Campaña Esquía la primavera.
Artículo de Opinión por Gorka Rodríguez

Periodistas

Comunicación - Gorka Rodríguez - Viernes, 13 de Marzo de 2026
El periodista Gorka Rodríguez, en su espacio de opinión en El Independiente de Granada, nos ofrece una magnífica reflexión sobre el periodismo.
Protesta en Granada tras el despido de periodistas.
IndeGranada
Protesta en Granada tras el despido de periodistas.

El periodismo es la profesión del momento. Ninguna otra ha sufrido un descenso a los infiernos parecida. Ser periodista nunca ha sido como ser médico, abogado o arquitecto. Aun así, era muy digno; daba para que una abuela presumiera de nieto sin problemas.

Pero ya no queda (casi) nada noble en el periodismo. Los nuevos tiempos nos están barriendo. Hoy solo rinde cuentas al interés político o al comercial. Dinero y poder; influencia y supervivencia. No hay (casi) nadie preocupado por el bien supremo de la información. 

El papel se extingue. Los quioscos agonizan, igual que los cajeros automáticos y los videoclubs

El papel se extingue. Los quioscos agonizan, igual que los cajeros automáticos y los videoclubs. Los medios que quedan pelean por diferenciarse, inflando temas, forzando títulos, retorciendo palabras. Incapaces de superar el estruendo que emana de las redes. Todos los días salen digitales gratuitos que nadie sabe quién financia. Los que no son gratuitos trampean para que usuarios registrados y usuarios que pagan parezcan la misma cosa. La televisión es un pozo. Buen periodismo es atornillar a un tío en la nieve y contar que está nevando. La radio mantiene el tipo a duras penas, con recursos menguantes y presiones crecientes. Los jefes comerciales tienen despachos cada vez más grandes y los redactores, espacios más pequeños. 

Los periodistas locales sostienen la dignidad contando historias pequeñas con muchísimo esfuerzo

Los periodistas locales sostienen la dignidad contando historias pequeñas con muchísimo esfuerzo. El reportero es un hombre orquesta que va con una cámara de fotos, mochila, vídeo, micros, trípode y riñonera. Llega, pregunta, apunta, graba; vuelve, descarga, monta, edita, redacta y envía para publicar al momento. 800 euros con suerte. Los periodistas somos pobres como ratas. Una profesión que siempre ha estado pegada al poder, que en muchos momentos de la historia pensó que era algo y que vistió con chaqueta y corbata. Ahora somos un ejército de desclasados en bermudas que no sabe mucho de nada. Nuestro objetivo ya no es perseguir la verdad; es comer al día siguiente. 

No infundimos respeto sino desprecio. No hay diferencias. Cualquiera es un comunicador, un tertuliano, un influencer, un youtuber, un comunity o, ejem, un creador de contenido. Todo son vídeos, música épica, ruido, rótulos extravagantes y transiciones infernales. Lo que tienes que comer, cómo te tienes que vestir, educar a tu hijo o mantener a tu pareja. Es más importante cuántos te ven que lo que cuentas. Lo que antes era bueno, ahora es brutal.

Antes te asomabas a los medios a informarte, a ejercer tu derecho, con calma y confianza. Ahora lo haces con miedo: que no te engañen, que no te estafen, que no te la cuelen

Antes te asomabas a los medios a informarte, a ejercer tu derecho, con calma y confianza. Ahora lo haces con miedo: que no te engañen, que no te estafen, que no te la cuelen. Con productos o con ideas. Nadie se para a leer. No existen las noticias como tal. Se rompen consensos que antes habían sido la biblia. Para ser original y disruptivo se permite hacer el ridículo. Hoy una noticia puede basarse en lo que dice el "entorno". La palabra mágica que te puede llenar dos páginas de fantasías. Y los clickbaits: las diez cosas que haces mal (y no lo sabías), su reacción te sorprenderá, el pueblo que es una joya y que no conoces. ¿Pero qué es este invento del demonio? 

Un festival de futilidad en el que todos bailoteamos. El periodismo se encoge porque el nuevo público se aburre y es incapaz de prestar atención a un texto de más de 20 palabras. Nadie nota la diferencia entre una crónica seria y un comentario, un rumor, un chiste. Todo es un gran truco. 

Miles de jóvenes profesionales se incorporan cada año a esta carnicería procedentes de un carrera que no debería llegar a cursillo. Periodistas que no escriben y público que no lee ¿Qué podría salir mal?

Sería capaz de usar la violencia física si mis hijos me dicen que quieren ser periodistas. Ojalá volver al 98 y meterme en una FP. Pero no, eso era para los cortos y los quinquis. Todos queríamos una carrera para mirarles por encima del hombro y que nuestros padres lo comentaran con sus amigos. "Mi hijo va a la Universidad y va a ser periodista". Su hijo es tonto, señora. Conseguirá su título pero guardará las sartenes en el horno y usará los vasos de Nocilla como cristalería. Posiblemente, tenga déficit de proteína en su dieta y, lo peor, tendrá que esperar a heredar si quiere tener una casa propia.  

Gorka Rodríguez