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REPASO AL VAPULEADO NOMENCLÁTOR DE LA CAPITAL

La urbanización dedicada al asesino de Lorca y otras 'perlas' en el callejero de Granada

Ciudadanía - Gabriel Pozo Felguera - Domingo, 11 de Abril de 2021
Es difícil de creer que en una ciudad que avanza hacia el primer cuarto del siglo XXI aún no se haya cambiado el nombre de una urbanización dedicada al mayor asesino de Granada: el comandante Valdés, ni a la de una calle, Crucero Baleares, que mató a miles de personas en la ‘Desbandá’. Este es un reportaje de Gabriel Pozo Felguera, que te sorprenderá y te causará indignación, que repasa el callejero de Granada con nombres aún de franquistas o de pasajes de victorias de los ganadores de la guerra civil y, como siempre, mucho más. No te lo pierdas.
Enorme placa que luce la urbanización de 500 casas en el Zaidín.
IndeGranada
Enorme placa que luce la urbanización de 500 casas en el Zaidín.
  • Una enorme placa recuerda a José Valdés Guzmán a la entrada de un grupo de 500 viviendas sociales construidas en el Zaidín, en el año 1956

  • José Valdés Guzmán, el que mandó fusilar a García Lorca, también dio nombre a una calle junto Puerta Real y a un colegio hasta 1979

  • El callejero de Granada continúa salpicado de nombres llenos de connotaciones referidas a actos violentos de la última guerra civil

  • La Avenida de la Constitución es la arteria de Granada que más veces ha cambiado de nombre durante el último siglo y medio

La actual Avenida de la Constitución es la calle de Granada que más vaivenes ha sufrido en su nomenclatura en poco más de un siglo. El callejero granadino ha estado sometido tradicionalmente a las luchas de poder: los conservadores rotulaban vías con nombres de sus líderes; los progresistas los renombraban con los de su cuerda cuando accedían al poder. Muchos de los nombres de inspiración política no consiguieron calar en el corazón de los ciudadanos y pasaron al olvido. Todavía atravesamos una fiebre renombradora, ocupada en borrar todo vestigio guerracivilista y franquista. Y de arrimar alguna vez la ascua a su sardina. Eso está muy bien, hay que cumplir con la cuestionada Ley de Memoria Histórica. No obstante, hay dos nombres que chirrían todavía en el callejero local: Urbanización Comandante Valdés y Crucero Baleares. Entre el militar y el barco de guerra se anotaron el asesinato de varios miles de inocentes al principio de la guerra civil de 1936, el de García Lorca como más sonado.

Iba yo hace unas semanas en el autobús del Hospital PTS. Un señor le dijo a otro que se apearían en la parada de la Urbanización Comandante Valdés. Reconozco que jamás había oído esa denominación. Recuerdo que hace ya más de cuarenta años, la primera Corporación democrática eliminó el nombre de Comandante Valdés de las calles de Granada. Puse atención dónde se bajó el vecino del Zaidín y me empeñé en averiguar el motivo de sus palabras.

Al inicio de la Avenida de Dílar, donde también arranca el Camino de la Zubia, existe una de las viejas y desordenadas urbanizaciones que dieron origen al barrio en las primeras décadas del franquismo

Al inicio de la Avenida de Dílar, donde también arranca el Camino de la Zubia, existe una de las viejas y desordenadas urbanizaciones que dieron origen al barrio en las primeras décadas del franquismo. El espacio forma un triángulo cerrado por la calle Fontiveros. En su interior, el arquitecto esparció una serie de bloques, como las hechiceras tiran las tabas para averiguar el destino. Y le crecieron algo más de medio centenar de bloques de pobre factura. Todos edificios (excepto dos) de cuatro plantas de alzada. Están agrupados en torno a tres placetas muy irregulares.

Perímetro de la urbanización Comandante Valdés, más el colegio Andrés Segovia (antes también Comandante Valdés). GOOGLE.
La placa del antiguo nombre de la calle quedó como testigo bajo el nuevo.
En algún caso de esta urbanización han sido resaltados los nombres y símbolos que le dieron sus creadores en 1956.

Esas callejas, de líneas muy quebradas, llevan nombres de ríos de Granada. Lo único que me ha llamado la atención siempre que paso por allí es que todavía existe la placa de Avenida del 18 de julio debajo de su nuevo nombre de Pablo Picasso. Pero jamás reparé en leer el enorme cartel que da nombre a toda la urbanización, colocado en un rincón, bajo unos aparatos de aire acondicionado y ciertamente disimulado por el mismo tono de pintura con que fue pintado el bloque hace ya años. Y menos aún imaginaba que la gente de la zona continuase llamado Urbanización Comandante Valdés a esta barriada.  El cartel dice: “Delegación Nacional de Sindicatos/Grupo Comandante Valdés/500 viviendas. Año 1956”. Está flanqueado por los emblemas del yugo y las flechas, y de los sindicatos verticales.

A finales de los años 40 y durante la década de los 50, varias zonas del Zaidín vieron levantarse urbanizaciones promovidas por el Instituto Nacional de la Vivienda. Fueron destinadas a acoger a gente del Albaizín, cuevas Sacromonte y Barranco del Abogado

A finales de los años 40 y durante la década de los 50, varias zonas del Zaidín vieron levantarse urbanizaciones promovidas por el Instituto Nacional de la Vivienda. Fueron destinadas a acoger a gente del Albaizín, cuevas Sacromonte y Barranco del Abogado. Se trató de casas dignas en su momento, de al menos tres habitaciones, pero ubicadas en entornos sin urbanizar. Las promociones recibieron nombres políticos: Grupo Generalísimo Franco, La Cruzada y Comandante Valdés. Participaron los arquitectos de moda en aquel momento.

En este último caso, fueron diseñadas por el arquitecto municipal Miguel Castillo Moreno. Este grupo de viviendas estuvo acabado para 1956; los pisos fueron amueblados con camas del Ejército y utilizados para alojar a los miles de personas que acudieron al Congreso Eucarístico de 1957. Después fueron ocupados por sus adjudicatarios.

Las casas de la urbanización Comandante Valdés están pintadas en alegres colores en la actualidad.

Los responsables políticos de entonces decidieron bautizar aquella urbanización en recuerdo del mayor asesino que tuvo Granada durante la guerra civil (1936-39). A pesar de que ya tenía otra calle con su nombre en el centro de la ciudad; así mismo, al colegio anexo a la urbanización también se le dio el nombre del militar golpista, de diez aulas.

Según los libros de registro del Cementerio Municipal de Granada, entre el 20 de julio de 1936 y finales de marzo de 1937 en que ejerció de gobernador civil, envió a fusilar a sus tapias a 1.562 granadinos (sólo en el mes de agosto fueron 582). Se llevó por delante al alcalde de la ciudad, al presidente de la Diputación; descabezó los partidos y sindicatos de izquierdas

José Valdés Guzmán (Logroño, 1891-Granada, 1939) fue uno de los principales cabecillas del golpe de estado de 1936. El 20 de julio se hizo con el Gobierno Civil de Granada; desde este puesto estuvo enviando a miles de personas ante los pelotones de fusilamiento. Se cobró la vida de políticos, sindicalistas y gente normal, de izquierdas, derechas y sin militancia. Los números de asesinados a su cargo los calculan los historiadores en varios millares durante los nueve meses que permaneció como gobernador civil. Incluso se le achaca la orden de fusilamiento de Federico García Lorca. Según los libros de registro del Cementerio Municipal de Granada, entre el 20 de julio de 1936 y finales de marzo de 1937 en que ejerció de gobernador civil, envió a fusilar a sus tapias a 1.562 granadinos (sólo en el mes de agosto fueron 582). Se llevó por delante al alcalde de la ciudad, al presidente de la Diputación; descabezó los partidos y sindicatos de izquierdas. Además, hay que apuntarle en su haber otros varios centenares, o miles, de muertos en las fosas de Víznar y en los caminos de los alrededores de Granada.

Retrato de José Valdés publicado en julio de 1936 por Ideal tras haberse autonombrado gobernador civil.

Valdés Guzmán fue llamado por nuestros abuelos con el apodo de Nerón, por la cantidad de sangre humana que hizo derramar. Fue destituido por la presión que ejercieron eclesiásticos y gentes de derechas de Granada al entorno de Franco, al comprobar el horror de sus actuaciones. Fue enviado a frentes de batalla de Extremadura y Castilla, donde permaneció el resto de contienda. Regresó enfermo de cáncer a Granada, donde falleció el 5 de marzo de 1939, a pocas semanas del último parte de guerra de Franco. Fue enterrado con innumerables honores en el Patio de Santiago, sección 27; hace ya muchos años que su nombre fue borrado de la bóveda de número supersticioso que contiene sus restos (a raíz de las primeras publicaciones de Ian Gibson).

Jamás ninguna comisión municipal renombradora de calles ha movido un dedo para eliminar esta placa. Resulta paradójico que todavía existan referencias a esa nomenclatura en documentos de grupos municipales del Ayuntamiento de Granada

Los homenajes continuaron cuando el alcalde Gallego Burín reformó la Manigua y abrió la calle Ganivet en 1944; la primera lateral, o calle B, la llamó Comandante Valdés. Así permaneció hasta 1979 en que la primera corporación de la transición la eliminó, a propuesta del Partido Socialista de Andalucía (PSA). El nombre del colegio Comandante Valdés también fue sustituido (su solar lo ocupa el CEIP Andrés Segovia), pero no así el nombre de la urbanización ni la enorme placa. Está situada en el primer bloque de la urbanización, a modo de arco triunfal.

Jamás ninguna comisión municipal renombradora de calles ha movido un dedo para eliminar esta placa. Resulta paradójico que todavía existan referencias a esa nomenclatura en documentos de grupos municipales del Ayuntamiento de Granada. En estos enlaces se pueden ver uno del gobierno del PP en 2004 y otro del Grupo Socialista de 2009:

Crucero Baleares y otros guerracivilistas

Los barrios del Zaidín y Cercado Bajo de Cartuja eran dos de las zonas de ampliación en las que actuaron el Sindicato de la Vivienda y las distintas fundaciones religiosas para crear viviendas asequibles y dignas en las primeras décadas del franquismo. Por tanto, esas nuevas calles fueron utilizadas para poner nombres de personas o hechos relacionados con el bando ganador de la guerra civil.

Placa renovada e inscripción antigua de la calle Crucero Baleares. De las 6 que quedaban en municipios de España en 2018, ya han sido retiradas tres.

La calle Crucero Baleares es la segunda que, a mi juicio, mayor agravio supone para los granadinos

La calle Crucero Baleares es la segunda que, a mi juicio, mayor agravio supone para los granadinos. Está situada en el Zaidín, junto a la calle Don Bosco. El mérito de la oficialidad de aquel barco de guerra fue sumarse al Alzamiento del 18 de julio y participar en el bombardeo y muerte de miles de personas en la Desbandá. Durante la primera quincena del mes de febrero de 1937 colaboró en la toma de Málaga. Desde el mar se dedicó a perseguir y cañonear la carretera Málaga-Motril-Almería. En aquella huida precipitada perdieron la vida alrededor de 6.000 personas a causa de los disparos de barcos y de la aviación italiana. El barco continuó en activo guerreando contra la armada republicana y buques rusos, hasta que el 6 de marzo de 1938 fue hundido en la batalla del Cabo de Palos. Se llevó consigo la vida de 786 marinos.

Crucero Baleares, 16 cañones disparando hacia la carretera litoral, con un alcance de fuego de 20 kilómetros.

Varias calles del Zaidín se refieren también a batallas o escaramuzas protagonizadas, con mayor o menor éxito, por el bando franquista durante la toma de Madrid. No se trata con esos nombres de recordar accidentes geográficos. La calle Jarama se puso en recuerdo de los avances del general Varela a lo largo del río Jarama para unir Madrid con Valencia, a principios de 1937.

Por supuesto que el sitio del Alcázar de Toledo tampoco se quedó sin calle conmemorativa en Granada: la actual calle Poeta Gracián le sucedió en el nomenclátor

La calle Pingarrón, al lado de Jarama, recuerda un monte de la tierra madrileña ocupado precisamente durante la ofensiva del Jarama, en la que murieron algunos granadinos. En la misma zona están las calles dedicadas a las batallas de Belchite y Ebro, ambas en la zona de Aragón y ganadas finalmente por el ejército nacional. Y también muy cercana se encuentra la calle Santuario Virgen de la Cabeza, en recuerdo de la resistencia del cerro del Cabezo en la Sierra de Andújar por buena parte de los guardias civiles de la comandancia de Jaén; allí resistieron unas 1.300 personas, entre guardias y paisanos, durante nueve meses. Hasta que el 1 de mayo de 1937 fueron reducidos por el ejército republicano del Sur. El hecho tuvo como primer protagonista al capitán Cortés. Por supuesto que el sitio del Alcázar de Toledo tampoco se quedó sin calle conmemorativa en Granada: la actual calle Poeta Gracián le sucedió en el nomenclátor.

Imagen antigua en la que se aprecia el rótulo Poeta Gracián, encima de la anterior denominación Alcázar de Toledo, ya desaparecida con la construcción de la nueva Santa Adela.

Junto a la Avenida de Cádiz hay una calle que lleva el nombre de Kindelán. Se refiere a Alfredo Kindelán Duany, jefe del arma aérea sublevada contra la II República. Acabó su vida con el grado de teniente general. Franco creó para él el marquesado de Kindelán

Junto a la Avenida de Cádiz hay una calle que lleva el nombre de Kindelán. Se refiere a Alfredo Kindelán Duany, jefe del arma aérea sublevada contra la II República. Acabó su vida con el grado de teniente general. Franco creó para él el marquesado de Kindelán.

La calle Somosierra no está en el Zaidín, sino entre las calles Molinos y Santiago. Este barrio fue remodelado después de demoler el antiguo Presidio. Al lugar adjudicaron dos nombres franquistas: éste de Somosierra y un colegio con el nombre de División Azul. Somosierra y Alto de los Leones fueron dos lugares donde los alzados se dejaron muchas vidas en su intento de conquistar Madrid. El colegio estaba ya en proyecto desde tiempos de la República, con el nombre adjudicado de Cervantes, pero en 1952 se decidió cambiarlo por División Azul. Somosierra quedó tal como estaba, mientras División Azul desapareció con el retorno de la democracia; hoy lleva el nombre de José Hurtado, uno de sus directores. Muy próxima se encuentra la calle Padre Ponce de León; se trató de un jesuita, que ejerció de capellán castrense.

Hay algunas calles más, repartidas por varias zonas de la ciudad, que hacen referencia a personas relacionadas con el bando ganador de la guerra civil. En la barriada de la Encina (Chana) hay una pequeña transversal bautizada como Manuel Mateos. Se trató de un muchacho de 17 años a quien asesinaron anarquistas en la zona de Iznalloz. Sargento Piris, en la colonia de San Francisco Javier, se refiere a un guardia de asalto de derechas que cayó en el frente de batalla.

Franco, Carrero Blanco y José Antonio

Por supuesto que el principal protagonista de la guerra civil, Francisco Franco, no fue olvidado a la hora de poner su nombre a plazas de Granada. La primera y más importante que llevó oficialmente su nombre fue Plaza Nueva; en segundo lugar, una promoción de viviendas en el Zaidín llevó el nombre de Grupo Generalísimo. La plaza central se llamó Plaza del Generalísimo Franco (actual Plaza de las Palomas). En cuanto a Plaza Nueva, muy poca gente se refería a ella con el nombre del dictador, continuó siendo Plaza Nueva. Quien se quedó sin calle fue Queipo de Llano, ya que su pronto fallecimiento en 1951 y sabedores de que no congeniaba con Franco hizo que la eliminaran del proyecto en la zona donde está Kindelán. No obstante, no hay que olvidar que Queipo de Llano, como jefe del ejército del Sur, ya dio el nombre a una plaza de Granada al principio de la guerra civil, desde febrero de 1937 y como premio a su éxito en tierras malagueñas: la Plaza de la Trinidad. Aunque también en este caso, nadie la llamaba así.

En cuanto a Plaza Nueva, muy poca gente se refería a ella con el nombre del dictador, continuó siendo Plaza Nueva

Tuvieron calle otros personajes franquistas destacados, caso del Coronel Muñoz (en referencia a Agustín Muñoz Grandes) en la zona de Doctor Olóriz, y el malogrado general Sanjurjo (Plaza del Campillo).

Recorte de ABC que recogía la noticia de los primeros cambios de nombres en el callejero de Granada, 26 de julio de 1979.

El caso del fundador de Falange, José Antonio Primo de Rivera, tuvo un camino diferente. Aún no resuelto en algunos aspectos debido a sus especiales connotaciones. Ya la primera corporación municipal de 1979 entendió que había que eliminar el nombre de su avenida, su monumento y la inscripción en la fachada del Sagrario. Las calles de Comandante Valdés y Carrero Blanco no tuvieron ningún problema en ser suprimidas. Carrero Blanco llevaba muy poco tiempo instaurado en Granada; el Camino de Ronda de toda la vida fue rebautizado con el nombre del presidente del Gobierno asesinado por ETA en diciembre de 1973. Pero duró solamente hasta 1979, aunque la gente casi nunca se refirió de este modo para la dirección de su casa, preferían la Redonda.

La Avenida de José Antonio se le dio a una nueva calle, construida al cubrir del Darro entre el Puente de Castañeda y el Genil (1936-42). Un amplísimo sector de la población obviaba llamar a esta calle con el nombre del falangista, prefería nombrarla por su apodo de 'La Filomátic'

En el caso de Avenida de José Antonio no hubo acuerdo municipal en principio. Incluso se sucedieron protestas por sectores falangistas y conservadores, que entendían el nombre de José Antonio como una víctima más de la guerra civil y no como un sublevado. La Avenida de José Antonio se le dio a una nueva calle, construida al cubrir del Darro entre el Puente de Castañeda y el Genil (1936-42). Un amplísimo sector de la población obviaba llamar a esta calle con el nombre del falangista, prefería nombrarla por su apodo de La Filomátic. Adquirió ese nombre debido a que fue la primera calle de Granada en ser asfaltada y circular por ella suponía un gustirrinín (como el anuncio de cuchillas de afeitar), ya que el resto de la ciudad estaba adoquinada y los coches y motos iban vibrando. Hubo que esperar todavía algunos años más para que el Ayuntamiento la cambiara por Acera del Darro, nombre histórico del malecón junto al río.

Inscripción en la iglesia del Sagrario de la Catedral de Granada, hace unos días.

El monumento a Falange/José Antonio frente a Bibataubín fue retirado en 2014, tras una sentencia judicial. En cuanto a la inscripción en la fachada del Sagrario, las espadas están en alto. Fue elaborado un informe por la Delegación de Cultura para ver la forma menos impactante de rellenar las letras horadadas en la piedra del siglo XVIII, monumento histórico. Se dijo hace pocos años que el tapado era inminente, pero no se ha vuelto a saber del asunto.

En cuanto a la inscripción en la fachada del Sagrario, las espadas están en alto. Fue elaborado un informe por la Delegación de Cultura para ver la forma menos impactante de rellenar las letras horadadas en la piedra del siglo XVIII, monumento histórico. Se dijo hace pocos años que el tapado era inminente, pero no se ha vuelto a saber del asunto

Hubo un acuerdo municipal durante la guerra civil de poner al general Varela una calle. José Enrique Varela fue otro general sublevado en 1936, que unió la aislada ciudad de Granada con toda la Andalucía franquista en el verano de 1936. Luego se distinguió en varios frentes de Madrid. Con anterioridad, había formado parte de una candidatura electoral contrarrevolucionaria por el distrito de Granada. Aquella calle no cuajó en el callejero (Nada tiene que ver con la histórica calle Varela, que lleva el nombre de un concejal del siglo XVII).

La calle de los mil nombres

El espacio público que más inscripciones y placas ha visto poner y quitar en sus esquinas ha sido sin duda la actual Avenida de la Constitución. Cuando era descampado sin prácticamente esquinas donde colocar nombres, se la llamaba Camino Real de Santa Fe y Real de San Lázaro. Hubo algunas versiones según a dónde se dirigiera el caminante, de manera que también la nombraban como camino de Sevilla, Antequera o Málaga. En algún plano del siglo XIX, aparece ya escrito el nombre de Carretera de Málaga. Después, a partir de la entrada en funcionamiento del ferrocarril, se la llamó Avenida de la Estación. En los años veinte y treinta, fue bautizada con el nombre de Alfonso XIII, en homenaje a los varios viajes que hizo el monarca a Granada, especialmente a cazar a las fincas de su amigo el Duque de San Pedro de Galatino. Cuando llegó la II República, la reacción del ayuntamiento republicano fue adoptar su nombre.

Plano de 1935, donde figura el bulevar como Avenida de la República.

De nuevo, al llegar la guerra civil, tocó ponerle el nombre de Avenida Calvo Sotelo, por el político cedista asesinado en Madrid. Así permaneció y se pobló espectacularmente entre 1936 y 1982, cuando volvió a recibir el nombre de la Constitución de 1978. Es el periodo más largo de la historia con el mismo nombre de las placas. (Cuando fue camino de Santa Fe en siglos anteriores no tuvo placas).

Plano de Granada de 1909, donde se distinguía claramente entre el Banco y Paseo del Salón.

El Salón tampoco se libró en los turbulentos años de la II República de los cambios de nombre. Históricamente se le llamó arboleda del Genil. Cuando en el siglo XIX fue alineada y urbanizada la zona con casas nuevas, se ubicó allí el Banco del Salón, una de las primeras entidades financieras. Se distinguía la Acera del Banco del Salón del Paseo central del Salón. La Acera pasó a llamarse calle Fernando de los Ríos entre los años 1931 y 1934, en honor al gran político socialista granadino, ministro en los primeros gobiernos de la II República y uno de los padres de la Constitución de 1931. Durante el gobierno derechista de 1934-35, la calle volvió a llamarse Banco del Salón. A la continuación, hacia la carretera de la Sierra, se la puso Avenida de Isabel la Católica. Una vez más, tras ganar las izquierdas las elecciones en 1936, el Banco del Salón volvió a ser calle Fernando de los Ríos. Y finalmente, tras el Alzamiento de 1936, todo se llamó Paseo del Salón y nunca más se ha cambiado. Precisamente en una casa de esta calle Banco del Salón vivió el catedrático nada más llegar a Granada en 1911.

Fernando de los Ríos volvió a tener una calle importante en Granada ya en el siglo XXI. La histórica Carretera de Armilla, entre Cruz de Lagos y hasta el límite del término municipal se llama así. En mitad, una escultura en la rotonda del Parque de las Ciencias recuerda su figura

Fernando de los Ríos volvió a tener una calle importante en Granada ya en el siglo XXI. La histórica Carretera de Armilla, entre Cruz de Lagos y hasta el límite del término municipal se llama así. En mitad, una escultura en la rotonda del Parque de las Ciencias recuerda su figura.

En los años de la II República hubo otra calle, la de San Jerónimo, que fue objeto del deseo de los republicanos, sobre todo en su tramo final que se denominaba San Felipe. Hubo nombres que duraron solo semanas, como Capitanes Galán y García Hernández (militares fusilados tras la sublevación de Jaca, en 1930), Marcelino Domingo (ministro de Instrucción pública) e Indalecio Prieto (ministro socialista en varias carteras). Otra calle cercana, Conde de las Infantas, cambió de nombre durante los años de la II República: se llamó calle 14 de Abril de 1931. Este hecho llevó a que, durante la guerra, la fecha del 14 de abril fuese sustituida por la del 18 de julio.

También los republicanos granadinos de 1931 aprobaron una moción por la que se hacían bolivarianos, como Nicolás Maduro y algún admirador español. Propusieron dar el nombre de Simón Bolívar a la calle de nueva apertura entre la Plaza de Santo Domingo y la de los Campos, en cuanto estuviera desescombrado todo el Convento de la Santa Cruz. Pero aquella obra se prolongó hasta tiempos de Gallego Burín y el nombre del libertador suramericano dejó paso a Fray Luis de Granada.

De alcaldes y políticos

Los políticos y alcaldes de Granada están muy ausentes del callejero granadino, sobre todo los referidos al siglo XX. Algunos han sido recuperados para dar nombre a sus calles, pero son más las ausencias que las presencias.

La docena de alcaldes con calles en el entorno de la avenida Julio Moreno Dávila (político, abogado y periodista conservador) proceden de la ordenación de la zona en los años cincuenta-setenta. Todos esos alcaldes vivieron en la Granada del siglo XVII. Los únicos alcaldes del siglo XX que dan nombre a calles son Jesús Yoldi Bereau y Rafael Acosta Inglot. El primero fue un catedrático de la Universidad que ocupó la alcaldía brevemente en el año 1932, por Izquierda Republicana. Murió fusilado en 1936. La Universidad le dedicó una calle recientemente en la zona del campus de Fuentenueva. Acosta Inglot es el único alcalde de Granada que ha muerto ocupando el cargo; falleció de tifus exantemático en 1941, tras haber sido alcalde sólo desde finales de 1940 a 1941. Su calle está ubicada junto a la Avenida de Pulianas.

Acosta Inglot y Yoldi Bereau, los dos únicos alcaldes de Granada del siglo XX que dan nombre a una calle.

A Constantino Ruiz Carnero, también fusilado en 1936 por ser concejal izquierdista, se le dedicó una calle en el Zaidín, perpendicular a la Avenida de América. Pero no se hizo en su calidad de político, sino por ser periodista y director de El Defensor de Granada. De ahí que la calle lleve el nombre de Periodista Ruiz Carnero. Otro concejal de izquierdas fusilado al que se dio nombre de una calle en 1995 fue Antonio Dalmases; se le adjudicó la trasera del Palacio de Congresos y Parque Sur de Bomberos.

Ni el alcalde que regía el día del golpe de estado, y fue fusilado más tarde, Manuel Fernández Montesinos, ni ningún otro alcalde más del siglo XX tiene calle con nombre

Ni el alcalde que regía el día del golpe de estado, y fue fusilado más tarde, Manuel Fernández Montesinos, ni ningún otro alcalde más del siglo XX tiene calle con nombre. Ni siquiera el cacareado “mejor alcalde del siglo XX”, Antonio Gallego Burín. Incluso hay una escultura preparada desde hace décadas en el taller del escultor Miguel Moreno esperando su ubicación. Ninguna corporación de los últimos 42 años se ha atrevido a dedicarle la vía. En cambio, su hijo Antonio Gallego Morell sí tiene calle en calidad de rector de la Universidad.

El lamentable caso de la escultura de Gallego Burín

Nunca se pensó en el Ayuntamiento dedicarle el nombre de una calle a Antonio Gallego Burín, pero sí colocarle una escultura. Los orígenes de su monumento se encuentran en una exposición que fue organizada por el alcalde socialista Jesús Quero en el año 1995, con documentación sobre la etapa de Gallego Burín en la Alcaldía de Granada, sobre todo sobre las reformas interiores de la ciudad. En aquella exposición quedó de manifiesto que había sido un buen alcalde para la capital. Concitaba por entonces cierto grado de acuerdo entre los partidos de izquierdas que gobernaban.

A Jesús Quero le sucedió en la Alcaldía el popular Gabriel Díaz Berbel (1940-2011), con mayoría absoluta. Kiki entendió que su mayoría absoluta y el anterior apoyo político y ciudadano de la exposición le autorizaban tácitamente para homenajear a Gallego Burín. Hacia mitad de su mandato (1995-99) se le ocurrió encargar una escultura a tamaño natural del alcalde intelectual. Sería de bronce. El encargo lo efectuó al taller de Miguel Moreno Romera. El coste ascendía a 14 millones de pesetas (unos 72.000 euros al cambio).

La escultura estuvo acabada para la primavera de 1999. Pero se avecinaba la campaña electoral y Kiki pidió al taller montarla en su jardín y esperar a que renovara en la alcaldía. El Ayuntamiento había pagado ya algo más de 11 millones del coste de la obra, incluidas las 300.000 pesetas del plinto de un metro cúbico en piedra de Sierra Elvira, aportado por Mármoles Nevado. En la piedra figuran las fechas de nacimiento, muerte y sus dos mandatos como alcalde de Granada, entre 1938 y 1951.

Díaz Berbel confiaba repetir como alcalde en junio de 1999. Pensaba colocarla en la plaza de San Agustín, frente al Colegio de Arquitectos. Pero no obtuvo mayoría absoluta y se formó un tripartito (PSOE, IU y Andalucistas de Jesús Valenzuela) que le apartó de la Alcaldía. El nuevo alcalde, José Moratalla, no asumió el encargo y la escultura quedó en espera de destino. A pesar de que ya estaba prácticamente pagada por el Ayuntamiento.

Nuevamente en 2003 volvió a ganar el PP, partido de Gabriel Díaz Berbel, pero con José Torres Hurtado como alcalde. Él y el presidente provincial del PP, Sebastián Pérez, acudieron a informarse al taller de Miguel Moreno. Alabaron la gran calidad del trabajo. El escultor se basó en una conocida fotografía de Gallego Burín. Torres Hurtado abrió un debate para que la gente opinara sobre el mejor lugar de ubicación. Entonces empezaron las pegas, parecía haberse roto el acuerdo de tiempos de Jesús Quero. Incluso algún exalcalde amenazó con encadenarse a ella. Ante la polémica, la nueva corporación del PP tuvo la ocurrencia de sugerir el cementerio como mejor ubicación, junto al desterrado monumento a los Caídos que él había inaugurado en 1938 en la carretera de la Sierra. Y ahí intervino su hijo Antonio Gallego Morell, oponiéndose radicalmente. También se barajó el patio de la Casa de los Tiros, pero se descartó porque es un lugar angosto y ya tiene un busto del mismo alcalde (que fue fundador de ese  Museo).

La última ocurrencia de Torres Hurtado fue “esconderla” en alguno de los patios del complejo Los Mondragones. Aquella fue la última noticia que se tuvo de la escultura. En 2016, Torres Hurtado fue arrojado a los leones por gente de su propio partido.

Hoy la escultura continúa en el jardín de lo que fue el estudio-taller de Miguel Moreno. La empresa ya cerró y el futuro quedará en manos de la siguiente generación, o del hipotético nuevo propietario.

Recordemos: la escultura es casi toda propiedad de los granadinos.

Hay un gobernador civil franquista de los años cuarenta que sí dejó nombre a una calle: Pizarro Cenjor. Fue teniente coronel de la comandancia de la Guardia Civil de Granada (llegó a general) y gobernador civil. Se le dio su nombre a una calle por ser promotor del patronato que construyó cientos de viviendas en el Cercado Bajo de Cartuja, entre Cervezas Alhambra y Cardenal Parrado. Muy próximas están las callecillas de otras tres víctimas relacionadas con la guerra civil, del bando franquista: el aviador Joaquín García Morato y Gálvez, muerto en una exhibición al poco de acabar la contienda; Juan García Villatoro, un motrileño que falleció en 1938 en la Sierra de Argallón (frente de Córdoba); y Luis Labella Dávalos, un joven de veinte años, voluntario falangista decapitado por un obús republicano en el frente de Córdoba, el 7 de octubre de 1937.

Los fulgurantes cambios del siglo XIX

El turbulento siglo XIX también fue pródigo en cambios de nombres de calles, en función de los intereses políticos y propagandísticos del momento. Para empezar, la Constitución de 1812 tuvo su plaza durante muchos años, aunque de quita y pon. Se trató de Bibarrambla. Entre 1812 y 1814 llevó ese nombre oficial, hasta que el 17 de mayo de 1814 fue cambiada por Plaza de Fernando VII; fue retirado el cartel constitucional en las épocas absolutistas de Fernando VII; nuevamente repuesto en el Trienio Liberal (1820-23); y vuelta a ponerlo entre 1834 y 1868, durante todo el reinado de Isabel II, aunque en algunos momentos la placa solía ser destrozada o tapada. La realidad es que los granadinos apenas llamaron a Bibarrambla de la Constitución o la Pepa como en otras ciudades.

Arco de triunfo montado en la Plaza de la Constitución (Bibarrambla) con motivo de la visita de Isabel II, en octubre de 1862.

Durante alrededor de un año, entre el otoño de 1822 y 1823, la calle Alhóndiga llevó el nombre de General Rafael del Riego. Se lo pusieron como homenaje al famoso militar que puso firme a Fernando VII con su levantamiento en Cabezas de San Juan y con motivo de su visita a Granada y alojamiento en una casa de esa calle en octubre de 1822; pero corrieron a quitársela en cuanto fue ahorcado un año después en Madrid y regresó el gobierno absolutista.

Hasta que ya en el siglo XX se decidió que se la quitaran por Reyes Católicos. A mediados del siglo XX, fue recuperado el nombre de Méndez Núñez para ponerlo al tramo de calle entre Camino de Ronda y Arabial. A las órdenes de Méndez Núñez se encontraban dos guardiamarinas granadinos que murieron en la batalla del Callao (1866); como sentido homenaje, su ciudad decidió renombrar la Plaza de los Lobos como Plaza de Rull y Godínez

La guerra del Pacífico protagonizada por el almirante Calixto Méndez Núñez y su primera vuelta al mundo en un barco acorazado le hicieron acreedor a una importante avenida en Granada. Nada menos que la calle que surgió al embovedar el río Darro entre Plaza Nueva y Puerta Real. Hasta que ya en el siglo XX se decidió que se la quitaran por Reyes Católicos. A mediados del siglo XX, fue recuperado el nombre de Méndez Núñez para ponerlo al tramo de calle entre Camino de Ronda y Arabial. A las órdenes de Méndez Núñez se encontraban dos guardiamarinas granadinos que murieron en la batalla del Callao (1866); como sentido homenaje, su ciudad decidió renombrar la Plaza de los Lobos como Plaza de Rull y Godínez. Aquellos soldados se llamaban Ramón Rull y Enrique Godínez. Su recuerdo se perdió muy pronto, sólo queda una placa en recuerdo de la batalla, pero sin sus nombres.

La calle San Antón estuvo rotulada durante unos años como Mateo Sagasta, líder de partidos progresistas y varias veces presidente del Gobierno a finales del XIX. Una de sus perpendiculares, Nueva de San Antón, llevó el nombre de un periodista, dramaturgo y político granadino que brilló en su momento y murió muy joven: Baltasar Martínez Durán (1847-83).

Joaquín Costa (1846-1911) continúa manteniendo su calle tras la Gran Vía de Granada. Este afamado notario y escritor, originario de Aragón, tuvo poca relación notarial con la ciudad, pero se decidió dedicarle una calle por haber estudiado en su Universidad y haber sacado el número uno en las oposiciones. Parece que su notaría estuvo ubicada en esa zona, donde se ubicaba el convento de los Hospitalicos. Bajo esa calle Joaquín Costa y edificios de la zona permanece el cementerio de los Hospitalicos, con centenares de cadáveres de niños y ancianos que solían abandonar a su suerte.

Zorrilla, aclamado por la multitud en su paso por la calle Mesones, rebautizada con su nombre en junio de 1889.

José Zorrilla, el poeta vallisoletano, también tuvo su calle en Granada durante bastantes años. Nada menos que la calle Mesones fue renombrada con motivo de su coronación como Poeta Nacional en el año 1889, a propuesta del Centro Artístico. Este siglo XIX también fue testigo de las calles Espartero (antes de llamarse Príncipe), General Narváez (el espadón de Loja), General Prim, Cánovas del Castillo, Segismundo Moret, etc. Cualquiera que pasara por la presidencia del Gobierno parecía tener su calle de quita y pon en la ciudad. Todas de pervivencia muy efímera. Al igual que lo fueron las calles Marqués de Portago (San Matías) y abogado Rodríguez Bolívar (Plaza Nueva). La que no resultó tan efímera fue la dedicada al conseguidor Natalio Rivas; su nombre fue puesto al primer tramo de la Acera del Triunfo, el que quedó tras construir el Instituto General y Técnico, ya que consiguió dinero para acabar el edificio en 1919. Y ahí sigue hace ya un siglo.

Pocos representantes de la realeza

Emires y sultanes de las dinastías musulmanas tienen algunas placas dedicadas entre las vías granadinas. Pero no ocurre lo mismo con los reyes cristianos. A excepción de los Reyes Católicos y la diminuta San Fernando (que no se sabe muy bien si es por Fernando III), los demás reyes, príncipes e infantes dejaron poca impronta. Carlos V se incorporó al nomenclátor ya en la segunda mitad del siglo XX, con una gran avenida en el Zaidín; Felipe II no tiene nombre, al igual que su hijo Felipe III. De Felipe IV se puede decir que Puerta Real lleva su nombre, que le fue colocado por ser el lugar por donde entró en su visita de 1624 y al principio se le dijo Puerta Real de Felipe IV.

Emires y sultanes de las dinastías musulmanas tienen algunas placas dedicadas entre las vías granadinas

De la etapa francesa quedó la Plaza de los Campos (Elíseos). Isabel II dio su nombre a una calle entre su visita a la ciudad de 1862 y hasta su destronamiento en 1868; se trató de la lateral al Ayuntamiento, hoy llamada Mariana Pineda. Nada más quitársela, los revolucionarios de La Gloriosa y durante la I República la sustituyeron por Revolución.

Espacio en semicírculo (encima del quiosco) donde estuvo la placa de la I República. AHPGR.

La I República tuvo también su espacio público durante un tiempo muy breve, el de su duración en 1873-4. Colocaron una placa con su nombre en la Puerta de Elvira y denominaron así a este espacio abierto de la actual Plaza del Triunfo. La enorme placa semicircular fue arrancada con el regreso de Alfonso XII y la restauración monárquica de la dinastía Borbón. La placa dejó un hueco en la puerta zirí que estuvo marcada hasta el primer tercio del siglo XX.

Alfonso XIII también dejó su nombre a una calle, si bien de manera un tanto “secreta”. Se trata de la calle Príncipe, entre Bibarrambla y la calle Reyes Católicos, nombrada como Espartero durante un tiempo de la I República

Alfonso XIII también dejó su nombre a una calle, si bien de manera un tanto “secreta”. Se trata de la calle Príncipe, entre Bibarrambla y la calle Reyes Católicos, nombrada como Espartero durante un tiempo de la I República. Esa zona del antiguo hospital de San Sebastián, de la Mesta, continuaba en fase de reordenación y alineación urbanística en 1886, cuando nació el primer y único hijo de Alfonso XII, el restaurador. El Ayuntamiento decidió ponerle calle Del Príncipe, que en la actualidad ha quedado reducida a Príncipe.

La otra calle con nombre de la familia Borbón es un pasaje llamado Infanta Beatriz, entre el Camino de Ronda y Pedro Antonio de Alarcón. Se refiere a Beatriz de Borbón y Battemberg (1909-2002), tercera hija de Alfonso XIII, tía abuela del actual Rey de España.

NOTA FINAL. La Ley de Memoria Histórica y Democrática de Andalucía (ley 1/2017, de 28 de marzo), está siendo cumplida lentamente por los ayuntamientos andaluces. Al respecto, su Capítulo III es claro. Reproducimos un extracto:

“Símbolos y actos contrarios a la Memoria Histórica y Democrática

Artículo 32. Elementos contrarios a la Memoria Histórica y Democrática.

1. La exhibición pública de escudos, insignias, placas y otros objetos o menciones, como el callejero, inscripciones y otros elementos adosados a edificios públicos o situados en la vía pública, realizados en conmemoración, exaltación o enaltecimiento individual o colectivo del golpe militar de 1936 y del franquismo, de sus dirigentes o de las organizaciones que sustentaron al régimen dictatorial, se considera contraria a la Memoria Democrática de Andalucía y a la dignidad de las víctimas.

2. Las administraciones públicas de Andalucía, en el ejercicio de sus competencias y de conformidad con lo establecido en el apartado primero, adoptarán las medidas necesarias para proceder a la retirada o eliminación de los elementos contrarios a la Memoria Democrática de Andalucía, sin perjuicio de las actuaciones que las víctimas, sus familiares o las entidades memorialistas puedan llevar a cabo en defensa de su derecho al honor y la dignidad.

3. No se considerará que concurren razones artísticas o arquitectónicas para el mantenimiento de los elementos de exaltación de la Dictadura, salvo informe favorable técnico jurídico en tal sentido de la Consejería competente en materia de patrimonio histórico, que se emitirá por esta en el plazo de tres meses a solicitud de la persona interesada, en los siguientes supuestos:

- Placas, escudos, insignias, inscripciones sobre edificios o lugares históricos.

- Alusiones que desmerezcan a la legalidad republicana y sus defensores.

- Alusiones a los participantes, instigadores y/o legitimadores de la sublevación militar de 1936 y de la Dictadura franquista.

4. Cuando los elementos contrarios a la Memoria Democrática estén colocados en edificios de carácter privado con proyección a un espacio o uso público, las personas propietarias de los mismos deberán retirarlos o eliminarlos.”