Piropos poéticos

'La Élite son un chute de energía'

Blog - Un blog para melómanos - Jesús Martínez Sevilla - Miércoles, 25 de Enero de 2023
La Élite – 'Nuevo Punk'
Portada de 'Nuevo Punk' de La Élite'.
La Élite
Portada de 'Nuevo Punk' de La Élite'.

Como Crítico Musical™ que soy, aunque disfruto de la música de muchas maneras diferentes, reconozco que tengo un cierto sesgo en favor de la que está, digamos, hecha para trascender. El gran álbum conceptual, o cuando menos el que es una declaración artística unitaria y coherente, es mi unidad básica de consumo y valoración musical. Vaya, que me gusta más un disco pretencioso que a un tonto una gorra a cuadros. Las cosas que normalmente valoro en lo que escucho tienen que ver con la complejidad, la originalidad, la mezcla de sonidos, la evolución artística de disco a disco, el gesto autoconsciente. En cambio, a menudo me cuesta más apreciar lo directo, lo gamberro, lo efímero; lo que tiene que ver con lo visceral, con emociones como la rabia, el odio o las puras ganas de molestar. Del mismo modo, cuando importan más el single suelto o los directos, me siento más perdido a la hora de evaluar cuánto me gusta algo: ¿cómo lo comparo con Abbey Road o My Beautiful Dark Twisted Fantasy o Vivalaguerra, que son mis cosas favoritas en la historia de la música?

Lo que aportan los leridanos es macarrismo puro, una descarga de energía que no necesita más justificación que lo bien que sienta. Su sonido no podía ser más simple: sintes cutres, cajas de ritmos y guitarras machaconas conforman el 90% del armazón musical

Afortunadamente, hay veces que esto no tiene demasiada importancia. Cuando el otro día escuché al jovencísimo cantaor Luis Ortega, acompañado a la guitarra por el también adolescente Manuel Cerpa, interpretando una seguiriya en directo en La Peña La Platería, me emocionó hasta el tuétano. El sentido de lo que estaba viendo se agotaba ahí: no hacía falta establecer comparaciones, ni hacer listas. Simplemente me gustó mucho esa seguiriya. En un sentido muy diferente, escuchar a La Élite también me ha servido para quitarme de encima ciertos estándares, aunque sea durante los 35 minutos que dura su álbum de debut, Nuevo Punk. Frente a la jondura del cante flamenco, lo que aportan los leridanos es macarrismo puro, una descarga de energía que no necesita más justificación que lo bien que sienta. Su sonido no podía ser más simple: sintes cutres, cajas de ritmos y guitarras machaconas conforman el 90% del armazón musical. Pero cuando escuché por primera vez “Nuit Folle”, la primera canción del disco, me entraron unas ganas irresistibles de atravesar una pared.

Realmente no hace falta ir más allá de esa portada para hacerse una idea del contenido del disco

Realmente no hace falta ir más allá de esa portada para hacerse una idea del contenido del disco. Al escuchar canciones como “Sixpack”, “Mata a tu jefe” o “A 180 con mi monopatín”, el mensaje está claro: bebe, rompe, pega, destruye. Cuando llaman a lo suyo “nuevo punk”, se refieren, obviamente, al espíritu contestatario e iconoclasta del género, y no tanto a una interpretación estrecha de sus coordenadas sonoras. Del mismo modo que en los setenta la capacidad democratizadora del punk pasaba por no necesitar más que unas guitarras con las que tocar tres acordes, en la actualidad no se necesita más que un portátil y el software musical más fácil de manejar. Por eso, me parece interesante que en el disco haya colaboraciones de artistas que, en principio, no pertenecerían al género “punk” pero que están haciendo música desde esa misma disposición: Kiliki y Ben Yart, del colectivo pamplonica de trap Chill Mafia, suenan tan provocadores como siempre en “Puti Cluf”; mientras que los inclasificables Mainline Magic Orchestra aportan su techno guasón en “Me ha llamado el Tetico”.

De hecho, como muestran estos últimos temas, y dentro del espíritu DIY cutre del conjunto, hay cierta diversidad en el disco más allá de las canciones puramente agresivas

De hecho, como muestran estos últimos temas, y dentro del espíritu DIY cutre del conjunto, hay cierta diversidad en el disco más allá de las canciones puramente agresivas. “Voy a quemar” es una canción de desamor triste y naíf (aunque con un punto agresivo: “lo único que quiero es quemar un coche de la policía contigo”) a medio camino entre Cariño y Kaka De Luxe. “Redneck Punk” es una breve caricatura campestre con guitarra acústica que se ríe de sus propios orígenes en la Lérida rural. “Pintando en un CD.mp3” es pop punk romanticón no tan distante de Avril Lavigne, mientras que “Contento de ser feo” quizás sea la canción más completa y mejor desarrollada del disco, con sus grandes melodías vocales y sus divertidos sintes. Al fin y al cabo, el propio grupo reivindica un eclecticismo poco interesado por el buen gusto en “Todos me miran mal”, donde encadenan referencias a Los Nastys, La Zowi, Eskorbuto y El Fary en una sucesión que realmente retrata muy bien su espíritu.

El grupo controla de manera bastante magistral las dinámicas, gracias a lo cual las canciones se mantienen frescas pese a su sencillez

Además, el grupo controla de manera bastante magistral las dinámicas, gracias a lo cual las canciones se mantienen frescas pese a su sencillez. Eso sí, la repetición de la misma fórmula, tan básica como eficiente, tiene el riesgo de que se pasen de básicos, como ocurre en la algo sosa “Transpotting” (con la colaboración de The Parrots) y en “Bailando”, cuyas guitarras post punk resultan en un cóctel un tanto obvio que, paradójicamente, no invita tanto a bailar como otros del disco. En fin, quizás La Élite no estén haciendo nada especialmente original ni refinado, quizás no me gusten demasiado o ni siquiera me acuerde de ellos dentro de veinte años, pero escuchar Nuevo Punk es una experiencia divertidísima y un poco delirante. Ahora mismo, es lo que importa. Ojalá verlos en directo pronto, porque la energía de sus conciertos debe ser un disparate. No os toméis muy en serio la puntuación que pongo abajo: simplemente escuchad el álbum y a ver si os entran ganas de romper algo.

Imagen de Jesús Martínez Sevilla

Investigador en formación, trabaja en la Universidad de Granada. Le interesa hacer ciencia social comprometida, por lo que estudia la salud mental desde perspectivas despatologizadoras y transformadoras. Además, milita en colectivos de la ciudad. En sus ratos libres, escribe sobre música pop. (Osuna, 1992).