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'Cualquier tiempo pasado fue mejor'

Blog - El ojo distraído - Jesús Toral - Viernes, 11 de Noviembre de 2022
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«Los jóvenes de ahora no saben divertirse», «Nosotros sí que lo pasábamos bien, sin Nintendos, ni youtubers, ni móviles», «Estos chavales de hoy en día no saben vivir sin una pantalla». Decimos cada día frases como estas y nos quedamos tan anchos como si no hubiéramos sido nosotros los que se las hubiéramos entregado. Cada generación que deja de ser joven arremete contra la siguiente y desprecia su manera de divertirse, poniendo énfasis en las ventajas que tenía disfrutar cómo lo hacían ellos anteriormente. Lo cierto es que todos somos iguales y que los jóvenes comparten una serie de características comunes en todas las épocas históricas: son impetuosos, soberbios, espontáneos, impulsivos, poco reflexivos, irresponsables y decenas de adjetivos más que los convierten en cometedores profesionales de errores, como los mayores, por otra parte, a la vez que otorgan a este mundo esa chispa de energía renovada y magia que permiten soñar con que se puede conseguir un mundo mejor.

Nosotros recibimos la herencia de una sociedad más acomodada, escolarizada, con más posibilidades que nuestros antecesores y nos hemos centrado en dotar a nuestros hijos de tecnología, más individualismo, un pensamiento egóico y menos solidario y eso es lo que estamos recibiendo de una parte de ellos

Cada nueva promoción de chavales se amolda al entorno que le ha tocado vivir y que es el que le han dejado sus abuelos y sus padres. Nosotros recibimos la herencia de una sociedad más acomodada, escolarizada, con más posibilidades que nuestros antecesores y nos hemos centrado en dotar a nuestros hijos de tecnología, más individualismo, un pensamiento egóico y menos solidario y eso es lo que estamos recibiendo de una parte de ellos; aunque sigue habiendo otra parte importante de la juventud que se ha rebelado contra nosotros y conserva valores que incluso generaciones anteriores habíamos perdido. Ahí tenemos casos como el de la activista medioambiental de 19 años Greta Thunberg, Malala Yousafzai, que obtuvo el Premio Nobel de la Paz con solo 17 años, Jack Andraka, que inventó un nuevo sistema de detección del cáncer de páncreas hace diez años, cuando tenía 15, entre otros muchos ejemplos.

Después de estudiar masivamente carreras universitarias, al finalizarlas, la misma sociedad nos reprochaba que no nos conformáramos con cualquier trabajo y que pretendiéramos encontrarlo como profesionales de aquello en lo que nos habíamos formado

A nosotros se nos dio todo porque nuestros padres habían sufrido carencias y no querían que sus hijos las repitiéramos, pero más tarde, cuando empezamos a buscar trabajo, igualmente se nos quitó todo de golpe. Después de estudiar masivamente carreras universitarias, al finalizarlas, la misma sociedad nos reprochaba que no nos conformáramos con cualquier trabajo y que pretendiéramos encontrarlo como profesionales de aquello en lo que nos habíamos formado. Fue una cura de humildad que acabó con miles de recién licenciados finalmente en puestos sin formación con el fin de acceder a una vida propia. Todavía hoy en día conozco a muchos abogados, periodistas, economistas o sicólogos que jamás ejercieron su profesión y terminaron en una fábrica de tornillos,como dependientes de una tienda de ropa o renunciando a trabajar a favor de su marido, ya que generalmente eran mujeres, para cuidar de los niños.

Les damos pantallas  y nos quejamos de que las usen, les incitamos a luchar solo por sí mismos y nos quejamos de la falta de solidaridad, les coartamos la libertad de salir con los amigos y luego criticamos que no valoren la amistad

Nuestros antecesores cometieron el terrible error de prepararnos para un futuro donde no había hueco para nosotros y nos etiquetaban como JASP (Jóvenes Aunque Sobradamente Preparados), como generación X ó Y, y nos culpaban de no luchar por nada porque se nos había dado todo sin esfuerzo. Ahora nosotros parece que queremos vengarnos y en vez de responsabilizar a nuestros padres, culpamos de nuevo a nuestros hijos. Les damos pantallas  y nos quejamos de que las usen, les incitamos a luchar solo por sí mismos y nos quejamos de la falta de solidaridad, les coartamos la libertad de salir con los amigos y luego criticamos que no valoren la amistad.

¡Es cierto! Bastante teníamos nosotros con enfocarnos al principio de la noche en cómo acercarnos a la persona que nos gustaba o con intentar ligar con quien fuera y, al final, con mantenernos en pie para llegar a casa abrazados a algún amigo

Todo esto no implica que no haya diferencias entre unas generaciones y otras, es evidente que cada época tiene su propia forma de divertirse, todas ellas, sin embargo, aunadas bajo el toldo de las características propias de la juventud universal y atemporal. Hace unos días, en un conocido programa de televisión, aparecieron los actores de la nueva serie de A3 Media Player La Ruta, sobre la juventud de los ochenta y noventa del siglo pasado. Me llamó la atención el comentario de la protagonista femenina, cuando destacó la idea de que le gustaría saber cómo se vivía sin teléfonos móviles durante las noches en las que los jóvenes de entonces salíamos de fiesta. ¡Es cierto! Bastante teníamos nosotros con enfocarnos al principio de la noche en cómo acercarnos a la persona que nos gustaba o con intentar ligar con quien fuera y, al final, con mantenernos en pie para llegar a casa abrazados a algún amigo.

No puedo imaginar cómo hubieran sido esas noches locas de fiesta si hubiéramos tenido un móvil en la mano como testigo mudo, en cambio, puedo sospechar que los jóvenes de ahora se han acostumbrado tanto al teléfono que condiciona su forma de divertirse

No había móviles, nadie sacaba una foto en una discoteca a no ser que llevara una cámara y eso no era habitual, no se le hubiera ocurrido a nadie grabar en vídeo en un pub porque le habríamos llamado la atención, que una cosa era desfogarse desinhibidos por el alcohol y otra, muy diferente, que quedara constancia de ello. No puedo imaginar cómo hubieran sido esas noches locas de fiesta si hubiéramos tenido un móvil en la mano como testigo mudo, en cambio, puedo sospechar que los jóvenes de ahora se han acostumbrado tanto al teléfono que condiciona su forma de divertirse; la espontaneidad y la naturalidad aparecen con mayor dificultad cuando estamos rodeados de aparatos que graban y fotografían cada instante. Ya no se trata de pasarlo bien únicamente, sino de mostrar a nuestro entorno a través de las redes sociales lo que estamos viviendo, a quién nos hemos encontrado, la imagen que pretendemos dibujar ante la sociedad de nosotros mismos. ¡Menuda responsabilidad! Eso sin contar con la forma de interaccionar, las relaciones humanas son más impersonales. Hoy en día, cuando un joven conoce a alguien que le gusta lo primero que hace es buscar sus redes sociales, tratar de contactar a través de la red y camelarse a esa persona por esa vía antes de citarse cara a cara.

Hoy en día, cuando un joven conoce a alguien que le gusta lo primero que hace es buscar sus redes sociales, tratar de contactar a través de la red y camelarse a esa persona por esa vía antes de citarse cara a cara

Es cierto, antes mentíamos mucho cuando queríamos ligar y mostrábamos la cara que creíamos que más podría gustar a esa persona, pero ahora, con el filtro de las redes sociales, es todavía más fácil construir un personaje totalmente alejado de quienes somos. Como he dicho a lo largo de todo este artículo, no creo que los jóvenes sean diferentes entre generaciones, solo viven experiencias distintas condicionados por el mundo que les dejan sus mayores, pero me alegro de haber podido disfrutar de la mía sin el foco de ese Gran Ojo llamado teléfono móvil que conlleva el mensaje de que «no es tan importante que no seas popular, ni que no destaques en tu entorno, ni siquiera que no tengas amigos y apenas salgas a la calle; lo fundamental es que transmitas al mundo que eres fantástico, te diviertes como nadie, ligas más que cualquiera y tu vida es una fábrica de transformar sueños en realidades».

 

 

 

 

Imagen de Jesús Toral

Nací en Ordizia (Guipúzcoa) porque allí emigraron mis padres desde Andalucía y después de colaborar con periódicos, radios y agencias vascas, me marché a la aventura, a Madrid. Estuve vinculado a revistas de informática y economía antes de aceptar el reto de ser redactor de informativos de Telecinco Granada. Pasé por Tesis y La Odisea del voluntariado, en Canal 2 Andalucía, volví a la capital de la Alhambra para trabajar en Mira Televisión, antes de regresar a Canal Sur Televisión (Andalucía Directo, Tiene arreglo, La Mañana tiene arreglo y A Diario).