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Artículo por Antonio Francisco Martínez

Cascamorras, la Fiesta de Interés Turístico Internacional más maravillosa del mundo

Ciudadanía - Antonio Francisco Martínez - Jueves, 6 de Septiembre de 2018
Antonio Francisco Martínez, autor de la novela "No Llegarás a Cascamorras", ensalza en este artículo la fiesta del Cascamorras.
Jura de bandera de Cascamorras en la Rotonda del Ferrocarril de Baza.
Antonio Fco.Martínez
Jura de bandera de Cascamorras en la Rotonda del Ferrocarril de Baza.

Cada seis de septiembre a las seis de la tarde, en el bastetano paraje de Las Arrodeas, el estallido del tercer cohete hace que la leyenda vuelva a cumplirse y que la marea negra cascamorrera de miles de personas recorra la ciudad para evitar que el sucesor de Juan Pedernal se lleve a la Virgen de la Piedad a la vecina Guadix. 

Es increíble que la fiesta del Cascamorras, una tradición de más de quinientos años y que cuenta con la distinción de "Fiesta de Interés Turístico Internacional" desde 2013, cada año goce de más popularidad, de más promoción y, lo más importante, de más personas participando en la misma. Algo que solo se puede entender desde la pasión, la devoción, el sentimiento y la tremenda alegría que se vive dentro de la carrera, que no solo impacta por lo visual sino que atrapa emocionalmente desde el inicio. Quienes amamos esta fiesta recomendamos vivirla desde el corazón mismo de la marea negra, con el convencimiento que quien prueba, se engancha a la celebración y siempre repite. No en vano creemos que es la fiesta más maravillosa del mundo.

En las calles de Baza se unen grupos de jóvenes vibrando con su primera vez cascamorrera, grupos de amigos que se reencuentran cada año solo este día y que vienen de distintos lugares del mundo, grupos de veteranos de la fiesta que hacen valer sus galones en la carrera, padres y madres con sus hijos pequeños a hombros para que vivan la celebración desde bien chicos… La pintura negra utilizada por bastetanos y visitantes para que el Cascamorras no se lleve a la Virgen de la Piedad, la ropa hecha jirones y las manos negras “igualan” a todos durante las horas entre las que discurre la carrera. Da igual rico o pobre, venir de un lugar u otro, el cargo que se tenga, la raza, el credo, etc.; da igual, tan solo son miles de personas unidas por el sentimiento, la pasión y el amor por esta fiesta, que vibran con cada gesto y que se convierten en una sola voz, en una sola garganta al gritar "¡Y no se la lleva!", "¡Esto sí que es un Cascamorras!" con toda el alma. Son miles de corazones lanzándose al unísono a una desenfrenada carrera que mezcla lo divino y lo humano, que saborea lo dulce y lo amargo, que palpa lo real y lo imaginario, que une el “ahora” con el “siempre” llevando en volandas al Cascamorras. Nunca una derrota ha sido más dulce. El sucesor de Juan Pedernal se sabe fracasado a las primeras de cambio en la encomienda que le hizo la población accitana la noche anterior, y sin embargo es el más entusiasta en este internacional evento.

En una celebración cargada de momentos emotivos, quiero destacar las "juras de bandera": Cascamorras comienza a ondear la bandera negra de un lado a otro, realizando unas filigranas imposibles que provocan el éxtasis colectivo; unos «oé, oé, oé» cada vez más rápidos responden a cada paso de la bandera por sus cabezas; manos ennegrecidas se alzan al cielo pidiendo que se detenga el tiempo y que esta felicidad efímera se haga eterna.



Antonio Francisco Martínez (segundo por la derecha), el año pasado, en la presentación de su novela 'No llegarás a Cascamorras'.