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'El régimen de visitas con los padres agresores puede ser brutal para los niños'

Ciudadanía - Cristina Prieto - Lunes, 20 de Noviembre de 2017
Pilar Jiménez González, psicóloga experta en el tratamiento de hijos e hijas víctimas de violencia de género, defiende que la concesión automática de las visitas debe revisarse.
Actividad con caballos realizada con hijos e hijas de víctimas de violencia de género financiada por el Ayuntamiento de Granada.
Asociación Activa
Actividad con caballos realizada con hijos e hijas de víctimas de violencia de género financiada por el Ayuntamiento de Granada.

Las situaciones de violencia de género dentro del hogar no afectan sólo a las mujeres. Los menores, testigos de esta realidad, también necesitan ayuda especializada. En Granada, dos asociaciones están trabajando  con un programa financiado por la Junta de Andalucía a través del Instituto Andaluz de la Mujer y el Ayuntamiento de Granada, para recuperar sus vidas e intentar borrar, en la medida de lo posible, las secuelas de la violencia vivida en el entorno familiar. Acción por la Igualdad y Activa cuentan con personal especializado para trabajar con los hijas e hijas de las mujeres víctimas de violencia de género a los que prestan atención psicológica, les ofrecen talleres y organizan actividades con las que se pretende recuperar la vida robada por los agresores. Sin embargo, también encuentran trabas por parte de los maltratadores para desarrollar su actividad. 

Pilar Jiménez González, experta en el tratamiento a menores víctimas de violencia de género y psicóloga en Granada del Servicio de Atención psicológica a hijas e hijos de mujeres víctimas de violencia de género en Andalucía que gestiona la Asociación Acción Social por la Igualdad, llama la atención sobre dos aspectos fundamentales. En primer lugar, el régimen de visitas automático que los jueces conceden a los maltratadores y que “para los niños puede ser brutal porque en ellas los agresores los manipulan y los utilizan para continuar controlando a las mujeres”. Para Jiménez sería necesario que “se exigiera a los padres unas mínimas competencias educativas y afectivas para atender a sus hijos e hijas, porque ser padre no significa ser un buen padre”. Para corregir estas situaciones, que perjudican gravemente a los menores apunta la posibilidad de que estos padres acudan obligatoriamente a talleres para ser “reeducados”. En la actualidad, sólo el 3% de los regímenes de visita se suspende por los jueces. En segundo lugar,  pide a los jueces que, entre las medidas cautelares que se dictan cuando una mujer interpone una denuncia por violencia de género, se incluya la asistencia psicológica a los hijos. Esta intervención con los menores no puede realizarse sin el consentimiento informado de los padres que, en ocasiones, “se niegan a que sus hijos e hijas reciban atención por lo que entonces los psicólogos no podemos intervenir” porque entienden que “puede ser utilizado como prueba contra ellos”, explica Jiménez. 

Pilar Jiménez González, psicóloga experta en menores víctimas de violencia de género. indegranada

Protocolos de actuación

El protocolo que se sigue con los menores víctimas, que obtuvieron esta consideración mediante la reforma introducida en 2015  en la Ley Integral de Violencia de Género, comienza cuando la mujer interpone la denuncia si previamente ha contactado con el Instituto Andaluz de la Mujer, momento en el que tanto ellas como sus hijos quedan asistidos por todas las ayudas disponibles pero, si esta ruta  no se sigue, los menores quedan desprotegidos. “Afortunadamente, ya en las propias comisarias y juzgados se recomienda a la víctima que se establezca contacto con el IAM para asegurarse de que la protección va a llegar al completo”, señala la psicóloga. Si desde este servicio de la Junta de Andalucía detecta que hay menores afectados, se les pone en contacto con el servicio especializado de su provincia.

La primera intervención de los psicólogos se establece con las madres a las que se realiza una entrevista y, en algunos casos, “se les tiene que convencer de que sus hijos también están afectados a pesar de que ellas tienen a minimizar este daño porque han intentado apartar a sus hijos de los episodios de violencia más extremos, pero los niños los detectan”. Tras la primera entrevista con las madres, comienzan las sesiones con los menores, un total de 12 que pueden extenderse hasta 18 si el caso lo requiere. “En ellas -explica Pilar Jiménez-  tratamos de empoderar a las mujeres para que recuperen su rol de madres mientras que trabajamos también con los niños que llegan muy preocupados y expectantes porque no entienden muy bien qué ha pasado.” Lo primero es liberarlos de la presión que han vivido en sus hogares y de aquellos síntomas con los que se evidencia, como por ejemplo la desobediencia. Esta conducta la expresan principalmente con sus madres porque, la anulación que han sufrido por parte de sus parejas, las presentan ante sus hijos como personas sin autoridad”. Por ello, es muy importante que estas mujeres reciban asesoramiento “para recuperar la ascendencia sobre  sus hijos e hijas”.  Los niños  y adolescentes  presentan también otros síntomas detectables como miedos, terrores nocturnos, regresiones, sintomatología ansiosa, aislamiento, abusos de drogas, huidas de hogar e incluso suicidio.

Cuando la tensión desaparece, las madres reaccionan rápido y descubren el gran potencial que tienen. “El cambio es automático, es como cambiar el punto de enfoque”, señala la psicóloga.

Talleres de acompañamiento

Psicólogas y voluntarias de la asociación Activa durante una de las actividades desarrolladas en Granada. asociación activa

Próximamente van a ponerse en marcha los talleres de acompañamiento emocional a las hijas e hijos de las mujeres víctimas de violencia de género dirigidos a las madres que no acceden al Servicio de Atención Psicológica porque no cumplen los requisitos como no existir denuncia, que esa denuncia se haya archivado o con hijos e hijas menores de seis años. También para aquellas que, a pesar de cumplir los requisitos, el padre de los menores, en uso de su patria potestad, se ha negado a dar el consentimiento informado para que sus hijos reciban ayuda, para aquellas madres que tienen miedo ante posibles represalias de sus parejas, mujeres que se encuentran a la espera de que se les conceda la autorización judicial para la intervención con sus hijos y cuando los menores no quieren acudir a las terapias. Las madres que reciben atención en el Servicio antes reseñado  también pueden participar para reforzar la terapia que se sigue con los menores.  

Por otra parte, la Asociación Activa ha puesto ya en marcha otros talleres postintervención para mujeres que ya se encuentran en proceso de normalizar sus vidas. Están subvencionados por el Fondo Iniciativa Mujer del Ayuntamiento de Granada y dirigidos por la psicóloga Pilar Gómez. 

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