El miedo paraliza

Blog - El ojo distraído - Jesús Toral - Viernes, 14 de Abril de 2017
Imagen de la estampida en Málaga durante la procesión del Cautivo.
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Imagen de la estampida en Málaga durante la procesión del Cautivo.

Cuando nos bombardean con imágenes de terrorismo por el mundo, de alguna manera nos están obligando a enfocar nuestra atención en ese tema. Ya ocurría con los atentados de ETA, que nos sumían en pensamientos de caos durante algunos días. Y en el momento en el que nos centramos en algo, todo lo que vemos nos atestigua que estamos en lo cierto.

En esta Semana Santa los malagueños han vivido una situación de estrés causada no se sabe muy bien por qué. Ocurrió en el itinerario de la Hermandad del Cautivo, cuando de pronto la multitud agolpada para ver el paso de la procesión por la calle Carretería comenzó a correr en desbandada sin saber muy bien por qué. Algunos escucharon disparos que nunca se produjeron, otros eran testigos de un fogonazo que tampoco fue real e incluso los más imaginativos veían un vehículo a toda velocidad en dirección contraria y deducían que se trataba de un atentado. Durante varios minutos, el pavor se dejó sentir entre los viandantes que no sabían hacia dónde huir. El resultado: dos personas heridas.

Lo que también se pone de manifiesto es que el terror se puede convertir en el principal causante de una catástrofe

No es la primera vez que sucede: aparentemente fue un juego de rol el que el Jueves Santo del año 2000 provocó el caos en la Madrugá sevillana. Los comerciantes echaban las persianas y la gente corría despavorida tratando de refugiarse. Más de 100 personas tuvieron que ser atendidas por ataques de nervios, caídas y golpes recibidos en la huida.

Según todos los indicios, el incidente malagueño estuvo causado por una discusión entre varios asistentes por una silla. No es extraño que el fervor religioso lleve a los más ansiosos a proteger su espacio en Semana Santa sin detenerse a pensar que el mensaje de esas imágenes que procesionan siempre ha sido de amor a los demás. Cualquier periodista que haya tenido que narrar o describir lo que sucede en el trascurso de una estación de penitencia se habrá encontrado con alguien que le amonesta por reducir su campo de visión; a mí me ha ocurrido a menudo. Recuerdo una vez que me pasó con un grupo de mujeres entradas en edad que estuvieron a punto de pegarme porque me adelanté a ellas, micro en mano:

            –Señoras, piensen que hay personas enfermas que pueden ver las procesiones porque nosotros se las mostramos.

            –¡Me da igual! Hazlo desde otro lugar, llevamos aquí muchas horas como para que te pongas delante de mí.

Da qué pensar, el hecho de que un acto religioso, donde debería reinar la armonía, se desestabilice porque estas personas no sean capaces de pensar en el prójimo.

No es extraño que se produzca una situación de pánico semejante, pero tal vez los periodistas deberíamos empezar a cuestionarnos la forma de ofrecer ciertas noticias que conducen inexorablemente al pánico

De cualquier forma, tanto en el caso sevillano como en el malagueño lo que también se pone de manifiesto es que el terror se puede convertir en el principal causante de una catástrofe. Las recomendaciones de las autoridades siempre tienden a evitar estampidas y a mantener la calma, pero nos hemos transformado en una aldea global donde en los últimos años somos testigos de atentados en lugares tan dispares como un club nocturno, una revista satírica o el metro de Madrid. Y ante esas noticias, es inevitable activar en nuestra conciencia una alarma a la primera de cambio.

Aún recuerdo los rumores que hace unos años nos llegaron a muchos periodistas de Granada. Más de una persona me llamó alarmada porque había una bomba en un hotel de la capital. Mis informantes eran familiares de trabajadores del hotel y aseguraban que la policía lo tenía acordonado e incluso me daban cuenta de quiénes eran los autores; indicaban, además, que el edificio estaba desalojado pero que los responsables del establecimiento no querían decir nada al respecto. La noticia, por supuesto, resultó falsa de principio a fin y afortunadamente pudimos contrastarla antes de hacerla pública.

No es extraño que se produzca una situación de pánico semejante, pero tal vez los periodistas deberíamos empezar a cuestionarnos la forma de ofrecer ciertas noticias que conducen inexorablemente al pánico. No seré yo quien culpe a los medios de comunicación, aunque ya estamos bastante acostumbrados a ser los responsables de todos los males del universo, pero sí deberíamos de tener en cuenta que extender el pavor entre la población puede llevarnos a una tragedia de grandes magnitudes.

En el caso de Málaga, afortunadamente sólo ha habido que lamentar un par de personas heridas, nada que no tenga solución, pero en momentos en los que las multitudes abarrotan las ciudades por una fiesta o por cualquier evento extraordinario es necesario extremar esas precauciones. Y en cuanto a cada uno de nosotros, deberíamos de tener en cuenta que en una situación así es más fácil salir indemne cuando nos abstraemos del entorno, dejamos de correr con el resto y nos detenemos a reflexionar, aunque solo sea un instante. Es algo tan simple como posible, aunque nos parezca que la única salida sea seguir al resto. A veces elegimos el camino más difícil, en este caso correr, por no pararnos a pensar un solo segundo, pero si nos dijeran que es la única forma de salvar nuestra vida, lo haríamos sin dudarlo. Y eso es lo que tendríamos que tener presente porque hoy han sido los malagueños pero mañana cualquiera podemos vernos envueltos en algo semejante.

 

 

 

 

Imagen de Jesús Toral

Nací en Ordizia (Guipúzcoa) porque allí emigraron mis padres desde Andalucía y después de colaborar con periódicos, radios y agencias vascas, me marché a la aventura, a Madrid. Estuve vinculado a revistas de informática y economía antes de aceptar el reto de ser redactor de informativos de Telecinco Granada. Pasé por Tesis y La Odisea del voluntariado, en Canal 2 Andalucía, volví a la capital de la Alhambra para trabajar en Mira Televisión, antes de regresar a Canal Sur Televisión (Andalucía Directo, Tiene arreglo, La Mañana tiene arreglo y A Diario).