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'El dos por uno de Los Sara Fontán'

Blog - Un blog para melómanos - Jesús Martínez Sevilla - Miércoles, 11 de Marzo de 2026
Tres dúos unidos: Los Sara Fontán, Cocanha y Tarta Relena.
Discos Marcapasos.
Tres dúos unidos: Los Sara Fontán, Cocanha y Tarta Relena.

Hace unos años, la experiencia de descubrir a Los Sara Fontán me dejó anonadado. El primer disco del dúo formado por Sara Fontán y Edi Pou, Queda pendiente (2023), fue en realidad la culminación de muchos años fraguando un sonido propio a través del directo, en unos conciertos que se han vuelto legendarios. Para mí, no obstante, ese álbum tardío fue la primera toma de contacto con ellos, y tuvo esa misma fuerza de atracción que describen quienes los vieron antes en vivo. El equilibrio que desplegaban entre caos y control, entre experimentación y gancho pop, lo convirtió en uno de mis discos favoritos de aquel año. Desde entonces, no había habido nuevas noticias del dúo a nivel discográfico, si bien ZA!, el grupo de Pou con Pau Rodríguez, lanzó otro álbum sobresaliente con el cantaor flamenco Perrate, Jolifanto (2024). Y ahora, en el plazo de menos de un mes durante este inicio de 2026, estos dos han sacado dos LPs de golpe.

Las catalanas Marta Torrella y Helena Ros llevan en torno a una década combinando música antigua y folklore de distintas zonas de la región mediterránea usando sus voces como elemento central, primero a capela y más tarde arropándolas con sonidos tanto electrónicos como acústicos

El primero es producto de una colaboración con otros dos dúos. Uno de ellos, Tarta Relena, ya había trabajado con Pou en el álbum ZA! & la TransMegaCobla (2023). Las catalanas Marta Torrella y Helena Ros llevan en torno a una década combinando música antigua y folklore de distintas zonas de la región mediterránea usando sus voces como elemento central, primero a capela y más tarde arropándolas con sonidos tanto electrónicos como acústicos. Por su parte, las francesas Caroline Dufau y Lila Fraysse forman Cocanha, un grupo de canto polifónico que recupera y reinterpreta la música tradicional occitana. Los tres grupos se unieron en torno a una residencia artística en la que compusieron música inspirada por el trabajo de las obreras de la fábrica textil de Fabra i Coates de Barcelona. Tras varios años presentando estas composiciones en directo, el 30 de enero editaron el álbum 4132314, así llamado en referencia a un patrón de costura habitual en esta fábrica.

Se trata de un disco magnífico, que extrae lo mejor de todas las partes participantes. El violín de Fontán, la percusión de Pou y algunos sonidos electrónicos se unen a los tambores de cuerdas de Cocanha para crear entramados sonoros relativamente simples, pero tremendamente hipnóticos, que evocan los sonidos de las máquinas y los telares

Se trata de un disco magnífico, que extrae lo mejor de todas las partes participantes. El violín de Fontán, la percusión de Pou y algunos sonidos electrónicos se unen a los tambores de cuerdas de Cocanha para crear entramados sonoros relativamente simples, pero tremendamente hipnóticos, que evocan los sonidos de las máquinas y los telares. Pero la clave del álbum está en el apartado vocal: lxs seis artistas cantan, a veces a coro, a veces en canon, a veces superponiéndose, a veces haciendo salvajes jaleos, construyendo diálogos rítmicos entre sus voces que a menudo inducen al trance. Destacan en este sentido “La Charmantina”, “El phasing de las 15h50” y, sobre todo, la maravillosa “El trap de la pesseta”. Por encima de esas bases tan magnéticas, las Tarta Relena entonan melodías solistas con letras en catalán, castellano y occitano, extraídas de canciones de trabajo, otras canciones tradicionales y también de diálogos con las propias trabajadoras. Así, “La Mani de la Puri i la Carme”, la última y quizás la mejor canción del tracklist, recoge afirmaciones de sororidad obrera como “hay que ser compañeras/tú traes, yo llevo/te voy a cuidar”.

El álbum fluye de maravilla, captando tu atención desde el principio y terminando en su mejor momento, por lo que deja un excelente sabor de boca

Es cierto que hay un par de canciones menos efectivas: “L'œil d'oie” y “Belle Doette”, aunque tienen una indudable belleza, carecen de ese gancho rítmico que es la mayor virtud del disco. No obstante, la mayoría de los temas consiguen atraparte con esos juegos vocales e instrumentales, como “La jota de la seda”, con su fantástico desarrollo desde un inicio minimalista hasta un potentísimo clímax, o “El minimal wave del remendar”, cuyo tramo final nos lleva de una romería a una rave, con el violín de Fontán como hilo conductor. Además, el álbum fluye de maravilla, captando tu atención desde el principio y terminando en su mejor momento, por lo que deja un excelente sabor de boca. Seguía digiriendo la fascinación que me había provocado cuando, para mi sorpresa, descubrí que Los Sara Fontán habían lanzado otro disco apenas tres semanas después: Consuelo. Un título que habla del propósito explícito que le dan a su arte en estos tiempos, tal como expresan en la nota de prensa: “buscamos consuelo en la música y en el tejido humano que la articula, resistiendo los esfuerzos del capital para convertirla en un producto de consumo en macrofestivales y reels”.

Creo que el tipo de música que crean Los Sara Fontán requiere de una precisión casi absoluta para que funcione de veras, y quizás en este álbum están algo menos finos a nivel compositivo

Y, desde luego, la música de estos dos no es de consumo fácil. No hay más que oír “Zapatos, selfies, genocidio, makeup”, cuyo título claramente hace referencia a la demencial rueda del consumo visual en redes sociales. Empieza con una tormenta de sonidos metálicos, seguidos de un tenso pizzicato de violín, al que se van sumando una percusión sencilla y una línea de sintetizador de tres notas. Poco a poco todo esto queda sumergido en un sintetizador distorsionado, y de pronto hay un estallido de batería y violín disonante. Después de este momento de furia, llega un anticlímax más calmado, donde el violín transmite más bien tristeza y desesperanza. Es una encapsulación de la angustia que nos transmiten nuestros feeds, y como tal no es una escucha cómoda. Y aunque admiro lo que consiguen, debo decir que no siento la conexión casi mística que me provocó Queda pendiente.  Creo que el tipo de música que crean Los Sara Fontán requiere de una precisión casi absoluta para que funcione de veras, y quizás en este álbum están algo menos finos a nivel compositivo: hay más canciones que me dejan con un poso emocional confuso, insatisfactorio.

Esto es especialmente notorio en el último corte, “Salomé”: el aire de banda sonora de película de terror que adoptan es interesante, pero no termina de conducir a una resolución musical clara. Así pues, al terminar el disco queda una sensación más agridulce. No obstante, sería injusto fijarse solo en estos momentos menos potentes: hay también puntos álgidos que demuestran la capacidad del dúo para emocionar hasta el tuétano. “Creer fuerte” retoma ese sendero tan luminoso que exploraron en “Xilu” o “Visita de Obra”, capaz de llevarte al borde de las lágrimas; sin duda es la canción que mejor consigue ofrecer ese consuelo que prometen en la mencionada nota de prensa. Por su parte, “Elektra” explora un sonido más cercano a la música electrónica, con momentos propios del breakbeat más crudo y caótico, en el mejor sentido. En fin, que Consuelo no es ni mucho menos un mal disco, ni siquiera un disco mediocre; es solo que mis expectativas con Los Sara Fontán son siempre altísimas, y que apenas tres semanas antes sacaron un álbum aún mejor. Eso sí que lo tengo claro: voy a seguir volviendo a 4123214 como fuente de consuelo y de esperanza una y otra vez a lo largo de este año y los que vendrán.

Imagen de Jesús Martínez Sevilla

(Osuna, 1992) Ursaonense de nacimiento, granaíno de toda la vida. Doctor por la Universidad de Granada, estudia la salud mental desde perspectivas despatologizadoras y transformadoras. Aficionado a la música desde la adolescencia, siempre está investigando nuevos grupos y sonidos. Contacto: jesus.martinez.sevilla@gmail.com