El Marrón Más Caro del Mundo

'Soy coherente a ratos'

Blog - El camino equivocado - Jesús Toral - Viernes, 5 de Marzo de 2021
Youtube
Hace un par de días me encontraba en la cola de un conocido supermercado con intención de pagar mi compra cuando me sorprendí ante la agresiva respuesta del señor que me precedía:

Mi actitud fue de tal asombro por lo que me pareció una reacción desmedida que el propio empleado del supermercado se dio cuenta y me quiso echar una mano

 
—Por favor, sepárese, guarde más distancia de seguridad.
 
La verdad es que no estaba pegado a él, pero ni siquiera me dio tiempo a pedirle disculpas, solo me eché un paso atrás.
 
—¡Cómo se nota que no ha tenido ningún enfermo en la familia! Desde luego, ¡qué poca educación! ¡Vergüenza debía darle!
 
Mi actitud fue de tal asombro por lo que me pareció una reacción desmedida que el propio empleado del supermercado se dio cuenta y me quiso echar una mano.
 
—No hace falta que se ponga así, ya se ha apartado.
 
—¡Porque se lo he dicho, que si no, aquí, pegado a mí! ¡Así nos va, con tanto descerebrado! ¡Estoy hasta las narices de idiotas!

La verdad es que estamos en una época en la que la incoherencia está a la orden del día, pero no seamos hipócritas, siempre ha estado entre nosotros, esta no ha llegado acompañada de ningún virus

 
Sinceramente, el hombre pasaba de los setenta y no quise rebatirle, me callé y aguanté el tipo frente a las caras de otros clientes que ignoraban el motivo por el que el hombre elevaba la voz y se dirigían a mí como si fuera culpable de algún delito contra el pobre abuelo. 
 
Al señor mi silencio solo le sirvió para reafirmarse, así que siguió criticándome entre murmullos como si me conociera desde que era un niño. Al acabar, cogió su bolsa de la compra y se dirigió hacia la puerta del establecimiento. Mi asombro se tornó en perplejidad al seguirle con la mirada y contemplar cómo el hombre, ni corto ni perezoso, se quitaba la mascarilla y estornudaba con todas sus fuerzas. A continuación, volvía a ponérsela y, como si no pasara nada, salía por la puerta. No pude reprimir una risa ahogada.
 
La verdad es que estamos en una época en la que la incoherencia está a la orden del día, pero no seamos hipócritas, siempre ha estado entre nosotros, esta no ha llegado acompañada de ningún virus. 
 
Empecemos por nuestras actitudes con los niños. Nos pasamos el día regañándoles porque les decimos que no deben mentir, pese a que no hay un solo día del año en que nosotros mismos no mintamos a nuestros vecinos, a nuestros amigos, a nuestras familias e incluso a nosotros mismos. ¿Y los tacos? ¿Cuántas veces les castigamos por decir tacos?: «Cómo vuelvas a decir un taco, Manolito, te quedas sin Tablet, me cago en la hostia». En realidad, la historia de la educación de padres a hijos se podría condensar en «haz lo que digo y no lo que hago».
 

Nunca trabajaría con alguien a quien odiara», excepto si me pagara mucho dinero, entonces, lo pasaría por alto; «jamás abandonaría a mis padres mayores», aunque si me ofrecieran el trabajo de mi vida en la Conchinchina, entonces, estaría obligado a hacerlo; «no me casaría por la Iglesia», a menos que sí.

Todos incurrimos en continuas incoherencias en nuestra vida. Todavía tengo que aguantar las risas de algunos amigos que me aseguraban que no se creían que yo no le iba a comprar Tablet o consola a mis hijos hasta que no tuvieran al menos dieciocho años, tal y como repetía yo una y otra vez totalmente convencido. Hace un año, cuando mi hijo tenía ocho, me tuve que comer cada una de mis palabras. Eso sí, después de pisotear todas aquellas normas que me prometí cumplir con el niño cuando era un bebé, he decidido no hacer más presagios. Si alguien me pregunta si les compraré un coche o si haré que trabajen cuando sean mayores de edad, me callaré porque he aprendido que no tengo ni idea de lo que voy a hacer al respecto y que mis vaticinios siempre acaban equivocándose.
 
Nos jactamos de que «en mi casa no fuma nadie», salvo que venga la vecina buenorra, entonces, ella que haga lo que quiera; «nunca trabajaría con alguien a quien odiara», excepto si me pagara mucho dinero, entonces, lo pasaría por alto; «jamás abandonaría a mis padres mayores», aunque si me ofrecieran el trabajo de mi vida en la Conchinchina, entonces, estaría obligado a hacerlo; «no me casaría por la Iglesia», a menos que sí.
 
No hay nada como tener la certeza de que algo no lo harías para que la situación te aparezca una y otra vez hasta que tomes la determinación contraria a la que estabas aferrado. El que de joven dice que nunca se casará es el primero en hacerlo, el que asegura que jamás se irá de su pueblo es el que se marcha, el que más critica a los criticones es más criticón que ellos.
 
Tampoco es un grave problema, simplemente tenemos que ser conscientes de que vamos de la mano con nuestra incoherencia y que no somos distintos a los demás. Cuando vemos a alguien que está haciendo todo lo contrario de lo que defiende deberíamos comprender que es lo mismo que hacemos nosotros mismos en otras mil situaciones; entonces, tal vez nos evitaríamos condenar a alguien por repetir lo que cada uno hacemos periódicamente.
 

El problema es que nos pasamos la vida juzgando al de enfrente, sentenciándolo, criticando sus actitudes incoherentes y presuponiendo lo que decidirá antes de que suceda lo que sea

El problema es que nos pasamos la vida juzgando al de enfrente, sentenciándolo, criticando sus actitudes incoherentes y presuponiendo lo que decidirá antes de que suceda lo que sea. Por desgracia, no entendemos que lo que pensamos ahora no tiene por qué coincidir con lo que decidamos mañana. Nuestras opiniones dependen del estado emocional en el que las tomemos, por eso somos pura incoherencia, porque lo que sentimos cambia frecuentemente. 
 
Y si no, haced la prueba: proponeos con todas vuestras fuerzas evitar algo que os moleste mucho y veréis como antes de daros cuenta lo tendréis frente a vosotros: vamos por un camino alternativo para esquivar a ese amigo molesto que pasa habitualmente por el que nos corresponde y justo ese día, también decide cambiar el itinerario y nos lo encontramos de frente. 
 
Al final, lo mejor es relajarnos, saber que todos somos incoherentes de alguna manera, ser condescendientes con nuestro entorno y permitir que los demás nos cuenten lo que tenemos que hacer aunque ellos acaben haciendo lo contrario de eso mismo que proclaman.
 
Imagen de Jesús Toral

Nací en Ordizia (Guipúzcoa) porque allí emigraron mis padres desde Andalucía y después de colaborar con periódicos, radios y agencias vascas, me marché a la aventura, a Madrid. Estuve vinculado a revistas de informática y economía antes de aceptar el reto de ser redactor de informativos de Telecinco Granada. Pasé por Tesis y La Odisea del voluntariado, en Canal 2 Andalucía, volví a la capital de la Alhambra para trabajar en Mira Televisión, antes de regresar a Canal Sur Televisión (Andalucía Directo, Tiene arreglo, La Mañana tiene arreglo y A Diario).