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Nicolas Jaar aumenta su agresividad sin perder el encanto

Blog - Un blog para melómanos - Jesús Martínez Sevilla - Miércoles, 26 de Febrero de 2020
'Against All Logic – 2017-2019'
Portada de 'Against All Logic – 2017-2019', de Nicolas Jaar.
Portada de 'Against All Logic – 2017-2019', de Nicolas Jaar.

Es curioso: cuando lanzas un disco con un alias distinto a aquel por el que se te conoce normalmente, resulta natural pensar que, en algún sentido, quieres esconderte. En el caso de Nicolas Jaar, esta sospecha se podía ver incrementada por el hecho de que su primer disco como Against All Logic, de hace un par de años, llevara por austero y casi anónimo título 2012-2017. La complicada reacción al álbum, con elogios abundantes (fue uno de mis discos favoritos de 2018) pero también cierta cuota de escépticos entre los amantes de la electrónica, me había llevado a pensar que, tal vez, este experimento terminaría por ser secundario en la carrera del chileno-estadounidense. Se trataba de un ejercicio marcadamente retro, una colección de adictivas canciones de deep house (ese subgénero anclado en samples de soul y funk) que en poco se asemejaba a los sesudos ejercicios experimentales de álbumes como Space Is Only Noise, así que resultaba fácil imaginar una rápida vuelta al nombre propio.

Pero parece que Jaar se ha aficionado a ir “contra toda lógica”, porque el proyecto sigue muy vivo. En enero nos llegó un EP, Illusions of Shameless Abundance, al mismo tiempo que el anuncio de un segundo LP para principios de febrero. El EP ya anunciaba, sin embargo, que pese a seguir con el nombre del proyecto anterior, la dirección iba a cambiar

Pero parece que Jaar se ha aficionado a ir “contra toda lógica”, porque el proyecto sigue muy vivo. En enero nos llegó un EP, Illusions of Shameless Abundance, al mismo tiempo que el anuncio de un segundo LP para principios de febrero. El EP ya anunciaba, sin embargo, que pese a seguir con el nombre del proyecto anterior, la dirección iba a cambiar. Ambos cortes sonaban mucho más abrasivos y minimalistas que cualquier tema de 2012-2017. La colaboración con FKA twigs en el segundo de ellos sorprendía menos al saber que Jaar había trabajado en el elogiado MAGDALENE, el álbum que la británica editó el año pasado. En conjunto, eso sí, parecía tratarse de un mero aperitivo para el trabajo en largo que le seguiría justo después.

Estas últimas sospechas sí que se han confirmado, a pesar de que el LP se titula (¿desafiantemente? ¿irónicamente?) 2017-2019. El sonido de conjunto es claramente más duro y disonante, muy alejado de la calidez soul de 2012-2017. Da la impresión de que esos pequeños elementos que rompían la calma de aquel disco (y que servían de cordón umbilical del proyecto con la vena experimental de Jaar) se hubieran expandido hasta adueñarse de todo el LP. Inteligentemente, por tanto, el álbum abre con los cortes más cercanos a aquel sonido más amable. Primero “Fantasy”, sample de Beyoncé (!) incluido, expone las continuidades, pero también las novedades del proyecto, con sonidos atronadores irrumpiendo de vez en cuando y una percusión mucho más sucia, constituyendo así un inicio casi tan bueno como “This Old House Is All I Have. Y después “If Loving You Is Wrong”, que nos muestra que los samples se usan aquí de manera más machacona, los ritmos se exploran de forma más paciente y repetitiva, y de hecho algunas canciones, como “With an Addict” con esa percusión de ecos africanos, consisten en buena medida en la construcción, deconstrucción y reconstrucción de un ritmo central.

A partir de aquí el sonido se endurece, pero el tono entre lo desafiante y lo jocoso prosigue, convirtiéndose en parte esencial de la identidad del disco: “If You Can’t Do It Good, Do It Hard” ya desde su título casi parece un metacomentario sobre el contenido del álbum, una declaración de intenciones inequívoca. En efecto, la canción se basa en una sencilla línea de sintes disonantes repetida en bucle hasta enervar, entrelazada con percusión sofocante. Así hasta que la voz de la mítica cantante de noise Lydia Lunch entona el título de la canción una vez tras otra, junto a otros lemas confrontacionales como “If you can't beat 'em, kill 'em/If you can't kill 'em, fuck 'em/If you can't fuck 'em, kill 'em”. ¿Puede ser esto una reacción a las acusaciones de complacencia de cierto sector de la crítica especializada en electrónica hacia su anterior disco?

Sea como fuere, lo cierto es que en torno a este punto, el disco aumenta significativamente su agresividad, con “Alarm” como punto de inflexión impactante, si bien algo escaso: apenas dura dos minutos. La curiosamente titulada “Deeeeeeefers” suena, por su parte, mucho más concurrida que los cortes anteriores, con alarmas, sintes percusivos hipersaturados que llegan a abrumar, y otros detalles sonoros que quizás se ahogan un tanto en la distorsión

Sea como fuere, lo cierto es que en torno a este punto, el disco aumenta significativamente su agresividad, con “Alarm” como punto de inflexión impactante, si bien algo escaso: apenas dura dos minutos. La curiosamente titulada “Deeeeeeefers” suena, por su parte, mucho más concurrida que los cortes anteriores, con alarmas, sintes percusivos hipersaturados que llegan a abrumar, y otros detalles sonoros que quizás se ahogan un tanto en la distorsión. Ese tramo final resulta algo frustrante: ¿no podría haber funcionado mejor el crescendo con un poco más de espacio para respirar?

El cambio de registro no se hace esperar. “Faith” empieza sonando bajito, con pequeños (pero aún excéntricos) loops percusivos y notas constantes pero relajadas de un sinte apagado que suavizan la escucha. Las voces introducen ese aire religioso al que refiere el título de la canción, pero este se ve compensado no mucho después por la entrada de un beat four-on-the-floor que propulsa la canción. Entonces esta percusión vuelve a desvanecerse y ganan protagonismo unos sintes dramáticos, mientras un extraño sonido metálico da un punto siniestro al conjunto. Y de repente todo se para y aparecen unas notas que recuerdan a un Hang, volviendo así la atmósfera espiritual. En conjunto, el tema con más progresión y contrastes del tracklist, quizás el corte más conceptual.

“Penny” vuelve a arrancar despacio, construyendo texturas que recuerdan incluso al rock progresivo, hasta que un ritmo techno entra en tromba y crea un efecto potentísimo en su contraste con esos sonidos más suaves que los de la mayor parte del disco. Eso sí, esta vez el único truco que sirve para alargar el tema hasta los casi siete minutos es repetir la fórmula inicial, desnudando la instrumental y reiniciando la progresión hasta que el ritmo techno vuelve a arrasar con todo. No es que no sea efectivo, pero en este disco lleno de sorpresas disruptivas, llama la atención esta cómoda reiteración.

Y llega el cierre, con una “You (Forever)” muy contemplativa (no hay percusión) pero que no renuncia a introducir esos efectos chirriantes y esas percusiones desquiciadas que dan cohesión estética al disco

Y llega el cierre, con una “You (Forever)” muy contemplativa (no hay percusión) pero que no renuncia a introducir esos efectos chirriantes y esas percusiones desquiciadas que dan cohesión estética al disco. Un final de baja intensidad, dado el nivel de actividad frenética de los 45 minutos anteriores, pero que pese a todo no desentona en absoluto. Nos encontramos, en resumen, con una segunda parte más que interesante y ciertamente notable, que aunque no alcance las cotas de disfrute puro del primer álbum, reafirma al autor en su nuevo pseudónimo y le dota de más registros con los que expresarse. En ese sentido, hablamos de un triunfo indiscutible que sin duda estará entre la mejor electrónica del año. Y esta vez sí, con el beneplácito de Resident Advisor. Aunque quién sabe si esto no será un estímulo para que Jaar vuelva a cambiar de dirección, viendo su reacción a las críticas al anterior LP; el caso es que si mantiene esta calidad, puede hacer lo que quiera, que aquí al menos le estaremos escuchando.

Puntuación: 8.1/10

Imagen de Jesús Martínez Sevilla

Investigador en formación, trabaja en la Universidad de Granada. Le interesa hacer ciencia social comprometida, por lo que estudia la salud mental desde perspectivas despatologizadoras y transformadoras. Además, milita en colectivos de la ciudad. En sus ratos libres, escribe sobre música pop. (Osuna, 1992).