'Constantino Ruiz Carnero, un periodista asesinado por buscar la verdad y ser valiente para contarla (II)'

Constantino Ruiz Carnero se comprometió en política por Izquierda Republicana y llegó a ser alcalde de la ciudad de la Alhambra. Pero su verdadera vocación era la de periodista y por eso logró hacer de El Defensor de Granada el gran periódico de los granadinos con el que creó un estado de opinión favorable a las libertades democráticas, representadas por la República. Pocas veces ha tenido Granada un periodista tan comprometido con la verdad y tan valiente para contarla. Y así lo demostró en las páginas de El Defensor de Granada. El 15 de abril de 1931, recién proclamada la República, Constantino justificaba así la caída de la monarquía:
“El régimen caído no podía vivir en un ambiente de ciudadanía y de libertad, vivía de la violencia del poder público, del apoyo de los intereses creados. Necesitaba falsear elecciones, amordazar a la prensa, coaccionar la libertad de pensamiento, satisfacer la torpe ambición de los caciques y reprimir sangrientamente toda expresión del sentimiento público. Con él desaparece el inmenso enjambre de parásitos que depauperaba el erario público”. (El Defensor, 15-4-31)
Luchaba de la única forma que sabe hacerlo un periodista: escribiendo, y en su caso con ironía
Desde las páginas de El Defensor, Constantino denunció los abusos de terratenientes y caciques, y las conspiraciones contra el gobierno republicano salido de las urnas. Luchaba de la única forma que sabe hacerlo un periodista: escribiendo, y en su caso con ironía. Algo que nunca le perdonaron sus enemigos, que respondían a las palabras con puñetazos y con balas. Su sobrino Jesús Fuster Ruiz fue testigo de la agresión que sufrió por parte de Francisco Rodríguez, dirigente de Acción Popular, acompañado por un matón, que allanaron y golpearon violentamente al periodista en su casa de la Acera del Darro; pero Ruiz Carnero no se dejó intimidar y siguió escribiendo.
Constantino hizo siempre un periodismo comprometido con la igualdad, la justicia social y la libertad
Constantino hizo siempre un periodismo comprometido con la igualdad, la justicia social y la libertad. Capaz de abrir las mentes de los granadinos e impulsar un pensamiento crítico, para crear la nueva sociedad que vendría con la República. Pero no se limitó a ejercer de periodista, adquirió también un compromiso político que le llevó a ser alcalde de la ciudad. Una crónica de El Defensor de Granada recogió el solemne acto en el Ayuntamiento:
“El salón de sesiones estaba abarrotado de público que vitoreaba a la República y daba mueras al fascismo. El primer teniente de alcalde, Constantino Ruiz Carnero, que actuó de presidente interino, entró poco después en el salón de Cabildos, acompañado de los ediles. El público le hizo un entusiasta recibimiento”.
Y como alcalde en tiempos de crisis y convulsión, Ruiz Carnero pronunció un discurso histórico que todavía se recuerda en Granada:
“Señores concejales, pueblo granadino: sin más autoridad que la de ocupar interinamente este cargo, yo quiero dirigir un saludo emocionado a Granada… Ha quedado restablecida la legalidad republicana con el triunfo del pueblo… En este momento, yo no quiero pronunciar más que palabras de paz y de orden. Yo recomiendo mucho orden y serenidad. En este momento solemne, decimos a la ciudad que aquí estamos para defender sus intereses, para ocuparnos de sus problemas y para procurar su engrandecimiento”.
A través de este discurso, intuimos que ya existe un movimiento conspirativo contra la joven República que ni siquiera ha cumplido cinco años
A través de este discurso, intuimos que ya existe un movimiento conspirativo contra la joven República que ni siquiera ha cumplido cinco años. La llamada de Constantino al orden y a la serenidad hace pensar que el periodista y alcalde está informado sobre el malestar de los militares y es consciente de que hay ruido de sables en los cuarteles. Sabe que cualquier manifestación popular, por muy legítima que sea, puede ser utilizada por los conspiradores para acusar a la República de caos y desorden, y asestar un golpe letal al gobierno salido de las urnas. Y no le falta la razón, porque apenas cinco meses después de aquel memorable discurso, los militares golpistas traicionan su juramento de lealtad al orden constitucional, deshonran su uniforme e imponen un estado de terror que ensangrentó las calles de nuestra ciudad.
La primera acción de los militares golpistas, el 20 de julio de 1936, es cerrar El Defensor de Granada, el diario que, bajo la dirección de Ruiz Carnero, había defendido los valores democráticos de la República. Una semana más tarde, detienen a su director que es internado en la Prisión Provincial, convertida en un campo de concentración y exterminio.
La antigua cárcel llega a ser un corredor de la muerte para más de 2.000 presos políticos que esperan su trágico destino en duras condiciones de humillación y hacinamiento
La antigua cárcel llega a ser un corredor de la muerte para más de 2.000 presos políticos que esperan su trágico destino en duras condiciones de humillación y hacinamiento. Y ante los bombardeos de la aviación republicana, los militares golpistas toman represalias y fusilan a 10 presos por cada víctima de estos bombardeos. Una de las bombas cae por error cerca de la Alhambra, no causa daños en el monumento, pero los golpistas la utilizan para hacer propaganda contra “los rojos que no respetan la cultura ni el gran símbolo de Granada”. El terror se apodera de la prisión. En su desesperación, hay presos que sacan fuerzas y entereza para escribir la última carta de despedida a esposa e hijos, antes de ser fusilados.
En la carta apelan a la “caballerosidad de los militares españoles”, en un intento tan desesperado como inútil de ganarse la clemencia de los golpistas
Y en un intento de salvar la vida, destacados presos políticos escriben una carta desde la cárcel, que envían al diario Ideal para condenar públicamente los bombardeos republicanos. Entre los firmantes, no está Constantino Ruiz Carnero. Mala señal. En la carta apelan a la “caballerosidad de los militares españoles”, en un intento tan desesperado como inútil de ganarse la clemencia de los golpistas. Los presos políticos expresan así su indignación:
“Nuestro dolor ha llegado a su colmo cuando por la prensa de esta mañana nos hemos enterado del imperdonable atentado artístico que supone el bombardeo de la Alhambra, el más inapreciable tesoro de Granada, y de las víctimas producidas”.
Pero los golpistas ni son caballeros, ni tendrán clemencia, y seguirán fusilando.
En el caso de Constantino, un permiso carcelario, concedido a la familia a última hora, nos permite saber que el 6 de agosto de 1936 aún vivía. Este importante documento ha llegado a nosotros gracias a su sobrino Jesús Fuster Ruiz, ya fallecido.
Ilustración de José Manuel Vigueras.
La muerte del periodista fue especialmente trágica. Según testigos, un guardia de la prisión le golpeó brutalmente con la culata del fusil en la cabeza, provocándole un traumatismo cráneoencefálico. Cuando lo llevaron a la tapia del cementerio para fusilarlo, ya había muerto
La muerte del periodista fue especialmente trágica. Según testigos, un guardia de la prisión le golpeó brutalmente con la culata del fusil en la cabeza, provocándole un traumatismo cráneoencefálico. El golpe le destrozó las gafas y numerosas púas de vidrio se le clavaron en los ojos. Estuvo agonizando durante horas, porque le negaron la asistencia de un médico. Cuando lo llevaron a la tapia del cementerio para fusilarlo, ya había muerto. A pesar de todo, sus verdugos ataron el cuerpo de Ruiz Carnero a un poste y fusilaron su cadáver, según el investigador Agustín Penón. El culatazo que le dieron en las gafas fue, sin duda, una agresión premeditada y simbólica, porque Ruiz Carnero había visto y contado demasiadas cosas. Había sido un observador crítico y un articulista implacable con terratenientes y caciques, a lo largo de más de veinte años de profesión.
He seleccionado dos ejemplos para hacernos una idea del fanatismo que caracterizó a los fascistas granadinos. Uno es la carta que el abogado José María Bérriz, escribió a los Rodríguez Acosta cuando estaban de vacaciones en Estoril (Portugal). La carta decía así:
“El Ejército quiere extirpar la raíz de la mala planta que se comía a España. Y creo que lo va a conseguir. Funcionan día y noche los juzgados militares y las penas son severísimas. Intelectuales frescos, cursis y danzantes se tendrán que apretar los pantalones bien para enrolarse en los partidos revolucionarios…Ya están fusilados Manuel Fernández Montesinos, Comino, Maximiliano Hernández, el Dr. Mejías, Palanco, Villoslada, Alvarez Salamanca y el maestro pintor Ramírez Caballero; y otros más desconocidos de vosotros”.
Y otro ejemplo, un discurso del que fuera alcalde de la dictadura, Antonio Gallego Burín, que había participado en las célebres tertulias de los años 30. Gallego Burín se destapó en 1938 como un infiltrado en aquellas tertulias y llegó a confesar lo que pensaba de verdad sobre Federico García Lorca, Manuel de Falla, Fernando de los Ríos o Constantino Ruiz Carnero a quienes llamó intelectuales tarados:
“Las despreciables tertulias que presidieron en casinos y corrillos el proceso de nuestra decadencia. Tertulias dedicadas, en la cortedad de los intelectuales tarados y en la escasez de solvencia, a la tarea demoledora y antipatriótica de manchar la honra ajena y de socavar el prestigio de las personas y de las instituciones”.
Tribunal de Responsabilidades Políticas contra Ruiz Carnero
Tres años después del crimen, el régimen franquista puso en marcha una farsa judicial y movilizó nada menos que a siete jueces y seis secretarios judiciales para acusar al periodista de un delito contra la Ley de Responsabilidades Políticas, del 9 de febrero de 1939, que le aplicó con carácter retroactivo, vulnerando las normas más elementales del Derecho. Los jueces Santolalla, Manzaneda y Villoslada deshonraron la toga para ponerse al servicio de una dictadura sanguinaria, representando una farsa judicial sin garantías jurídicas.
Estos magistrados pidieron informes, pero no para investigar la desaparición del periodista, sino para hacer una acusación oficial contra un desaparecido que ni siquiera podía defenderse.
La Policía informó que Ruiz Carnero fue pasado por las armas por ser antipatriota y pertenecer al funesto Frente Popular.
Falange Española lo acusó también de pertenecer a la masonería y ser inmoral.
La Guardia Civil señaló que Ruiz Carnero era extremadamente antirreligioso y hacía propaganda revolucionaria desde El Defensor de Granada.
Y el cura párroco de la Basílica de las Angustias, José Fernández Arcoya, también destacó su ateísmo y añadió que hacía campaña izquierdista en El Defensor de Granada.
Con estos informes, el juez Álvarez Manzaneda pretendía acusar a Constantino Ruiz Carnero nada menos que de ser autor moral de los actos de “violencia marxista” cometidos en la ciudad antes del golpe militar, sin duda la acusación más grave en su expediente de responsabilidades políticas, en un vano intento de justificar el asesinato del periodista.
Eran magistrados que convirtieron la libertad de expresión y el derecho a la información en actos delictivos, sancionados con “pérdida total de bienes”
Eran magistrados que convirtieron la libertad de expresión y el derecho a la información en actos delictivos, sancionados con “pérdida total de bienes”. Magistrados que consideraban como “agravante” el hecho de que Ruiz Carnero hubiera sido director de El Defensor de Granada, diario que influyó en la opinión pública para lograr el voto mayoritario y favorable a la instauración de la República. Jueces que admitían como cargos contra el inculpado el simple hecho de haber sido concejal y alcalde por Izquierda Republicana o de pertenecer a la masonería. Es decir, jueces que deshonraron la toga, pues nunca investigaron la muerte y desaparición del periodista.
Un ejemplo de los artículos satíricos de Ruiz Carnero, que tanto molestaron a la derecha, lo encontramos en la sección “Retablillo” de El Defensor de Granada. Constancio decía así:
“Y del diputado semi-obrero ¿qué hay? El señor Ruiz Alonso se ha perdido de la actualidad. Mientras en Madrid duerme las siestas en un magnífico piso con portero de galones, enfundado en su pijama de seda auténtica como un jornalero cualquiera, aquí los granadinos nos pasamos la vida suspirando tiernamente en espera de que algún día se despierte don Ramón. Pero don Ramón, desde que ha hecho pijama de seda azul, ya no nos hace caso. Y además de ser ingrato, vive completamente despistado. Porque aquí todos los obreros tienen su pijama de seda y habitan magníficos pisos en la Gran Vía, y todavía, que nosotros sepamos, no les ha dado por el orgullo. ¡Con lo bien que te veríamos Ramón, paseando por la Calle Reyes Católicos con tu magnífico pijama, ahora que aprieta el calor. ¡Ven hombre, vente a Granada! Pero no te traigas las alpargatas, que aquí te queremos con los zapatos de charol que luces por Alcalá arriba. (El Defensor, 4-7-35).
Por artículos como éste, Ruiz Carnero fue asesinado, igual que su amigo Federico García Lorca. Poeta y periodista fueron víctimas de la violencia desatada por los fascistas, en el verano del 36, contra la legalidad democrática de la República.
Ahora sabemos por una carta de José María Bérriz, secretario de los banqueros granadinos Rodríguez Acosta, que Ruiz Carnero fue asesinado en la madrugada del 8 de agosto, después de despedirse de su familia, que lo había visitado en la cárcel, dos días antes, el 6 de agosto. La carta fue descubierta por Manuel Titos Martínez en el Archivo de los Rodríguez Acosta y dice así:
“Día 8 de agosto: Ayer a las 6 de la tarde visita de los malditos aviones. Tiraron varias bombas, Mataron a 6 personas, de ellas 4 mujeres. En el Cuartel de Artillería cayó una bomba que no mató a Gorillo por milagro. Esta mañana a las 12, nuevo bombardeo. Hoy han fusilado a Vicente Almagro, a Constantino Ruiz Carnero, a Saturnino Reyes y a otros más”.
El periodista Ruiz Carnero fue uno de los más de 4.000 republicanos ejecutados en aquel muro del terror
Aquel mes de agosto, fue el más sangriento de la represión, con 528 personas fusiladas en la tapia. El periodista Ruiz Carnero fue uno de los más de 4.000 republicanos ejecutados en aquel muro del terror. Es decir, 20 años fusilando sin piedad, desde 1936 hasta 1956. Yo tenía dos años, cuando ejecutaron a Ricardo Beneyto, comandante de la guerrilla antifranquista y última víctima de la tapia. Allí pierden la vida trabajadores y sindicalistas, profesores de Universidad y maestros de escuela, abogados y periodistas… En la tapia también fueron acribillados a balazos cinco alcaldes y diez concejales. La flor y nata de la sociedad granadina.
Y por fin se ha hecho justicia a Ruiz Carnero, que hoy es un personaje conocido por muchos granadinos y, lo más importante, reconocido por sus compañeros de profesión y por los estudiantes de periodismo
Y por fin se ha hecho justicia a Ruiz Carnero, que hoy es un personaje conocido por muchos granadinos y, lo más importante, reconocido por sus compañeros de profesión y por los estudiantes de periodismo. Desde que descubrí a este insigne periodista en la década de los ochenta del siglo pasado, Ruiz Carnero ha pasado de tener una discreta calle en el popular barrio del Zaidín, a ser recordado con un monolito en la Calle San Matías, donde estuvo la última sede de El Defensor de Granada.
El momento más emotivo que me ha dado la figura de Ruiz Carnero fue el que compartí con su sobrino, Jesús Fuster Ruiz, el día que visitamos el solar de la calle San Matías, donde estuvo la última sede de El Defensor de Granada, cerrada por los golpistas
El momento más emotivo que me ha dado la figura de Ruiz Carnero fue el que compartí con su sobrino, Jesús Fuster Ruiz, el día que visitamos el solar de la calle San Matías, donde estuvo la última sede de El Defensor de Granada, cerrada por los golpistas. Aquella visita fue un viaje en el tiempo. Jesús Fuster logró que imaginara cómo era la redacción de El Defensor, la sala de teléfonos y teletipos, el taller con la máquina Minerva y otras llamadas “planas”, en las que se imprimía el legendario periódico, y el despacho donde Constancio escribía sus célebres Siluetas. Entonces comprendí la pérdida irreparable que habíamos sufrido los granadinos, que seguimos huérfanos del gran diario republicano que apostó por la modernización y el progreso de Granada.
Las víctimas permanecieron demasiado tiempo en el olvido. Es el caso de Constantino Ruiz Carnero, que ahora ve rescatada su labor periodística y literaria para conocimiento de las generaciones que no vivieron aquella pesadilla, pero que tampoco deben olvidarla. Este Foro de la Memoria pretende ser el homenaje de un periodista a otro periodista que dignificó la profesión, que hizo periodismo con mayúsculas.
Asesinaron al periodista que había visto y contado demasiadas cosas
Asesinaron al periodista que había visto y contado demasiadas cosas. Un observador crítico, que dejó testimonio de su compromiso en las páginas de El Defensor de Granada y un mensaje sobre cómo hacer un periodismo honesto. A la hora de escribir, siempre tengo presente el legado ético de Constantino, que decía: “La pluma debe servir para algo más útil, más fuerte y más vibrante que trazar bellas notas de color o emborronar cuartillas, ha de formar el alma del pueblo”.



























































