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DE MANCEBÍA ISLÁMICA Y CRISTIANA, A MANIGUA EN EL XIX

La casa de Alonso Yáñez Fajardo en la Mancebía, el Putero mayor del Reino de Granada

Ciudadanía - Gabriel Pozo Felguera - Domingo, 6 de Agosto de 2017
El periodista y escritor Gabriel Pozo Felguera nos desvela en este minucioso reportaje la historia de las casas de mancebía en Granada, en el que descubrirás pasajes desconocidos del pasado de la ciudad, y de parte de su desarrollo urbanístico. No te lo pierdas.
Mancebía. Imagen inédita del plano en el que se aprecia, en el número 11 de la calle Moras se levantaba un edificio de tres plantas (en el centro del dibujo, con el número 11, regentado por María del Castillo en ese momento), que era la Casa del Padre de la Mancebía (lo explica un rótulo debajo); en esta casa se centralizaba y administraba el negocio de la prostitución desde tiempo islámico.
Por cortesía de la Colección Carlos Sánchez
Mancebía. Imagen inédita del plano en el que se aprecia, en el número 11 de la calle Moras se levantaba un edificio de tres plantas (en el centro del dibujo, con el número 11, regentado por María del Castillo en ese momento), que era la Casa del Padre de la Mancebía (lo explica un rótulo debajo); en esta casa se centralizaba y administraba el negocio de la prostitución desde tiempo islámico.
  • Ofrecemos por vez primera dibujos y plano de 1720 que nos desvelan cómo era la Casa del Padre de la Mancebía situada en la zona de Puerta Real

  • El desorden del barrio de prostitutas obligó al Ayuntamiento a publicar una ordenanza reguladora del oficio en 1533

La casa del Padre de la Mancebía de Granada estuvo en servicio desde 1492 hasta 1939 en que fue demolida por el alcalde Gallego y Burín para reordenar el barrio de la Manigua. Fue acondicionada como tal por el ilustre capitán de los Reyes Católicos D. Alonso Yáñez Fajardo, origen del Marquesado de los Vélez. Fueron de tal envergadura los servicios prestados por aquel ilustre militar en la conquista de Granada que la monarquía le concedió la explotación de todas las mancebías (casas de prostitución) del Reino de Granada, además de diversas alcaldías y extensiones de terrenos. La intención de este artículo es comentar el urbanismo de la mancebía de Granada y las ordenanzas que rigieron aquel lucrativo negocio en la época cristiana.

Los Reyes Católicos le concedieron la explotación de todas las mancebías del Reino de Granada, en reconocmiento a los servicios prestados durante la conquista

Alonso Yáñez Fajardo era el Adelantado de Murcia contra el reino musulmán de Granada. El hombre debió ser un espadón de mucho cuidado durante los últimos diez años de ofensiva final contra el Reino de Granada. A la cabeza de su propio ejército, reclutado en sus tierras murcianas, jugó un papel fundamental en las tomas de Ronda, Málaga, Loja, Íllora, Moclín, Montefrío, etc. En agradecimiento por los servicios prestados, los Reyes Católicos le recompensaron con la propiedad de casas, fincas y las alcaldías de Ronda y Loja. Pero aquel espadón pidió algo especial a los monarcas: las rentas señoriales de todas las mancebías del reino moro de Granada, tanto las ya conquistadas como las que se pudieran conquistar en el futuro. Esa concesión le fue extendida en el año 1486. A partir de aquel momento, Yáñez Fajardo fue conocido por toda la soldadesca como Fajardo Putero.

En cuanto acabó la guerra en 1492, su principal negocio y fuente de ingresos fue el gobierno de todas las mancebías. En Loja habilitó la mancebía junto a las murallas; en Almería reformó la Mancebía Vieja cerca de la Puerta del Mar, para luego construir la Mancebía Nueva un poco más arriba. Y en Granada acometió reformas en la mancebía situada en los alrededores de la muralla y castillo de Bibataubín. Debió ser el mismo lugar donde estuvo la mancebía en época islámica. 

No sabemos la causa de que entre 1495 y 1514 la tenencia de las mancebías del Reino de Granada se la quitaran a Fajardo Putero y pasaran a manos de Francisco Núñez de Toledo. Pleitearon entre ellos y, un año después, la justicia devolvió la explotación de las mancebías a manos de la familia Gómez Fajardo, que la retuvieron ininterrumpidamente hasta 1539. Aunque no a plena satisfacción de todos.



Murallas islámicas. Por el plano de Seco de Lucena conocemos que en el apogeo de la etapa islámica no existían viviendas adosadas a la parte exterior de la muralla, en la curva del río Darro. Tampoco dibujó el puente de la Paja; a la ciudad se entraría a través del puente de los Curtidores, que enlazaba la plaza Bibarrambla a través de la puerta de Curtidores y  actual calle Salamanca (el puente islámico se conserva debajo de la calle Reyes Católicos).

Gobierno con personas interpuestas

Obviamente, no era propio de familias de tanta sangre azul figurar como explotadores del negocio nefando. Los Fajardo ya habían obtenido de la reina Juana I el título de Marqués de los Vélez (1507), y construían su castillo renacentista en Vélez Blanco. Las rentas de sus negocios debían ser inmensas para construir castillos (y en la guerra de los moriscos -1569-71- sufragar un ejército para ayudar a Felipe II). Para el gobierno de sus mancebías disponían de varias personas interpuestas; ellos sólo intervenían cuando había que solucionar problemas graves o negociar con los concejos.

Aquel desinterés en el seguimiento del día a día de las mancebías que explotaban fue degenerando en abusos por parte de sus administradores interpuestos y por los alguaciles y gentes de orden; todos pretendían vivir a cuenta de las prostitutas. Hay referencias a cientos de denuncias judiciales formuladas por parte de las meretrices. El escándalo y desorden llegó a ser notable en ciertas ocasiones.

Las trabajadoras del sexo del siglo XVI se dividían en dos grandes grupos: las mujeres públicas que ejercían su profesión dentro de las casas de mancebía y las mujeres enamoradas o rameras, que captaban a los clientes en la calle o mesones y culminaban el acto en sus propias casas. Las mujeres públicas pertenecían a las miles de “empleadas” de la empresa del padre de la mancebía, con lo cual se trasladaban de una a otra ciudad o pueblo. Estaban ciertamente controladas y asistidas; pagaban sus correspondientes impuestos.




Casa de la Mancebía. Estos dos preciosos alzados y planta, junto con el de la portada, representan la fachada Oeste de las calles Cobas y Moras. Era la principal calle del barrio de la Mancebía de Granada, desde tiempo islámico hasta 1939. Partía esta calle desde el Puente de Curtidores (situado bajo la calle Reyes Católicos a la altura de la calle Salamanca). Esas estrechas callejuelas daban la espalda al río Darro y discurrían paralelas a la muralla por su cara interior. En el dibujo de planta se aprecia todavía en pie la Torre Redonda de la muralla, que coincidía con el actual paso de peatones del inicio de calle Ganivet. El resto de paños de la muralla habían sido demolidos para 1720-30 en que fue hecho este dibujo por José Gallego y Oviedo del Portal, arquitecto de la catedral de Jaén. Se aprecia que el río Darro bajaba descubierto y sólo un ancho puente unía el lado izquierdo del río y la calle Mesones. Estos alzados y planos los conocemos por cortesía de la Colección Carlos Sánchez.

No les estaba permitida la coyunda (por decreto de los Reyes Católicos de 1493) con hombres casados que acudiesen a tabernas o mesones donde había prostitutas. Los monarcas entendían que todo hombre casado debía centrarse en su esposa, porque de lo contrario se deshacían muchos matrimonios. La primera regulación oficial de la prostitución en el reino de Isabel y Fernando había tenido lugar de hecho en 1501, aunque se viniese fornicando en estos barrios desde mucho tiempo atrás.

Regulación tras los desórdenes

Las denuncias y quejas de las prostitutas aumentaron con el tiempo en la mancebía de Granada. Las crisis económicas y el hambre habían echado a la calle a muchas mujeres sin otros recursos (y a algunos hombres). Esas fueron las causas de que el Ayuntamiento de Granada elaborase un bando para tratar de poner orden en aquel desordenado puterío.

La ordenanza repite varias veces que la manutención de las prostitutas y el precio que les cobraban por sábanas, lavados, camas, etc. debían ser muy onerosos. Al tiempo que el precio para los clientes también debería ser muy elevado

El 25 de noviembre de 1533, en la Plaza de Bibarambla, fue pregonado un bando en el que se regulaba el ejercicio de la prostitución en la mancebía (Este bando fue incorporado a las primeras Ordenanzas de Granada, de 1552). Se comenzaba justificando el bando “en vista del desorden que se tenía en la mancebía de la ciudad” por la persona a cuyo cargo estaba el negocio y el tratamiento que daba a las mujeres públicas que allí trabajaban, así como por los excesivos precios que se les cobraban por su mantenimiento.

Resultaba evidente que, sin un control por la parte concejil, los administradores del negocio querían estrujar cada vez más a aquellas pobres mujeres. La ordenanza repite varias veces que la manutención de las prostitutas y el precio que les cobraban por sábanas, lavados, camas, etc. debían ser muy onerosos. Al tiempo que el precio para los clientes también debería ser muy elevado. No olvidemos que todo tipo de alguaciles y subalternos del orden querían sacar tajada del negocio.

A partir de 1533, la ordenanza regulaba claramente lo que debía dárseles de comer a las prostitutas de la mancebía y sus precios: cada día, dos libras de pan y una de carne, la mitad carnero y la otra mitad de vaca o puerco si era musulmana; medio cuartillo de vino en cada comida; debían comer berzas, nabos o berenjenas; fruta al principio de cada comida; ensalada por las noches y un rábano, y cuando no los hubiere, pues cardo. Todo ello aderezado y guisado con un coste de 25 maravedíes cada día. No cumplirlo así, supondría una multa de 2.000 maravedíes al padre de la mancebía.

No obstante, las mujeres públicas que prestaban sus servicios en la mancebía podrían comprar mejor carne, que les sería guisada en la mancebía por menos de un quinto del coste del producto aportado por la prostituta.

La ordenanza también regula las comidas en días de pescado, es decir, de abstinencia religiosa, que no de fornicio, porque las casas no cerraban nada más que el viernes santo. Lo que se hacía era sustituir la carne por el pescado. En días de fiesta, en que acudían a la capital muchos hombres desde zonas rurales, la alimentación debía ser más consistente porque sus esfuerzos laborales serían mayores.

Igualmente, el padre de la mancebía estaba obligado a surtir de sábanas limpias cada ocho días, más camisas y manta. También regulaba la comodidad del jergón donde yacía con los clientes y los horarios de apertura y cierre de las casas, a cuyo cargo tenía un mozo. Los horarios de apertura de las casas de mancebas eran desde la salida del sol hasta el cierre de la puerta de Bibarrambla (que no conocemos con exactitud, pero coincidiría con poco después de la puesta de sol en cada estación).  No obstante, hay referencias a que las casas de prostitución seguían prestando sus servicios hasta altas horas de la madrugada; cuando no se salían de la ciudad a la Rondilla del Darro (zona trasera del Castillo de Bibataubín, mencionada en El Quijote), que estaba extramuros y sus tabernas caían fuera de la jurisdicción policial del cabildo.



Primera época cristiana. El grabado de Heylan a partir del dibujo de Ambrosio de Vico (1612) nos presenta el barrio de la Mancebía intramuros, con la muralla todavía completa. Se ve la torre Redonda entre los puentes de Curtidores y de la Paja. Para aquellas fechas ya dibujó una decena de casas adosadas a la parte exterior de la muralla, en la zona que hoy corresponde con la curva de la Acera del Casino.

La casa de la mancebía contaba con una lavandería y cocina propias. Sus ropas eran lavadas, en algunos casos, en la parte trasera que daba a la actual Acera del Darro, tomando agua y tendiendo en los pretiles del río.

Finalmente, la casa del padre de la mancebía contaba con un servicio sanitario bastante completo para la época. Las mujeres públicas eran sometidas a revisiones periódicas por parte de físicos; igual se hacía con cualquier mujer la primera vez que llegaba a la ciudad o con la granadina que se ofreciera esporádicamente a ejercer de ramera. En caso de detectarle bubas, eran apartadas automáticamente y estaban obligadas a comunicarlo a la justicia. La denunciada no sería la prostituta, sino el responsable de la casa de la mancebía. Por la primera infección se le multaba con 500 maravedíes y se le doblaría por reincidencia; hasta dar en la cárcel y destierro de la ciudad por un año si surgía un brote de bubas (No tenemos constancia de que ningún padre fuera encarcelado ni expulsado de la ciudad, a pesar de las frecuentes infecciones de enfermedades de transmisión sexual que se registraron). El médico no podía cobrarles más de seis maravedíes por tratarlas ni el cirujano más de cuatro por cura.



Plataforma de Dalmau (1796). En el puente de la Paja ya se aprecia una plataforma muy ancha que forma una placeta para repartir el tráfico hacia la calle Mesones, San Antón, la acera del Darro actual y una callejuela que sube hacia la Mancebía; esa callejuela se llamó calle Partida porque partió la muralla y daba a la plaza de las Siete Esquinas (la cerca se aprecia punteada bajo los bloques de edificios, pero ya había sido derribada).

Desde la prohibición de Felipe IV al franquismo

El rey Felipe IV decidió clausurar las mancebías en el año 1623. Precisamente el rey que ha pasado a la historia como uno de los más promiscuos y con más hijos naturales de entre los monarcas españoles (se le atribuyen 46 hijos). Un año después de su decreto entraría a Granada precisamente por la parte trasera de la mancebía, de ahí que al puente del Rastro o de la Paja pasara a llamársele Puerta Real.

Pero esa prohibición fue sólo sobre el papel. La realidad es que las mancebías cumplían una función social necesaria para el apaciguamiento de los ardores masculinos. La mancebía de la muralla granadina no sólo siguió existiendo, sino que fue extendiéndose hacia arriba. Su centro neurálgico era la placeta de las Siete Esquinas, más tarde llamada plaza de Cobas. Quizás esto fuera a finales del siglo XVIII o principios del XIX cuando el barrio dejó de llamarse Mancebía y comenzó a conocérsele como Manigua; esta expresión fue importada de los taínos de Cuba y significa “terreno cubierto de maleza”.



Plano de 1909. En este año se aprecian perfectamente los trazados de toda la parte baja de la mancebía de Granada (llamada ya Manigua). La calle Cobas partía de la Plaza del Carmen; Reyes Católicos ya había sido abovedada y se ven las líneas de tranvía sobre ella. La calle Cobas acababa en la placeta de las Siete Esquinas y a partir de ahí se llamaba de las Moras. Un punto rojo señala el lugar en que estuvo durante muchos siglos la Casa de la Mancebía. La Acera del Genil ya había sido urbanizada, el río embovedado y había nuevas viviendas dando cara a lo que fue río descubierto hasta pocos años antes.

Ya en el siglo XIX, la institución del Padre de la Mancebía perdió su función, y su casa dejó de actuar como organizador y controlador de la prostitución. Su lugar fue ocupado por infinidad de casas en las que se organizaban un grupo de mujeres bajo el mando de una prostituta madura. En  la mayor parte de casas se contaba con algún hombre como protector (los chulos posteriores). El barrio de la Manigua continuó lleno de mujeres públicas que bien residían allí o acudían a diario a ejercer su profesión.



Puerta Real hacia finales del siglo XIX. Esta vieja foto es de las primeras efectuadas en la zona. Se ve la desembocadura del Darro en Puerta Real. La Acera del Genil (derecha) había dejado una amplia calle a la que daban casas de no muy antigua construcción, levantadas a partir del derribo de la muralla. Todavía no habían sido levantados el Hotel Victoria ni el edificio del futuro café Suizo. En penumbra aparecen la catedral y la antigua iglesia de la Magdalena (con lo cual la foto tiene que ser anterior a 1880, pues la torre y la fachada de la Magdalena fueron derribadas hacia 1880 y el resto de la iglesia, en enero de 1895).

La ciudad fue creciendo y casi dejando en su centro el antiguo barrio de la mancebía, otrora a las afueras de la ciudad. Unas veces con cierta permisividad y otras etapas con mayor persecución de las autoridades. Pero siempre sometida a chantaje, abusos, sobornos y redadas. Por eso, el gobierno republicano de 1935 la declaró ilegal y prohibió su ejercicio.



Antes de 1939. Calles Campillo Alto (primer plano) y Mañas (al fondo). Foto tomada desde la plaza Mariana Pineda. Este tramo de calle coincide con la actual Ganivet. En el barrio de la Manigua había bastantes aceras con escalones para salvar el desnivel hasta Escudo del Carmen. A la izquierda se ve la parte trasera del Teatro Cervantes, demolido en 1966.


Curva Acera del Darro. Esta foto recoge cómo era la curva de Puerta Real-Acera del Casino. La casa de la izquierda, con un reloj, estaba situada aproximadamente sobre lo que fue torre Redonda (actual paso de peatones o edificio Olmedo). Los otros edificios dejaron sitio para el ensanche de Puerta Real y entrada a Correos actual. La penetración a la Mancebía o Manigua se hacía por la calle Partida (justo por encima del bloque alto de la derecha).

Llegaron la guerra civil  y el franquismo. Nada hicieron por ordenar, o acabar, con esta práctica milenaria. Franco toleró la prostitución pública durante su primera etapa; en 1942 había censadas casi cuatro centenares prostitutas en Granada y se calculaba que casi 200 más ejercían de rameras de manera clandestina, en la parte alta de la Manigua y dispersas por la ciudad. Concretamente, en el censo efectuado en 1942, en Granada aparecen 79 casas de putas, en las que ejercían 348 mujeres de manera legal, sin que se consignaran las ilegales. Esa cifra suponía que había 2,24 prostitutas por cada 1.000 habitantes, la mayoría concentradas en la Manigua. En la encuesta de dos años después, 1944, el número de prostitutas había subido en Granada hasta 401, repartidas en 83 casas legalizadas; con una media de 2,57 mujeres públicas por cada 1.000 habitantes. La particularidad de esta encuesta es que incluyen también las ciudades de Loja, Motril y Guadix, con 2 casas de lenocinio en cada caso.



Construyendo la calle Ganivet. Esta foto es de principios de los años 40 del siglo pasado. Está tomada desde el comienzo de la calle Mesones; se ve a la izquierda el edificio Olmedo en construcción. Todavía no había sido levantado ningún bloque más de esta avenida aportalada. Al fondo, derecha, la fachada Este del Teatro Cervantes (en la que daba el escenario). En primer término aparece el solar en espera de la construcción de Correos, donde estuvo situada la Casa del Padre de la Mancebía.

Al acabar la guerra, para el barrio de la Mancebía granadino o de la Manigua ya era tarde: en 1939, el alcalde Antonio Gallero y Burín quiso tener su propia Gran Vía; eligió otro barrio deprimido casi en el centro de la ciudad y abrió una cala para la nueva calle porticada, muy al gusto castellano que tanto admiraba. El viejo barrio desapareció en un pispás y surgió la calle Ángel Ganivet. Seguro que al escritor no le hubiera gustado dar su nombre en una nueva calle fruto del sacrificio de un barrio popular. Aunque tras la reforma de Gallego aún quedó en la parte alta el resto de callejas estrechas donde sobrevivieron hasta finales del siglo XX algunas prostitutas que, sentadas a la puerta en sus sillas de anea, invitaban a echar un rato en el interior. Hoy ya no existe el barrio propio de la mancebía en Granada, o mejor dicho, Granada toda es una mancebía: en cualquier lugar o bloque puede existir una casa de mujeres públicas con la mayor normalidad.



Reforma de 1939, bajo Correos. Este es el plano del proyecto ideado por Gallego y Burín. La calle A es la actual Ganivet; arranca justo donde estuvo la torre Redonda. La placeta de las Siete Esquinas coincide con lo que es el patio del edifico de Correos. La casa de la Mancebía debía quedar entre el edificio de Correos y el bloque donde está una oficina bancaria. La calle B es Almona del Campillo.



Punto y final. Hacia 1941 se trabajaba en el desescombro de las casas demolidas en la calle Mañas. Ya habían desaparecido los edificios de la calle Cobas y dejaban ver, enfrente, el edifico del Suizo con sus dos características torretas y la embocadura de la calle Mesones. En un par de años sería levantada una lujosa nueva avenida que sólo esperaba la visita de Francisco Franco para su inauguración. Las clases populares que habitaban aquí fueron expulsadas a barrios periféricos.


Solar del Teatro Isabel la Católica. Comienzos de los años cuarenta del XX. En primer término se ve el solar donde después fue construido el Teatro Isabel la Católica. Detrás se aprecian los derribos en la calle Cobas y Moras, donde estuvo situada la casa de la Mancebía (coincide con el solar que hay junto a la gran medianería blanca). La penúltima casa de la derecha de esta foto es la que ocupó la familia García Lorca entre 1917 y 1933; ocupaban los pisos segundo, tercero y la torre. Entonces tenía los números 31-33-35. Actualmente es el bloque número 15, ya reconstruido.