Recicla la ropa que ya no usas. Es un mensaje del Ayuntamiento de Granada
ABUNDANCIA Y EXTINCIÓN DE UN DEPREDADOR MÍTICO

Granada, tierra infestada de lobos

Cultura - Gabriel Pozo Felguera - Domingo, 17 de Noviembre de 2019
Un espectacular reportaje de Gabriel Pozo Felguera nos permite conocer la historia del lobo en la provincia de Granada y en otras tierras de España, con curiosidades y pasajes increíbles, que te recomendamos. Para leer y compartir.
Loba cazada en Sierra Nevada en 1884. Fue disecada y conservada en el Museo del Instituto Padre Suárez.
Loba cazada en Sierra Nevada en 1884. Fue disecada y conservada en el Museo del Instituto Padre Suárez.
  • La abundante población de lobos de Sierra Nevada y Sierra de Baza fue extinguida en la década de los años 30 del siglo XX

  • La provincia de Granada, con sus abundantes sierras, concentró las mayores poblaciones de lobos del Sur de España

  • A finales del siglo XIX y principios del XX los lobos mataron a varias personas en Sierra Nevada y la Alpujarra

Los lobos fueron extinguidos en las tierras de Granada hace poco más de ochenta años. Los últimos fueron vistos en Sierra Nevada y Baza en la década de los años treinta. Hasta su extinción, el lobo infestó unos campos muy montañosos; la literatura y la prensa están repletas de referencias a la lucha encarnizada que sostenían los dos principales depredadores del territorio, los hombres y los lobos. Las jaurías lobunas se extendieron prácticamente por toda la provincia, causaron pérdidas enormes a ganaderos y animales domésticos. Hubo algún que otro ataque, con muerte, a humanos. El último fallecimiento de un granadino por ataques de lobos documentado ocurrió en 1925, en las laderas de la Alpujarra. La pugna entre el hombre y el lobo por tierras granadinas en los últimos cinco siglos no han sido leyendas ni cuentos al calor de la hoguera invernal. Esta zona tuvo una de las mayores concentraciones de lobos de España, hasta que la estricnina acabó con ellos.

Un amigo montañero me quiere convencer de que los lobos han vuelto a Sierra Nevada. Hace un mes escuchó un aullido ronco, sostenido y profundo. Aterrador según él. Llenó de pavor a los excursionistas que caminaban por debajo del Picón de Jérez. Yo no me lo creo, debió ser un perro asilvestrado o de los vaqueros de Camarate. Me sugieren que quizás la Consejería de Medioambiente esté ya reintroduciendo algunos ejemplares. He preguntado y me han dicho que eso es una locura. Me dicen que, en Andalucía, sólo se tiene constancia de algunos ejemplares en Sierra Morena, entre Andújar y el Valle del Alcudia. Y que no se espera que el lobo colonice esta parte de España vaciada al menos en unas cuantas décadas. Sí se sabe que el lobo ha atravesado el Duero y ya está en la Sierra de Gredos. Pero en Granada ni está ni se le espera, de momento.

El lobo fue muy abundante en las tierras del Reino de Granada, especialmente a partir de la expulsión de los moriscos (1571) y la importante merma de población que experimentaron los campos. Los ayuntamientos, el Concejo de la Mesta y cada propietario de ganado pagaron suculentas cantidades a los loberos o alimañeros profesionales que proliferaron y que no dejaron de existir hasta finales del siglo XX

El lobo fue muy abundante en las tierras del Reino de Granada, especialmente a partir de la expulsión de los moriscos (1571) y la importante merma de población que experimentaron los campos. Los ayuntamientos, el Concejo de la Mesta y cada propietario de ganado pagaron suculentas cantidades a los loberos o alimañeros profesionales que proliferaron y que no dejaron de existir hasta finales del siglo XX.

Abundantes en Sierra Nevada y Alpujarra

Las poblaciones lobunas fueron bastante abundantes en Sierra Nevada y las Alpujarras hasta comienzos del siglo XX. En el último tercio del siglo XIX debió darse algún rebrote de su presencia, al menos si atendemos a las múltiples referencias aparecidas en periódicos y libros de viajeros. El macizo de Sierra Nevada fue el que mayor número de lobos concentró de toda la zona, debido principalmente a su gran extensión. Los lobos de Sierra Nevada-Alpujarras conectaban perfectamente con los del resto de sierras de las Subbéticas, incluso con las montañas murcianas y levantinas.

La tradición cuenta que la última camada de lobos de Sierra Nevada fue abatida en 1933, en los Peñones de San Francisco. La misma tradición añade que algún ejemplar suelto de lobo fue muerto por el lobero Tío Saturnino, en 1948, en el mismo lugar. La primera fecha es la más probable. Lo que sí es totalmente cierto es que en Sierra Nevada había una pequeña población de lobos en el año 1933. Así lo atestigua un artículo de la Revista Española de Turismo (1 de junio 1933), escrito por el montañero Federico Cubillo y Valdés, del Club Alpino Peñalara.

Revista de Turismo, junio de 1933. Constata la existencia de lobos. En cambio, no menciona los jabalíes; la revista de Geografía Comercial, en 1896, también destacó que no había jabalíes en Sierra Nevada.

Pocos años antes, el 30 de marzo de 1930, el doctor Gregorio Marañón efectuó una excursión a Sierra Nevada con un grupo de alpinistas de la Sociedad Sierra Nevada. Su intención era dar con cabras monteses y con algún lobo; el primero de los objetivos se cumplió ampliamente, pero el segundo quedó en narrar vivencias recientes de avistamientos por parte de los médicos granadinos que le acompañaban, entre ellos Alejandro Otero.

Muertes en las cumbres

La última noticia que tenemos por la prensa de encuentros fatales entre el hombre y el lobo en el macizo de Sierra Nevada ocurrió en agosto de 1925. El tema trascendió del ámbito provincial y fue publicado incluso en los medios nacionales. Por aquellos días fue hallado el esqueleto de una persona a la que faltaba una pierna, aparentemente comida por los lobos. Las conjeturas apuntaron que se trataba de los restos de un turista alemán que había desaparecido durante una travesía entre Granada y la Alpujarra. El pintor Ramón Carazo, con quien había entablado amistad, así lo declaró ante el juez. Posteriormente se barajó la posibilidad de que el cadáver perteneciese a un vecino de Granada (Luis de Liria) o a otro de Torvizcón (José Marino). El barón alemán nunca apareció, aunque decían que se había marchado de Granada sin despedirse. La prensa de Granada y de Madrid estuvieron conjeturando sobre ello todo el mes de agosto de 1925 (como se puede ver en los tres recortes de prensa que siguen). Nunca se aclaró el asunto, pero los lobos se cargaron aquel muerto.

Los lobos, por lo general, huyen de las personas. Excepto en épocas de mucha hambre, si se ven hostigados o caminan en grupos numerosos. Las grandes nevadas o épocas de escasez de comida o cría les obligaban a bajar a las cercanías de ganados y pueblos. Esta actitud provocó infinidad de ataques. Hay varios de ellos documentados por la prensa de aquellos años.

En el año 1905, según publicaba El País (12 de Junio), un hombre había sido devorado por los lobos en la cara norte de Sierra Nevada, ya casi en el límite de la provincia de Almería. Decía que en Huéneja (el pueblo que lleva por gentilicio Loberos), había sido encontrado un amasijo de ropas, una navaja y una pistola, junto a algunos huesos. La investigación ocular concluyó que pertenecían a un campesino o pastor que tuvo la desgracia de toparse con alguna manada de lobos en la parte más alta del monte.

Más sonado aún fue el caso del niño de Capileira devorado por un solo lobo. Podemos comprobar por El Defensor de Granada (8 de julio de 1885) que aquel día pereció un pequeño en las cercanías de un cortijo del pueblo más alto de la Tahá del Poqueira. Según contaba el periódico, el muchacho se acercó hasta una huerta donde un hermano suyo estaba regando. Un lobo solitario salió a su encuentro y lo mató al instante. El lobo lo arrastró hasta un lugar más escondido y empezó a comérselo por las piernas. La intervención de unos pastores hizo que el lobo huyese del lugar, no sin antes haberse comido parte del niño.

Este luctuoso acontecimiento dio pie a que la historia del muchacho de Capileira fuese extendida por media España en boca de buhoneros, mendigos y vendedores ambulantes. Cada uno lo interpretó a su gusto, de manera que se llegó a decir que el lobo sólo había dejado los pies dentro de las botas.

De muertes violentas causadas por la población lobuna de Sierra Nevada/Alpujarra no he hallado más en la prensa. No obstante, existen infinidad de noticias de ataques a ganado en los pueblos de Granada durante el último cuarto del siglo XIX y primeros años del XX. Voy a mencionar sólo algunos:

1 de abril de 1881. Un periódico de Madrid da cuenta que las manadas de lobos estaban causando estragos en Sierra Arana (parte norte del actual Parque de la Sierra de Huétor). Los lobos de esta sierra se habían descolgado hacia la vertiente norte, Iznalloz, y por la finca del Sotillo habían matado treinta cabras.

En la zona de Prado Negro y Síllar, los lobos estuvieron acosando al ganado hasta comienzo del siglo XX. No se dieron ataques continuados todos los años, sino que su aparición fue esporádica, señal inequívoca de que se trataba de manadas transeúntes o llegadas desde el cercano macizo nevadense.

Los ganaderos se defendían a base de colocar cepos loberos en las trochas, hacerse acompañar por mastines ibéricos provistos de carlancas en sus cuellos y mantener fuegos encendidos en torno a los apriscos.

Cepo lobero conservado en el museo etnográfico de Antonio Ortega, en Huétor Santillán, utilizado por pastores en Sierra Arana.
Carlanca para proteger los cuellos de los mastines de las fauces de los lobos.

El 10 de octubre de 1882, El Día de Madrid publicaba las dificultades que había tenido el filólogo y aventurero Máximo Hertting durante una excursión en solitario por Sierra Nevada. Subió por el valle del Genil hasta coronar el Mulhacén y descender hasta  Órgiva. Describió cómo los pastores eran gente provista de escopeta y grandes mastines para defender sus ganados de la abundante población lobuna. Este aventurero publicó su crónica del viaje en 22 capítulos en El Defensor de Granada, entre noviembre y diciembre de 1882. (Están recogidos en un libro titulado Sierra Nevada, impresiones de dos viajeros alemanes, editado por CajaGranada).

La noticia del periódico de Madrid contó cómo varias veces se vio obligado a disparar contra los lobos que le seguían.

Los primeros años de la década de 1880 debieron ser abundantes en lobos, no sólo en Sierra Nevada, sino repartidos por toda la provincia. Al menos si hacemos caso a las numerosas noticas que aparecen en la prensa.  El 6 de enero de 1881 nos dan cuenta de que en el Cortijo de la Torre de Montejícar, una manada de lobos ha entrado en un establo y ha dado muerte a una yunta de mulas y al perro que la vigilaba. El 7 de noviembre de 1882 le tocó el turno a Soportújar; en este caso se llevaron dos cerdos de las afueras del pueblo. Dos años después (18 de septiembre de 1884), también en Soportújar, un grupo de lobos se comió varias ovejas. El 10 de octubre de 1884, quizás la misma jauría fue la que se presentó en las inmediaciones de Capileira y en Pitres, donde mataron 50 y 27 ovejas, respectivamente.

El Defensor de Granada informó puntualmente de los desmanes de los lobos por aquellos días, como podemos comprobar por los dos recortes de prensa que siguen.

Los pueblos alpujarreños pidieron ayuda al gobernador civil de la provincia. Se organizaron varias batidas durante las siguientes semanas, coordinadas por cazadores expertos, guardias civiles y pastores de la comarca. El resultado fue la dispersión de la enorme manada durante un tiempo. También fueron abatidos varios ejemplares; algunos de ellos fueron expuestos en los ayuntamientos de la Alpujarra y varios trasladados a Granada capital.

Una pareja de aquellos lobos grises fue requerida por el catedrático Rafael García y Álvarez, naturalista, krausista y darwinista, para su Gabinete de Historia Natural en el Instituto de Granada (Actual museo del IES Padre Suárez)

Una pareja de aquellos lobos grises fue requerida por el catedrático Rafael García y Álvarez, naturalista, krausista y darwinista, para su Gabinete de Historia Natural en el Instituto de Granada (Actual museo del IES Padre Suárez). Aquella pareja de lobos grises de Sierra Nevada fueron disecados; los dos animales formaron parte de su extenso catálogo didáctico. Pero el tiempo acabó por deteriorar a los lobos y hoy sólo pervive uno de ellos, si bien su estado de conservación es muy deficiente y no está expuesto al público. Ofrecemos a continuación una fotografía de la loba por gentileza del actual responsable del Museo. Ambos ejemplares están incluidos en el catálogo del Gabinete realizado por García y Álvarez en 1886.

Este lobo es la única muestra que queda del temible lobo de Sierra Nevada que campó a sus anchas desde tiempo inmemorial hasta hace unos ochenta años.

En mayo de 1888 hubo una explosión demográfica de lobos en la cara norte de Sierra Nevada. Los dos pueblos más afectados fueron Cogollos de Guadix y Lugros. El 18 de mayo de 1888 publicaron los periódicos madrileños y de Barcelona las hazañas de seis grandes lobos en los corrales de ganado de las afueras de estas dos poblaciones. La Iberia y La Unión Católica informaron que decenas de ovejas y cabras habían sido degolladas en una orgía de sangre protagonizada por aquella manada bajada de las nieves. [El nombre de Lugros deriva directamente del latín Lupus. Es una población que adoptó tal nombre por la abundancia del Canis Lupus en su sierra. El pueblo está justo en la perpendicular del Picón de Jérez.]

Y para concluir este muestrario de la abundancia de lobos a finales del XIX en Sierra Nevada he encontrado un caso de osadía de los lobos. En enero de 1891 se dio una intensísima ola de frío en Granada. Se publicó que el agua bendita dentro de la iglesia de Monachil se había congelado. Toda la provincia estaba nevada. Los lobos descendieron de las cumbres en busca de comida cerca de los pueblos. Uno de los lobos llegó a vagar por las calles de la ciudad de Guadix, donde atacó a una persona y fue abatido a balazos. Así lo contaba el periódico La Justicia el 21 de enero de 1891:

Todavía en la década de los años 20, la población de lobos en las faldas de Sierra Nevada era considerable. Históricamente se habían visto bajar a la Vega en épocas invernales, incluso en tránsito hacia la Sierra Almijara. Pero nunca se habían acercado tanto a poblaciones próximas a la capital. A comienzos de marzo de 1921, una manada merodeó por varios pueblos de la conurbación de Granada (Monachil, La Zubia, Cájar). Hasta que la madrugada del día 5 de aquel mes los lobos se introdujeron en el municipio de Armilla, donde atacaron un mulo y organizaron un revuelo en el vecindario próximo. Lo contaba El Defensor de Granada en su edición del 6 de marzo:

La Mesta, el oficio de lobero, la Plaza de los Lobos…

Raro es el pueblo de la provincia de Granada en el que no abundan los topónimos relacionados con la presencia del lobo. Esto demuestra la importancia que tuvo este gran depredador desde siempre, toda vez que el oso desapareció del macizo de Sierra Nevada durante el primer tercio del siglo XVI. Fuente del Lobo, Barranco del Lobo, Puerto Lobo, Cañada del Lobo… son nombres que se repiten por todos los rincones.

Al poco de la conquista cristiana de Granada ya estaba legislando el Concejo de la Mesta para combatir el acoso de los lobos, que tanto daño causaban a su cabaña ganadera. En las Ordenanzas municipales del Ayuntamiento de Granada de 1552, la Mesta ya incluyó una recompensa para quienes exterminasen a la bestia

Los grandes rebaños de ovejas llegados con la nobleza castellana a partir de 1492, además de los trashumantes de Castilla, incrementaron las oportunidades para la expansión de los lobos. La ganadería en el Reino de Granada era comandada, también, por un Concejo de la Mesta. Se trató de una corporación empresarial con gran poder; recordemos que las grandes casas nobiliarias de conquistadores eran paralelamente grandes propietarios de ganado. El Concejo de la Mesta siempre tuvo sentado a su presidente en el Consejo del Rey, desde donde ejercía mucha influencia.

Al poco de la conquista cristiana de Granada ya estaba legislando el Concejo de la Mesta para combatir el acoso de los lobos, que tanto daño causaban a su cabaña ganadera. En las Ordenanzas municipales del Ayuntamiento de Granada de 1552, la Mesta ya incluyó una recompensa para quienes exterminasen a la bestia.

La Ordenanza XIV estipulaba que se pagaran cien maravedíes a quien matase una camada de lobeznos; y cincuenta por cada camada de zorros. Obviamente, se exigía que el matador o alimañero entregara sus trofeos al Concejo para demostrarlo. Así fue como nació a mediados del siglo XVI una placeta en el barrio de la Duquesa de Granada, a la que todo el mundo empezó a llamar De los Lobos. Actualmente se ha quedado con el nombre de Plaza de los Lobos

La Ordenanza XIV estipulaba que se pagaran cien maravedíes a quien matase una camada de lobeznos; y cincuenta por cada camada de zorros. Obviamente, se exigía que el matador o alimañero entregara sus trofeos al Concejo para demostrarlo. Así fue como nació a mediados del siglo XVI una placeta en el barrio de la Duquesa de Granada, a la que todo el mundo empezó a llamar De los Lobos. Actualmente se ha quedado con el nombre de Plaza de los Lobos.

En esta Plaza de los Lobos estuvo situado el caserón del Concejo de la Mesta. Cada lobo entregado en el Ayuntamiento era despellejado y se le cortaban la cabeza y las garras. Posteriormente se iban clavando en fachadas y balcones para exhibición y regocijo del populacho. La casa de la Mesta tuvo esta función en la Plaza de los Lobos hasta el año 1836. No obstante, la caza de lobos continuó premiándose hasta casi finalizar el siglo XX en este mismo lugar.

El pago de las recompensas por el exterminio de lobos se centralizaba en los ayuntamientos. El Concejo pagaba un tercio, mientras que los ganaderos pagaban los otros dos tercios. Los precios de las recompensas fueron oscilando al alza entre el siglo XV hasta bien entrado el siglo XIX.

Existe documentación abundante para conocer el precio por cabeza de lobo muerto y entregado a las autoridades. (Más adelante veremos el caso concreto del Concejo de Baza). A finales del siglo XVIII, durante el reinado de Carlos III, debió darse un incremento del número de lobos en las sierras. El rey ilustrado mostró su intención de construir nuevos poblados en zonas desiertas (casos concretos de Sierra Morena y Extremadura), así como roturar tierras baldías. Se topó con el obstáculo que suponía la presencia del lobo campando a sus anchas por casi toda España, especialmente por las zonas próximas a las montañas. 

Carlos III consideró que el control de los lobos no podía continuar dejándose en manos de loberos y alimañeros, ya que lo que sucedía es que los grupos de lobos se desplazaban de unas tierras a otras, pero siempre eran los mismos o iban en aumento. Promulgó una Cédula en 1788 mediante la cual ordenaba cómo debía combatirse a los depredadores que infestaban los campos.

Este reglamento estuvo inspirado por el presidente de la Mesta y por el ministro Campomanes, ambos sentados en el Consejo Real y con grandes intereses ganaderos. En el preámbulo mostraba su preocupación por los serios daños que estaban causando los lobos en los bienes de las personas. Se ordenaba que todos los pueblos organizaran el mismo día y a la misma hora (para evitar traslado de lobos) batidas o cacerías. Las batidas serían dos por año, una en enero y otra a mediados de septiembre. La pólvora, las balas, el pan, vino y queso de los participantes en las cacerías correrían por cuenta de los concejos y ganaderos, en función del número de cabezas que tuviesen. A los ganaderos trashumantes se les aplicaría también el mismo sistema de aportación a las batidas.

La cédula pretendía acabar con la picaresca de los loberos ambulantes que recorrían España pidiendo limosnas con los mismos lobos a cuestas

La cédula pretendía acabar con la picaresca de los loberos ambulantes que recorrían España pidiendo limosnas con los mismos lobos a cuestas.

[Al respecto, es de destacar que en Huéneja existieron infinidad de loberos que se dedicaban a esta práctica; en este caso incluso cogían lobeznos y los paseaban enjaulados por los pueblos para ganarse la vida con ellos. De ahí que el gentilicio de Huéneja sea Loberos; en el escudo de la localidad figura una imagen de lobo. Otros muchos habitantes de este pueblo se dedicaron realmente a vivir de la caza de lobos].

No obstante, la cédula de Carlos III alentaba a seguir con su oficio a quienes tuviesen la profesión de loberos. En el caso de loberos libres, se les recompensaba con cuatro ducados por lobo presentado; 12 si se trataba de una loba con camada o preñada, 2 ducados por lobezno y 10 reales si se trataba de un zorro.

A los ayuntamientos se les obligaba a llevar un Libro de Clavería. Era una especie de contabilidad en la que se anotaba el nombre del lobero, el número y cantidad de lobos entregados y pagados. También en este libro se anotaban las aportaciones de los ganaderos

A los ayuntamientos se les obligaba a llevar un Libro de Clavería. Era una especie de contabilidad en la que se anotaba el nombre del lobero, el número y cantidad de lobos entregados y pagados. También en este libro se anotaban las aportaciones de los ganaderos. En el Archivo Histórico Municipal de Granada se guarda un documento que nos indica cuánto aportaba cada propietario de un animal doméstico en concepto de impuesto de exterminio de lobos; las páginas que siguen corresponden al municipio de Béznar, donde todos sus vecinos propietarios de algún animal debían aportar anualmente: 2 cuartos por cada mula o asno, 1 cuarto por cada cerdo, 7 por cada buey, 1 por oveja o cabra.

La ilustración que sigue es el listado de aportaciones de los vecinos de Béznar al Concejo de la Mesta correspondiente al año 1752. La recaudación total de esta aldea ascendió a 193 reales de vellón aquel ejercicio fiscal.

No obstante, el sistema de dos batidas o monterías anuales contra los lobos no debió arrojar muy buenos resultados. Siete años después, el nuevo rey (Carlos IV) emitió una nueva cédula desdiciendo lo ordenado por su padre pocos años antes. El motivo era que aquellas cacerías se habían convertido más en una romería que en algo efectivo para eliminar lobos. En 1795 derogó la cédula y se volvió al sistema de premiar el oficio de lobero y alimañero. Para ello, el rey autorizó a los pastores a portar armas en el campo. También se facilitó la adquisición de cepos loberos y la utilización de venenos (sobre todo el cloruro mercúrico).

Sierra de Baza y aledaños

Las Actas del Cabildo de Baza conservan apuntes muy detallados de la lucha del hombre contra los abundantes lobos de la zona, especialmente en los siglos XVI y XVII. Han sido profusamente estudiados por el profesor Francisco Tristán García.

La Sierra de Baza era un corredor perfecto para que los lobos se desplazaran hacia los Filabres, María, Los Vélez, Sierra de Segura, Cazorla y enlazasen con Sierra Morena. También hacia las sierras murcianas y levantinas. Pero no sólo aparecen referencias a la abundante presencia del lobo en la Sierra de Baza, también en zonas llanas del Altiplano

La Sierra de Baza era un corredor perfecto para que los lobos se desplazaran hacia los Filabres, María, Los Vélez, Sierra de Segura, Cazorla y enlazasen con Sierra Morena. También hacia las sierras murcianas y levantinas. Pero no sólo aparecen referencias a la abundante presencia del lobo en la Sierra de Baza, también en zonas llanas del Altiplano. Especialmente a partir de la importante merma de población que supuso la salida de la población morisca. La primera consideración a tener en cuenta es que esas comarcas de Baza-Huéscar estuvieron bastante más arboladas que en la actualidad. Se habla incluso de la presencia de osos. [En las Relaciones Topográficas de Felipe II , de 1575, la inmensa mayoría de poblaciones linderas con Sierra Morena apuntan que existen osos en sus términos municipales].

También la Enciclopedia de Pascual Madoz, de 1850, enumera la presencia de lobos en La Puebla de Don Fadrique, Freila, Huéscar, etc. Y presencia masiva. Ya los primeros pobladores cristianos que llegaron a Baza a comienzos del siglo XVI hablan de manadas deambulando por los campos compuestas de hasta 25 ejemplares. La mayoría de las tierras permanecían sin humanizar ni roturar.

El Concejo de Baza estableció en sus Ordenanzas de 1533 los primeros premios para quien se dedicara a matar lobos: 100 maravedíes por macho muerto, 150 por una camada. Los documentos constatan que hacían mucho daño a los inmensos rebaños. En vista de que los lobos seguían aumentando, el Concejo bastetano subió los premios en 1554, 1559 y 1600, de manera que al comenzar el siglo XVII se pagaban 748 maravedíes por un adulto y 136 por cada lobezno.

Las estadísticas indican que a parir de la expulsión de los moriscos (1571) y hasta casi mediada la centuria siguiente, en la comarca de Baza aumentaron muchísimo los lobos. Por ejemplo, las Actas indican que hasta 1571 se mataba una media de 10 adultos y 10 camadas cada año; a partir del año 1600, se dispararon las matanzas de lobos. Quizás fuese también por la gran elevación del precio por pieza cazada. Entre los años 1583 y 1616 fueron entregados al Ayuntamiento de Baza nada menos que 786 lobos muertos y 892 lobeznos. La media de lobos abatidos durante el siglo XVI y primera mitad del XVII era de 11,75 ejemplares/año. Estas detalladas cifras conservadas en las Actas del Cabildo de Baza nos dan una idea de la abundancia de lobos por esta zona.

La abundancia de población lobuna y los buenos precios pagados por sus cabezas hizo que proliferase el oficio de lobero. Casi todos los pueblos de la comarca tuvieron alimañeros; no obstante, destacan el caso de Serón, Huéneja y Caniles, donde había más de una docena de loberos por pueblo a principios del siglo XVII

La abundancia de población lobuna y los buenos precios pagados por sus cabezas hizo que proliferase el oficio de lobero. Casi todos los pueblos de la comarca tuvieron alimañeros; no obstante, destacan el caso de Serón, Huéneja y Caniles, donde había más de una docena de loberos por pueblo a principios del siglo XVII. Buscaban especialmente las camadas y escondrijos; iban armados de saetas envenenadas y, sobre todo, utilizaban los cepos.

Montería de cabras y venados en Sierra Morena, en 1915. La abundancia de lobos obligaba a colgar los animales muertos en árboles para evitar que se los comieran los lobos. MUNDO GRÁFICO.

El lobo en la Sierra de Baza-Filabres corrió suerte paralela al de Sierra Nevada. Hacia 1880 se menciona su presencia por estas tierras, pero la presión del hombre los había reducido a las cumbres. El lobo acabó por extinguir la población de ciervos y empezó a tener problemas de subsistencia. A principios del siglo XX, ya sin venados que comer, volvió nuevamente sus ojos a la cabaña ganadera y ésa fue su tumba definitiva. Víctor Gutiérrez Alba, en su libro El lobo ibérico en Andalucía, escribe lo siguiente acerca del final del lobo en la comarca bastetana: “El lobo sobrevivirá aún en las tierras de Baza y Gor, así como en algunos puntos de la Sierra de Lúcar y el extremo más occidental de la de los Filabres hasta los primeros años de la década de los 30 del siglo XX. Con posterioridad algunos individuos errantes fueron avistados en el macizo central de la Sierra en zonas como el Calar de Rapa todavía durante la Guerra Civil española”.

La ofensiva final durante el siglo XX

La lucha encarnizada por dominar el territorio entre el hombre y el lobo se mantuvo con altibajos durante los cuatro siglos de dominación cristiana en el Reino de Granada. Aunque siempre la mayoría de los pulsos los perdía el canis lupus. Las ballestas, los arcabuces, escopetas, los venenos, las trampas loberas, la búsqueda de parideras de lobas dieron resultados parciales. Pero el hombre quería aún más. Buscaba la extinción total de la especie.

El momento de dominio absoluto le llegó al hombre a principios de siglo XX, con la perfección de las armas de caza y, sobre todo, con la aparición de potentes venenos. Fue realmente la estricnina la que acabó con las poblaciones de lobos de España, a excepción de las zonas montañosas de Zamora, León y Galicia. Ya sabemos que en Sierra Nevada desaparecieron los lobos en la década de los años treinta del siglo pasado

El momento de dominio absoluto le llegó al hombre a principios de siglo XX, con la perfección de las armas de caza y, sobre todo, con la aparición de potentes venenos. Fue realmente la estricnina la que acabó con las poblaciones de lobos de España, a excepción de las zonas montañosas de Zamora, León y Galicia. Ya sabemos que en Sierra Nevada desaparecieron los lobos en la década de los años treinta del siglo pasado. Durante la guerra civil apenas fueron vistos lobos en las sierras subbéticas. Sí continuó habiéndolos hasta casi los años cincuenta en toda Sierra Morena. Pero a partir de 1955 sólo quedaron unos pocos ejemplares aislados en la serranía de Andújar.

La caza sin cuartel y los venenos hicieron desaparecer sin misericordia todas las poblaciones de lobos. El sistema era sencillo: se envenenaban cebos y todos los carnívoros que se acercaran a ellos perecían. Fuesen lobos, zorros, buitres, águilas… la ganadería extensiva tenía el campo libre. Ya no iban a hacer falta ni pastores para vigilar los ganados ni mastines con carlanca.

La fórmula a emplear la explicaba muy bien la revista Alrededor del Mundo (ya en 1902). Sólo había que infectar de veneno una caballería muerta y la estricnina haría el resto. Hasta veinte lobos murieron en el caso que contaba el texto que sigue; no está referido a Sierra Nevada, donde dice que abundaban los lobos, pero para el caso es lo mismo:

Tras la guerra civil, el hambre no dejaba lugar el conservacionismo de especies. Aunque para esas fechas en la provincia de Granada ya no quedaban lobos. Los más cercanos estaban en la espesura de Sierra Morena, ocultos entre el bosque bajo que había proliferado durante la contienda, y mezclado con las abundantes partidas de maquis.

Los sindicatos provinciales agrarios ofrecían en el año 1949 cantidades importantes por lobo muerto: 50 pesetas por lobezno, 100 por los machos y 125 por las hembras. Fue una pequeña resurrección del oficio de lobero y cepero. Además, en las monterías era sumamente aplaudido el abatimiento de un lobo.

Uno de los últimos lobos abatidos en Hoyocasero (Ávila) en 1935. MUNDO GRÁFICO
Uno de los lobos atrapados durante la guerra civil en Navas del Marqués (Ávila). Archivo ABC

El oficio de lobero fue regulado en 1953 por la Ley de Alimañas. Incluso se le aumentó su consideración social y se le facilitaban venenos, armas y cepos. Fue el momento en que al lobo se le dio por extinguido oficialmente en España. Si bien, los ganaderos gallegos y extremeños sabían perfectamente que algún ejemplar todavía andaba suelto por sus tierras: hasta 1961 estuvieron cayendo lobos en Cáceres y Badajoz, a razón de una media de 40 por año.

En Granada hacía exactamente tres décadas que no había sido visto un lobo por sus tierras.

1946, cuatro lobos y un jabalí abatidos en una montería en Villanueva de Córdoba. ARCHIVO ABC

A partir de 1970 se produjo un cambio radical en cuanto al concepto que se tenía del lobo. Fue protagonizado por Félix Rodríguez de la Fuente, en su condición de cetrero y naturalista con influencia sobre el dictador Francisco Franco. Consiguió eliminar la figura del alimañero en la Ley de Caza de 1970. Apareció entonces el concepto de especie protegida, cuando ya el lobo era un recuerdo en casi todas las sierras de España. En 1986 tuvimos que adaptar nuestra legislación a la de la Unión Europea y adoptar directrices conservacionistas.

En 1988, la joven Junta de Andalucía efectuó un censo de la población lobuna en esta comunidad. Sólo había referencias a un pequeño número en la zona occidental de Sierra Morena, sin demasiada seguridad. Se elaboraron planes de recuperación y reintroducción, que nunca se llegaron a plasmar. Había que salvar antes La resistencia de otros colectivos interesados. Y en esas estamos.

Continúo a la espera de que se confirme el regreso del lobo al Picón de Jérez.

Agradecimientos al profesor Manuel Titos Martínez (uno de los mayores expertos en Sierra Nevada) y a José Ángel Rodríguez (Presidente de la Asociación Sierra de Baza).