Sierra Nevada, Copa del Mundo 24

'SLIFT arrollan con su épico metal psicodélico'

Blog - Un blog para melómanos - Jesús Martínez Sevilla - Miércoles, 7 de Febrero de 2024
SLIFT – 'ILION'.
Portada de 'ILION', de SLIFT.
INDEGRANADA
Portada de 'ILION', de SLIFT.

Nando Cruz tiene toda la razón: tenemos un problema con los macrofestivales. Estos eventos han cambiado por completo la industria de la música en vivo en nuestro país, poniendo en riesgo de desaparición las salas de conciertos, haciendo que muchos grupos internacionales dejen de hacer giras en favor de una sola fecha con un caché inflado, dejando a las bandas emergentes con muy pocos recursos para tocar... Además, los macrofestivales han devaluado la experiencia de escuchar a un grupo en directo. En lugar de un concierto más cercano, de una duración razonable, escuchando y viendo de cerca a una o dos bandas, en los festivales escuchamos decenas de conciertos en pocos días, en jornadas maratonianas, normalmente con la conciencia afectada por sustancias que nos permiten aguantar el tirón, en medio de enormes masas humanas y a mucha distancia del escenario. Esto por no hablar de la precariedad laboral de los empleados: los defectos de este modelo de negocio son muchos y afectan a casi todos sus aspectos.

La sorpresa más importante me la han dado los franceses SLIFT. Este trío inició su andadura a mediados de la década pasada en el ámbito del psych-garage, no tan lejanos a lo que pueden hacer otros grupos tan propios del Canela como Osees, Ty Segall o los primeros King Gizzard

Pero, a pesar de ello, los festivales también tienen sus dimensiones positivas. Una de ellas es que puedes descubrir a artistas que, de otra manera, quizás nunca habrías escuchado. Es cierto que esto cada vez es menos frecuente, dado que el roster de los festivales indie-mainstream es cada vez más homogéneo. Pero aún hay festivales donde esto es posible, como el Canela Party. Este año será el tercero consecutivo en que peregrine a Torremolinos a finales de agosto para disfrutar de cuatro días de buena música, y mientras me preparo a morir viendo en directo a Big Thief o a unos Standstill que están de vuelta, estoy investigando algunos de los otros artistas confirmados. La sorpresa más importante me la han dado los franceses SLIFT. Este trío inició su andadura a mediados de la década pasada en el ámbito del psych-garage, no tan lejanos a lo que pueden hacer otros grupos tan propios del Canela como Osees, Ty Segall o los primeros King Gizzard. Pero, a partir de 2020, con su segundo LP Ummon, el grupo empezó a incorporar sonidos más pesados, a hacer composiciones más y más largas y a desarrollar temáticas cercanas a la ciencia ficción.

Estos cambios han culminado ahora en ILION, su alucinante nuevo álbum. Se trata de un mastodonte de hora y veinte minutos de duración con apenas ocho canciones: la media de duración de cada corte ronda los diez minutos

Estos cambios han culminado ahora en ILION, su alucinante nuevo álbum. Se trata de un mastodonte de hora y veinte minutos de duración con apenas ocho canciones: la media de duración de cada corte ronda los diez minutos. Inspirándose en la Iliada, los de Toulouse construyen una historia épica de exploración espacial en la que la psicodelia se da la mano con la ambición del rock progresivo y la contundencia del stoner metal. Desde el primer tema, que da nombre al disco, ya brillan de forma evidente todas las virtudes del proyecto: el talento de estos tres con sus instrumentos (realmente hay momentos en que parece mentira que solo sean tres músicos) les permite no aburrir ni un instante a lo largo de las canciones, pese a su extensa duración, de modo que las pueden desarrollar con mucha paciencia. Además, encontramos una gran variedad en cuanto a dinámicas, con momentos ensordecedores y otros de gran calma, como el pasaje de “Ilion” de dos minutos y medio en el que solo suenan sintetizadores y efectos electrónicos.

“Confluence”, canción instrumental que en mi opinión demuestra lo expecial que es este grupo. En otras manos, este podría haber sido un mero interludio relativamente breve. SLIFT, en cambio, lo convierten en otra pieza épica

Casi da la impresión de que puede uno perderse en este disco de tan colosal que es, pero al mismo tiempo, en todo momento se nota que la banda sabe exactamente lo que está haciendo y a dónde nos quiere llevar. Creo que el momento en que más obvio resulta esto es en los veintiún minutos que suman “The Words That Have Never Been Heard” y “Confluence”. La primera destaca no solo en sus momentos más ruidosos, sino también en sus maravillosas y prolongadas mesetas, donde la expresividad de todos los instrumentos hipnotiza al oyente. El último minuto y medio del tema es una bella y austera transición a “Confluence”, canción instrumental que en mi opinión demuestra lo expecial que es este grupo. En otras manos, este podría haber sido un mero interludio relativamente breve. SLIFT, en cambio, lo convierten en otra pieza épica que se alarga hasta los ocho minutos y medio, con mucho protagonismo del saxofón y los sintes y la banda desplegando su lado más espontáneo y suelto, casi como en una jam. Todo culmina en otro crescendo brutal que contiene el que seguramente sea el mejor solo de guitarra del álbum.

A todo esto hay que añadirle que hay momentos con un innegable gancho, como ese puente en la maravillosa “NIMH” en el que la guitarra toca un arpegio luminoso mientras la batería redobla con urgencia y el bajo va introduciendo distorsión poco a poco

A todo esto hay que añadirle que hay momentos con un innegable gancho, como ese puente en la maravillosa “NIMH” en el que la guitarra toca un arpegio luminoso mientras la batería redobla con urgencia y el bajo va introduciendo distorsión poco a poco. Este pasaje desmboca en una explosión instrumental demoledora mientras Jean Fossat brama “MOTHER!” una y otra vez, que sin duda hará las delicias de los amantes de los pogos en sus directos. Nos encontramos, pues, ante un álbum poderosísimo, al que apenas le encuentro un par de defectos. “Uruk” es claramente la menos efectiva de las canciones aquí recogidas, en gran medida porque esa alquimia instrumental entre los tres músicos no funciona tanto y, como resultado, hay partes que no son demasiado emocionantes. Por fortuna, inmediatamente después llega “The Story The Has Never Been Told”, la composición más larga del disco, cuyos últimos cinco minutos consisten en la repetición en bucle del mismo groove, con intensidad creciente, hasta que al final se va apagando dulcemente.

Esta sería una despedida perfecta para el LP... si no fuera porque después viene “Enter the Loop”, una especie de coda más bien amorfa llena de distorsión y feedback, que no aporta nada a nivel musical. Un remate algo extraño para un disco tan bien construido, pero que no consigue empañar la fuerza de ILION, que es sin duda y desde ya uno de los discos de rock del año. Quienes ya tengan su entrada para el Canela estarán salivando; quienes aún no la hayan comprado quizás se lo planteen después de escuchar este álbum, con perdón de Nando Cruz.

Puntuación: 8.2/10

Imagen de Jesús Martínez Sevilla

(Osuna, 1992) Ursaonense de nacimiento, granaíno de toda la vida. Doctor por la Universidad de Granada, estudia la salud mental desde perspectivas despatologizadoras y transformadoras. Aficionado a la música desde la adolescencia, siempre está investigando nuevos grupos y sonidos. Contacto: jesus.martinez.sevilla@gmail.com