Campaña Cetursa Pasión por la montaña en verano
LA SEQUÍA DESEMPOLVA ROGATIVAS OLVIDADAS HACE DÉCADAS

Granada recurre a su Patrona “Ad petendam pluviam” (para que llueva)

Ciudadanía - Gabriel Pozo Felguera - Domingo, 23 de Abril de 2023
La Granada católica vuelve a convocar, tras casi 80 años, misas de rogativas a la Virgen de las Angustias para que llueva. Lo cuenta Gabriel Pozo Felguera en este extraordinario reportaje que repasa las sequías históricas y la actual, que amenaza con desecar hasta las lagunas altas de Sierra Nevada. No te lo pierdas.
Cartel anunciador de las rogativas por la sequía, para el próximo 2 de mayo.
IndeGranada
Cartel anunciador de las rogativas por la sequía, para el próximo 2 de mayo.
  • Hasta mediado el siglo XX fue habitual sacar en procesión a santos patronos para que mediaran en la “pertinaz sequía”: en 1943 empezó a llover y nevar en el recorrido

  • En Sierra Nevada se teme que la laguna de la Caldera se quede prácticamente seca este verano, por vez primera en la Historia del macizo

La comunidad católica de Granada recurre, tras casi ochenta años de olvido, a recuperar la vieja tradición de organizar rogativas en petición de lluvia. Es tan grave la sequía que se arrastra ­–y tan malas las predicciones– que se ha vuelto a recurrir a encomendarse a los santos para solicitarles ayuda. Tal como se ha venido haciendo en los últimos cinco siglos con las oraciones Ad petendam pluviam (petición de lluvia) en procesiones hacia los campos, por la ciudad y dentro de las iglesias. Son varios los obispados españoles que ya han enviado decretos a sus parroquias para que imploren lluvia. En el caso de Granada, la cita será en la Basílica de las Angustias el próximo 2 de mayo. Si la atmósfera sigue tan seca como desde 2022, las pérdidas de cosechas serán cuantiosas. Incluso se teme que por vez primera en la Historia se sequen las lagunas altas de Sierra Nevada. El glaciar del Veleta hace ya tres décadas que dejó de existir.

Los escritores románticos del XIX achacaban al alcaide Yusuf Ibn Comixa (en tiempos de Boabdil) de haberse tirado el farol de que el Reino Nazarí de Granada era fuerte, con reservas y ayudas exteriores, y que duraría mientras hubiese agua en las lagunas altas del monte Sulayr. Se refería a que jamás habían dejado de tener agua en los veranos la veintena de lagunas y lagunillos situados por encima de la cota de 2.500 metros. No se sabe si fue cierta aquella aseveración cuando los Reyes Católicos iniciaron el cerco desde Santa Fe. El final sí lo conocemos.

Esta anécdota viene a cuento porque me aseguran que el verano próximo pueden quedarse secas o casi secas algunas de las lagunas altas de Sierra Nevada que jamás lo han estado

Esta anécdota viene a cuento porque me aseguran que el verano próximo pueden quedarse secas o casi secas algunas de las lagunas altas de Sierra Nevada que jamás lo han estado. Pongo por ejemplo el caso de la laguna de la Caldera, situada en la cota de 3.030 metros (entre las diez más altas de España); esta laguna suele reducir cada verano una parte importante de su superficie y almacenamiento, tanto a causa de la evaporación como de las filtraciones hacia Laguna Larga. En el último medio siglo, su superficie media de agua acumulada en veranos frescos (los que ha llegado con bastante nieve en su circo) ha estado en torno a los 25.000 metros cuadrados; en cambio, ha mermado mucho los años de sequía: en 1995, el que vio de suspender el Campeonato Mundial de Esquí, se quedó en un tercio de su superficie. El récord mínimo de almacenamiento se estableció el 4 de octubre del año más seco hasta ahora en Granada, 2005, cuando apenas rebasó la extensión de un charco de 200 metros cuadrados. Estos datos los aportaron el Padre Ferrer, con una medición y una foto de principios de los años 80, y el profesor Antonio Castillo, con otra foto y otra medición de 2005. Ahora se insiste en que la desaparición tan prematura de nieve en sus alrededores augura un nuevo récord: quedaría por debajo de esos 200 metros cuadrados de hace diecisiete años. ¡Cuando no se verifique su primera desaparición en toda la historia del macizo nevadense! Esperaremos acontecimientos. (En Sierra Nevada hay censadas 74 lagunas y lagunillos; la mayoría se agostan en años secos, sólo permanecen con agua entre 10 y 20 charcos en los años más calurosos).

Laguna de la Caldera a principios de los años ochenta, con más de 25.000 metros cuadrados y superando los diez metros de profundidad en su centro. PADRE FERRER.
La Caldera, en octubre de 2005, convertida en un charco de 200 metros cuadrados y escasa profundidad. ANTONIO CASTILLO.
En estas tres imágenes más recientes de la Laguna de la Caldera, tomamos como referencia la piedra, señalada en rojo, para ver la evolución. La superior es de 2014.Se aprecia la piedra, casi en la orilla de la laguna. La segunda es de verano 2020. La piedra de la derecha está más lejos. La inferior es de septiembre de 2021. La piedra de referencia, más distante de la orilla. INDEGRANADA.

La agricultura ya está adoptando medidas; no se recogerá prácticamente nada de cereales de secano; se está sembrando mucho menos en superficie de regadío; y el olivar está próximo a florecer y cuajar. Veremos en qué queda la próxima cosecha de aceite. Y las calimas africanas se están adelantando.

El problema lo han comenzado a tener los riegos agrícolas y deportivos, que consumen el 80% del total de las aguas disponibles

En varios pueblos de Andalucía ya se está recurriendo a repartir agua con cisternas. En Granada capital se ha dado orden de restringir baldeos callejeros y se han apagado fuentes ornamentales; no se tardará mucho en echar mano de nuevo a los pozos que se abrieron en la Vega con motivo de la sequía de 1995. De todas formas, la situación no es tan alarmante en la capital en lo referido al consumo doméstico e industrial, ya que no llega a suponer ni el 20% del uso de agua total del sistema hidráulico. El problema lo han comenzado a tener los riegos agrícolas y deportivos, que consumen el 80% del total de las aguas disponibles.

Los manantiales de la cabecera del Darro se han secado, sólo hay que asomarse a la Plaza de Santa Ana y ver la poca corriente que baja el Darro a mediados de primavera; algo inaudito para estas fechas

No podemos olvidarnos tampoco de la abundante masa forestal de la provincia. Ya han comenzado a secarse zonas de pinar del Parque Natural de la Sierra de Huétor (áreas de Puerto Lobo); y en la Almijara hay síntomas de lo mismo. Los manantiales de la cabecera del Darro se han secado, sólo hay que asomarse a la Plaza de Santa Ana y ver la poca corriente que baja el Darro a mediados de primavera; algo inaudito para estas fechas.

Pertinaces sequías españolas

Muchos piensan que la expresión “pertinaz sequía” fue creada por Francisco Franco cuando le dio por construir más y más pantanos. No es así. En realidad, Franco fue un tanto visionario en el aspecto de aguas y aceleró planes hidráulicos olvidados desde principios del siglo XX y de la II República. Las pertinaces sequías aparecen en los libros y en los periódicos españoles desde que fueron creados. Porque la Península Ibérica está abonada desde tiempo inmemorial a años de sequías, incluso lustros. Pero ocurría que había mucha menos población y muchísimo menor consumo de litros per cápita.

El Correo Mercantil ya informaba en 1793 que habían subido los precios de cereales como consecuencia de la sequía, y que había rogativas.

...somos la huerta de Europa. Eso genera mucha riqueza y empleo. Pero en la mayoría de casos se está consiguiendo a base de esquilmar los recursos hídricos; primero los de superficie, llegados por lluvia; y cuando faltan hemos empezado a extraer los de subsuelo

España, a pesar de ser un país tirando a árido, se empeñó hace mucho tiempo en ser el segundo estado productor agrícola. En el último medio siglo ha triplicado su producción agraria de regadío. Es verdad que somos la huerta de Europa. Eso genera mucha riqueza y empleo. Pero en la mayoría de casos se está consiguiendo a base de esquilmar los recursos hídricos; primero los de superficie, llegados por lluvia; y cuando faltan hemos empezado a extraer los de subsuelo. Con el agravante de que la pluviometría normal de un año no es suficiente para recargar acuíferos. En el caso de Granada, es cierto que su Vega contiene el agua de cien pantanos en sus capas freáticas; pero es más cierto aún que antes almacenaba doscientos. Ahora ya no se puede pinchar en el suelo de Fuente Vaqueros y extraer agua a sólo medio metro de la superficie. Y lo peor de todo es que cada día aumenta más la concentración de nitratos y otras sustancias contaminantes.

En el caso de Granada, nada más aparecer el periódico El Defensor de Granada (1880) sus páginas comenzaron a traernos noticias de sequías y hambrunas en los pueblos. Y, por supuesto, las socorridas salidas en rogativa de sus santos protectores

Los periodos de falta de lluvias y abundancia se han venido alternando en la Península desde siempre. Los romanos ya fueron previsores, construyeron las primeras presas para almacenar el agua. Y abundantes cisternas. Los visigodos tomaron buena nota y horadaron profundísimos pozos buscando el líquido necesario. La situación de escasez de agua mejoró un poco entre los años 1350 y 1850, aproximadamente, en que se registró en España la pequeña edad de hielo, con temperaturas más bajas y lluvias más abundantes de lo normal. Pero antes y después comenzaron las quejas por falta de agua en largos periodos. En la era de 641 (ver en El Independiente de Granada: El año que hasta se secaron los olivos) se registró un periodo tan árido que hasta se secó el arbolado. A finales del siglo XIX, cuando apenas existían pantanos y embalses en España, era habitual que surgieran quejas por falta de agua y la consiguiente falta de trabajo y aparición de hambruna. Por ejemplo, entre 1842 y 1846 se registraron sequías intermitentes que provocaron emigraciones masivas en la zona de Asturias y León, donde apenas solían faltar las lluvias. En el caso de Granada, nada más aparecer el periódico El Defensor de Granada (1880) sus páginas comenzaron a traernos noticias de sequías y hambrunas en los pueblos. Y, por supuesto, las socorridas salidas en rogativa de sus santos protectores.

 

Que el cambio climático está aquí hay poca gente que lo duda. Hoy están bastante estudiadas las sequías en España; las ha habido de todas clases de intensidades. No obstante, las mediciones constatan que cada vez se están produciendo con mayor frecuencia y de mayor duración en el tiempo

Que el cambio climático está aquí hay poca gente que lo duda. Hoy están bastante estudiadas las sequías en España; las ha habido de todas clases de intensidades. No obstante, las mediciones constatan que cada vez se están produciendo con mayor frecuencia y de mayor duración en el tiempo. Eso no quiere decir que la pluviometría media sea menor, que en algunos casos lo es, pero periodos más secos no conllevan mejor caída de precipitaciones. Lo que ocurre es que suele llover mal. El Levante, por ejemplo, está recibiendo los últimos años mayores lluvias, pero casi siempre concentradas en pocas horas y para causar sólo daños.

Durante el siglo XX se han registrado los siguientes periodos que se pueden considerar sequías de cierta gravedad: 1909-14; 1917; 1920-21; 1938; 1943-45; 1964; 1973-74; 1981-84; 1990-95. Lo que va de siglo XXI, se puede considerar un periodo excesivamente seco y caluroso, con altibajos, pero con tendencia media a llover cada vez menos. El año 2005 fue el peor hasta ahora. Y el pasado 2022, el que menor pluviometría ha sumado en Granada.

Pongo el ejemplo del Cubillas, donde murieron millones de peces en el único charcazo embarrado de 2 hectómetros cúbicos que quedó en el centro

Las reservas medias acumuladas en pantanos también están en mínimos en la Cuenca del Guadalquivir, a la que pertenece la mayor parte de la provincia de Granada. De todas formas, todavía no se ha rozado la seca del verano de 1983, en que varios embalses de Granada quedaron reducidos a grandes charcos de barro. Pongo el ejemplo del Cubillas, donde murieron millones de peces en el único charcazo embarrado de 2 hectómetros cúbicos que quedó en el centro.

22 de septiembre de 1983. El embalse del Cubillas estaba casi seco; a mediados de octubre no quedó ni el charco del centro. IDEAL.

La última, en la que nos hallamos inmersos, va ya por casi dos años sin lluvias normales, y más de 120 días sin calar el suelo

Es una realidad que la tendencia de lluvias es decreciente en la Cuenca del Guadalquivir desde hace setenta años. La capacidad máxima de almacenamiento sólo rozó el lleno en los años 1960-61, cuando se midieron 67.283 millones de metros cúbicos de agua caída del cielo. En cambio, el año que menos llovió en Andalucía fue 1995-96, con 18.335 millones de metros cúbicos de lluvia. En la segunda mitad del siglo XX se registraron en Granada 6 secuencias secas que duraron menos de un año; una que se prolongó dos años; una que se prolongó tres años; hubo dos secuencias que rozaron los 4 años; una duró hasta 5 años. La última, en la que nos hallamos inmersos, va ya por casi dos años sin lluvias normales, y más de 120 días sin calar el suelo.

En Huétor Santillán se secaron las fuentes del Darro y Carchite y hubo que perforar pozos de 150 metros de profundidad en busca de aguas fósiles. Y las fuentes altas de los pueblos alpujarreños también se secaron

Con estos antecedentes, el nivel medio de agua embalsada en la Cuenca del Guadalquivir está por debajo del 24%. Vamos camino de batir récords el próximo verano: sólo los años 1982-83 y 1994-95 se estuvo por debajo del 10% de reservas. Incluso algunos estuvieron inservibles, por debajo del 5%, en 1983 (el Tranco de Beas y el Pintado de Sevilla). Las restricciones llegaron a nada menos que 161 municipios de Andalucía; la provincia de Granada no fue de las que más tuvieron que recurrir a las cisternas y a las garrafas. Pero sí hubo que perforar pozos en la Vega, junto a la Circunvalación; y añadir a los recibos de Emasagra un canon por sequía. En Huétor Santillán se secaron las fuentes del Darro y Carchite y hubo que perforar pozos de 150 metros de profundidad en busca de aguas fósiles. Y las fuentes altas de los pueblos alpujarreños también se secaron.

La “culpa” de falta de agua no es sólo de la sequía o ausencia de lluvias. Va acompañada del drástico cambio cultural en el uso/abuso del agua

La “culpa” de falta de agua no es sólo de la sequía o ausencia de lluvias. Va acompañada del drástico cambio cultural en el uso/abuso del agua. Ya he dicho que el 80% del agua va a regadíos (que ya están tomando nota y cambiando el riego a manta por el goteo); el 20% restante es para consumo urbano, y de él sólo el 20% es consumo doméstico. Todos conocemos historias de nuestros padres y abuelos que se refieren a la tinaja o cántara en la que guardaban el agua; y a los aguadores a los que se compraba el agua de boca. Hace ochenta años el consumo medio por granadino y día no llegaba a 50 litros; hoy esa cantidad la hemos multiplicado por ocho.

¿Quién le pone el cascabel al gato?: no hay que “barrer” los patios con agua a presión ni ducharse tres veces al día en verano; ni llenar las miles de piscinas. Ni regar a manta la infinidad de arriates y jardines de chalés y balcones

¿Quién le pone el cascabel al gato?: no hay que “barrer” los patios con agua a presión ni ducharse tres veces al día en verano; ni llenar las miles de piscinas. Ni regar a manta la infinidad de arriates y jardines de chalés y balcones. Los científicos y ONGs que trabajan en África han aprendido la lección; ayudan a sus poblaciones indígenas a abrir pozos para captar agua con la que beber, guisar y lavarse. Pero lo hacen instalándoles sólo garruchas para que saquen el agua a mano. Nada de instalar bombas para sacar agua y regar los campos; en pocos años tendrían secos sus acuíferos y se abocarían a emigrar. ¿No fue eso lo que les pasó a nuestros antepasados de la cultura de El Argar-Los Millares? Se apunta que consumieron tan rápidamente los recursos naturales (vegetación y agua) que su cultura no duró ni medio milenio.

Rogativas a los patronos

Todas las culturas de las zonas templadas de la Tierra han recurrido desde tiempo inmemorial a rogar a sus dioses, a sus fuerzas superiores, que les trajeran lluvia. Ocurrió con los pueblos aztecas, los indios del medio Oeste norteamericano, y los incas andinos. También los aborígenes australianos, los egipcios y varios pueblos del medio Oriente.

Petroglifo de los Aulagares ¿Piedra para invocar la lluvia en el neolítico?

En la Península Ibérica hay signos de ofrendas y ruegos para invocar a la lluvia. Mediante pinturas en cuevas o dibujos en piedra. Quizás uno de los más conocidos sea el petroglifo de Los Aulagares (Huelva), repleto de supuestas gotas de lluvia que una ignota sociedad neolítica utilizaba en sus ceremonias. Pero ha sido la sociedad moderna, especialmente la cristiana, la que ha institucionalizado en los últimos siglos las rogativas a Dios y a los santos para solicitar agua para la agricultura de la que depende prácticamente toda la sociedad. Esta solicitud de intercesión aumentó y se institucionalizó especialmente a partir del Concilio de Trento, mediado el siglo XVI. Y muy especialmente en España, a partir del reinado de Felipe II.

La Granada cristianizada se sumó muy pronto a la tradición castellana medieval de recurrir a sus santos patronos para pedir lluvias. O protección ante cualquier otra catástrofe o miedo sobrenatural

La Granada cristianizada se sumó muy pronto a la tradición castellana medieval de recurrir a sus santos patronos para pedir lluvias. O protección ante cualquier otra catástrofe o miedo sobrenatural. Lo habitual era sacar en procesión a los cristos de la lluvia, a las vírgenes, a cualquier otro santo del calendario local, especialmente San Isidro Labrador; se les daba un paseo por las afueras, se les cantaba y se les rogaba. Incluso a algunos se les dejaba por unas horas abandonados en los lechos de los riachuelos secos (como hacen en Montiel).

Pero ya en el siglo XIX la Virgen de las Angustias le fue ganando terreno en el corazón de los católicos granadinos; era la nueva copatrona de la ciudad. Cada vez que había sequía se recurría a sacarla en procesión por las calles de Granada y hasta el borde de las huertas

En el caso de Granada fue la Virgen de la Antigua –primera patrona cristiana de la ciudad– el objetivo de rogativas para que influyeran positivamente en la lluvia. La tradición cuenta que es una imagen que portaba la Reina Católica durante sus guerras de conquista, a finales del XV. El cronista Enríquez de Jorquera menciona infinidad de ocasiones de su salida en procesión.

Pero ya en el siglo XIX la Virgen de las Angustias le fue ganando terreno en el corazón de los católicos granadinos; era la nueva copatrona de la ciudad. Cada vez que había sequía se recurría a sacarla en procesión por las calles de Granada y hasta el borde de las huertas. Hay referencias a que a que fue sacada el 5 de diciembre de 1882, tras todo el otoño sin caer una gota y no poder comenzar la simienza.

18 de noviembre de 1943, tras más de un año sin llover, sacaron a cuatro santos locales y comenzó a diluviar y nevar. IDEAL.

No obstante, fue en el periodo seco de la posguerra, en los años del hambre de mediados los cuarenta, cuando se recurrió a ella en dos ocasiones

No obstante, fue en el periodo seco de la posguerra, en los años del hambre de mediados los cuarenta, cuando se recurrió a ella en dos ocasiones. La situación se sequía en noviembre de 1943 era tan grave como la actual; por eso, Granada decidió acompañar a su Virgen de las Angustias de varios santos protectores más: el 18 de noviembre, a las cinco de la tarde, procesionaron las Angustias, San Cecilio, San Juan de Dios y San Miguel. Dicen las crónicas periodísticas que la magna procesión fue tan efectiva que nada más comenzar a andar por las calles empezó a chispear; poco a poco siguió lloviendo hasta que acabó nevando. Acudió prácticamente toda la ciudad a aquella impresionante rogativa. Se dio por finalizada la sequía de aquel otoño. No obstante, se organizó un octavario de actos religiosos en la Catedral los días siguientes para afianzar el resultado meteorológico.

La imagen fue colocada mirando a la Vega para que se percatara de la falta de verdor por la ausencia de agua del cielo

Aunque año y medio después, el 12 de abril de 1945, la sequía volvía a ser pertinaz en Granada. Nuevamente se volvió a decidir sacar a la Virgen de las Angustias en procesión. Esta ocasión no se contó con más santos locales, solamente la Patrona. La ciudad toda –como escriben los cronistas cursis– se encaminó con la imagen en dirección a la Avenida de Cervantes. La imagen fue colocada mirando a la Vega para que se percatara de la falta de verdor por la ausencia de agua del cielo. Organizó todo el acto el cardenal Parrado. En esta ocasión no llovió inmediatamente. Hubo que esperar unas semanas hasta que una borrasca quiso acercarse por estas sedientas tierras. Desde entonces no ha vuelto a ser sacada al campo en procesión rogatoria de lluvias. En lugar de la Patrona, han sido otros santos y vírgenes a las que han recurrido los granadinos de la capital para implorar agua: el 15 de octubre de 1945 continuaba la sequía; en este caso fue sacada en procesión la Virgen del Rosario de la parroquia de Santa Escolástica.

El 12 de abril de 1945 fue sacada la Virgen de las Angustias a las huertas de la Avenida de Cervantes para pedirle que trajese lluvia. IDEAL.

Lo anterior, referido a la capital. En los pueblos de la provincia el recurso de sacar los santos en procesión rogatoria de lluvias ha sido más recurrente. Prácticamente hasta hace cuatro días; incluso a San Isidro se le suele dar una vuelta por los sembrados en aquellos pueblos que cuentan con ermita o imagen.

Una de las procesiones más célebres de la provincia de Granada para pedir lluvia tuvo lugar el 17 de enero de 1995 en Monachil. Ante la pertinaz sequía, que hacía peligrar el Campeonato del Mundo de Esquí Alpino, más de 1.500 personas del pueblo y de otros colindantes, sacaron en procesión a San Antón. Curiosamente, la última vez que salió en procesión el santo en procesión extraordinaria en Monachil fue en los años veinte del siglo pasado, pero para rogar que finalizaran las lluvias que provocaron corrimientos de tierras en este municipio. El Campeonatos del Mundo de Esquí Alpino fue aplazado semanas después y se celebró en 1996 con gran éxito. IMAGEN DE CANAL SUR TV.
La más reciente fue en Montefrío. El domingo 6 de marzo de 2022, por primera vez en más de un siglo, al Señor de la Caridad y la Paciencia, más conocido como el Cristo de los Pobres o el Señor de las Roscas, procesionó para pedirle que llueva y llegue el agua a los campos. AYUNTAMIENTO DE MONTEFRÍO.

Ad petendam pluviam

Ahora bien, la procesión de santos en rogativas por los campos solía ser el recurso extremo, cuando ya se llevaban muchos meses sin caer agua del cielo. La Iglesia Católica tiene establecido desde tiempos del Concilio de Trento una serie de rezos petitorios; el que más nos interesa es la oración de la lluvia. El texto del misal pidiendo agua fue muy enrevesado y barroco hasta el Concilio Vaticano II; desde entonces, consiste en una sencilla oración que los párrocos leen durante los oficios. Desde que fue creado se llama oración Ad petendam pluviam (oración para pedir lluvia). El texto actual es el siguiente:

Oh Dios,/en quien vivimos, nos movemos y existimos;/concédenos la lluvia oportuna,/ para que, ayudados suficientemente con los bienes presentes/apetezcamos confiadamente los eternos/Por nuestro Señor Jesucristo/.

Se trata de una sencilla fórmula muy recurrente los últimos años, ya que cada vez se registran más periodos de sequía y los sacerdotes recurren a él. Son varios los obispados españoles que recientemente se han dirigido a sus parroquias para pedirles que echen mano de esta oración. Incluso algunas parroquias ya están volviendo a sacar a sus santos en procesiones rogatorias de lluvia: Jerez acaba de pasear a su Cristo de la Lluvia; el 1 de mayo sacará Jaén a su Cristo Cachorro…

El obispo de Ciudad Real lleva un año pidiendo a sus párrocos que hagan rogativas para que llueva… pero parece poco efectivo. OBISPADO C. REAL.

Y la Basílica de la Patrona de Granada, la Virgen de las Angustias, ha convocado para el 2 de mayo una veneración extraordinaria para pedir que llueva de una vez.  La imagen será bajada del camarín, colocada en el centro de la iglesia, casi a la altura humana, para implorarle que acabe con la sequía que asola nuestra tierra. Ese día habrá también dos misas. Los responsables de la Hermandad no han considerado oportuno sacarla en procesión hacia los campos como solía hacerse el pasado siglo.

Para la ocasión fue compuesto un largo romance en endecasílabos. Fue impreso un librito en Granada, por el mercader de libros Joseph de la Puerta, que se vendía a las puertas de las iglesias

En la literatura de siglos pasados existen pesadísimos sermones y oficios religiosos –que incluso solían durar días enteros– para implorar lluvia que regara los campos. Por ejemplo, en 1698 el catedrático y religioso Diego de Florindas organizó un novenario en la ciudad de Carmona para pedir a la Virgen de Gracia que lloviera de una vez.

También en la provincia de Sevilla, en este caso Écija, fue organizada una gran rogativa el 11 de noviembre de 1734 para pedir que lloviera, ya que hacía casi un año que no caía nada. Para la ocasión fue compuesto un largo romance en endecasílabos. Fue impreso un librito en Granada, por el mercader de libros Joseph de la Puerta, que se vendía a las puertas de las iglesias.

...en cambio, el diario progresista La Nación (5 de mayo de 1871) apostillaba con un pelín de mala leche que quizás fuese mejor plantar árboles que atrajesen la lluvia o hacer canales

Como se ve, el recurso de las rogativas fue algo muy común por la geografía española, especialmente zonas Sur y Levantina, hasta bien entrado el siglo XX. Por el contrario, la ola anticlerical y antirreligiosa que recorrió este país en el siglo XIX empezó a cuestionar, cuando no a reírse, de las procesiones implorantes de lluvia. Algunos medios de comunicación ya lo dejaron traslucir: el periódico neocatólico La Regeneración alababa las rogativas organizadas por el arzobispo de Granada (Bienvenido Monzón); en cambio, el diario progresista La Nación (5 de mayo de 1871) apostillaba con un pelín de mala leche que quizás fuese mejor plantar árboles que atrajesen la lluvia o hacer canales:

Cada vez más calor y menos lluvia

La situación en cuanto a reserva de agua en los embalses españoles no es nada buena. Al menos si atendemos al informe ACACIA. Su prospectiva estima que para el año 2060, como consecuencia del cambio climático, se aumentarán las temperaturas hasta 2,5 grados. Este hecho traerá lluvias, pero distribuidas de manera más torrencial y dispersa, con lo cual se perderá mucha en el mar. Esto supondrá que se reducirán más de 20.000 hectómetros cúbicos en nuestros pantanos. Las cuencas hidrográficas que más sufrirán esa merma de ocupación serán las de zonas donde llueve menos:  -34% la del Guadalquivir, -31% la Sur, -23 Guadiana, -28% la Segura, -22% la del Júcar… La que menos agua perderán serán las cuencas de Cataluña (-6%); la reducción media de todos los pantanos y embalses de España se espera que sea del -17% en las próximas cuatro décadas.

Ojalá las predicciones no se cumplan ni haya que recurrir a rogativas con santos ni a rezar la oración Ad petendam pluviam por las calles. Mejor entonar una oración para que el Real Madrid gane la Champions. Que así sea.

INFORMACIÓN COMPLEMENTARIA