EN LAS LADERAS DEL CASTILLO DE SANTA BÁRBARA

Cuando Alicante quiso construir réplicas de Zambras del Sacromonte

Ciudadanía - Gabriel Pozo Felguera - Domingo, 8 de Febrero de 2026
Gabriel Pozo Felguera recuerda en este brillante reportaje un episodio que quizá no conozcas, que le sirve para reivindicar este arte genuinamente granadino, nacido en el corazón del Sacromonte.
Composición de la idea del alcalde Agatángelo: unir las cuevas tipo Sacromonte en su cerro Benacantil.
L. R. RODRÍGUEZ.
Composición de la idea del alcalde Agatángelo: unir las cuevas tipo Sacromonte en su cerro Benacantil.
  • La Costa Blanca lo tenía todo para la atracción masiva de turistas extranjeros, pero le faltaba el ingrediente principal que buscaban: el cante y baile typical Granada

Dicen por Alicante que Agatángelo Soler Lorca fue uno de sus mejores alcaldes del siglo XX. Gobernó entre 1954-63. Modernizó la ciudad, abrió un nuevo aeropuerto para convertir la zona en el mayor punto de atracción turístico en los cincuenta-sesenta. Tenía el mejor clima y las mejores playas. Pero le faltaba uno de los principales ingredientes que venían buscando los extranjeros: el typical spanish de los gitanos cantando y bailando en cuevas. El ya famosísimo flamenco de las zambras. Y eso sólo existía por entonces en el barrio del Sacromonte de Granada. Pues si sus turistas pedían gitanos y flamenco, lo tendrían: a Granada se vino a ver, tomar notas y replicarlas en Alicante. Era 1959, cuando las cuevas y los tablaos de Granada estaban en su máximo esplendor. Y allá, en las faldas del monte Benacantil, bajo el Castillo de Santa Bárbara, planteó un proyecto para replicar el barrio del Sacromonte granadino. Se llamarían Cuevas Turísticas, alimentadas en parte por artistas sacromontanos. Pero la cosa no resultó tan sencilla.

Pero el turista no quería ese flamenco de salón. Asociaba la esencia de ese arte a un paisaje y unas gentes muy concretas. Y eso sólo podía encontrarlo en el barrio gitano del Sacromonte

El turismo empezó a recuperarse en España a finales de la década de los cuarenta, tras la finalización de la II Guerra Mundial. En el imaginario del turista extranjero bullían, ante todo, los conceptos de flamenco y toros. Paulatinamente se fueron incorporando los de sol, playa, sangría, paella y pescaíto frito. El litoral mediterráneo gozaba de ventaja competitiva frente a las ciudades del interior para el desarrollo masivo de su urbanismo y sus negocios. Aunque Granada tenía la exclusiva de dos ingredientes principales, elementos claves inseparables y deseados por los afortunados costeros: la Alhambra y el flamenco. El monumento nazarí era único y había que venir aquí por narices. No así el flamenco, pues existían ya por entonces muchas salas por otras ciudades andaluzas y quizás las mejores fuesen las de Madrid.

Pero el turista no quería ese flamenco de salón. Asociaba la esencia de ese arte a un paisaje y unas gentes muy concretas. Y eso sólo podía encontrarlo en el barrio gitano del Sacromonte. Había que desplazarse a Granada obligatoriamente. O intentar llevarse sucedáneos de zambras a pueblos costeros. Pero ya no era lo mismo, se perdía la esencia.

La Zambra, autóctona del Sacromonte

Recordemos someramente la aparición de las zambras y su asociación con el barrio del Sacromonte. Los flamencólogos dicen que zambra significaba flauta o instrumento musical genérico. Era manejado por el pueblo egipciano llegado a Granada tras las tropas de los Reyes Católicos. Por extensión, zambra se convirtió en una forma de alegría que sumaba ruido, palmoteo, cante y bullicio. Lo utilizaban a principios del XVI los gitanos, tanto los que empezaron a asentarse en la ciudad como los ambulantes. Aquella expresión jubilar la ponían en marcha en sus bodas y nacimientos. Muy pronto, ya para 1524, hay zambras acompañando las primeras procesiones del Corpus en Granada; las protagonizaron gentes de etnias gitanas y moriscos (estos sobre todo a partir de su persecución en 1570, que se hicieron pasar por gitanos para no ser expulsados). Iban danzando delante de la procesión hasta que fueron prohibidas en actos religiosos en 1780. Eran las llamadas zambras del Zenete, Albayzín y Alpujarras. Bailaban y tocaban palos llamados la zarabanda, la chacona, el bullicuscuz, el colorín colorado y el guiriguigai.

Componentes de una zambra antigua a la puerta de su cueva en el Sacromonte. PAG.

Muy pocos años después, en 1850, aparece el primer tablao flamenco de Granada. Curiosamente no fue en el Sacromonte, sino en una casa del Humilladero

Aquella manera de expresar la alegría del pueblo gitano-morisco debió seguir existiendo a principios del siglo XIX, aunque hay pocas referencias. Los viajeros románticos del primer tercio de ese siglo las buscan y las mencionan; el músico Mijail Glinka reunió en su posada a un grupo de gitanos que le cantaron y bailaron (en 1845-6). Fue el primero en traducir sus sonidos al pentagrama.

Muy pocos años después, en 1850, aparece el primer tablao flamenco de Granada. Curiosamente no fue en el Sacromonte, sino en una casa del Humilladero. Era propiedad de Antonio Torcuato Martín, un hombre llegado de la Costa granadina que montó un local llamado El Cujón. También fueron tiempos en los que había ventas a las afueras de la ciudad adonde empezaban a ir los ricachones y sus queridas a pasar el día; y se llevaban a cantaores/as para que les divirtieran.

Hacia 1880 ya empezaron los gitanos del Camino de Beas a abrir sus cuevas, o concentrarse en las entradas a sus moradas, como primitivas zambras

Hacia 1880 ya empezaron los gitanos del Camino de Beas a abrir sus cuevas, o concentrarse en las entradas a sus moradas, como primitivas zambras. Debían estar consolidadas y publicitadas porque en las exposiciones universales de París de 1889 y 1900 fueron contratados para actuar. También a finales del XIX ya hay compositores que admiran, copian y expanden el cante flamenco: Pedrell, Albéniz, Chapí, Granados, Turina, Falla, Ángel Barrios, etc. Había ya grupos de gitanos que no sólo actuaban en sus cuevas, también empezaron a cantar en el Teatro Napoleón, en el Isabel la Católica de la Plaza de los Campos, en café El Recreo, después en el primer Teatro Alhambra junto al Salón, en el local La Tertulia de la calle del Ángel, en el Liceo, Centro Artístico, Hotel Siete Suelos, el Alhambra Palace a parir de 1910, etc.

El aldabonazo de aquellos cantes propios de gitanos del Sacromonte se produjo con la organización del Concurso de Cante Jondo en la Alhambra (1922)

El aldabonazo de aquellos cantes propios de gitanos del Sacromonte se produjo con la organización del Concurso de Cante Jondo en la Alhambra (1922). Su repercusión fue tal que quedó Granada como principal referente de ese tipo de cante y baile. Aunque también existía repartido por otros muchos puntos de Andalucía, tanto con presencia gitana como paya. Pero no asociado a su origen en las cuevas y zambras del Sacromonte.

Tras acabar la guerra civil (1939), el barrio del Sacromonte sufrió cambios sustanciales que afectaron también a sus zambras. A los tradicionales pobladores del Camino, de la Vereda de Enmedio, y de los barrancos de los Naranjos y de los Negros, se sumaron gitanos emigrantes procedentes de la zona oriental andaluza y de Málaga. Los recién llegados se establecieron en los cerros de San Miguel y zonas más próximas a la Abadía. Los nuevos bailaban sólo para ellos, tardaron en sumarse a los espectáculos para turistas.

1942-1963: el momento de esplendor

Fueron poco más de veinte años (mediados los cuarenta hasta las inundaciones de 1963) en los que el Sacromonte y sus zambras casi tocaron el cielo. En muchos casos suponían mayor atractivo para visitar Granada incluso que la Alhambra. Brotaron como champiñones en cueva húmeda infinidad de zambras, cantaores, bailaores y tocaores. De ambos sexos. Curro Albayzín (Francisco Guardia Contreras, nacido en una cueva en 1948) es la memoria viva de la historia del Sacromonte. Habla y no para del rico patrimonio que se concentró durante la primera mitad del siglo XX en su barrio. Vamos a mencionar unos cuantos de ellos:

Curro Albayzín canta en un espectáculo en el Teatro Isabel la Católica.

Allí acudieron los primeros de las sagas 'los Habichuela', 'los Cotorreros', Andrés 'el Malangá', los Amaya, etc. Incluso el malagueño Miguel de Molina acudía a buscarlos para llevárselos a los cafés cantantes de Madrid, como 'Los Gabrieles' y 'Villa Rosa'

Una de las mejores zambras fue la de La Golondrina; las hubo Golondrina Primera, Segunda y Tercera. Actuaban en todos los escenarios de Granada y de fuera. La Tercera Golondrina (Carmen Amaya Cortés) bailó en el Cante Jondo de 1922. Los ventorrillos de las afueras y los locales de alterne de la Manigua eran recorridos habituales de guitarristas y cantaores; en aquel barrio de alterne estuvieron El 32, Bar Félix, Casa de la Bizcocha, La Verja, La Olga, Casa Caraesponja… prostíbulos que también ofrecían cante flamenco. Allí acudieron los primeros de las sagas los Habichuela, los Cotorreros, Andrés el Malangá, los Amaya, etc. Incluso el malagueño Miguel de Molina acudía a buscarlos para llevárselos a los cafés cantantes de Madrid, como Los Gabrieles y Villa Rosa. También el Rey Chico fue por aquellos años el vivero donde recibían el bautismo público los que empezaban en ese arte. Allí alternaron con las grandes vedettes y ballets que recalaban en Granada: Estrella Castro, Juanita Reina, Marifé de Triana, Bambino, Mario Maya, Manolete, Marote, Faíco, etc.

Llegó un momento en que medio barrio del Sacromonte trabajaba en las zambras de turistas. A los niños los iniciaban desde muy chiquitos

Llegó un momento en que medio barrio del Sacromonte trabajaba en las zambras de turistas. A los niños los iniciaban desde muy chiquitos. Curro Albayzín repite los cientos de veces que iban a sacarlo de la escuela del Ave María para que acudiera a bailar a su cueva, había llegado un grupo de turistas y era necesario atenderlos, aunque fuera a media mañana. Muchos días los niños y niñas del Ave María llegaban tarde o medio dormidos como consecuencia de haber trasnochado danzando para extranjeros. Digo danza porque para aquellos gitanos era el término que utilizaban, no hablaban de baile ni zambra.

Postales promocionales del Sacromonte de principios de los años sesenta, antes de las inundaciones de 1963. COL. CARLOS PASCUAL

Las zambras más famosas a mediados del siglo XX ─todas desaparecidas o muy transformadas─ fueron las siguientes:

Los Amaya, primera del barrio, surgida en 1880, de los cinco hermanos de ese apellido.

La Capitana. Participó en el Festival de Cante Jondo de 1922 y en la Exposición Universal de Barcelona 1929. Hizo giras por España. Participó en la película María de la O (1936, con Pastora Imperio) y en Forja de Almas (1943). En 1947 bailaron para Eva Perón y las personalidades que visitaban la ciudad. Inauguraron el Festival de Música y Danzas de Granada (1952).

La Coja y el Pituruli (1924), promovida por Concepción Cortés Campos.

Zambra de Lola Medina, surgida hacia 1943, que organizaba espectáculos sólo por encargo.

La Faraona (1947), de Rosa Amaya y Antonio Heredia.

La Golondrina nueva. Surgió en 1947 de una escisión en la Faraona y la Coja. Se convirtió en una de las mejores, hacían temporada de verano en el Hotel Alhambra Palace y giras por Sevilla, Linares y Marruecos. Sobrevivió hasta mediados los setenta.

Cueva del Sacromonte en plena actuación para un grupo de turistas, en tiempos recientes.

Los Chavalillos (1952). Fueron un grupo de adolescentes que se aprovecharon de la eclosión turística y bailaron durante dos o tres años en una cueva.

La Rocío (1952), de Andrés Maya Fajardo y Rocío Fernández Bustamante. Actuó mucho en Madrid, incluida la Feria del Campo a partir de 1955. Participó en la película El amor brujo (1986, de Carlos Saura). Su nombre continúa activo.

María la Canastera, montada por María Cortés Heredia y su marido José Carmona. Primero estuvieron en la Vereda de los Pinchos (1954), para más tarde bajarse al Camino. Pronto adquirió gran renombre. Hoy continúa abierta como tablao y museo-zambra.

La Chumbera (1961). Aquí se rodó la película Todo es posible en Granada (1982, con Manolo Escobar). Con la crisis de los sesenta se convirtió en discoteca y en 1992 fue desfigurada su cueva para hacer un moderno Centro de Estudios Flamencos del Ayuntamiento.

Rafael Gómez Montero, el abulense flamenco

Como se ve, la estructura de zambras del Sacromonte era muy extensa y con un gran plantel de artistas de calidad. Para redondear la faena, en 1958 llegó a Granada el periodista abulense Rafael Gómez Montero. Vino a dirigir la emisora la Voz de Granada. Se enamoró del flamenco y montó un estudio en la cueva de María la Canastera, desde la que emitía programas para toda España. Desde Madrid le pidieron que organizara un espectáculo sobre aquellos cantes y bailes que tanto furor hacían entre los españoles y turistas. Gómez Montero, en calidad de director del espectáculo, lo bautizó como Gitanos del Sacromonte. Zambra de las Cuevas de Granada. En él participaban los grupos de María la Canastera, Pepe Albayzín, Charito Romero, El Millonario y María Isabel. Eran aproximadamente treinta gitanos que cerraban grandes acontecimientos y conmemoraciones de tipo oficial (como la Feria del Campo) interpretando bodas gitanas, tango de los merengazos, sevillanas gitanas, bulerías corridas, fandangos del Albayzín, la Mosca y la Cachucha.

Conchita de Miguelones, Rafael Gómez Montero, las hermanas Benítez, María La Canastera, Enrique Carmona y su cuadro flamenco. Cueva de María La Canastera, Sacromonte, 1964. Foto archivo Rafael Gómez Benito.
Cartel con la actuación de Gitanos del Sacromonte en la Feria del Campo de 1959.
Inauguración del Estudio de Radiodifusión de la Voz de Granada. Gómez Montero presentando la primera Gala Poético Gitana. Cueva de La Chumbera, 1961. Foto Yebra. Archivo, Rafael Gómez Benito.

Y Alicante puso sus ojos en el Sacromonte

Alicante ya fue, desde finales del XIX, la playa de los madrileños que llegaban en sus trenes botijos a bañarse en sus paradisíacas playas. Todavía flanqueadas por los cañaverales de las huertas. En 1956 hubo dos alcaldes de la zona, Pedro Zaragoza en Benidorm y Agatángelo Soler Lorca en Alicante, que comprendieron las grandes posibilidades que ofrecía su litoral. España empezaba a permitir la llegada masiva de turistas europeos, también norteamericanos a partir del tratado de colaboración con EE UU. Bautizaron a sus playas como Costa Blanca, en 1957, junto con la compañía British Airwais para promocionar su ruta desde Londres.

Agatángelo Soler paseando por la Explanada de Alicante. Este paseo que simula olas marinas, con 7,5 millones de teselas, es una de sus obras más recordadas.
Panorámica de Benacantil, con el barrio de Santa Cruz en sus faldas, donde se pensó recrear el Sacromonte.

Aquellos dos alcaldes adoptaron pronto el modelo de sol y playa. Fueron de los primeros en sumarse a las presiones de otros ediles para permitir el uso del bikini en sus costas. Pronto pusieron en marcha planes de urbanizaciones masivas en el litoral, diseñaron ciudades de ocio mucho más rentables que la agricultura tradicional. Empezaban a crecer inmensas torres de apartamentos. También se empeñaron en tener aeropuerto propio internacional (El Altet), el viejo aeródromo militar de La Rabasa ya no era operativo. Y el de Valencia lo tenían alejado.

El alcalde de Alicante se dio cuenta de que el turismo extranjero demandaba los cantes y bailes flamencos. Concretamente las zambras gitanas del Sacromonte que ya eran muy conocidas en Europa a través de los medios de comunicación

El alcalde de Alicante se dio cuenta de que el turismo extranjero demandaba los cantes y bailes flamencos. Concretamente las zambras gitanas del Sacromonte que ya eran muy conocidas en Europa a través de los medios de comunicación. Los empresarios turísticos malagueños las tenían cerca, montaban excursiones diarias a su “sucursal” granadina para ver la Alhambra y participar en una zambra en la misma jornada. Venían en autocar, con la bolsa de picnic y regresaban a dormir a Málaga. Aquí sólo dejaban el papel de envolver el bocadillo.

Noticias en la prensa de 1959 donde se avanzaba la intención de replicar cuevas flamencas del tipo granadino en Alicante. INFORMACIONES

Alicante anhelaba hacer lo mismo que los malagueños, pero la distancia se lo impedía. Ya en el año 1957 el alcalde Agatángelo declaró a la prensa que se planteaba desarrollar su turismo haciendo una mezcla de iniciativas de Granada, Málaga y Mallorca. La oportunidad de montar una estructura de barrio de cuevas flamencas o cuevas turísticas como decía él se le presentó en el año 1959. Precisamente al ver el éxito de los gitanos en la Feria del Campo madrileña. El Ayuntamiento de Alicante puso en marcha su Plan de Ordenación del Primer Polígono de la Playa de San Juan, del arquitecto Juan Guardiola Gaya. Además, afectaba también al entorno más cercano de la playa del Postiguet.

Se les ocurrió que la ladera del monte Benacantil sobre el que se recuesta el casco viejo de la ciudad ─barrios de Santa Cruz y San Roque─ era el lugar ideal para reproducir una copia del barrio de Cuevas y Zambras del Sacromonte

Se les ocurrió que la ladera del monte Benacantil sobre el que se recuesta el casco viejo de la ciudad ─barrios de Santa Cruz y San Roque─ era el lugar ideal para reproducir una copia del barrio de Cuevas y Zambras del Sacromonte. La idea fue exactamente esa: aprovechar algunas cuevas que ya existían en la zona y excavar unas cuantas más en las caras Sur y Este de la falda del Castillo de Santa Bárbara. El alcalde y algún técnico municipal se vinieron para Granada, contactaron con el alcalde de entonces (Manuel Sola) y con su amigo Antonio Barroso Sánchez, a la sazón capitán general de la IX Región Militar. Estuvieron tomando nota en sus visitas.

También contactaron con propietarios de las zambras granadinas para que se trasladaran a Alicante en cuanto estuviera disponible su barrio de zambras. Aquel añadido exótico sería el complemento ideal para la red de ocio que planeaba el arquitecto Guardiola; contrastaría con la monotonía de los inmensos bloques pantalla que se empezaban a levantar en la playa de San Juan. Las cuevas turísticas eran propuestas escenográficas que completarían la oferta turística alicantina. El paquete para las agencias de viajes estaría ya completo.

Aspecto del puerto de Alicante y las torres de apartamentos en la playa del Postiguet.

Hasta aquí la primera idea. Pero muy pronto aparecieron los inconvenientes de horadar las laderas del monte Benacantil. A no ser el túnel de 200 metros hasta la perpendicular de donde parten los ascensores que suben los 142 metros de su atalaya. Allí arriba, en el Castillo, fue donde habilitaron en 1963 el gran tablao-zambra que tiene Alicante. Con una programación estable desde entonces, aunque de zambra sacromontana tiene poco.

La idea no contó con la aprobación ni complicidad de la población del Barrio. Las zambras flamencas no formaban parte de la tradición alicantina

La idea no contó con la aprobación ni complicidad de la población del Barrio. Las zambras flamencas no formaban parte de la tradición alicantina. Tampoco cayeron bien los rumores de “importar” familias gitanas granadinas para iniciarlos. El proyecto urbanístico, en un barrio degradado, precisaba de infraestructuras que el Ayuntamiento no podía financiar.

La excavación de cuevas y conformación de un barrio tipo Sacromonte en Alicante pasó pronto al olvido. En su lugar, los arquitectos diseñaron en los bajos de sus urbanizaciones playeras una especie de locales con formas y techos abovedados que trataban de imitar el ambiente de las zambras gitanas de Granada. Ni el entorno ni la decoración ni la acústica tenían mucho que ver con las originales del Sacromonte, pero eso no lo sabían los guiris. Al principio empezaron a llevarse cantaores y bailaoras del Sacromonte; algunos se quedaron por allí para siempre, incluso montaron tablaos propios. Sobre todo, a partir de las inundaciones del Sacromonte de 1963 que dispersó a su población y hundió los negocios en las laderas de Valparaíso.

El alcalde Agatángelo dimitió en 1963 por un disgusto político, sin haber conseguido llevar a cabo su idea originaria de replicar el barrio del Sacromonte en Alicante

El alcalde Agatángelo dimitió en 1963 por un disgusto político, sin haber conseguido llevar a cabo su idea originaria de replicar el barrio del Sacromonte en Alicante. Al ser un proyecto político personal suyo, sus seguidores lo archivaron en un cajón. El pulso lo ganaron los empresarios inmobiliarios que, con algunas concesiones a los tablaos flamencos, prefirieron dedicar antes sus recursos a hacer colmenas humanas que al arte flamenco de importación.

De todas maneras, toda la Costa Blanca está repleta de sucedáneos de tablaos flamencos que son nietos y bisnietos de las zambras y gitanos del Sacromonte granadino.

Tablao estable en el Castillo de Santa Bárbara. Derecha, Fina de Granada (Josefa Fernández Terol) y el grupo de Morenito de Hellín que triunfaban por entonces. Ella, nacida en Alicante, era hija de un gitano del Sacromonte.
El diseño y tratamiento de las ilustraciones son obra de Luis Ruiz Rodríguez.