YHWH Nailgun van rápido y fuerte

Lo bueno, si breve, dos veces bueno. Los neoyorquinos YHWH Nailgun parecen llevar este refrán por bandera. Sus canciones son torbellinos caóticos que te agarran por las solapas, te sacuden durante minuto y medio o dos minutos y después te sueltan de golpe, sin ceremonia. Si a esto le unimos el contenido agresivamente espiritual de sus letras (YHWH es la forma en que se escribe el nombre de Dios, Yahvéh, en la Torá), la experiencia de escuchar su debut, 45 Pounds, se asemeja bastante a ser asaltado por la calle por un predicador delirante y furioso que, sin embargo, se olvida de ti rápidamente, pasando a por su próxima presa.
Su música es además simple. Sus temas se construyen generalmente sobre ritmos frenéticos tocados a toda velocidad por Sam Pickard, con un importante protagonismo de sus expresivos tambores rototom. Esta base la complementan guitarras cortantes y minimalistas, a cargo de Saguiv Rosenstock, y sintetizadores y efectos electrónicos disonantes, muy bien medidos, diseñados con maestría por Jack Tobias. Mientras tanto, Zack Borzone ladra más que canta unas letras donde conviven (o más bien colisionan) lo trascendente y lo mundano. Y ya está: ninguna floritura, ningún añadido innecesario, solo estos elementos tocados con la velocidad y rabia del hardcore, la precisión y ambición del art punk y el ruidismo del industrial.
De hecho, hay veces en que te llegas a preguntar si no se pasarán en su estricta aplicación de estos principios. Cuando “Pain Fountain” comienza a descomponerse entre sonidos electrónicos percusivos que asemejan una ametralladora y concluye de forma abrupta, una parte de mí piensa que en el fondo el grupo se está escaqueando, que están abandonando sus canciones en lugar de terminarlas. Pero enseguida me doy cuenta de que esa es la gracia: el grupo no deja que te acomodes en ningún momento, y tras cada final repentino empieza otro asalto sonoro. Como unos Model/Actriz hasta las cejas de speed, YHWH Nailgun solo tienen una marcha: sexta.
Pese a todo, es innegable que las canciones que se permiten un desarrollo algo mayor son las que más huella dejan. “Castrato Raw (Fullback)” es un himno instantáneo, con el estribillo más marcado y luminoso del disco. “Tear Pusher” brilla gracias al contraste entre las estrofas, donde unos sintes que suenan como una alarma dan la réplica a un ritmo especialmente ágil, y las repentinas explosiones de órgano sintético y platillos. Sin olvidar ese fantástico final, donde todo adquiere una paradójica inocencia infantil: el ritmo se simplifica, los sintes adoptan una melodía naíf y Borzone se pone a deletrear el título de la canción. “Blackout” se desarrolla con más paciencia, acumulando poco a poco capas de sonido hasta llegar a un momento de deliciosa sobrecarga sensorial, mientras la entonación de Borzone recuerda al flow rítmico, oscuro y rumiado de MC Ride.
Aun así, la belleza de 45 Pounds está en su brutalidad y falta de contemplaciones. Ya sea enfatizando el componente industrial de su música en “Ultra Shade (Beat My Blood Dog Down)” o deslizándose más hacia el dance-punk en “Penetrator”, YHWH Nailgun tienen claro que su punto fuerte es golpear mucho y muy rápido. Quizás en el futuro pulan su sonido y hagan un disco de canciones más redondas; o quizás no, quizás no conozcan otra manera de hacer música. Lo que sí está claro es que, cuando el último corte del disco, “Changer”, acaba en medio de un solo de batería, después de noventa y cuatro segundos en los que no te han dejado ni respirar, la perplejidad se da de la mano con la excitación y lo único que apetece es volver a darle al play.
Puntuación: 8.2/10
Pincha aquí para escuchar el disco