'The Weeknd sigue con su revival de los ochenta'

Blog - Un blog para melómanos - Jesús Martínez Sevilla - Miércoles, 19 de Enero de 2022
The Weeknd – 'Dawn FM'.
Portada de 'Dawn FM', de The Weeknd.
IndeGranada
Portada de 'Dawn FM', de The Weeknd.

La carrera de Abel Makkonen Tesfaye, alias The Weeknd, ha evolucionado de forma cuando menos sorprendente. ¿Quién iba a pensar que el autor de aquellas mixtapes oscuras y enigmáticas de principios de la década pasada acabaría convertido en una de las estrellas del pop más exitosas del mundo? Por contrastar con un artista surgido por la misma época y al que por entonces se solía comparar al canadiense, la trayectoria de Frank Ocean no podría haber sido más distinta. Pero lo cierto es que desde que Beauty Behind the Madness (2015) llegara a lo más alto de las listas de ventas, Tesfaye ha sido una presencia bastante permanente en el panorama del pop. Inmediatamente después, confirmó su transformación de oscura y misteriosa figura en referente público con Starboy (2016), un disco que comenzaba a convertir el personaje artístico que venía forjando en mito. La narrativa terminó de asentarse con su mayor triunfo hasta ahora, After Hours (2020): The Weeknd es un amante tóxico plagado por las adicciones, un vampiro emocional que va de pareja en pareja, arrastrándolas en su espiral autodestructiva hasta que se cansa y pasa a la siguiente.

Su sonido ha ido evolucionando a la par, pasando del R&B alternativo cargado de referentes underground de sus mixtapes a un revival del synthpop ochentero que ha marcado tendencia

Su sonido ha ido evolucionando a la par, pasando del R&B alternativo cargado de referentes underground de sus mixtapes a un revival del synthpop ochentero que ha marcado tendencia. Cuando incluso la cara más visible del futurista hyperpop, Charli XCX, se está pasando a la nostalgia por los ochenta y dando por finiquitado el género por el que se hizo conocida, queda claro que la influencia de The Weeknd está en su punto más alto. A pesar de esta evidencia, los Grammy apuntalaron su merecida mala fama al ni siquiera nominarlo a ningún premio. Pero todo el mundo de la música estaba pendiente de su nuevo álbum, que finalmente nos llegó en la primera semana de este año. Dawn FM (2022) es una continuación de las temáticas y la estética de After Hours, y de hecho parece que puede ser la segunda parte de una trilogía. Un Tesfaye avejentado nos observa desde la portada, y todo el disco se presenta como la emisión de una radio, Dawn FM, que suena en los momentos previos a su muerte, presumiblemente por sobredosis.

O quizás suena mientras está en el purgatorio, antes de ir al cielo o el infierno. El caso es que esta recopilación de canciones que abordan las temáticas de siempre son los recuerdos de una vida que se escapa, llena de arrepentimientos. En palabras del productor Quincy Jones en el interludio “A Tale by Quincy”, “looking back is a bitch, isn't it?” (“echar la vista atrás es una mierda, ¿verdad?”). En principio, este concepto unificador, junto a la cuidada producción, deberían ser suficiente para hacer del álbum un trabajo más que bueno. Pero ya desde el principio una parte importante de esa idea de fondo rechina: Jim Carrey pone voz al locutor de Dawn FM, y sus apariciones, que pueden ser intrigantes la primera vez, acaban resultando de lo más molestas. No puedo oír el falso anuncio que vende “la otra vida” (“afterlife”) en la horrorosa “Every Angel is Terrifying” ni el poema medio New Age con el que acaba el disco, “Phantom Regret by Jim”, sin poner una mueca. Llega un momento en que el concepto parece más una distracción que algo que realmente sirva para articular el álbum.

La coherencia sonora del álbum, que en principio es una virtud, se convierte en un problema ante la falta de gancho y distintividad de la mayoría de estas composiciones, que acaban por fundirse en un magma informe

El otro elogio que he expresado, el de la exquisita producción, sí es un punto a favor claro. La presencia de Daniel Lopatin (alias Oneohtrix Point Never) en los créditos de producción de casi todos los cortes parece una causa evidente de que el sonido sintético, más bailable que en After Hours pero al mismo tiempo más afilado y a ratos experimental, funcione tan bien. Aquí y allá surgen de pronto texturas brutales, intrigantes, que mantienen la atención. El problema es que este diseño de sonido sirve a canciones que, sin ser en general malas, tampoco son muy buenas. La coherencia sonora del álbum, que en principio es una virtud, se convierte en un problema ante la falta de gancho y distintividad de la mayoría de estas composiciones, que acaban por fundirse en un magma informe. Que el disco dure más de cincuenta minutos se convierte entonces en un demérito. Como LP de electrónica, se trataría de un ejercicio más que interesante, pero para ser un gran álbum de pop le faltan estribillos como el que convirtió a “Blinding Lights” en un single de record.

Incluso cuando hay elementos que podrían hacer de una canción un gran hit, otras partes fallan. La base de “Gasoline” es enérgica e hipnótica, pero la voz absurdamente engolada de las estrofas rompe el hechizo, y el estribillo, ya con su voz normal, no termina de romper. Algo similar ocurre con “Sacrifice”, el segundo single, cuya guitarra funky y vibrante se desperdicia por culpa de un estribillo pasable y esas partes en que Tesfaye fuerza la voz. Quizás el corte más redondo sea “Out of Time”, con su disco-pop sensual y refinado que recuerda a Michael Jackson. Aquí sí, todas las partes funcionan y Abel canta estupendamente, tirando de un delicado falsete en el pre-estribillo. Pero “I Heard You're Married”, que va por un camino similar, tiene en su segunda mitad una extraña estrofa de Lil' Wayne, que suena fuera de lugar y totalmente ahogado en auto-tune. Y estas son las mejores canciones: mejor ni hablamos de “How Do I Make You Love Me?” o “Is There Someone Else?”, horteradas bastante insulsas que dan ganas de quitar desde el momento en que empiezan.

Se suceden las pistas del disco sin que quede una fuerte impresión de ninguna de ellas, y aunque no haya demasiados momentos que ofendan, tampoco dan muchas ganas de volver a sumergirse en el mundo del disco

A medio camino se quedan otras, la mayoría. El primer single, “Take My Breath”, que ya fue un poco decepcionante como adelanto, no funciona mejor en la versión extendida que figura en el LP. “Here We Go... Again”, sin percusión de ningún tipo y con una aparición poco memorable de Tyler, the Creator, se queda en agradable anécdota. “Dont' Break My Heart” es totalmente anónima. “Starry Eyes” se pasa de solemne hasta ser un poco aburrida. “Less Than Zero” tiene la única guitarra acústica del disco y es una despedida simpática, pero su estribillo casi eurovisivo se pasa de kitsch. En fin, como decía, se suceden las pistas del disco sin que quede una fuerte impresión de ninguna de ellas, y aunque no haya demasiados momentos que ofendan, tampoco dan muchas ganas de volver a sumergirse en el mundo del disco. Así las cosas, uno se cansa de la pose de fuckboy arrepentido pero incorregible del cantante (incluida la explicación/excusa basada en traumas pasados de rigor).

En fin, es evidente que el álbum está gustando: la crítica lo está elogiando generosamente y encabeza las listas de ventas a ambos lados del Atlántico (se trata de su quinto número 1 de Billboard consecutivo). Pero para mí se trata de un trabajo tan apreciable como olvidable, o lo sería si no fuera porque su éxito prácticamente asegura que aún más artistas van a intentar sonar como Dawn FM en los próximos meses y años. Ojalá que lo hagan con más acierto que The Weeknd, a quien últimamente prefiero en su prolífica faceta de colaborador (si exceptuamos la horrible bachata con Rosalía) que como autor de sus propios temas.

Puntuación: 6.4/10

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Imagen de Jesús Martínez Sevilla

Investigador en formación, trabaja en la Universidad de Granada. Le interesa hacer ciencia social comprometida, por lo que estudia la salud mental desde perspectivas despatologizadoras y transformadoras. Además, milita en colectivos de la ciudad. En sus ratos libres, escribe sobre música pop. (Osuna, 1992).