'Kendrick Lamar se enfrenta a sus contradicciones'

Blog - Un blog para melómanos - Jesús Martínez Sevilla - Miércoles, 25 de Mayo de 2022
Portada de 'Mr. Morale & The Big Steppers', de Kendrick Lamar.
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Portada de 'Mr. Morale & The Big Steppers', de Kendrick Lamar.

Mil ochocientos cincuenta y cinco días. Más de cinco años. Ese es el tiempo que ha pasado entre el lanzamiento del anterior LP de Kendrick Lamar y la llegada de su nuevo disco. Nos lo recuerda él mismo en “United in Grief”, la primera canción del álbum, y nos anuncia que no ha sido casualidad: que ha estado “pasando por algo”, un duelo muy particular (“I grieve different”, nos dice repetidamente, el primero de muchos mantras en el disco), y que ha tenido que ir a terapia por ello. Con esta entrada tan teatral se inicia Mr. Morale & The Big Steppers, el esperado quinto álbum de estudio del mejor rapero del mundo. No podía ser de otra manera: si por algo ha destacado siempre el artista de Compton, Los Ángeles, es por dar a sus discos un carácter conceptual y narrativo que los eleva por encima de la competencia. Este no podía ser menos. Los fans ansiábamos el retorno de ese Kendrick profundo, complejo y casi profético, capaz de unir las reflexiones sobre su vida personal con el comentario político más amplio. Y desde luego no ha decepcionado, aunque quizás esta vez lo haya hecho de otra manera.

Parece que después de la pandemia sentimos la necesidad de reflexionar sobre nuestras experiencias y sanar nuestras heridas psíquicas

Pero empecemos por el principio: Mr. Morale & The Big Steppers es un álbum doble, con nueve canciones en cada disco. El primero expone todos los demonios a los que se ha ido enfrentando Lamar en los últimos años, desde la masculinidad tóxica aprendida de su padre a su adicción al sexo, pasando por las trampas del consumismo y la necesidad de complacer a todo el mundo que acompañan a la fama. El segundo muestra su progreso en esos frentes gracias a la terapia, mostrando las consecuencias de los traumas intergeneracionales que generan la violencia sexual y el racismo. Creo que hay que destacar que los otros dos grandes discos de hip hop de lo que va de 2022, el de Denzel Curry y el de billy woods, abordaban temáticas muy similares. Parece que después de la pandemia sentimos la necesidad de reflexionar sobre nuestras experiencias y sanar nuestras heridas psíquicas; y desde luego esto se refleja en el arte que se está creando, incluso en un género típicamente refractario a la sensibilidad como es el hip hop.

Dicho esto, el álbum no solo es una maravilla por tener un concepto interesante, sino ante todo porque Lamar sigue siendo excelente en prácticamente todas las facetas: sus letras son impresionantes, sus flows son técnicamente impecables e increíblemente variados, tiene un gran oído para los ganchos y estribillos y su selección de beats es, por lo general, buenísima. Hay aquí grandes canciones de hip hop con base soul (“Die Hard”, “Father Time”, “Purple Hearts”), trallazos de hardcore hip hop con mensaje (“N95”, “Mr. Morale”) y canciones sombrías e introspectivas (“Crown”, “Mother I Sober”), si bien dentro de toda esta variedad destaca especialmente el frecuente y expresivo uso del piano, que da unidad sonora al disco. También hay que decir que, después de la colección de auténticos hits que fue DAMN., en este disco hay más canciones mediocres. En particular, la sucesión del trap plano de “Silent Hill”, el olvidable interludio que es “Savior (Interlude)” y la desorientadora y falta de gancho “Savior” conforma un bache notorio que aparece muy avanzado el tracklist. Pero también es cierto que el concepto es mucho más coherente y está mejor ejecutado que en el anterior disco.

El nivel de violencia es realmente perturbador, pero todo está perfectamente medido

Además, hay aquí momentos tan poderosos que uno olvida fácilmente los errores. Por ejemplo, a “Rich Spirit” le falta algo, está claro. Pero justo después viene “We Cry Together”, una canción que recoge una amarga y desenfrenada pelea entre Kendrick y su pareja, interpretada por Taylour Paige. Es decir, es un dueto de hip hop, pero lo que hacen ambos artistas es insultarse y echarse cosas en cara sobre un siniestro beat de The Alchemist. El nivel de violencia es realmente perturbador, pero todo está perfectamente medido: desde ciertos momentos de comicidad (como cuando Paige dice que se va a acostar con el primo de Lamar, Baby Keem, que aparece en otros momentos del álbum, y este responde con auténtica incredulidad) hasta la forma en que los misóginos argumentos de Kendrick se presentan claramente como fruto de sus inseguridades. Que este momento llegue justo antes del final del primer disco tiene todo el sentido: se trata de las resistencias de Lamar a enfrentarse a lo que la terapia está removiendo, como demuestra la afirmación final de su compañera en la vida real y madre de sus hijos, Whitney Alford: “stop tap-dancing around the conversation”, es decir, deja de dar vueltas para esquivar el tema.

Esta es la lección fundamental que extrae Kendrick: la necesidad de enfrentarse directamente a sus demonios. Y lo hace. En “Father Time” muestra cómo su padre le inculcó una idea de masculinidad que, aunque le ha ayudado a triunfar, le ha mutilado emocionalmente. El brillante estribillo de Sampha tiene el grado perfecto de ternura para expresar la ambivalencia que siente Lamar por esas lecciones, al tiempo que se da cuenta de que tiene que superar sus daddy issues para ser un adulto funcional y no cargar de trabajo emocional a las mujeres de su vida. En particular a su pareja. Porque una de las grandes cuestiones que tiene que afrontar Lamar es su adicción al sexo y la conquista, que le ha llevado a perder a Whitney. Lo impresionante es que Lamar consigue entender el origen de esta conducta y su relación con su otro talón de Aquiles: su complejo de salvador. Son dos mecanismos complementarios que desarrolló para lidiar con sus inseguridades; pero no se conforma con usar esta idea como excusa.

La quebradiza y espectral voz de Beth Gibbons, de Portishead, ayuda a darle a la canción aún más peso emocional

En la monumental y devastadora “Mother I Sober”, cuenta cómo estas inseguridades se conectan con la historia de la violencia sexual contra los niños y las mujeres negras al exponer el ejemplo de su madre, que sufrió abusos a manos de un familiar cuando Lamar tenía cinco años. La impotencia de Kendrick a la hora de proteger a su madre le llevó a buscar siempre la manera de salvar a todo el mundo; al mismo tiempo, a través de la educación machista que recibió, la conquista de mujeres se convirtió en su manera de compensar la falta de hombría de ese momento en que no pudo defender a su familia. Señala también que no es el único: el consumismo que tan a menudo se critica en muchos raperos es, para Lamar, otro mecanismo de defensa contra los traumas que genera la violencia. La forma en que consigue conectar su propio dolor y el de su familia con estructuras como el racismo y el machismo es admirable y conmovedora. La quebradiza y espectral voz de Beth Gibbons, de Portishead, ayuda a darle a la canción aún más peso emocional. Incluso en este momento en que Lamar se da cuenta de que tiene que dejar de buscar la aprobación ajena (“I can't please everybody”, repite en “Crown”) y pretender ser el salvador de todo el mundo (como expone en “Savior”), no puede evitar convertir su sanación personal en algo mucho más grande.

Kendrick siempre ha sido fascinante no solo por sus mensajes, sino por sus contradicciones

Kendrick siempre ha sido fascinante no solo por sus mensajes, sino por sus contradicciones. Así, aunque cuestiona su propio complejo de Mesías, aparece en la portada y en el videoclip de “N95” caracterizado como Jesucristo. El cierre no podía ser menos: en “Mirror” usa la imagen del espejo para decirnos que, en último término, solo nosotros mismos podemos cambiar nuestras vidas, aceptando la responsabilidad por nuestros actos a la vez que buscamos comprenderlos para cambiar nuestros patrones. “No crecerás esperándome”, afirma, y la frase tiene un doble sentido: por un lado, es un mensaje a su público, para que deje de esperar que él tenga las respuestas a los problemas del mundo. “Me elijo a mí, lo siento”, repite en el estribillo, y lo dice como defensa frente a quienes cuestionaron su compromiso con el cambio social durante las protestas de Black Lives Matter. Pero, ¿acaso no ha quedado claro que es Lamar quien se autoimpone esa expectativa? Al fin y al cabo, al final de “Mother I Sober” pretende nada menos que expiar todos los pecados del mundo. Por otro lado, la frase también parece ir dirigida a Whitney, aceptando que ella lo haya dejado por sus infidelidades. Esto llega justo después de que Whitney lo felicite por haber roto con ese ciclo de violencias, que no transmitirá a sus hijos. Entonces, ¿se han separado? No queda nada claro.

Pero lo que sí sigue siendo es uno de los artistas musicales más completos, honestos y valientes de este siglo

Estas virtudes y contradicciones de Lamar, como artista y como persona, están recogidas de manera aún más aguda en “Auntie Diaries”. En este tema, el rapero habla sobre su relación con dos personas trans de su familia y nos comparte sus esfuerzos por comprender sus experiencias. Es sin duda una canción preciosa, que culmina con la decisión de Kendrick de defender a su prima de la transfobia del pastor de su iglesia. Al mismo tiempo, la malgenerización y el uso del necrónimo de su prima son constantes, además del uso de la palabra homófoba “faggot” (“maricón” en inglés), con lo que la canción puede atragantárseles a personas de la comunidad LGTB. Pero Lamar es perfectamente consciente de esto: al final de la canción, señala sus propias contradicciones una vez más al recordar el incidente en que subió al escenario a una fan blanca a cantar con él pero se ofendió cuando ella usó una palabra racista que formaba parte de la letra de la canción. Esta comparación le permite ver que las bromitas homófobas y tránsfobas que él mismo reconoce haber hecho no tienen ninguna gracia. El medio puede ser polémico, pero el mensaje es claro y real, basado en su propia vida y sus errores: el amor debe estar por encima del prejuicio. Esta es la esencia de Kendrick Lamar y de este álbum.

En fin, Kendrick no es nuestro salvador, desde luego, y está bien que él mismo se vaya dando cuenta. Pero lo que sí sigue siendo es uno de los artistas musicales más completos, honestos y valientes de este siglo. Tal vez Mr. Morale & The Big Steppers se quede a cierta distancia de sus obras maestras indiscutibles, el político y jazzístico To Pimp a Butterfly y el cinematográfico y redondo good kid, m.A.A.d city, pero aun así es uno de los discos más complejos y mejor desarrollados que escucharéis este año. ¿Quién necesita un salvador teniendo un artista de este nivel?

Puntuación: 9/10

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Imagen de Jesús Martínez Sevilla

Investigador en formación, trabaja en la Universidad de Granada. Le interesa hacer ciencia social comprometida, por lo que estudia la salud mental desde perspectivas despatologizadoras y transformadoras. Además, milita en colectivos de la ciudad. En sus ratos libres, escribe sobre música pop. (Osuna, 1992).