Mdou Moctar compone 'blues del desierto' conmovedor e incendiario

Blog - Un blog para melómanos - Jesús Martínez Sevilla - Miércoles, 1 de Septiembre de 2021
Mdou Moctar – 'Afrique Victime'
Portada de 'Afrique Victime', de Mdou Moctar.
Indegranada
Portada de 'Afrique Victime', de Mdou Moctar.

Es raro que la prensa musical occidental preste mucha atención a artistas africanos. Se producen excepciones puntuales, especialmente cuando se dan fusiones de estilos musicales autóctonos con otros occidentales: fue el caso de Fela Kuti y el afrobeat, el de Mulatu Astatke y el Ethio-jazz y más recientemente ha sucedido con las estrellas del pop nigeriano como WizKid, Burna Boy o Davido, a quienes se agrupa bajo el ambiguo término “afrobeats” (que no debe confundirse con la música que crearon Kuti y Tony Allen en los setenta). Lo que no suele pasar es que los álbumes de estos artistas se cuelen en las listas de lo mejor del año o la década: la creación de un canon, ese ejercicio crítico por excelencia en Occidente, sigue teniendo como sesgo más claro la exclusión de regiones enteras del mundo, cuyas producciones culturales ni se tienen en cuenta. Esta perspectiva profundamente colonialista puede conceder que en África se componga buena música de baile, pero difícilmente contemplará la posibilidad de que artistas africanos creen obras de arte comparables a las óperas de Verdi, a “4'33” de John Cage o siquiera al Sgt. Pepper's de The Beatles.

 El aplauso crítico para Afrique Victime, el sexto álbum del maliense Mdou Moctar, está siendo abrumador

Lo más parecido a ese reconocimiento llega en esa categoría homogeneizadora y paternalista, ese cajón de sastre que es el concepto de “world music”. ¡Hay incluso un Grammy en esa categoría! Por él compiten artistas de Latinoamérica, de África, de Asia, e incluso aquellos artistas occidentales que hacen música en estilos minoritarios y “tradicionales”. Pero este año parece que hay un LP africano que podrá competir con los mayores. El aplauso crítico para Afrique Victime, el sexto álbum del maliense Mdou Moctar, está siendo abrumador. Después del éxito de su quinto disco (y el primero grabado con una banda completa a sus espaldas), Ilana: The Creator (2019), Moctar fichó por el sello estadounidense Matador Records, lo que ha aumentado su visibilidad significativamente. Así, este trabajo de assouf, el género conocido por los occidentales como “blues del desierto”, está siendo tratado como una obra de arte de pleno derecho.

Es fácil ver por qué. Aunque esté cantado mayormente en lengua tamashek, a excepción de algunas líneas en francés, el assouf (“nostalgia”, en tamashek) de Moctar combina tradiciones musicales tuareg del norte y oeste de África con una influencia del rock psicodélico muy marcada en la forma de tocar la guitarra, haciendo que su lenguaje musical resulte muy accesible al oyente occidental. Pero más allá de esto, la fuerza emocional de las canciones resulta universalmente comprensible. El disco contiene por una parte composiciones vibrantes, rugientes, incendiarias, como pueden ser “Chismiten” o la canción titular; pero también otras más serenas y reflexivas, llenas de añoranza y melancolía, como “Tala Tannam”, “Layla” o “Bismilahi Atagah”. Uniéndolo todo están los propios sonidos del desierto que habitan los tuareg: abriendo y cerrando el disco, así como en el interludio “Untitled”, podemos oír a alguien caminando sobre la arena y otros sonidos ambiente, pero a lo largo de todo el álbum escuchamos también efectos que simulan el viento del desierto insertados como elemento estético.

En 'Afrique Victime', como su propio título sugiere, encontramos denuncias sobre la situación del continente, pero también cantos de Moctar a su compañera, Layla, compuestas durante las dolorosas separaciones que implican las giras mundiales

Y es que este género, el assouf, popularizado hace décadas por Tinariwen y recientemente representado en el extranjero por la gran Fatoumata Diawara (nominada, por cierto, al mencionado Grammy a mejor disco de world music en 2019), lleva en sus raíces la reivindicación por la situación política de los tuareg, un grupo étnico amplio y diverso pero unificado por la vida nómada, lo que ha llevado a agudos conflictos con el poder colonial primero y con los estados surgidos de la descolonización después. Así, como sucede también en el blues norteamericano, en el flamenco y en general en géneros creados por grupos oprimidos, la tristeza que empapa la música se confunde entre anhelantes relatos personales de amor y desamor y desgarrados llantos por la situación del propio pueblo. En Afrique Victime, como su propio título sugiere, encontramos denuncias sobre la situación del continente, pero también cantos de Moctar a su compañera, Layla, compuestas durante las dolorosas separaciones que implican las giras mundiales.

La profunda resonancia emocional que tienen ambas temáticas adquiere toques casi religiosos, y no es casual. Algunos de los estilos musicales tuareg en que se basa la música de Moctar, como el takamba, tenían una función entre lo religioso y lo festivo, como sucede con otros géneros que combinan influencias negroafricanas, amazigh y árabes, como la música gnawa. Lo “psicodélico” del sonido se debe, por un lado, al uso de efectos sobre el sonido de la guitarra eléctrica, pero al mismo tiempo surge de lo repetitivo de la forma de tocar, especialmente en las canciones más acústicas. Esta repetición da a la música un carácter hipnótico, convirtiendo los estribillos con estructura de llamada y respuesta en mantras que elevan los sentidos. Algunas de las mejores canciones de Afrique Victime empiezan con suavidad y poco a poco construyen un muro de sonido que parece transportarnos a otro lugar, como “Layla”, cuyo instrumental se vuelve más denso con el paso de cada estribillo.

Algunas de las mejores canciones de 'Afrique Victime' empiezan con suavidad y poco a poco construyen un muro de sonido que parece transportarnos a otro lugar, como “Layla”, cuyo instrumental se vuelve más denso con el paso de cada estribillo

Es cierto que las composiciones menos fascinantes son, por contra, algunas en las que no hay tanta progresión. Es el caso de “Ya Habibti”, que concluye antes de terminar de dejar huella, o “Asdikte Akal”, donde por una vez da la sensación de que el grupo que acompaña a Moctar no da con el planteamiento ideal (en particular la sección rítmica no suena tan cohesionada). Pero también es verdad que una canción tan sencilla y constante como “Tala Tannam” es de las más bonitas, gracias a sus arreglos sutiles y, sobre todo, a una conmovedora melodía vocal en el estribillo cantada a varias voces. En ese sentido, por si no había quedado claro ya, hay que destacar el virtuosismo instrumental y vocal de Moctar y su banda. Tanto en los solos espectaculares de “Chismiten” y “Afrique Victime” como en los detalles más discretos (véanse los densos sintes de fondo en “Taliat” y “Bismilahi Atagah”) se puede apreciar un gran cuidado, al mismo tiempo que se percibe la espontaneidad de la interpretación. Es fácil imaginar esta música interpretada en directo, pero al mismo tiempo la grabación es exquisita.

Poco más puedo añadir. Afrique Victime es un disco excelente, conmovedor y rebelde al mismo tiempo. Mdou Moctar demuestra en él una profunda sensibilidad y una envidiable maestría al tocar su(s) instrumento(s). No hay calificaciones, especificaciones, reducciones o asteriscos que valgan: este álbum está entre lo mejor que podrás escuchar este año, de cualquier origen y en cualquier género musical. Ojalá no hiciera falta el apoyo de un sello occidental para que esto se reconociera de forma más generalizada.

Puntuación: 8.3/10

 

 

 

 

Imagen de Jesús Martínez Sevilla

Investigador en formación, trabaja en la Universidad de Granada. Le interesa hacer ciencia social comprometida, por lo que estudia la salud mental desde perspectivas despatologizadoras y transformadoras. Además, milita en colectivos de la ciudad. En sus ratos libres, escribe sobre música pop. (Osuna, 1992).