El alto tribunal considera que no hubo apropiación indebida y que la escultura, de José de Mora, fue realmente vendida

El TSJA absuelve al anticuario que fue condenado por apropiarse de una talla del Convento de las Vistillas

Cultura - M.A. - Viernes, 20 de Febrero de 2026
La sentencia, que revoca la condena de la Audiencia Provincial, no otorga crédito alguno a la versión que dieron las religiosas cuando se puso en marcha la investigación por el presunto expolio.

Convento de Nuestra Señora de los Ángeles en una imagen de archivo. indegranada

La Sala de lo Civil y lo Penal del TSJA ha absuelto al anticuario que fue condenado por apropiación indebida de una escultura del Convento de las Vistillas del Realejo. La investigación por el presunto expolio de patrimonio del convento se puso en marcha después de que un ciudadano identificara una pieza procedente de ese convento, que fue cerrado tras ir reduciéndose la comunidad por falta de vocaciones, en un anticuario de Madrid. 

Lo que destapó aquella denuncia es que obras procedentes del convento, entre ellas una escultura atribuida a José de Mora, salieron del convento y fueron vendidas. De hecho, esa escultura llegó a salir a subasta en una feria de antigüedades de Nueva York. Cuando estalló el escándalo, las religiosas aseguraron que en realidad las habían entregado para que fueran restauradas; no las vendieron. En el caso concreto de la escultura, aseguraron que lo que recibieron fue una copia y que ellas no lo habían detectado. 

El anticuario defendió que él compró la talla por 10.000 euros y que, al hacerlo, desconocía que era una obra con un valor mucho mayor, por su autoría. Tras el juicio fue condenado.

Sin embargo, el TSJA revoca la condena y establece que Sor Josefa y Sor Ángela no fueron víctimas de ningún delito. La sentencia estima el recurso del anticuario condenado. Lo que dicen los jueces es que hay una duda razonable. En el juicio no quedaron acreditados los hechos por los que fue condenado.

Desde las primeras diligencias, estas religiosas habían reiterado que nunca vendieron la talla ni ninguno de los bienes del convento, al ser plenamente conocedoras de que eran intransmisibles. Pero posteriormente se produjeron "significativos virajes" en aquellas declaraciones testificales, según expone la sentencia a la que ha tenido acceso El Independiente de Granada y algunas de cuyas partes reproducimos con más detalle a continuación por su interés. 

Trasladar la versión de que fueron entregadas para una restauración que no se hizo porque no se llegó a un acuerdo económico fue un intento de eludir consecuencias por la transmisión ilícita de los bienes

Así, cuando la Comisaria Pontificia -que estaba en el convento para gestionar su cierre y traslado de las religiosas-, una vez ya ha sido iniciada la investigación policial tras el hallazgo de la talla en la Feria de antigüedades de Nueva York, es requerida para que informe sobre la ubicación de la escultura, remitió un correo electrónico a la Policía "desligándose por completo de cualquier intervención en la entrega de los objetos del convento, atribuyendo la misma a las hermanas que estaban en dicha Comunidad, "ancianas y muy seniles", afirmando que estas, al parecer, habían entregado las obras para su restauración, añadiendo, debe entenderse que de forma innecesaria al no haber tenido intervención alguna, que "ella no había vendido ninguna obra pues sabe que los bienes eclesiásticos no se venden y que no disponía de ningún contrato ni factura de compraventa".
 
Esa misma tesis, la de su falta de relación con la entrega de los objetos, fue la mantenida por Sor Josefa. Sostuvo que antes de su llegada al convento este lo dirigía una madre superior senil, que el TSJA entiende que sería Sor María Molina quien, poco antes de fallecer hizo entrega de bienes para su restauración con un documento que acreditaba perfectamente la misma.

Pero esa tesis "varía sustancialmente" cuando la testigo declara ante el Juzgado de instrucción donde asegura que los objetos fueron entregados por ella a Santos B. (el anticuario) en mayo o junio de 2018, no ya para restaurarlos, sino para hacer un presupuesto de restauración, presupuesto que de otro lado jamás ha aparecido so pretexto de que el mismo fue dado y, de inmediato rechazado, por vía telefónica. Tampoco de ello existe constancia documental alguna".

Mantuvo Sor Josefa en la vista oral, agrega la sentencia, que fue ella quien le entregó los bienes a Santos B., introduciendo a juicio de los magistrados del TSJA, "un dato que no deja de causar cierta perplejidad al manifestar:  "nosotras tenemos los papeles para que nos hiciera el presupuesto". Papeles de los, sin embargo, "nada se ha sabido". "No menos sorpresa puede ocasionar la manifestación de la testigo, ya en otra secuencia, relativa a que cuando Santos les devolvió el banco y la Santa Margarita aquel les dijo que ya estaba restaurada, si bien es cierto que la testigo de inmediato manifestó no recordar con exactitud qué les dijo o, en fin, cuando a preguntas del presidente del Tribunal declaró no saber si alguna de las monjas que allí estaban podría haber cobrado 10.000 euros por la venta de la talla sin que ella se enterase".

Y en este punto, la sentencia añade que Sor Ángela, antes siquiera de ser preguntada, manifestó en relación al acusado que "se llevó unas piezas para hacer presupuesto de reparación", o que "la decisión la tomaron las dos monjas mayores pertenecientes al convento que se obcecaron en hacerlo", es decir, "aquellas que eran ancianas y muy seniles según decía Sor Josefa". También recoge que, al ser preguntada por el objeto y necesidad de proceder a la restauración en la coyuntura en que se hallaba el convento, manifestó que fue Santos B. quien dijo que tenían que ser restauradas.

Recuerda la sala que, en caso de que se hubiera procedido a la venta de los objetos de arte religioso que se encontraban en el convento por parte de la Comisaria Pontificia, "lo que desde luego no es posible afirmar de manera incontrovertible, Sor Josefa habría incurrido en responsabilidades de distinta naturaleza de las que la misma, sin duda alguna, era perfectamente consciente". 

Hay detalles que para los magistrados han de tenerse en cuenta. Por ejemplo, que tras la denuncia del ciudadano que identificó los objetos en la tienda de Madrid, una semana después habían sido devueltos al convento, a excepción del banco, por su peso. Según declararon entonces porque no hubo acuerdo respecto al presupuesto de restauración. Lo que se sospecha es que lo hicieron para evitar consecuencias por la ilícita transmisión de los bienes, como una sanción administrativa o los problemas en el ámbito eclesiástico.

Pero en ese momento no estaba la talla, y lo que se puso en lugar de la escultura vendida -detectada posteriormente en una subasta- fue una burda copia.