Obituario

'Juan Pérez, contra todas las injusticias'

Ciudadanía - Juan I. Pérez - Domingo, 22 de Febrero de 2026
Al amigo leal e inagotable, por Juan I. Pérez.
Juan Pérez.
Juan Pérez.

La muerte deja todo sin terminar, convierte el último momento que compartiste con el que nos deja en algo inacabable. Así fue en mi caso con Juan Pérez, que pasó a habitar de otra forma entre nosotros el lunes, 16 de febrero.

Pero la última vez que nos vimos me deja esa sensación de no haberle expresado lo que solemos esconder con personas excepcionales, cuando no sabemos o no queremos aceptar que lo intuimos, que no habrá más otro abrazo, otro cruce de miradas cómplices porque la vida también es cruel

Poco puedo añadir a lo que en redes sociales y en espléndidos artículos, como los de Juan Pinilla o Agustín Martínez, inseparables camaradas, han dicho de él, del dolor por su pérdida y agradecimiento por tanto de mucho, como se demostró en la multitudinaria despedida.

Pero la última vez que nos vimos me deja esa sensación de no haberle expresado lo que solemos esconder con personas excepcionales, cuando no sabemos o no queremos aceptar que lo intuimos, que no habrá más otro abrazo, otro cruce de miradas cómplices porque la vida también es cruel. Y eso, también lo compartíamos.

Juan fue amigo leal e inagotable y para quienes trabajaron a su lado, un maestro que, como druida moderno, resolvía cualquier problema con una inusual mezcla de sabiduría, paciencia, intuición, generosidad, (mucha generosidad), humor y humanidad.

Tenía una capacidad natural para detectar el talento, para tender puentes entre personas que ni siquiera sabían que necesitaban conocerse. Era, sin que nunca fuera su cometido, uno de los mejores relaciones públicas que uno pudiera imaginar: afable, cercano, ingenioso, siempre atento a detalles que hacen que alguien se sienta visto y valorado. Tenía un don para conectar mundos, para generar confianza, para hacer que cualquier conversación pareciera importante, si así se requería.

Puede que a todo eso se debiera su natural y sincera capacidad a ayudar a los demás. De estar cuando se le necesitara, para esto o lo otro y, por encima de todo, que ya era demasiado, para implicarse activamente contra todas las injusticias. Nunca se quedó al margen ni se puso de perfil. Siempre dio la cara

Esa inteligencia emocional tan extraordinaria, que lo distinguía en cualquier entorno, no era fruto de cursos ni manuales, sino de lo aprendido de forma natural en una vida con una arranque complicado y difícil, que convirtió en una manera de estar en el mundo basada en el respeto, la escucha y la calidez, con sencillez, cercanía y autenticidad. Ese origen le marcó para siempre en su forma de relacionarse, de trabajar y de vivir. “Somos la consecuencia de lo vivido en la edad temprana”, decía.

Puede que a todo eso se debiera su natural y sincera capacidad a ayudar a los demás. De estar cuando se le necesitara, para esto o lo otro, en cualquier iniciativa cultural o social y, por encima de todo, que ya era demasiado, para implicarse activamente contra todas las injusticias. Nunca se quedó al margen ni se puso de perfil. Siempre dio la cara.

Le distinguía su carácter: una capacidad de empatía que le permitía ser amigo de todos, incluso lo que parece en estos tiempos imposible, con pensamientos diferentes, y sostener a muchos en momentos difíciles. Esa misma fortaleza interior fue la que le permitió afrontar durante años el cáncer, que se fue y volvió.Lo hizo con una dignidad admirable, con una sonrisa que nunca perdió, con una serenidad que desarmaba.

Su trayectoria profesional fue tan brillante como diversa. Desde su presencia en la ya mítica Radio Juventud, fundada por Paco Álvarez de la Chica, una maravillosa experiencia que ayudó a mejorar la autoestima de una gran barriada que conforman Cartuja y Almanjáyar y fue cuna de informadores. Aquella experiencia le enamoró de la radio para siempre. Tras pasar por Localia TV, impulsó la radio municipal de Granada, del desaparecido Imfe, en la que con grandes profesionales convirtió en un espacio de libertad y valores. De aquella época fue la descomunal iniciativa Periodistas por la Paz, impulsada por el Sindicato de Periodistas de Andalucía en Granada y la añorada emisora, contra la guerra en Irak, en la que profesionales de la información mantuvieron en antena ininterrumpidamente durante toda una semana, un programa radiofónico que llegó al mundo. Sin Juan no hubiera sido posible aquella acción sin precedentes.

Cuando ya era un reputado representante de artistas, productor de conciertos (si querías el mejor sonido, el que proporcionaba) y festivales, programador cultural.., ideó La Voz de Granada, la radio más libre e independiente, que informaba con rigor y entretenía con calidad, y que reunió a un grupo irrepetible

Cuando ya era un reputado representante de artistas, productor de conciertos (si querías el mejor sonido, el que proporcionaba) y festivales, programador cultural.., ideó La Voz de Granada, la radio más libre e independiente, que informaba con rigor y entretenía con calidad, y que reunió a un grupo irrepetible. Y luego, en 7TV, con aquellas tertulias plurales.

Pero por encima de todo, lo más importante para Juan fue siempre su familia: su amor y su presencia fueron su fuerza en los momentos más duros. A ellos les deja un legado de orgullo inmenso y el ejemplo de una vida disfrutada, con autenticidad, arrojo y cariño.

Agitador social y cultural, su compromiso de izquierdas le movió en el ámbito político en la búsqueda de la unión y el consenso. Ahora que las otras izquierdas ya se han dado cuenta, -siempre tarde-, de que es necesario dejar egos y concentrarse en el bien común, frente a lo que viene, echo de menos sus conversaciones, sus estrategias, su visión anticipadora. Reflexiones, algunas de ellas que, cuando podía (siempre liado en mil cosas), nos regalaba para disfrute de lectoras y lectoras de El Independiente de Granada.

Con Juan siento profundamente que deja un inmenso vacío, pero también un legado luminoso que nos acompañará.

Y aunque “nada resulta más triste que recordar los tiempos felices en la desgracia”*, tuve que habértelo dicho, primo.

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* Cita robada de Dante Alighieri en su obra maestra, La Divina Comedia.