El Marrón Más Caro del Mundo

'La última joya de Bandcamp viene de Corea del Sur'

Blog - Un blog para melómanos - Jesús Martínez Sevilla - Martes, 27 de Abril de 2021
파란노을 (Parannoul) – To See the Next Part of the Dream
Portada de To See the Next Part of the Dream, de Parannoul.
Portada de To See the Next Part of the Dream, de Parannoul.

En los últimos años la industria cultural de Corea del Sur se ha consolidado como una de las mayores exportadoras de cultura del mundo. Si en décadas anteriores las producciones televisivas y musicales de este país se habían asentado como productos de consumo habitual en toda Asia, en el período transcurrido entre el éxito global de “Gangnam Style”, en 2012, y el primer número 1 en la lista Billboard de álbumes más vendidos para un artista coreano, obtenido por el archiconocido grupo BTS por Love Yourself: Tear (2018), el K-pop se abrió paso con creciente fuerza en la conciencia del público occidental. Esta es la vanguardia de la “ola coreana” (Hallyu”, en la transliteración latina), como se denomina a esta creciente influencia e implantación de la cultura producida en Corea en el mundo globalizado. Es cierto que, pese a lo que digan las cifras, los occidentales seguimos pensando la música coreana como “pop de segunda”, como algo muy específico que solo le gusta a algunas personas un poco raras (no por casualidad, la mayoría de ellas mujeres jóvenes). Pero lo cierto es que sus producciones son absolutamente equiparables en calidad al pop occidental y prácticamente indistinguibles en cuanto a su estética y sonido.

Poco o nada tiene que ver con esta poderosa maquinaria de producción y promoción musical la propuesta de 파란노을 (transliterado como Parannoul). Frente al sonido inmaculado e hiperproducido del K-pop más conocido, Parannoul compone distorsionadas canciones de shoegaze, el género que popularizaran a inicios de los noventa My Bloody Valentine o Slowdive. En lugar de la sobreexposición mediática de los ídolos más famosos de la industria de su país, con la extraordinaria presión por tener una apariencia y un comportamiento perfectos que acompaña a su fama, nos encontramos que prácticamente no hay datos sobre Parannoul. Sabemos que el proyecto lo integra una sola persona, probablemente un hombre a juzgar por su voz y por las letras, que vive en Seúl y se describe a sí mismo como “simplemente un estudiante que compone música en su cuarto”, y que responde con evasivas a las preguntas de periodistas (al menos los occidentales). A juzgar por las temáticas de las canciones, parece que se trata de un treintañero desencantado. Pero lo único que sabemos seguro es que ha grabado y lanzado a través de Bandcamp dos discos, el segundo de los cuales, To See the Next Part of the Dream, vio la luz en febrero y poco a poco ha ido ganando popularidad entre los fans del rock alternativo de esta plataforma de streaming.

No es difícil entender el atractivo del álbum para este público. En un género marcado siempre por el misterio y lo legendario, ya desde su propio sonido característico, que combina lo etéreo con el ruidismo, la aparición de una figura completamente inaccesible, que además canta en otro idioma, y que inserta referencias a grupos, mangas, animes y películas japonesas y coreanas, le da al proyecto un punto esotérico que ayuda a enamorarse del mismo. Pero lo fundamental es la música, claro, y Parannoul tiene un sonido muy definido que atrapa fácilmente desde la primera canción. Están, como es natural, las guitarras eléctricas con múltiples efectos y las voces en segundo plano de rigor, pero además hay pianos, cálidos sintes, incluso unas cuerdas en “Age of Fluctuation” (usaré directamente las traducciones al inglés que proporciona el propio artista); y sobre todo destacan las saturadísimas baterías, grabadas y mezcladas a tal volumen que se distorsionan y casi se funden con el magma que forman el resto de instrumentos.

El efecto de este envolvente sonido es especialmente potente en las primeras canciones del álbum. Ya sea en “Beautiful World”, con ese inicio pausado con un bonito motivo de piano y esa tremenda explosión musical pasada la mitad de la canción; en la enérgica y dinámica “Excuse”; o en el eufórico y nostálgico twee pop de “Analog Sentimentalism”, el disco consigue atrapar de inmediato y situarnos en el mundo de su protagonista. Se trata de un joven con síndrome de Peter Pan y enormes complejos, que piensa constantemente en una infancia y juventud idealizadas durante las cuales soñaba con ser una estrella del indie, pero que se siente estancado y desmotivado y ha llegado a aceptar que su vida va a ser mediocre, repetitiva y humillante. No parece casual que el artista recomiende en su Bandcamp a Car Seat Headrest: el grupo de Will Toledo comparte esa perspectiva derrotista, irónica y militantemente inmadura. El punto culminante de esta poderosa introducción es “White Ceiling”, un mastodonte de diez minutos de duración que incide en la deprimente repetición en la que el protagonista se siente atrapado. En su larguísima outro, mientras las guitarras, la batería, el bajo y los sintes siguen sonando a un ritmo demencial, escuchamos extractos de las series de la infancia del protagonista, como Neon Genesis Evangelion, y esta combinación conduce a un estado de trance en el que la voz del artista nos acuna entonando una sencilla melodía. Todo un mundo cabe en esos cuatro minutos de distorsión y acordes mayores.

A continuación, las guitarras acústicas de “To See the Next Part of the Dream” nos proporcionan un bonito aterrizaje, en la canción que quizás más transmita esa sensación de ensueño que su título indica. A partir de aquí, sin embargo, la magia del disco se pierde un poco. “Age of Fluctuation” contiene momentos espectaculares, pero también otros menos inspirados, donde la densidad del feedback y la repetición en lugar de transportar a otra dimensión llegan a cansar. La animada “Youth Rebellion” sí que funciona con sus hechuras de himno de festival, y contiene el momento más arriesgado del álbum, cuando un solo de batería degenera en una catarata de ruidos al borde de la descomposición. Las tres últimas canciones, en cambio, resultan más convencionales. “Extra Story” es un necesario respiro, pero deja un poco indiferente con su sencilla música acústica, su repetitiva melodía y su nihilista letra. “Chicken” no podría sonar más a alt-rock de los noventa, y este sonido tan definido rompe el hechizo que hace que el disco suene tan original. Por último, “I Can Feel My Heart Touching You” presenta una fantasía de huida llena de imágenes de la naturaleza, y aunque no es mal cierre dista de ser una de las mejores composiciones del álbum.

En cualquier caso, To See the Next Part of the Dream tiene un encanto especial. Sin ser un disco redondo, es todo un descubrimiento. Quién sabe si su autor saldrá alguna vez de su autoimpuesto anonimato y cumplirá sus sueños de juventud de actuar en un escenario; no lo parece, a juzgar por la pesimista nota que acompaña al álbum, donde concluye: “solo espero que haya más perdedores activos como yo en el mundo”. Lo que sin duda nos demuestra tanto su calidad como su (moderado) éxito fuera de las fronteras de su país es que la música coreana tiene la capacidad de competir con la occidental, no solo en el brillante y pulcro mundo del pop superventas, sino incluso en el underground, en el indie más lo-fi y enigmático.

Puntuación: 7.8/10

Si quieres escucharlo, pincha en el siguiente enlace: 파란노을 (Parannoul) – To See the Next Part of the Dream

Imagen de Jesús Martínez Sevilla

Investigador en formación, trabaja en la Universidad de Granada. Le interesa hacer ciencia social comprometida, por lo que estudia la salud mental desde perspectivas despatologizadoras y transformadoras. Además, milita en colectivos de la ciudad. En sus ratos libres, escribe sobre música pop. (Osuna, 1992).