Un verano en el Parque de las Ciencias.
Tras el fiasco es imprescindible madurar en la autocrítica y desterrar la autocomplacencia

El avance del PP obliga a las izquierdas a cambiar de estrategias

Política - Juan I. Pérez - Martes, 28 de Junio de 2016
El avance del PP obliga a las formaciones de izquierdas a una profunda autocrítica que debe incluir escuchar más y mejor a su militancia y simpatizantes. No hay excusas, si quieren cumplir el fin último de las respectivas organizaciones progresistas: transformar la sociedad para que sea más justa, y ampliar con argumentos los apoyos para ser decisivos en próximas convocatorias electorales.
IndeGranada
Legítimamente el PP amplía su liderazgo y tomará la iniciativa para formar Gobierno, cuando hace seis meses se encontraba contra las cuerdas. Del cambio posible se ha pasado a la profunda decepción del electorado progresista que acudió a las urnas. Perdiendo tiempo en duros ataques cruzados creando un escenario casi bélico, las izquierdas descuidaron que su adversario era la derecha, la de los recortes, la injusticia social, como así coincidían en definirla. La misma derecha que logró con amplio apoyo popular vencer en un triangular, dado que Ciudadanos, jugaba su propio torneo en solitario y casi salió indemne.

Aunque condenados a entenderse si acaso querían frenar al PP, el rencor recíproco, los egos, la soberbia y la arrogancia de algunos dirigentes, que condujeron a estrategias erróneas por parte y parte, impidieron el acuerdo hace medio año y dio alas a la derecha, que pudo salir indemne de su esquina del ring. Las encuestas, cuyos responsables deberían hacérselo mirar, sobrevaloraron las aspiraciones de Unidos Podemos, que en ellas creyeron ciegamente, y sentenciaban a los socialistas.

  • 'El sorpasso del PP', por Antonio Cambril

Las urnas no admiten discusión y para empezar la necesaria autocrítica hay que asumir el resultado. El PSOE es la referencia de la izquierda y Unidos Podemos se sitúa por detrás. La ilusión que despertó la confluencia entre Podemos e IU no sumó sus apoyos por separado. Pero por encima de todo ello, el PP ganó y le deja el camino bastante despejado para gobernar.

Si se pudieran extrapolar los resultados del 26J a unas Elecciones Municipales, el cambio en los ayuntamientos sería patente. Muchos de los consistorios que lidera la izquierda pasarían a manos del PP. Como ejemplo, en la capital granadina, el PP ganaría un concejal más y lograría 12. El PSOE perdería 2 y se quedaría en 6. Unidos Podemos obtendría 5, 1 más que los tres de Vamos Granada y el único de IU. Y Ciudadanos mantendría los 4 actuales. El PP también volvería a gobernar la Diputación.

Ante una situación económica y social propicia a priori para que irrumpieran las izquierdas, tras la profunda decepción es imprescindible replantear estrategias, definir con precisión el espacio político a defender, sin ambiguedades selectivas, aplicar desde las instituciones que gobiernan lo que se promete y volver a conectar con la mayor parte de la sociedad para comprenderla y representarla. Defender a la clase trabajadora, a toda y establecer nuevos vícnulos con ls sindicatos  Incluso, reconsiderar las relaciones entre organizaciones, por encima de ambiciones partidista. Porque es inasumible que el mismo partido que afianza con el otro acuerdos sólidos en unos ayuntamientos y comunidades autónomas y en otros sea imposible, salvo que lo expliquen personalismos. De lo contrario, aguarda para las izquierdas una larga travesía por un desierto que les puede llevar a la irrelevancia.

Necesaria autocrítica

Ni siquiera el alivio por evitar el sorpasso debe contentar a los socialistas, tras cosechar sus peores resultados y perder en Andalucía por primera vez en unas elecciones desde que lidera el partido Susana Díaz. Tampoco le sirve a Podemos echar cuentas de lo que hubiera pasado de concurrir en solitario, porque no parece asumible pensar que hubieran sumado más apoyos.  Si alguien movilizó a su electorado, aparte del PP, fue Podemos e invalida la tesis de aquellos que critican dentro de la formación morada que IU restó. Más acertado sería encontrar las causas de su estancamiento en su propio partido.

Tras el fiasco de las izquierdas es preciso que maduren en la autocrítica y destierren la autocomplacencia. Mirar con atención hacia dentro de las propias organizaciones y dejar a un lado la cansina crítica recíproca como excusa de los resultados. Y ello requiere escuchar a sus militantes y simpatizantes, aquellos que sin la recompensa de un puesto remunerado en una institución o en las propias organizaciones se parten la cara por defender a sus partidos. Y relativizar la opinión de miembros de aparatos orgánicos e institucionales alejados de la realidad de sus bases porque han desconectado muchas de las antenas que les conectan a la sociedad.

No es difícil encontrar a seguidores de partidos de izquierda que preferían sin dudar que sus dirigentes hubieran negociado hasta la extenuación un Gobierno de progreso antes de facilitarle el camino a la derecha por el desacuerdo.  

Socialistas en busca de un espacio claro

Cuando el PSOE-A decidió afianzar el Gobierno de la Junta de Andalucía con Ciudadanos, después de anticipar las elecciones autonómicas tras romper con IU, entonces, su socio en San Telmo, trazó un camino que por su gran peso en la organización federal limitó luego a Pedro Sánchez pactar con Podemos. Así lo decidió el comité federal.Tampoco el partido morado puso de su parte, pensando más en la posibilidad del sorpasso.

En un momento crucial, el PSOE necesita redefinir su espacio político con claridad. Si esa “centralidad” que tanto reclaman algunos de sus dirigentes le escora definitivamente hacia el centro en busca de atraer el electorado moderado, a lo que apuntó su pacto con Ciudadanos en Andalucía y el acuerdo previo que firmaron Pedro Sánchez y Albert Rivera, o mira hacia la izquierda. La desmovilización progresiva de la izquierda puede darle una seria pista. La socialdemocracia, que apuntaló el estado de bienestar, no ha logrado definir aún un discurso para gestionar los nuevos tiempos.

Redefinir su espacio, para saber que con cualquier líder al frente del PSOE, el partido es el mismo. Y tras el serio aviso en Andalucía, no lo tiene fácil este partido si opta por cambiar de liderazgo y apuesta por Susana Díaz, con el riesgo añadido de dejar huérfana a la organización con mayor peso en el conjunto del país, al carecer de un relevo prevesible consistente. Los liderazgos tan fuertes conllevan esos peligros al carecer de un relevo claro,  .

Podemos frente al estancamiento

Admitir el desconcierto por los resultados, como asumió el secretario de Organización de Podemos, Pablo Echenique, más que una declaración para ganar tiempo revela, para empezar, una llamativa falta de autocrítica.

Además de presentarse con IU, el Podemos que concurrió el 26J difiere al que se presentó hace seis meses. Pese a la gran expectación que despertó la convergencia, Podemos ha cambiado en estos seis meses y más se parece a un partido de los que antes ellos mismos llamaban “viejos” que al proyecto ilusionante heredero del 15M. La destitución de su secretario de Organización, Sergio Pascual, sin demasiadas explicaciones, la imposición de las listas, con cuneros como Julio Rodríguez en Almería, más allá de sus méritos, o sus apelaciones a sillones son algunos ejemplos.

Sin duda, el miedo avivado por el PP y el PSOE a su ascenso influyó decisivamente en la merma de apoyos, como el azote mediático, pero el cambio de discurso cuando ya se veían cerca del triunfo, tampoco les ayudó al generar un grave error de estrategia: no se puede ser al mismo tiempo socialdemócrata, comunista, independentista…  Confunde y se paga en las urnas.

A ello se le suma una más que mejorable política de comunicación, suplantada por la confianza extrema en el poder de las redes sociales, que los comicios han desmontado.

La encrucijada de IU

Apostó IU por la convergencia con Podemos pensando en ser decisivos desde dentro  ante futuros retos y la jugada no le reportó el escenario esperado.  Y ello, a cambio de verse relegados en las listas sin hacer ruido y dejar el peso de la campaña a Podemos, con presencias de sus líderes nacionales y regionales, pero que en las provincias ha sido discreta.

Sostienen sus dirigentes que les hubiera ido peor de concurrir en solitario, lo que es difícil de saber, y mantienen que la convergencia se mantendrá. Pasado el 26J, IU se enfrenta a la encrucijada de cómo hacer viable la coalición electoral pero manteniendo su independencia como partido y defender su propio discurso en las instituciones.  Aunque como ejemplo de que es posible, el Ayuntamiento de Granada.

Pasada la premura con la que se suscribió la convergencia, ahora necesita que se haga efectiva pero de bajo hacia arriba. Construir de abajo a arriba una auténtica unidad popular. Y recuperar la ilusión de que es posible un proyecto que represente la rebeldía colectiva.