Un verano en el Parque de las Ciencias.

El perdón cicatriza la memoria

Blog - La buena vida - Ana Vega - Sábado, 28 de Enero de 2017
Fragmento de 'Construcción', de Juan Bordes.
Antonio Vega
Fragmento de 'Construcción', de Juan Bordes.

“El pasado no se puede cambiar y esa evidencia es suficientemente lógica como para que no tenga sentido arrastrar toda la vida esa herida que no deja de supurar, que nos impide crecer emocionalmente y continuar hacia delante. Muchas veces tampoco sabemos perdonarnos a nosotros mismos. No es fácil. Hacerlo lleva un proceso de tiempo emocional que hay que saber trabajar, igual que es necesario comprender las razones del otro, aceptar sus miedos y sus errores, la misma debilidad y generosidad humana que hay en nosotros”. Paloma Sánchez Garnica en el nº 182 de la revista literaria Mercurio.

Efectivamente, para poder perdonar es necesario en primer lugar acercarse a la percepción del mundo y los acontecimientos que tienen los otros; esto no implica perder nuestro punto de vista sobre los hechos; todo lo contrario, comporta un enriquecimiento al apreciar los diversas perspectivas de una misma realidad.

Fijar nuestro ánimo en la primera posición que constituye nuestra propia realidad sin atender a las otras versiones podría convertirnos en un ser egocéntrico que pisaría ciegamente los sentimientos y las razones de los demás.

Adoptar los puntos de vista de la situación propuestos por los otros implicados sin reflexionar nos llevaría a ser fácilmente influenciables, sin mucho criterio; podemos caer en el error de anteponer las razones y necesidades de los demás a las nuestras e ignorar así nuestro bienestar.

Lo ideal sería intentar entender lo que el otro piensa, siente y necesita y hacerlo adoptando un punto de vista externo, distanciado, intentar ser un espectador y apreciar la relación entre uno mismo y la otra persona para añadir así riqueza y posibilidades de elección. Si lo consideramos necesario podemos acompañar la petición de perdón con las explicaciones que hagan entender nuestro punto de vista, el por qué de nuestro comportamiento, las circunstancias que lo provocaron y cómo nos sentimos al hacerlo.

La fórmula adecuada de pedir perdón es principalmente hacerlo de forma sincera, empatizando con la persona a la que le hemos infringido el daño y contemplando, para estar preparado, las posibles reacciones que la persona agraviada puede tener. Las disculpas podrán ser aceptadas o no y tendremos que respetar ambas respuestas; asumir y manejar la situación de forma correcta emocionalmente porque no debemos presuponer que el arrepentimiento sea suficiente para el otro.

Como explica Dafne Cataluña, Directora del Instituto Europeo de Psicología Positiva, al pedir perdón buscamos desprendernos del recuerdo del daño causado; a veces este trastorno no se puede reparar o, al menos, no de forma inmediata pero reconocer nuestra equivocación es necesario igualmente aunque seamos conscientes de ello.

Pedir perdón es un acto liberador para el que pide disculpas, porque somos fieles a nuestros valores y aceptamos los errores cometidos, y para el que las recibe porque se siente comprendido, aceptado, respetado. Es un acto de cuidado al otro y de autocuidado porque  nos ayudará a cerrar y pasar página y amortiguar hasta hacer desaparecer las sensaciones desagradables asociadas al recuerdo del daño infringido o padecido.

Situarnos serenamente, sin dramatismos ante nuestras incoherencias y errores nos ayudará a hacerlo ante los errores y ofensas de los otros. Las disculpas ofrecidas deben ser honestas y sentidas; podemos explicarnos pero no intentar justificarnos y mejor si se producen por iniciativa propia y formuladas en primera persona.

 

Imagen de Ana Vega

Licenciada en Filosofía. Experta en Género e Igualdad de Oportunidades y especializada en temas de Inteligencia Emocional. Con su blog, La buena vida, no pretende revelarnos nada extraordinario. Tan solo, abrirnos los ojos un poquito más y mostrarnos que la vida puede ser más llevadera.