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JOSÉ LUIS RIQUELME Y GÓMEZ (1813-1888)

La exitosa carrera del general Riquelme, su cubana sabrosona y su inmensa herencia a huérfanas guapas

Ciudadanía - Gabriel Pozo Felguera - Domingo, 11 de Febrero de 2024
Gabriel Pozo Felguera nos descubre la historia de otro ilustre olvidado, José Luis Riquelme y Gómez, el militar granadino de más alta cualificación del siglo XIX, con una vida personal de auténtico culebrón, tío de la Madre Riquelme, dejó buena parte de su fortuna para crear la Fundación Riquelme, la más longeva de Andalucía, para educar a huérfanas de militares, cuya primera sede fue en su Palacete de calle Tablas, hoy Delegación de Hacienda de la Junta. Por el mejor cronista de Granada.
José Luis Riquelme, a finales de 1880, en versión civil como senador y con uniforme de general.
José Luis Riquelme, a finales de 1880, en versión civil como senador y con uniforme de general.
  • Fue el militar granadino de mayor rango en el siglo XIX; legó la mayor parte de su fortuna a educar huérfanas de militares. Su palacio sobrevive en la calle Tablas

José Luis Riquelme y Gómez fue el militar granadino más sobresaliente de finales del siglo XIX. Fue gobernador en Cuba, donde se casó con una joven y rica de 15 años: la famosa Barbarita Iznaga, reina de todas las fiestas y salones del Madrid decimonónico. Su matrimonio terminó como el rosario de la aurora, ella huyendo a Cuba y él con fama de conquistador de damas. Los dos acabaron concibiendo hijas ilegítimas. El teniente general granadino construyó el palacete de la calle Tablas. Amasó una inmensa fortuna. Falleció siendo capitán general de Cataluña. Legó la mayor parte de sus bienes a hacer un asilo-colegio de huérfanas guapas de militares, para apartarlas de la prostitución. Fue el origen de la Fundación Riquelme, la más longeva de Andalucía. Del general Riquelme apenas quedan recuerdos en su Granada natal; su apellido se asocia más a la Madre Riquelme, la única beata de esta tierra. Lo que sigue es el novelón de su vida y su obra benéfica que perdura más de un siglo después.

Es sin duda el militar/político granadino que alcanzó mayor rango de todo el siglo XIX. Aunque su apellido es más recordado por su sobrina, la Madre Riquelme, la única beata granadina que va camino de la santidad

Fue el único general español del convulso siglo XIX que jamás participó en asonadas, pronunciamientos ni golpes de estado. Hizo toda su carrera profesional, de 52 años, en distintos cuerpos de los ejércitos españoles; alcanzó el grado de teniente general y fue el jefe de la junta militar española. Combatió en todas las guerras civiles y fue gobernador en Cuba, isla en la que se casó y marcó su destino para el resto de su vida. También fue diputado en el Congreso por la provincia de Granada entre 1857 y 1876; después pasó a ser senador vitalicio hasta su fallecimiento en 1888, a la edad de 75 años y con las botas puestas. Es sin duda el militar/político granadino que alcanzó mayor rango de todo el siglo XIX. Aunque su apellido es más recordado por su sobrina, la Madre Riquelme, la única beata granadina que va camino de la santidad.

María Emilia Riquelme y Zayas, recién beatificada por el Vaticano, mantuvo una intensa correspondencia y confidencialidad con su tío José Luis (sus cartas se guardan en la casa madre de la Congregación; quizás contengan algunos secretos biográficos). Se cree que fue la Madre Riquelme quien le alentó a constituir la Fundación Riquelme. Fue la única de seis sobrinos que no tomó parte del testamento del teniente general. Está enterrada en la iglesia de las Misioneras del Santísimo, en la calle Severo Ochoa de Granada. Imagen de la Cope.

José Luis era el segundo hijo de la familia, bautizado en la Basílica de la Virgen de las Angustias. Allí también lo fueron sus hermanos Joaquín y Angustias

José Luis Riquelme y Gómez vio la luz el 2 de junio de 1813 en un piso de alquiler de Carrera de la Virgen, número 5. Su padre, Agustín Riquelme Escobar y Gómez, era un funcionario de la Chancillería que desempeñaba el cargo de alcaide del crimen de la ciudad. Su madre se llamó María Josefa Gómez y Berzosa. José Luis era el segundo hijo de la familia, bautizado en la Basílica de la Virgen de las Angustias. Allí también lo fueron sus hermanos Joaquín y Angustias.

El padre quiso que sus hijos varones encauzaran sus vidas profesionales a la milicia. Joaquín también tuvo una brillante hoja de servicios, pues llegó a teniente general, pero ha pasado a la historia por ser el padre de María Emilia Riquelme y Zayas, la monja fundadora de la Congregación de las Misioneras del Santísimo Sacramento. Dejó menos rastros y legado que su hermano menor, nuestro biografiado en estas líneas.

Firma registrada por el prócer José Luis Riquelme en el Senado (1877).

José Luis Riquelme ingresó como cadete en el Colegio de Artillería de 1835. Acabó sus estudios en 1839 con el grado de teniente. En 1843 ya era profesor de la Escuela de Estado Mayor hasta 1849. Completó su formación en Italia y Francia. Durante su primera época operativa tomó parte en la represión de varias sublevaciones regionales: la de Sevilla 1838 de los generales Córdova y Narváez; insurrecciones en Navarra (1841), Barcelona (1842) y Zaragoza (1843). Obtuvo el ascenso a capitán tras acompañar al general Narváez en la batalla de Torrejón de Ardoz (1843), que aupó al de Loja a la Presidencia del Gobierno.

Su actividad operativa le llevó a combatir a los revolucionarios de la Plaza Mayor de Madrid en 1848. Ahí empezó a cosechar medallas por sus méritos: Cruz de San Fernando, Cruz de Pío IX, San Hermenegildo, Isabel la Católica, San Juan de Jerusalén, etc.

Con la pacificación del país y el inicio de la Década Moderada, en 1844, ingresó en el Cuerpo de Estado Mayor y nombrado profesor de su escuela a la edad de 31 años. Ascendió a comandante tras la represión de Galicia en 1846 e inmediatamente se le convalidó por las estrellas de teniente coronel. Durante su etapa como profesor escribió dos tratados para los alumnos: uno sobre física y otro sobre cosmografía; los dos manuales sirvieron de libros de texto en la Academia de Estado Mayor durante el siglo XIX. Su actividad operativa le llevó a combatir a los revolucionarios de la Plaza Mayor de Madrid en 1848. Ahí empezó a cosechar medallas por sus méritos: Cruz de San Fernando, Cruz de Pío IX, San Hermenegildo, Isabel la Católica, San Juan de Jerusalén, etc.

Cuatro estancias en Cuba y matrimonio

En 1850 fue destinado a la colonia de Cuba como comandante de la sección de Estado Mayor del Ejército. La situación en la isla continuaba revuelta desde que treinta años atrás empezaron las independencias de los otros países que habían formado el imperio español en Suramérica. Fue nombrado director general de obras públicas y telégrafos. Aquel primer viaje duró menos de un año, pues regresó a la Península para informar al Consejo de Ministros de la situación y estudiar un nuevo sistema de comunicaciones aéreas. A finales de 1851 y durante unos meses de 1852 regresó a Cuba.

Descubrió y frenó la insurrección de Pinto. Poco después fue nombrado también gobernador de la provincia de Santiago de Cuba

Por tercera vez, en 1853, viajó a la isla caribeña en calidad de oficial del Ministerio de Guerra y a mandar los Regimientos del Rey y de la Reina. Hasta que en 1854 fue nombrado gobernador militar y político de Trinidad, la ciudad y comarca más rica en fábricas de azúcar de caña y miel. Se trataba de grandes haciendas o encomiendas conseguidas por emigrantes españoles de los siglos anteriores. Allí tuvo que poner paz en la insurrección entre emigrantes gallegos, así como controlar los continuos brotes independentistas. Descubrió y frenó la insurrección de Pinto. Poco después fue nombrado también gobernador de la provincia de Santiago de Cuba.

Retratos de cuando viajó a Francia y en su segundo viaje a Cuba.

En Trinidad cambió su vida por completo. Sus relaciones con las familias poderosas de la provincia le hacían frecuentar la hacienda Manaca-Iznaga. Los Iznaga estaban en el centro de la sacarocracia. Era una inmensa plantación de azúcar y bananas de la familia Iznaga Borrell, unos emigrantes de Bilbao llegados un siglo antes a Cuba. Allí conoció a la hija menor de Pedro José Gabriel Iznaga Borrell (fallecido en 1841) y de María Montserrat Teresa de Jesús Fernández de Lara y Borrell. La jovencita se llamaba Bárbara Iznaga y Fernández de Lara. Había nacido el 28 de agosto de 1841, unos meses después de fallecer su padre; era la menor de media docena de hermanos. Le pusieron el mismo nombre que a la penúltima hija, nacida en 1839 y fallecida en 1840.

Bárbara Iznaga iba a jugar un papel importantísimo a partir de entonces en la vida del militar granadino José Luis Riquelme

Bárbara Iznaga iba a jugar un papel importantísimo a partir de entonces en la vida del militar granadino José Luis Riquelme. Durante el año 1854 estuvo visitando la hacienda Manaca-Iznaga y a la casi adolescente Bárbara, pues ella tenía sólo 13 años cuando se enamoraron y él ya era un teniente coronel de 41. Aquella hacienda y sus propietarios pasaban por ser una de las familias más ricas de Cuba; en su demarcación contaban con varios ingenios de azúcar y varios miles de esclavos. La familia Iznaga había construido una torre en el centro del territorio, de unos 45 metros; era un mirador desde el que vigilaban, mediante catalejo, a los trabajadores del campo, marcaban las horas y daban las órdenes.

Postal con varias imágenes de la hacienda Manaca-Iznaga, de Bárbara Iznaga, donde aprecian la fábrica de azúcar, la torre vigía de esclavos, la casa señorial y los barracones de los esclavos. En el Valle de los Ingenios había a mediados del siglo XIX unos 50 ingenios azucareros, que empleaban a 11.700 esclavos. Estos trapiches tenían embarcadero propio para exportar el azúcar y el tabaco. Hoy es un atractivo turístico, con restaurante. Extraída de una web de turismo cubana.

Al año de conocerse, Bárbara Iznaga, sin haber cumplido todavía los 15 años, y José Luis Riquelme contrajeron matrimonio en la parroquia de la ciudad de Trinidad

Al año de conocerse, Bárbara Iznaga, sin haber cumplido todavía los 15 años, y José Luis Riquelme contrajeron matrimonio en la parroquia de la ciudad de Trinidad. La ceremonia se fijó el 8 de abril de 1855. La prensa cubana recogió crónicas de festejos nupciales que se prolongaron durante una semana completa. Allí disfrutó la pareja de sus primeros meses de felicidad conyugal. Hasta que el militar fue llamado a la Península en octubre de 1856. En esta tercera expedición ya venía casado. Permaneció en situación de cesante en el Ministerio de Guerra.

Pocos meses después fue ascendido a coronel y se le encomendó el mando del Regimiento Numancia. Con este destino iba a permanecer en Madrid hasta mayo de 1863. Fue el momento en que le correspondió ascender a brigadier.

La cubana sabrosona/Barbarita Riquelme

Nada más pisar Madrid a finales de 1856, el militar y su jovencísima esposa se instalaron en el palacio que tenían los Duques de Noblejas en la calle del Lobo, 27 (Actual calle Echegaray), en el barrio de las Letras, a un tiro de piedra del Congreso. Los duques de Noblejas, Carmen Valdivieso Mozzi y su esposo Pedro Chaves de Loaysa, eran conocidos del oficial Riquelme de su juventud en Granada, ya que los Noblejas tuvieron un palacio en Granada en el que solían pasar temporadas (La casa de Noblejas fue derribada en 1906 para construir la Gran Vía; estuvo situada, más o menos, donde se levanta el edificio Americano).

El cronista más famoso, Ramón de Navarrete, profesaba verdadera devoción por Bárbara; describía sus vestidos y su amable carácter: “vestida de tul blanco con bullones del mismo color y lazos azules, y amapolas salpicando toda la falda”

La jovencita Bárbara Iznaga pronto se erigió en reina de la fiesta madrileña. Por aquellos tiempos, la sociedad aristocrática, política, militar y adinerada mataba su tiempo de ocio asistiendo a bailes, verbenas, salones, teatros, toros, excursiones y óperas. Las grandes casas nobiliarias solían recibir en su salón una tarde al mes o cada quince días. Bárbara recibía todos los sábados. Allí organizaban sus teatros, ágapes, conciertos, tertulias y bailes hasta altas horas de la madrugada. Había competencia entre aquellos nobles de salón por sobresalir por encima de los demás. La prensa de esos años abrió secciones de ecos de sociedad que recogían con todo detalle las interioridades y los chismes de su desarrollo. Había cronistas/periodistas especializados en esos fiestones. El cronista más famoso, Ramón de Navarrete, profesaba verdadera devoción por Bárbara; describía sus vestidos y su amable carácter: “vestida de tul blanco con bullones del mismo color y lazos azules, y amapolas salpicando toda la falda”, “ha ido a veranear a Biárriz”, “esta tarde, magnífica soireé en casa de la Sra. De Riquelme”. Escribieron de ella: “Posee la exquisita amabilidad y la dulzura propias de la mujer cubana, a las que es tan difícil sustraerse”.

Bárbara Iznaga de Riquelme y José Luis Riquelme, en la década de 1860 en Madrid.

En los periódicos la llamaban indistintamente Señora de Riquelme, Barbarita Riquelme y con el calificativo “cubana sabrosona” (porque era amena, divertida, entretenida)

Muy pronto empezó a descollar entre toda aquella alta alcurnia española una muchacha de poco más de quince años. En los periódicos la llamaban indistintamente Señora de Riquelme, Barbarita Riquelme y con el calificativo “cubana sabrosona” (porque era amena, divertida, entretenida). Debía tener, a pesar de su corta edad, una educación exquisita y dominar a la perfección las relaciones sociales. Además, cuenta la prensa que era alegre, desenfadada, parlanchina y chistosa. Todo el mundo quería que asistiera a sus fiestas y ella invitaba a lo mejor de Madrid a las suyas. En suma, una antecesora de Isabel Preysler.

Barbarita Riquelme se encontró por aquellos años elevada a los altares de la aristocracia y la alta milicia y política españolas

Barbarita Riquelme se encontró por aquellos años elevada a los altares de la aristocracia y la alta milicia y política españolas. Dinero no debía faltarle, se comentaba que era de las ricas entre las ricas; sus esclavos azucareros debían enviarle oro para envolverla. No escatimaba en gastos. El palacio de los Noblejas tenía un pequeño teatro dentro; en el año 1873, las damas del grupo de Barbarita Riquelme representaron la obra “Cabeza y corazón”. Fue invitada la prensa, que publicó elogiosas críticas de las principales actrices, todas de la nobleza; de Barbarita dijeron: “La Señora de Riquelme posee sentimiento profundo, vehemencia reconcentrada, pasión ardiente y fogosa”. Le instaban a que representaran la obra en un teatro grande ante el público madrileño.

En la imagen superior, el salón para sus amistades de Emilia Pardo Bazán, que aparece a la izquierda. Debajo, el del Marqués del Cerralbo. Recogen el ambiente de aquellos salones de la segunda mitad del XIX, como debió ser el de Barbarita Riquelme. Ambas imágenes, extraídas de Álbum de Emilia Pardo Bazán

En 1874, Bárbara Iznaga ya formaba parte de la comisión de Caridad que organizaba bailes nocturnos de máscaras en la Ópera de Madrid para socorrer a heridos de guerra. Estaba acompañada de las duquesas de Medinaceli, Híjar, Bailén, marquesa de Portugalete … con Concepción Arenal ejerciendo como secretaria

En aquel grupo de selectas damas también participaba la abogada feminista Concepción Arenal; por el salón del general Riquelme pasaban habitualmente las duquesas/condesas de Macuriges (más delante comprenderá el lector porqué la destaco), de Montijo, de Híjar, de Bédmar, Vílches, Añover, Torrrejón, Casa Loring, Casa Grande, Alcalá Galiano, etc. Ese mismo año también representaron la obra “Del dicho al hecho”. En 1874, Bárbara Iznaga ya formaba parte de la comisión de Caridad que organizaba bailes nocturnos de máscaras en la Ópera de Madrid para socorrer a heridos de guerra. Estaba acompañada de las duquesas de Medinaceli, Híjar, Bailén, marquesa de Portugalete … con Concepción Arenal ejerciendo como secretaria.

Muerte de su única hija

Pero aquellos años repletos de miel de la cubana sabrosona y del exitoso militar y diputado también estuvieron salpicados de sinsabores para el matrimonio. En el año 1857 había venido al mundo la primera y única hija de su matrimonio. Les nació una niña a la que bautizaron como Sofía Riquelme e Iznaga. Pronto se convirtió en el centro de la vida de la pareja. Pero la felicidad con su niña les duró poco: falleció el 24 de junio de 1862, con sólo cinco años. Aquella pérdida debió originar algún trauma entre ellos porque a partir de entonces nunca más tuvieron descendencia común; y de él se empezó a comentar en los mentideros madrileños su afición por picar flores de palacio en palacio.

Noticia de la defunción de la hija (26 de junio de 1862).
El general Riquelme y su hija Sofía, hacia 1860, cuando la niña tenía unos tres-cuatro años.

A pesar de la pérdida de la única hija, Bárbara de Riquelme reapareció pronto en primera línea de todas las fiestas y rifas benéficas. Curiosamente, su grupo de marquesas, condesas, “diputadas y generalas” era siempre el que mayor recaudación conseguía en las comisiones de Señoras Hospitalarias por la parroquia de San Sebastián, su barrio.

A finales de aquel año José Luis Riquelme fue ascendido a general. Pidió voluntariamente desplazarse a Cuba para mandar el departamento más oriental de la Isla, donde estaba concentrada una nueva insurrección. Pero Bárbara Iznaga estaba muy cómoda en Madrid y prefirió no acompañarlo a ver su tierra natal, de la que ya llevaba ausente desde 1856

En 1871 ocurrió en la vida de la pareja un hecho insólito. A finales de aquel año José Luis Riquelme fue ascendido a general. Pidió voluntariamente desplazarse a Cuba para mandar el departamento más oriental de la Isla, donde estaba concentrada una nueva insurrección. Pero Bárbara Iznaga estaba muy cómoda en Madrid y prefirió no acompañarlo a ver su tierra natal, de la que ya llevaba ausente desde 1856. Solía ser habitual que los militares no llevaran familia si el destino estaba revuelto. Se quedó sola con los duques de Noblejas en su palacete madrileño. En los cuatro años que residió sin su marido en Madrid no dejó de dar fiestas y mantener una intensísima vida social.

Mientras tanto, el general Riquelme redujo a los insurrectos cubanos con el hundimiento de los vapores Fanny y Virginius. En lo que se llamó la guerra grande. Fue felicitado por los sectores españolistas de la isla. Riquelme fue nombrado jefe de los ejércitos del Centro y Este de Cuba. Los éxitos en la isla le reportaron el ascenso a teniente general en 1875, a sus sesenta y dos años. Fue el momento de regresar a la Península para no volver nunca más al Caribe.

José Luis Riquelme (izda.) y su ayudante, como gobernador de Cuba oriental 1871-75.

Nada más regresar, en 1876 falleció la hermana de Bárbara en Cuba. Todo Madrid acudió a darle el pésame cuando se publicó el óbito en los periódicos. La tragedia familiar contribuyó a aumentar la fortuna de cada uno de los cuatro hermanos de Bárbara que aún quedaban vivos.

El matrimonio José Luis-Bárbara había hecho aguas por completo en mayo 1879. Justo en el momento en que él había sido nombrado Inspector General del Cuerpo de Carabineros (el equivalente a director general de la policía española)

El matrimonio José Luis-Bárbara había hecho aguas por completo en mayo 1879. Justo en el momento en que él había sido nombrado Inspector General del Cuerpo de Carabineros (el equivalente a director general de la policía española). Gozaba de gran prestigio en el escalafón militar ya que se había mantenido fiel a todos los regímenes y gobiernos políticos que había sufrido España desde que empezó su carrera militar en 1835.

En su vertiente política, José Luis Riquelme fue elegido diputado por el distrito de Motril en 1857, al poco de regresar de su segunda misión en Cuba; y volvió a obtener el acta de diputado en las elecciones generales de 1863, 1864 y 1865, en estos casos por el distrito de Granada capital; a su regreso definitivo, en 1876, volvió a obtener acta en el Congreso. Siempre perteneciente al partido Unión Liberal o Liberal-Conservador, con muchas y sonadas intervenciones en las Cortes y enfrentamientos con el presidente Cánovas del Castillo, con quien no congeniaba.

Presidió la Junta Superior Consultiva de Guerra y capitán general de Andalucía, Castilla la Nueva y finalmente de Cataluña (1883-1888)

En 1877 fue nombrado senador vitalicio por Alfonso XII. Renunció a la Inspección de Carabineros. En los once años siguientes que le quedaron de vida continuó muy activo en política y en el desempeño de cargos militares. Se hizo cargo de la Dirección General del Arma de Caballería; presidió la Junta Superior Consultiva de Guerra y capitán general de Andalucía, Castilla la Nueva y finalmente de Cataluña (1883-1888).

Riquelmes ricos y huida de Bárbara

En las décadas de 1850-70 toda Granada conocía la inmensa fortuna que había acumulado la familia de los Riquelme y Gómez. El padre de los dos tenientes generales, alcaide del crimen, empezó a amasar bienes procedentes de las desamortizaciones (1836-1850) de las llamadas manos muertas (Iglesia, órdenes religiosas, órdenes militares y comunales de concejos). Las familias avispadas, comerciantes con dinero y funcionarios con información se hicieron con infinidad de fincas urbanas y rústicas, además de obras de arte; ése fue el origen de muchas fortunas granadinas actuales. Curiosamente, compraban esas propiedades con préstamos del Estado.

Los Riquelme cambiaron su casa de alquiler en la Carrera por un palacete que empezaron a levantar mediado el siglo XIX en las viejas casas números 9 y 11 de la calle de las Tablas (actuales 11 y 13). Precisamente en una de ellas había nacido en 1797 Francisco Martínez de la Rosa, primer presidente del gobierno de Isabel II

Los Riquelme cambiaron su casa de alquiler en la Carrera por un palacete que empezaron a levantar mediado el siglo XIX en las viejas casas números 9 y 11 de la calle de las Tablas (actuales 11 y 13). Precisamente en una de ellas había nacido en 1797 Francisco Martínez de la Rosa, primer presidente del gobierno de Isabel II. El palacio de los Riquelme en la calle de las Tablas tomó como modelo los edificios del tipo madrileño, como los que habitaban y visitaban en Madrid. En realidad, son la suma de un palacio y otra casa aneja para cuadras, cochera y servicios. Con dos patios centrales de luces, suntuosas escaleras y un salón enorme en la primera planta. En este salón tuvieron lugar varias recepciones organizadas por Bárbara Iznaga de Riquelme en las ocasiones que lo visitó entre los años 1856 y 1878. Que no fueron demasiadas.

Palacio de Riquelme en la calle Tablas, actual Delegación de Hacienda de la Junta, más el Colegio San José por debajo.

Los Riquelme y Gómez adquirieron también inmensas fincas rústicas y urbanas en el Valle de Lecrín, que abarcaban en su demarcación el Castillo de Mondújar y los terrenos que en el siglo XV fueron propiedad de la familia de Morayma, esposa de Boabdil

Los Riquelme y Gómez adquirieron también inmensas fincas rústicas y urbanas en el Valle de Lecrín, que abarcaban en su demarcación el Castillo de Mondújar y los terrenos que en el siglo XV fueron propiedad de la familia de Morayma, esposa de Boabdil. En la ladera de ese castillo estuvieron, y quizás queden aún restos, las tumbas de los reyes de la Alhambra que reenterró allí Boabdil en noviembre de 1491, antes de abandonar la Alhambra. También cuenta la historia que la esposa de Boabdil fue enterrada en estos terrenos cuando falleció en 1493.

En el mes de febrero de 1879 se desplazó a Granada el teniente general Riquelme. Vino acompañado de los generales Marfori y Solbes. En su comitiva ya no estuvo acompañado por su esposa Bárbara Iznaga. En los primeros días de agosto de 1879 ocurrió un gravísimo accidente en el ingenio Manicú de la finca Aracas de Trinidad, que era propiedad de Bárbara; en él fallecieron varios esclavos negros y resultaron heridos otras dos decenas.

Al año siguiente de arribar a Cuba, Bárbara Iznaga dio a luz a una hija ilegítima, cuando tenía 39 años. Se había marchado de España sin estar separada ni divorciada, pues los señores Riquelme a lo más que llegaron fue a separar bienes mediante capitulación matrimonial

Quizás este accidente fuese el que aconsejó a su propietaria regresar a Trinidad para hacerse cargo de sus posesiones. Sabemos que en los dos años siguientes fue montada nueva caldera y maquinaria para producir azúcar, importada de Francia. O quizás hubo algún motivo oculto que propició una especie de huida de la mujer. Eso nunca se podrá averiguar, aunque las conjeturas fueron fáciles de sacar: al año siguiente de arribar a Cuba, Bárbara Iznaga dio a luz a una hija ilegítima, cuando tenía 39 años. Se había marchado de España sin estar separada ni divorciada, pues los señores Riquelme a lo más que llegaron fue a separar bienes mediante capitulación matrimonial. Ella no dejaba a él administrar nada de sus propiedades, y viceversa.

Bárbara Iznaga nunca regresó a España. Se quedó a vivir en su hacienda cubana y al cargo de sus negocios. Esperó a casarse en segundas nupcias el 18 de 1889, justo cuando cumplió el año de luto que era costumbre por entonces tras enviudar

Bárbara Iznaga nunca regresó a España. Se quedó a vivir en su hacienda cubana y al cargo de sus negocios. Esperó a casarse en segundas nupcias el 18 de 1889, justo cuando cumplió el año de luto que era costumbre por entonces tras enviudar. El teniente general Riquelme debió conocer muy pronto los amoríos de su mujer a su regreso a Cuba. Si es que no los llevaba puestos antes de partir de Madrid. Resultó que el padre y segundo esposo fue Sebastián Montalvo y Montilla de los Ríos, un joven nacido en 1847 que era hijo de la condesa de Macuriges (la antes destacada). Esta mujer y su familia, de origen, título y propiedades cubanas, solían pasar grandes temporadas en Madrid. Madre e hijo eran visitantes asiduos al salón de la calle del Lobo.

La hija de Bárbara Iznaga y Sebastián Montavo se llamó María Montalvo e Iznaga. Vivió toda su vida en Cuba. Falleció en 1956. Dejó herederos de su matrimonio

La hija de Bárbara Iznaga y Sebastián Montavo se llamó María Montalvo e Iznaga. Vivió toda su vida en Cuba. Falleció en 1956. Dejó herederos de su matrimonio.

De Barbarita Riquelme o la cubana sabrosona continuó acordándose todo Madrid durante las tres décadas siguientes. Las crónicas de sociedad la echaban mucho de menos. También su alegría, sus comilonas, sus risas. Hasta el año 1912, cuando falleció, solían aparecer reseñas en la prensa de Madrid, con comentarios como los que siguen en los siguientes recortes:

En 1889 se anunciaba su regreso de Cuba, tras su segundo matrimonio, pero nunca volvió.
1905, se recordaban las fiestas espléndidas de Barbarita en el palacio de los Duques de Noblejas.
1912, recordatorio de Barbarita en la prensa de Madrid con motivo de su fallecimiento. Hacía 33 años que faltaba de España y todavía había memoria de ella y sus fiestones.

1888: Fallece el general, sorpresas testamentarias

La muerte por infarto sorprendió al teniente general José Luis Riquelme y Gómez en el hotel de la Gran Vía de Barcelona donde vivía.

Ninguna de aquellas noticias que circularon por la prensa catalana y española fue cierto. Los dos médicos militares que certificaron su muerte dejaron claro que había sido debido a un fallo cardíaco

Hasta en la hora de su muerte, el 17 de agosto de 1888, le persiguieron las insidias de sus enemigos. Su fama de mujeriego hizo que se extendieran varios rumores por el país: que había muerto a sus 75 años fornicando en casa ajena o que había caído en un duelo con un diputado catalán con quien disputaba una amante. Incluso se mencionó al general Bufot como el otro duelista. Ninguna de aquellas noticias que circularon por la prensa catalana y española fue cierta. Los dos médicos militares que certificaron su muerte dejaron claro que había sido debido a un fallo cardíaco. Ni siquiera el diputado catalán mencionado llegó a existir.

Último retrato que se conoce cuando era capitán general de Cataluña, hacia 1885-88.

El cadáver del teniente general José Luis Riquelme y Gómez fue embalsamado en Barcelona y trasladado en un tren a Granada en agosto de 1888. Al fallecer en activo, su entierro se convirtió en un homenaje de Estado multitudinario en Granada

El cadáver del teniente general José Luis Riquelme y Gómez fue embalsamado en Barcelona y trasladado en un tren a Granada en agosto de 1888. Al fallecer en activo, su entierro se convirtió en un homenaje de Estado multitudinario en Granada. Recibió sepultura en el mausoleo que había levantado para la dinastía Riquelme en el cementerio municipal de Granada en 1882. Esta tumba estuvo a disposición de su hermano Joaquín, teniente general que falleció en Sevilla en 1885; también lo ofreció para su sobrina María Emilia, la religiosa, con quien compartió confidencias y cruzó ingente correspondencia. Pero al final solamente las ramas de su hermana Angustias y de otros sobrinos fueron a dar con sus huesos a este panteón.

El cadáver embalsamado llegó a Granada acompañado de su sobrino Fernando Escavias, que era diputado por Granada. Fue expuesto en su palacio de calle Tablas, después se le dijo misa y más tarde fue subido a hombros por la Cuesta de los Chinos hasta el cementerio de Las Barreras. (También se consignó mal su fecha de nacimiento).

Una enorme esquela abrió la edición de El Defensor de Granada los días 23 y 24 de agosto de 1888. También se le dedicó una breve nota necrológica. Los textos eran sumamente curiosos en lo referido a Bárbara Iznaga: en la esquela se la nombraba como viuda a todos los efectos, en tanto que en la notilla se dejaba claro que residía actualmente en Trinidad, sin mayores explicaciones.

Emucesa pasó los restos de los Riquelme al osario común y lo vendió a otra familia, que lo va ocupando en la actualidad

El panteón Riquelme, parcela 52 en el patio primero del cementerio de San José, ha estado a disposición de este apellido hasta el año 2012, cuando la descendencia de su sobrino albacea dejó de hacerse cargo de él. Emucesa pasó los restos de los Riquelme al osario común y lo vendió a otra familia, que lo va ocupando en la actualidad.

Hasta aquí, todo normal.

La primera gran sorpresa surgió al abrir su último testamento. El general había redactado una primera voluntad en 1861 (notario Mariano García Sánchez, 27 de abril), antes de que se registrara la muerte de su única hija Sofía. En el primigenio testamento mencionaba a la niña como heredera de todos sus bienes y a su esposa Bárbara Iznaga como usufructuaria de todo, si es que le sobrevivían.

Dejaba como albacea y único administrador de todos sus bienes a su sobrino Fernando Escavias de Carvajal. Éste debía encargarse de repartirlo según unas precisas y concretas mandas

Pero dada la huida de Bárbara a Cuba, sus amoríos y la hija ilegítima que había concebido con otro, el general Riquelme cambió su testamento el 3 de agosto de 1885 ante el notario de Barcelona Antonio Rodríguez de Gálvez. Dejaba como albacea y único administrador de todos sus bienes a su sobrino Fernando Escavias de Carvajal. Éste debía encargarse de repartirlo según unas precisas y concretas mandas. Antes de pasar al reparto, el general dejó claras unas cuantas cosas:

Primera: Al día de la fecha “no tengo ningún hijo ilegítimo habido de legítimo matrimonio, ni heredero forzoso ni nada que pueda oponerse al cumplimiento de mi libre voluntad para disponer de mis bienes”. (Esta prevención era importante para alejar futuros intentos de que se le adjudicara la paternidad de la segunda hija de su esposa, la ilegítima nacida en Cuba).

A sus sobrinas les dejó una renta anual y vitalicia de 32.000 pesetas (Recuérdese que por entonces el sueldo de un maestro de escuela se movía en el entorno de 625-1.000 pesetas/año). Al capitán Miguel Boj, que era el encargado de su palacio en la calle Tablas, le dejó 5.000 pesetas de regalo

Segunda: Ningún derecho tenía sobre sus bienes su esposa Bárbara Iznaga por haber renunciado a su derecho a los gananciales en la Península, “así como yo renuncié a los de Cuba”. Entendía que, en el reparto y renuncia de gananciales cuando ella se fue, la cubana había salido más favorecida.

Tras estas advertencias, calculó que su fortuna rondaba los once millones de reales (2,750 millones de pesetas). De ellos, 3 millones de reales eran el valor de las propiedades rústicas y urbanas en el Valle de Lecrín. Más otros 5 millones de reales en títulos y valores de España, Cuba, Perú, Italia, Austria, etc. También indicaba que su esposa le debía 400.000 pesetas de un préstamo y otras 72.000 pesetas de un conocido de Trinidad.

Se encargó de repartir grandes premios a las personas que formaban su círculo de administradores, servidumbre, ayudantes, aparceros de fincas, sirvientes y varios sobrinos. A sus sobrinas les dejó una renta anual y vitalicia de 32.000 pesetas (Recuérdese que por entonces el sueldo de un maestro de escuela se movía en el entorno de 625-1.000 pesetas/año). Al capitán Miguel Boj, que era el encargado de su palacio en la calle Tablas, le dejó 5.000 pesetas de regalo.

José Luis Riquelme en la década de 1870, cuando era diputado por Granada e inspector general del Cuerpo de Carabineros.

La sospecha fue inmediata a partir de aquel momento. Por un lado, el general insistía en que no había dejado descendencia legítima de legítimo matrimonio. Pero, por otra, dejaba una fabulosa fortuna a una niña desconocida. Blanco era y en botella

La sorpresa aumentó cuando se conoció que una parte muy sustanciosa de su herencia, de 30.000 duros (150.000 pesetas) habrían de darse a Soledad Herreros de Tejada y Castillejo, esposa del Conde de Vilana (Fernando Casani y Díaz de Mendoza, conde pontificio de Casani); eran una pareja de su entera confianza. Esta señora le ofreció hacerse cargo de aquel importante capital, en calidad de administradora, “para atender la educación de Sofía Berenguer de Peralta”. Explica en su testamento que aquella pequeña desconocida estaba a cargo de José García Torres, con domicilio en la calle Gravina, 3, 2º de Madrid. La condesa de Vilana iría tomando dinero para la formación de la niña; cuando ésta se casase o llegase a la mayoría de edad, todo el capital que quedara de los 30.000 duros depositados en el Banco de España le serían entregados de una vez. En caso de fallecimiento, el fondo se reembolsaría a su sobrino albacea para el fin principal que dejó: una importante obra pía.

La sospecha fue inmediata a partir de aquel momento. Por un lado, el general insistía en que no había dejado descendencia legítima de legítimo matrimonio. Pero, por otra, dejaba una fabulosa fortuna a una niña desconocida. Blanco era y en botella: Sofía Berenguer de Peralta reunía todos los requisitos para ser hija ilegítima del general. Y la había engendrado tras conocer que su mujer había parido otra hija ilegítima en Cuba.

El asunto se complicó pronto cuando su viuda Bárbara Iznaga encargó a abogados españoles que pleitearan para intentar demostrar que ella continuaba siendo su viuda legítima

El asunto se complicó pronto cuando su viuda Bárbara Iznaga encargó a abogados españoles que pleitearan para intentar demostrar que ella continuaba siendo su viuda legítima. En el pleito no recurrió al engaño de que su hija nacida en Cuba en 1880 fuese de él; había nacido más de diez meses después de abandonar España. Aquel pleito no llegó a prosperar, Bárbara no consiguió nada de la herencia del general.

En cambio, en 1892, tras removerse el asunto, un funcionario de un juzgado de Madrid cuestionó la legalidad de las cantidades que estaba percibiendo Sofía Berenguer Peralta del teniente general granadino. Su demanda se basó en que en realidad no se llamaba Sofía, sino Josefa. Acusaron al padre (José García Torres) de suplantación de personalidad y secuestro de una niña, ya que en el padrón municipal llevaba otros apellidos, el suyo y el de su esposa.

El asunto se convirtió en un novelón por entregas en la prensa de Madrid

El asunto se convirtió en un novelón por entregas en la prensa de Madrid. Resultó que José García Torres era un inspector de carabineros. Se hizo cargo de la recién nacida el 31 de enero de 1881. La niña le había sido entregada en secreto por una dama de la aristocracia madrileña con el encargo de que la criase y la educase en su familia. Así lo hizo el inspector de carabineros hasta que en 1892 fue cuestionada su legalidad y la personalidad de la niña. El policía fue encarcelado entre tanto, aunque escondió a la niña en lugar seguro para que no se la quitaran. Aquel juicio se prolongó hasta 1897 en que quedó diáfano para el juez del distrito Latina.

Se aclaró que el padre biológico de la niña bautizada como Josefa Berenguer de Peralta era hija de “un teniente general granadino fallecido”, pero nunca se quiso hacer público el nombre de la madre

La historia nunca se aclaró del todo, al menos de cara al público. El carabinero contó al juez que todo había partido de un error del general Riquelme al escribir Sofía en vez de a Josefa en su testamento. Seguramente tuvo un lapsus al confundirla con su hija muerta en 1862. Se aclaró que el padre biológico de la niña bautizada como Josefa Berenguer de Peralta era hija de “un teniente general granadino fallecido”, pero nunca se quiso hacer público el nombre de la madre. Sí se publicó en la prensa madrileña que la madre natural previno al carabinero y a su mujer que estuvieran atentos al momento de su parto para hacerse cargo del bebé.

Después, la desconocida dama de alto copete continuó manteniendo contacto con su hija donada al nacer y a escondidas, hizo seguimiento de su educación. Incluso le buscó plaza en el Colegio del Sol, donde la formaron en castellano y en francés

Después, la desconocida dama de alto copete continuó manteniendo contacto con su hija donada al nacer y a escondidas, hizo seguimiento de su educación. Incluso le buscó plaza en el Colegio del Sol, donde la formaron en castellano y en francés. Josefa (la Sofía del testamento) Berenguer de Peralta vivió toda su vida con estos apellidos ficticios; se casó con un hijo de la familia de procuradores Serrano Calzada. No conocemos si llegó a saber realmente quiénes fueron sus padres naturales. Lo que sí quedó sobrevolando es que el picaflor del general Riquelme fue padre de una segunda hija ilegítima a los 68 años. Su testamento así lo propició. La condesa, marquesa o duquesa, dama que fue madre biológica, seguro que estaba casada o viuda y quiso ocultar su desliz con el entones capitán general de Cataluña, presidente de la Junta Superior de Guerra y senador del Reino. Uno de los personajes más poderosos del país que también tenía mucho que ocultar de sus devaneos de bragueta.

Fundación Riquelme, la más antigua

La realidad económica y social en que solían quedar los militares eméritos al abandonar los ejércitos preocupaba mucho al teniente general José Luis Riquelme. Los licenciados de bajo/medio escalafón solían envejecer y morir en la pobreza. Pero aún peor lo pasaban sus viudas y sus hijas. Podían caer en la mendicidad y en la prostitución para subsistir. Este aspecto le hizo acordarse de ellas en su testamento, las convirtió en sus principales beneficiarias a perpetuidad.

Así fue como la casa de la calle Tablas se convirtió en Asilo y Colegio Riquelme a partir de 1890. Quedó como primer administrador de aquella institución su sobrino Fernando Esquivias de Carvajal. Mas, el general ordenaba que se constituyera una junta para garantizar su funcionamiento futuro, formada por tres primeras autoridades de la provincia: la presidiría el Capitán General de la región militar, auxiliado por el Presidente de la Audiencia y el Arzobispo

Una vez descontados los repartos de sus familiares y allegados, su palacete de la calle Tablas y todo lo que quedase de sus posesiones, así como las rentas e intereses (que él calculaba de unos 12.000 duros anuales, 60.000 pesetas), se destinarían a fundar y mantener un Asilo Benéfico “con el objeto de recoger a las huérfanas y viudas naturales de la provincia de Granada, siendo siempre preferidas para su ingreso en el Asilo las hijas y viudas o huérfanas de militares que hayan nacido también en la provincia y teniendo en igualdad de circunstancias preferencia aquellas que tengan mayor belleza puesto que el objeto de este Asilo es contribuir a evitar la prostitución en lo posible a la que indudablemente están menos expuestas las que carecen de atractivos”. Es decir, las más guapas y con mejor cuerpo, las preferidas.

Así fue como la casa de la calle Tablas se convirtió en Asilo y Colegio Riquelme a partir de 1890. Quedó como primer administrador de aquella institución su sobrino Fernando Esquivias de Carvajal. Mas, el general ordenaba que se constituyera una junta para garantizar su funcionamiento futuro, formada por tres primeras autoridades de la provincia: la presidiría el Capitán General de la región militar, auxiliado por el Presidente de la Audiencia y el Arzobispo; también estos nombrarían a tres damas. Ordenó vender todos los muebles y obras de arte para engrosar los bienes del asilo.

Fotos del interior del Palacio Riquelme a finales del siglo XX, cuando dejó de ser colegio y pasó a propiedad de la Consejería de Hacienda.

Pero las cuentas no acababan de cuadrar; la Fundación atravesó por momentos críticos. Sus rectores recurrieron a vender las mejores tierras, las de cultivos del Valle de Lecrín

La junta de autoridades se constituyó en Fundación Riquelme en 1891; por tanto, es en la actualidad la más antigua de todas las que permanecen activas y sin interrupción en nuestra Comunidad. El Colegio-Asilo de calle Tablas lo rigieron las monjas de la Caridad de San Vicente Paúl. Su economía dependía de las rentas de las fincas rústicas del Valle de Lecrín, de los alquileres de casas que donó el general y de las rentas del capital que dejó en bancos o deuda pública. El orfanato de hijas de militares se amplió con el tiempo también a huérfanas de cuerpos de seguridad, en régimen de internado hasta el año 1974. En esa fecha, debido a que las rentas ya no eran suficientes, se empezó a admitir a alumnas de pago.

Pero las cuentas no acababan de cuadrar; la Fundación atravesó por momentos críticos. Sus rectores recurrieron a vender las mejores tierras, las de cultivos del Valle de Lecrín. El proceso de venta a los colonos se prolongó hasta el año 1987. El capital de la Fundación fue engrosado en 17,5 millones de pesetas. Se empezaba a respirar.

Lo adquirió la Junta de Andalucía; las monjas se trasladaron al Regina Mundi y el Colegio San José pasó a la Consejería de Educación

Aunque la situación económica no se consiguió enderezar del todo, con lo cual hubo que cerrar el anacrónico colegio y proceder a la venta del palacete de la calle Tablas (en 1989). Lo adquirió la Junta de Andalucía; las monjas se trasladaron al Regina Mundi y el Colegio San José pasó a la Consejería de Educación. Fue el momento en que se decidió reformar el sistema de apoyo a las muchachas huérfanas: ya no se internarían en el colegio propio, sino que se les darían becas de estudios para otros colegios o universidades.

En la actualidad la Fundación Riquelme tiene pisos en seis edificios de Granada capital por un valor algo superior a 1.570.000 euros

El capital obtenido con la venta de las fincas de Lecrín y del Palacete fue reinvertido en la adquisición de pisos y apartamentos de alquiler. En total, en la actualidad la Fundación Riquelme tiene pisos en seis edificios de Granada capital por un valor algo superior a 1.570.000 euros; las rentas netas de sus alquileres se destinan a cumplir lo ordenado por el general Riquelme en su testamento.

Castillo de Mondújar, que fue de la reina Moraima y actualmente de la Fundación Riquelme. WASTE MAGAZINE.

De las tierras originales en el Valle de Lecrín solamente quedan en propiedad de la Fundación el monte del Pelado, de 140 hectáreas el perímetro del Parque Natural de Sierra Nevada, y el Castillo de Mondújar. Más una pequeña viña en sus alrededores. Tanto el Castillo como el monte improductivo están pendientes de una actuación con el Ayuntamiento de Lecrín para intentar ponerlos en valor.

En el último cuarto de siglo la Fundación Riquelme se ha amoldado a la nueva realidad de la Ley Andaluza de Fundaciones, de 2005, y a los cambios sociales

En el último cuarto de siglo la Fundación Riquelme se ha amoldado a la nueva realidad de la Ley Andaluza de Fundaciones, de 2005, y a los cambios sociales. Sus cuentas se han estabilizado, lo que permite dedicar cada vez mayores cantidades a becas. En la memoria correspondiente al curso 2022-23 se destinaron 42.750 euros a ayudar a jóvenes huérfanas de militares y de agentes de las fuerzas de seguridad (28.450 a becas, 11.000 a ayudas y 3.300 para transporte/vivienda). La demarcación se ha ampliado a muchachas residentes en toda Andalucía. Su Patronato está formado en este momento por el Teniente General jefe del MADOC, el Presidente del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía y el Capellán Mayor de la Capilla Real. Los acompañan dos mujeres de su confianza como vocales y una monja nombrada por el arzobispo. Como gerente-director actúa el coronel retirado Pedro Martín Díaz.

Ciento treinta y nueve años después de que el general Riquelme dictara su testamento, sus deseos se están cumpliendo a rajatabla en el aspecto que él quiso. Excepto en lo de ser muchachas guapas… 

La Fundación Riquelme abrió hace unos cuantos años un servicio de ayuda psicológica para sus becarias. Lo lleva la psicóloga Laura Prados Corral con gran demanda por parte de las muchachas. En la actualidad permanecen becadas 19 huérfanas (3 preparando oposiciones, 9 universitarias, 2 bachillerato y 5 ESO).

Ciento treinta y nueve años después de que el general Riquelme dictara su testamento, sus deseos se están cumpliendo a rajatabla en el aspecto que él quiso. Excepto en lo de ser muchachas guapas… Ahora también se benefician las que no son tan bonitas de cara. Ha habido que ir adaptándose a los tiempos en la forma de cumplirlos.

Antiguo panteón Riquelme, donde estuvo enterrado. Dcha., plano de 1909 cuando todavía tenía dedicada una calle junto a la plaza Trinidad.

Al menos, los varios millares de niñas que se han beneficiado de su fortuna en este siglo largo mantendrán su memoria y le dedicarán algún recuerdo. La ciudad de Granada no se ha ocupado de incluirlo en la Historia; el general Riquelme es un desconocido en Granada, a pesar de ser el militar de mayor rango en la segunda mitad del siglo XIX

Al menos, los varios millares de niñas que se han beneficiado de su fortuna en este siglo largo mantendrán su memoria y le dedicarán algún recuerdo. La ciudad de Granada no se ha ocupado de incluirlo en la Historia; el general Riquelme es un desconocido en Granada, a pesar de ser el militar de mayor rango en la segunda mitad del siglo XIX. El apellido Riquelme sólo es asociado con su sobrina beata. Sus huesos fueron a parar al osario común donde yacen otros muchos ilustres granadinos por desidia de la corporación de José Torres Hurtado (Cádiz, Córdoba y Málaga se opusieron a laminar su cementerio histórico; a Granada no le importan sus muertos). La calle que llevó el nombre de General Riquelme entre 1889 y 1931 volvió a llamarse Fábrica Vieja cuando llegó la II República. Menos mal que su palacete de calle Tablas continúa prácticamente intacto tras haberlo dedicado la Junta de Andalucía a sede de Hacienda. No existe una sola calle, monumentillo o libro que le recuerde. La única placa sobre la fachada de su casa continúa ilegible desde hace treinta años.

Placa ilegible en la fachada que fue su palacio y posterior Asilo Riquelme, en calle Tablas.

Algunos otros ilustres olvidados, por Gabriel Pozo Felguera: