Lecciones de José María, el gato ‘influencer’
José Marí, un gato con estrella. Raquel Marín
Cerca de 600 personas seguimos diariamente en Facebook a José Mari, la red social, en la que José y sus papis humanos narran cómo es un día en la vida de un gato normal, ciego, pero normal. Una página para concienciar a las personas de la importancia de vivir y adoptar animales con características y necesidades especiales. Como de la importancia de adoptar antes que comprar, cualquiera que sea el animal.
Digo que se quedó ciego, que perdió la visión, sí, pero que tampoco es raro que José Mari, un día cualquiera de un año cualquiera, nos cuente en Facebook, cómo disfruta poniéndose ciego… ¡de gambas! O de las chucherías, de las que tantas veces él y sus hermanos (perretes y gatetes) se ven privados por sus fechorías traviesas. Y es que José, que, siendo como es un animal especial, tuvo la grandísima fortuna de ser rescatado de un final más que previsible. Y adoptado por unos humanos generosos, sus humanos, que no escatiman ningún esfuerzo para que no les falte de nada. Ni a él ni a sus hermanos.
Simón, una foto muy especial publicada en el Facebook de José Mari.
José, con quien les digo, compartí un buen rato de charla y arrumacos, insiste en presentarnos a su familia, “que no quiere todo el protagonismo para él”, dice. Le cuesta mantener los ojos abiertos, pero no por nada, sino porque está muy a gusto… Nos cuenta que su hermana Mery, también es especial. “Es una perrilla ciega como consecuencia de la diabetes, que exige que cada día, sus humanos, le inyecten su dosis de insulina”. En esta ocasión, José, el gato, prefiere que nos lo cuente su mamá humana, que, de esto, y de los “tíos de las batas blancas” sabe más, bastante más. “Mery requiere una atención continua y unos cuidados concretos”, nos cuentan Tania y Jesús, los humanos, o cabezas de familia –como gusten- de este hogar. En casa, también viven Goda, la abuelita podenco de 16 años, que fue rescatada de un refugio a la nada desdeñable edad de 10 años. “Difícil adopción tienen los podencos”, concluyen Tania y Jesús, sin entender muy bien a qué se debe.
Tania, la mamá de José Mari. Animales sin suerte
Otros gatetes especiales acompañan a José en sus travesuras. Por ejemplo Hugo, que diagnosticado de calcivirus, aunque no llegó a desarrollar plenamente la enfermedad, ahora vive con una lesión medular y con una evidente movilidad reducida que, en absoluto, lo incapacita para tener una vida normal… Y feliz. Feliz cuando escucha los cantos de su hermana María, la gata soprano, o cuando pasan las horas muertas viendo jugar a Simón y Pedro, si acaso los pandilleros de este grupo.
Adoptar antes que comprar
Con frecuencia, José Mari, se acuerda de los animalillos que aún no han tenido su misma suerte, la de encontrar una familia dispuesta a dar y recibir todo el cariño que quepa en una pata. Chemi, como lo llaman otros de sus seguidores, quiere aprovechar esta ocasión para hablar de la labor que desarrollan asociaciones como “Animales sin Suerte”, por poner un ejemplo, porque solo en Granada, hay una decena de ellas constituidas formalmente. El número de personas que, por su cuenta, también se hacen cargo del sustento y cuidados básicos de los animales que vagan por las calles de nuestra provincia, se nos escapa de las manos.
Mery, un día cualquiera en su casa. Raquel Marín
Solo en 2016, cerca de 300 animales fueron rescatados por los voluntarios de Animales Sin Suerte. 220 de ellos han tenido la fortuna de encontrar una familia, la mayoría en Alemania, nos cuentan Jesús y Tania, miembros de esta asociación, que ahora cuenta con unos 15 voluntarios. “No todos tienen la misma suerte; otros, lamentablemente, acaban sus días en los albergues municipales de animales, donde, pasado el tiempo legalmente establecido -10 días, para el caso andaluz- sin que aparezca su dueño o encuentre un adoptante, el animal es sacrificado.” “Hay redes no formalizadas –gracias a la colaboración de voluntarios de estos albergues- por los que las asociaciones tenemos constancia de qué animales (usualmente potencialmente peligrosos) van a ser sacrificados. En la medida en que podemos –por capacidad en refugios o casas de acogida- rescatamos algunos. Lamentablemente en otras ocasiones –demasiadas quizá- no podemos hacer más y nos vemos en la obligación de decir que no”. Por eso, y aquí sí interviene de nuevo José Mari, en su papel de influencer, toda colaboración humana es poca.
Hellen encontró a su maravillosa familia en Asturias. Animales sin suerte
“Cualquier persona puede hacer algo, por poco que parezca, para salvar la vida de un animal. Valga como ejemplo –dice moviendo la cabeza-, una persona puede adoptar, en lugar de comprar. Puede donar regularmente y hacerse socio de cualquier asociación. O puede hacer aportaciones puntuales. O puede participar en eventos y plataformas de Teaming.”
“Con muy poco dinero, estos humanos son capaces de hacer muchas cosas por nosotros, los animalillos”. “Y si no es con dinero, también puede el ciudadano ofrecer su casa para dar acogida temporal a perrillos o gatillos que malviven en las calles”. José, aún puede recordar cuando era él el que pasaba frío y miedo en las calles de Linares. Por eso, desde su particular posición de gato influencer, quizá el único en nuestro país, hace un llamamiento a humanos comprometidos, para que, en la medida de lo posible, sumen sus esfuerzos para ayudar a animales desvalidos… “¿Quién sabe si alguno tendrá la suerte de dar con otro José Mari...?”, concluye, así, sin falsa modestia.
Teaming: https://www.teaming.net/asociacionanimalessinsuerte-granada-esp
Otras formas de colaborar: http://www.animalessinsuerte.org/index.php/colabora.html
(Más) sobre animales en adopción: http://www.animalessinsuerte.org/index.php/adopciones.html