerado acreedor para figurar en los libros de texto.

Lápida en recuerdo de Benítez Carrasco sobre la fachada de la iglesia del Salvador, donde nació en 1922.

Médicos en la Facultad de Medicina antigua

Los médicos más famosos de Granada tienen dedicado todo un barrio, el de Doctores, en la zona que ha sido hasta hace poco tiempo la de la Medicina y los hospitales. En la que fue Facultad de Medicina desde 1944 hasta 2016 (hoy Espacio V Centenario) hay colocadas varias placas, bien individuales bien colectivas, que les recuerdan. Han sido instaladas por la Real Academia de Medicina o antiguos alumnos o la propia Facultad. Allí se encuentran los nombres de Ibn Al-Jatib (médico del periodo musulmán), Federico Olóriz (descubridor de las huellas dactilares y antropólogo), Santiago López Argüeta, Mariano López Mateos, Maestre de San Juan (precursor de la Histología), José Pareja Yévenes, Juan Creus y Manso, Landázuri, Miguel Guirao Gea, etc. También le fue colocada otra a su hijo Miguel Guirao Pérez, de tanta o más fama que su padre. Al lado de esta galería de médicos sobresalientes ha sido inaugurado recientemente un coqueto museo de la Medicina.

Estudiantes famosos en la Universidad

En el Paraninfo de la Universidad fueron colocando a lo largo del siglo XX una serie de placas que recuerdan a estudiantes no granadinos, pero que cursaron aquí estudios y después tuvieron un papel sobresaliente en la historia social y política de España. Aquí podemos ver la de Francisco Giner de los Ríos (fundador de la Institución Libre de Enseñanza), Blas Infante (al que muchos consideran padre de la patria andaluza), Nicolás Salmerón (presidente de la I República), Niceto Alcalá-Zamora (presidente de la II República), etc.

Placas que no están, pero se las espera

La costumbre de colocar placas recordatorias de personajes en casas de nacimiento, vivencia o fallecimiento se ha ido perdiendo con el tiempo. El crecimiento desmesurado de la ciudad en las últimas décadas ha ofrecido infinidad de calles y callejones para rotularlas con nombres de granadinos más o menos ilustres; incluso hay barrios enteros (el de los Periodistas, por ejemplo) en el que hay nombres que apenas dejaron huella más allá de las páginas en que escribieron. Algo parecido pasa con algunos políticos o hechos, que cuentan con nombres de calle porque el alcalde de turno así lo decidió. De todas formas, unos rotulan y quienes les suceden des-rotulan. Varios nombres de políticos y militares del siglo XIX han desaparecido después del callejero. Incluso la de José Zorrilla (Mesones), bautizada artificialmente en 1889.

Se echan en falta algunos nombres de ilustres granadinos que cantan demasiado. El primero, Federico García Lorca; dos de las tres casas en las que vivió en Granada (Acera del Darro y Acera del casino), ya no existen). Sólo la de la Gran Vía, y aquí residió muy poco tiempo

No obstante, se echan en falta algunos nombres de ilustres granadinos que cantan demasiado. El primero, Federico García Lorca; dos de las tres casas en las que vivió en Granada (Acera del Darro y Acera del casino), ya no existen. Sólo la de la Gran Vía, y aquí residió muy poco tiempo. Al menos tiene una escultura en el bulevar de la Constitución.

En mi opinión, la más destacada de las faltas es la de Diego de Silóe; fue el autor del proyecto de Catedral de Granada, que levantó en buena parte hasta su muerte en 1563; también de la iglesia de San Jerónimo. Su casa estuvo ubicada en lo que hoy es el asfalto de Gran Vía, cerca de la calle de la Cárcel. Desapareció con la apertura de la Avenida y ya no ha habido oportunidad de colocarle placa en su fachada. Peor aún fue lo ocurrido con su lugar de enterramiento: fue sepultado en la primera capilla de la iglesia de Santiago, pero en la revolución La Gloriosa (1868) fue expoliada la parroquia y dispersados sus huesos. Alonso Cano, con ser sólo el proyectista de la fachada catedralicia y pintor de los cuadros de la capilla mayor, se ha quedado con todos los premios.

Eudoxia Píriz Diego (1893-1980) tampoco es recordada ni por la ciudad ni por el colectivo médico. Fue la primera mujer que se licenció y trabajó como médica en Granada

Eudoxia Píriz Diego (1893-1980) tampoco es recordada ni por la ciudad ni por el colectivo médico. Fue la primera mujer que se licenció y trabajó como médica en Granada. Fue alumna y ayudante del catedrático de Ginecología Alejandro Otero, tanto en la clínica universitaria, en el Hospital Provincial y en La Salud. En 1936 fue represaliada por ser alumna del catedrático socialista, de manera que intentó poner consulta en su casa de la Avenida de Murcia, número 30. Allí atendió lo que pudo y lo que le dejaron. Vivió un exilio interior, al margen del colectivo médico, hasta su fallecimiento en 1980. La fachada de la casa donde tuvo su consulta está huérfana de su recuerdo. Al menos le colocaron una placa con su nombre a una calle.

Avenida de Murcia, 30, habitación de la izquierda según se entra. Ahí vivió su exilio interior la primera mujer médico de Granada, entre 1936 y 1980.

Melchor era más 'granaíno' que la Tarasca; nació en la calle Reyes Católicos, en la cuarta planta del Edificio que hace esquina con calle Salamanca. Ahí es dónde alguno de los colectivos de periodistas, la ciudad o la empresa que consiguió mantener a flote deben pegar la placa con su recuerdo

El periodista que mayor periodo ha dirigido un diario en Granada fue Melchor Sáiz-Pardo Rubio (1944-2019). Estudió Filosofía y Letras y Periodismo. Ejerció en Madrid y Roma, antes de asentarse definitivamente en su ciudad para conducir el periódico Ideal en un delicado periodo de la historia reciente. Un periódico católico, marcadamente franquista, consiguió sobrevivir a un periodo en el que otros diarios provinciales similares desaparecieron. Condujo Ideal desde 1972, en los estertores de la Dictadura, la Transición y lo consolidó en la Democracia. Fue el director más joven de su época (con sólo 28 años). Supo vadear una difícil situación política, con mano izquierda y destreza, e ir adaptándolo a los tiempos. Hombre de gran cultura, sensibilidad y reconocimiento social. Ninguno de los directores de diarios granadinos ha permanecido tanto tiempo ligado a la dirección de un periódico. Melchor era más granaíno que la Tarasca; nació en la calle Reyes Católicos, en la cuarta planta del Edificio que hace esquina con calle Salamanca. Ahí es dónde alguno de los colectivos de periodistas, la ciudad o la empresa que consiguió mantener a flote deben pegar la placa con su recuerdo.

En la última planta del edificio de la esquina nació Melchor Sáiz-Pardo Rubio.

También se echa en falta el recuerdo de Juan Latino (ca. 1518-1596-99); se movió en la zona de la Universidad Literaria y habitó al lado de la iglesia de Santa Ana; incluso estuvo enterrado en la cripta de esta iglesia, pero hoy no queda rastro de él

No hay domus ni edificios romanos sobre los que colocar placas-recordatorio de los granadinos-romanos de hace dos mil años. Aunque los hubo para recordar; el más importante de todos el senador Publio Cornelio Anulino. Tampoco del periodo judío, tan esencial en los orígenes de una ciudad a la que dieron su nombre (Garnata Al-Yehud); algo similar ocurre con el periodo islámico. Pocos monumentos o placas recuerdan las brillantes etapas zirí y nazarí. Hay nombres a mansalva (Nagrela, Alhamar, Mohamed V…) Al menos algunas calles llevan sus nombres, a falta de identificación clara de casas ligadas a ellos. Sólo existe el monumento a Boabdil. También se echa en falta el recuerdo de Juan Latino (ca. 1518-1596-99); se movió en la zona de la Universidad Literaria y habitó al lado de la iglesia de Santa Ana; incluso estuvo enterrado en la cripta de esta iglesia, pero hoy no queda rastro de él. Fue el primer negro, de origen esclavo, que llegó a ser catedrático de una universidad en todo el mundo, la de Granada.

A falta de judería, al menos la estatua de Yehudá Ibn Tibón (1120-ca. 1190) recuerda que por ahí empezaba el barrio de los hebreos llegados a Ganada tras la diáspora del siglo I. Sufrieron diversas expulsiones y persecuciones: pogromo de 1066, huida a Aragón tras la cruzada de Alfonso el Batallador (1126) y expulsión de los Reyes Católicos de 1492. Una plaquita en la calle Santiago, en la fachada de la Corrala, recuerda mínimamente que, en este barrio, en Granada, convivieron en otro tiempo tres culturas que hoy no se soportan.

Placa en la Corrala de Santiago.
NOTA: En este recorrido muy personal no son todos los que están ni están todos los que son. Pero es lo que hay. Es una lista abierta a la que cada uno puede, y debe, añadir y quitar nombres…

Algunos reportajes de Gabriel Pozo Felguera relacionados con esta información, que la complementan, por si no tuviste la oportunidad de disfrutarlos o quieres volver a hacerlo: