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Artículo de Opinión de miguel ángel del Arco Blanco, historiador de la UGR

La democracia española, sin Franco

Política - Miguel Ángel del Arco Blanco - Viernes, 25 de Octubre de 2019
El prestigioso historiador Miguel Ángel del Arco Blanco responde en este necesario artículo de opinión a la pregunta de, ¿por qué es importante que los huesos de un dictador ya no descansen con honores en un espacio como el Valle de los Caídos?
Nietos del dictador llevan el féretro con sus restos en el Valle de los Caídos.
La Sexta
Nietos del dictador llevan el féretro con sus restos en el Valle de los Caídos.

El traslado de los restos de Francisco Franco desde el Valle de los Caídos al cementerio de Mingorrubio ha atraído la atención de la prensa nacional e internacional. Sin duda es un momento histórico el que acabamos de presenciar y que, como tal, merece de nuestra reflexión. ¿Por qué es relevante lo que acaba de suceder? ¿Por qué es importante que los huesos de un dictador ya no descansen con honores en un espacio como el Valle de los Caídos? Sin duda hay diversas respuestas a ello. 

Franco descansaba hasta el 24 de octubre de 2019 en un monumento alzado para señalar su triunfo y el de los golpistas en la guerra civil española (1936-39). Un espacio construido con mano de obra semi-esclava, con las vidas de republicanos que en situaciones laborales y vitales extremas fueron castigados a purgar sus culpas mediante la construcción de un monumento en honor de la “Victoria”

Hace tiempo que algunos historiadores señalaron el valor de los huesos y de su utilización política. La muerte ha sido un elemento fundamental para unir a las naciones, para generar identidades, para construir enemigos externos. Pensemos en la importancia de la tumba del apóstol Santiago en la capital de Galicia; o en el teórico regreso de los huesos de San Marcos a Venecia, que justificó su independencia política durante siglos. Conmemorar una muerte, la visita de lugares de enterramiento señalados, han sido formas de tributar recuerdo a una persona o a unos ideales atribuidos a ella.

Franco descansaba hasta el 24 de octubre de 2019 en un monumento alzado para señalar su triunfo y el de los golpistas en la guerra civil española (1936-39). Un espacio construido con mano de obra semi-esclava, con las vidas de republicanos que en situaciones laborales y vitales extremas fueron castigados a purgar sus culpas mediante la construcción de un monumento en honor de la “Victoria”. Un conjunto enorme para conmemorar la “Cruzada”, con una estética excluyente de cualquier reconciliación posible entre españoles. Allí fueron enterrados principalmente los que lucharon en el bando sublevado, pero también fueron trasladados allí forzosamente (cuando al régimen franquista le convino para lavar su imagen internacional) los que dieron su vida por la República. Todos estos elementos cargan al Valle de los Caídos de un sentido político, de un peso histórico indudable.

Pero la fuerza de “Cuelgamuros” residía hasta ahora en una anomalía histórica: la presencia del cadáver de Franco. Primero porque el dictador no fue víctima de la guerra civil al haber fallecido en 1975, sino más bien verdugo de muchos durante la contienda y después de ella. Pero lo más importante: la anomalía principal residía en que su cuerpo yacía con honores y flores frescas en una basílica, en un monumento propiedad de todos los españoles, mientras que alrededor 114.000 hombres y mujeres todavía esperan salir del olvido y de las fosas comunes en las que se encuentran. Un dictador que dirigió con mano de hierro el país durante casi cuarenta años, que fue uno de los responsables del inicio de la guerra civil por el golpe de estado en el que participó, que impuso una moral nacional-católica que desterró la libertad, que impidió la llegada de la democracia, que se enriqueció de forma brutal, que siempre abogó por no-reconciliar a los españoles recordando su victoria. 

La anomalía principal residía en que su cuerpo yacía con honores y flores frescas en una basílica, en un monumento propiedad de todos los españoles, mientras que alrededor 114.000 hombres y mujeres todavía esperan salir del olvido y de las fosas comunes en las que se encuentran

En lo que fue Franco y en lo que fue su régimen estamos de acuerdo, a grandes rasgos, buena parte de los historiadores. Sin embargo, el desalojo de los restos del dictador del valle de Cuelgamuros simboliza que el Estado, como representante de una sociedad democrática y madura, asume también lo que fue el franquismo y lo condena. Gracias a la aprobación por parte del parlamento (con la inexplicable abstención de algunos grupos políticos, qué oportunidad perdida), la democracia rompe cualquier lazo con el pasado franquista, y lo que es más importante: lo condena. Los herederos del franquismo o el llamado “franquismo sociológico” ya no podrá trazar una línea consecutiva entre la dictadura y la democracia. Porque desalojando al dictador del Valle de los Caídos la democracia marca una ruptura frente a la dictadura, oponiéndose a ella y denunciando sus valores y obras.

Como apuntamos, los ritos funerarios y la conmemoración del pasado han tenido siempre una utilidad política. Hoy hemos conseguido que sirvan a la democracia, contribuyendo a superar sin olvidar el pasado más traumático. El 24 de octubre, fecha del traslado del general Franco a un cementerio particular, marcará un antes y un después para la sociedad española. Estamos más cerca de cerrar el círculo con nuestro pasado. Para ello hay que proseguir mirándolo cara a cara, rescatando y dignificando a las víctimas de las fosas comunes, y también transformando el Valle de los Caídos en un espacio real de memoria y reconciliación. Hacerlo es una vía necesaria para fortalecer y depurar nuestra democracia. En todo este camino que nos queda por delante, la figura del dictador Francisco Franco no será ya un tema pendiente. 

Miguel Ángel del Arco Blanco es historiador en la Universidad de Granada

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